13/10/2026
UN MONTÓN DE RECUERDOS
Laguna De Fuquene
Volver a pisar los caminos de la vereda regional que anduvimos de niños cuando íbamos a la escuela y al paso, llenarnos de la imagen, del paisaje de la laguna de Fúquene, con su isla en la mitad toda llena de verdor y profusa poesía.
Quienes fuimos niños allí, vivimos y disfrutamos de la esencia de la tierra y sus bondades, bordeando las colinas y hollando aquellos recónditos caminos para muchos desconocidos, que llevaban a los pueblos de Fúquene y Susa, y al otro a San Miguel de Sema, hoy al recorrerlos, no los vemos ni sentimos como eran hace 80 años; cuántos viejos como nosotros se han marchado y sus memorias nos han dejado.
Éramos tan distintos, en la forma de vestir, en el arrojo y siempre dispuestos a ayudar en la siembra, en la cosecha, arreando los animales para llevarlos al corral. Si participábamos en la siega del trigo, qué alegría al terminar la jornada, jugar entre los montones de ramo y espantar los gorriones que se comían el grano. Y abajo, en la laguna, subirnos a una canoa y meternos entre el juncal, coger cangrejos y llevarlos a casa para preparar exquisitos caldos que a papá le iban a encantar.
Y qué decir de las caucheras, hondas o flechas para tirarle a los pájaros, con tan mala puntería que no le dábamos a ninguno! Por lo menos cogíamos algunos huevitos y los comíamos crudos. Y hablando de huevos, a veces nos ponían a buscar entre matorrales los nidos donde las gallinas ponían los suyos, y qué alegría al descubrir aquellas camadas de polluelos y nidadas de huevos, mientras por ahí las gallinas cacareaban como queriendo poner orden en su habitat.
Llegando la noche, al salir la luna y las estrellas, al aparecer en el pantano, millones de candelillas que encendían y apagaban de manera intermitente sus luces o cocuyos; todo un concierto de croar de ranas y renacuajos animaban el nocturnal, mientras muy escondidos los búhos y las lechuzas sus sonidos dejaban escuchar.
Era la vida del campo, alrededor de la laguna donde en noches de diciembre, faroles y lucecitas de carácter natural, hacían que desde lejos el paisaje lagunero se viera como un pesebre que nos ponía a soñar.
Soñar, soñar, no nos queda más nada... Pero pongámonos a soñar!
Y ustedes, qué recuerdos nos quisieran compartir, ahora que estamos en la antesala de la época de nochebuena y navidad, que no está lejos.
HENRY FOR
Henry Forero Cañón
Historia arte y cultura.
Fotos DRA.