28/11/2025
Insurgente Martín Uchu
Estamos frente a un nuevo tiempo, es hora de renovar y cambiar el modo de hacer política
28/11/2025
Seguimos de pie. Y vamos con todo Unir Bolivia oriente y occidente al fin unidos
¿Cuáles son las fuerzas reales que disputan la vicepresidencia de Andrónico?
En el escenario político actual, la disputa por la vicepresidencia que acompañará a Andrónico Rodríguez revela con nitidez las tensiones y fracturas internas del campo nacional-popular. Esta pugna no es simplemente una cuestión de nombres, sino de proyectos en competencia, de visiones sobre el futuro del Estado Plurinacional y, en el fondo, sobre el lugar que debe ocupar lo popular en la arquitectura del poder.
1. La izquierda “woke” impulsada por el "linerismo"
Se trata de un conglomerado heterogéneo de exfuncionarios, intelectuales de clase media y tecnócratas que se arropan con un capital cultural que los autoriza –según ellos– a transmitir racionalidad técnica, "civilizatoria" y sentido de responsabilidad. Se sienten herederos legítimos del “proceso de cambio”, aunque miran con distancia –cuando no con desprecio– a la masa popular que consideran amorfa, irracional y, por tanto, peligrosa si no es contenida y conducida por ellos.
Este grupo está conformado por aquellos que se definen de izquierda, pero que experimentan un temor visceral frente a la dimensión desbordante de lo popular. En su esquema, sin la mediación civilizatoria de su elite ilustrada, todo deviene en caudillismo e irracionalidad. Bajo este paraguas entran desde los intelectuales orgánicos vinculados al vicepresidente García Linera (como Mayorga, Velzet, Exeni y otros), pasando por los tecnócratas reciclados del MAS, hasta llegar a figuras emblemáticas del progresismo políticamente correctos. Son, en resumen frecuentadores de cafés y conversatorios, más cómodos con el lenguaje de las ONGs que con la pulsión callejera.
Para ellos, la vicepresidencia representa un espacio que debe ser ocupado para “neutralizar” a la barbarie nacional-popular, cuya encarnación son las huestes leales a Evo Morales. Cualquiera de sus representantes es, desde su perspectiva, potable y necesario para contener ese impulso. Si no estan a la cabeza, según su parecer, la Vice les pertenece.
2. El grupo de presión cruceño post-masista
Este sector carece de intelectuales orgánicos, pero posee una vocación de poder nítida. Encabezado por Mario Cronenbold –después de desplazar a la izquierda testimonial y señorial que representaron figuras como Adriana Salvatierra, Carlos Romero y otros herederos del masismo en Oriente–, este grupo se asienta en una lectura pragmática de la política.
No necesita discurso elaborado: su sola presencia e incidencia expresan una voluntad de reconfigurar el campo de fuerzas en Santa Cruz. No buscan, como la izquierda “woke”, cooptar a los hijos y nietos de la oligarquía cruceña –estrategia fracasada del linerismo–, sino completar el proceso de democratización económica y política que ya viene ocurriendo desde abajo en el departamento. Su apuesta es avanzar en la integración efectiva de Santa Cruz al proyecto plurinacional, y no desde los márgenes. El ideal sería contar con una figura afín en la fórmula presidencial, un “testaferro” leal que permita consolidar su influencia.
3. El bloque alteño y aymara, entre Eva Copa y Patzi
Aquí emerge una fuerza plebeya y popular, articulada por dos figuras distintas pero complementarias: Félix Patzi, como el ideólogo performático en busca de una definición más radical de su proyecto, y Eva Copa, como expresión institucional de una clase media emergente en El Alto y el mundo aymara. Ambos con amplia experiencia política en lidiar con la masa plebeya y, el juego de disputa con las elites intelectuales de la izquierda "woke" y tradicionales
Ambos intentan dotar de contenido sustantivo al nuevo ciclo del proceso de cambio. Representan una nueva subjetividad política andina, que denuncia la racialización del poder, exige respeto territorial y simbólico, y busca reconfigurar el sentido mismo del Estado Plurinacional desde una lógica más autonómica, descentralizada y auténticamente popular.
