19/10/2026
Hace unos días, un compañero jubilado publicó un texto denunciando determinadas conductas que había presenciado durante sus 16 años de carrera. Muchos le atacaron: lo negaron todo, le insultaron y le acusaron de buscar un cargo político. Como si eso fuera un delito.
Yo me paré a leerlo. Reflexioné con calma, sin odio. ¿He visto lo mismo que él en mis 25 años y 9 meses de servicio?
Me negué a volver a trabajar con ese tipo de compañeros. ¿Pude haber hecho más? Seguramente sí. Y por eso, perdón.
Con 23 años es extraordinariamente difícil decirle a tu veterano que esa galleta estaba de más o que «maricón de mierda» sobra. Todo cambia cuando el veterano eres tú. Entonces te toca marcar los límites y respaldar a quien se atreve a hacerlo.
Seguí pensando: ¿qué porcentaje de compañeros ruines he conocido? Quizá un 12 %. No es una estadística, es una impresión personal. Pero eso deja un 88 % de los tíos y tías más increíbles que conoceréis jamás.
Auténticos superhéroes. Gente buena, valiente y noble. Con capacidad para ayudar, proteger y salvar. Compañeros que se juegan la vida por desconocidos y saben acompañar a alguien en su peor momento.
¡Claro que lo he visto, joder! ¡Y vosotros también!
Esta profesión es tan absolutamente maravillosa que merece que hablemos de todo. Que reconozcamos lo malo y cuidemos lo extraordinario.
Sigamos siendo de esos que ayudan, protegen y salvan. Que la delgada línea azul también signifique tener el valor de frenar a uno de los nuestros cuando hace daño.