4. El núcleo duro del evismo: resistencia con capacidad de fuego
Por último, están los que se sienten orillados, pero que aún conservan una capacidad discursiva y movilizadora indiscutible. Son la fracción histórica del MAS, la que encarna Evo Morales y sus leales. Se reivindican como fundadores del proyecto nacional-popular y se consideran imprescindibles para su continuidad.
Desde esta perspectiva, sin ellos no hay gobernanza posible, ni victoria definitiva. En su imaginario, siguen siendo el “sumum” del proceso: el corazón insurgente, el nervio movilizador, la garantía de que el proyecto no será expropiado por elites ilustradas ni domesticado por intereses tecnocráticos. Evo, como “comandante”, sigue siendo un animal político dispuesto a jugarse el todo por el todo, para asegurar que la hoja de ruta futura no lo margine.
Epílogo provisional
Estas cuatro fuerzas –que no son excluyentes entre sí, pero sí profundamente tensionadas– ilustran la complejidad del momento. La vicepresidencia de Andrónico, más allá de un nombre o una cuota de poder, se ha transformado en el campo de disputa por el alma del proyecto plurinacional. La pregunta de fondo es: ¿quién conducirá la siguiente fase del proceso? ¿La elite cultural progresista, la base popular oriental emergente, la clase media andina plebeya o el evismo resistente?
La respuesta no está dada. Y lo que está en juego no es menor: la redefinición del pacto nacional-popular en Bolivia.
Cronenbold, al grano
Ya fue candidato a Gobernador y casi gana. Ahora vuelve a la cancha como candidato a vicepresidente. Pero esta vez, su misión es otra: movilizar a Santa Cruz y volcar el voto por Andrónico. Y puede lograrlo. ¿Por qué? Porque tiene arrastre, porque conecta con el voto masista cruceño y también con parte del electorado nacional-popular de la ciudad. En otras palabras: en Santa Cruz, la elección se puede ganar en primera vuelta.
¿Cuál es la apuesta de fondo?
Con Andrónico se entierra al viejo MAS, el que nos arrastró a esta crisis. Ese MAS atado al caudillismo, al cálculo mezquino, a los pactos oscuros y a una política de espalda a la gente. Ese ciclo se cierra. Andrónico representa una renovación real, una nueva generación que busca recuperar el sentido popular del proceso.
Y con Cronenbold, se entierra a la vieja oligarquía cruceña. Esa élite señorial, rancia y excluyente que durante décadas ha frenado la integración de Santa Cruz al país. La que vive del doble discurso: por un lado, se victimiza frente al centralismo; por otro, se niega a compartir poder y a apostar por un modelo económico más justo e inclusivo.
La verdad es esta: Santa Cruz ha sido marginada desde occidente, sí, pero también ha sido capturada por élites que no quieren ceder ni un centímetro. Eso genera el círculo vicioso: Santa Cruz no se integra porque sus propias élites lo impiden, y al mismo tiempo, desde occidente se la mira con recelo, como una amenaza o como un enemigo.
Cronenbold rompe ese círculo. Él sí puede tender puentes. Viene del llano, desde abajo, habla el idioma del pueblo, conoce el barro y no le teme al conflicto. Su propuesta es clara: hacer de Santa Cruz un motor económico nacional, democratizar la economía, y empujar una economía popular que incluya a los que siempre han sido excluidos.
¿Y Prado? Más de lo mismo. Fórmulas tecnocráticas que no entienden al país. Los “Bancos del Sur”, la jerga de escritorio, los diagnósticos fríos. ¿Alguna vez lo vieron generando pactos reales? ¿Conectando con la gente? No. En Planificación, su gestión fue invisible, burocrática, y más interesada en frenar que en proponer. Una tecnocracia “woke” que no pisa tierra.
La dupla Andrónico–Cronenbold es la única que ofrece una salida real a la crisis.
No es solo un cambio de nombres. Es un nuevo rumbo. Con Andrónico se cierra el ciclo del viejo MAS, con Cronenbold se desmonta la vieja Santa Cruz. Juntos pueden reconstruir la unidad nacional desde abajo, desde lo popular, desde las regiones.
Es hora de entenderlo: no se trata solo de ganar una elección. Se trata de recomponer el país.
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