13/07/2026
Gracias a todos por estar tan pendientes de Eli.
La vida en el hospital está llena de ambivalencias. Por un lado, nadie quiere estar aquí; por otro, es una inmensa bendición poder recibir la atención que Eli necesita. Amo y odio este lugar al mismo tiempo.
Nadie desea que su hijo experimente enfermedad, dolor o angustia. El cáncer es todo eso. Y aquí, en St. Jude, está presente en cada pasillo, porque es un hospital dedicado a tratar niños con cáncer. Vemos pequeños recibiendo quimioterapia todos los días. Es una realidad profundamente triste, pero al mismo tiempo llena de esperanza, porque aquí existe una oportunidad real de sanar.
Esta primera semana después de la quimioterapia ha sido una montaña rusa de emociones, llena de temor y de gratitud. Mañana Eli completa su primer ciclo de quimioterapia.
Durante los primeros días nos dijeron que debíamos usar guantes para cambiarle el pañal porque el medicamento podía provocar lesiones en la piel de quien entrara en contacto con sus desechos. Imaginen lo que fue escuchar eso sabiendo que ese mismo medicamento estaba dentro del cuerpo de mi bebé. Fue aterrador.
Pero, una vez más, el miedo estaba más en mi mente que en la realidad. Gracias a Dios, Eli no presentó llagas ni las complicaciones que tanto temíamos.
Los siguientes medicamentos sí nos enseñaron cómo se manifiestan las náuseas en un bebé. Han sido días de vómitos, medicamentos y mucha vigilancia, pero todo ha estado dentro de lo esperado. Y si algo admiro profundamente de este hospital es que siempre se anticipan a las complicaciones. Están preparados para cualquier situación y responden con rapidez, experiencia y muchísimo amor.
También he comenzado un proceso con una psicóloga cristiana. En una de las sesiones hicimos una lista de todos mis miedos. Al terminar de escribirlos entendí algo que me llenó de paz: Dios ya me ha rescatado de cada uno de ellos. En medio del caos he visto al Espíritu Santo ejecutar un plan perfecto, día tras día, trayendo gracia donde parecía que la muerte había dictado la última palabra.
Muchas personas me dicen que admiran mi fortaleza y mi fe. Pero la verdad es que nunca sentí que tuviera otra opción. Las circunstancias me arrojaron a un abismo del que solo el amor de Dios ha podido sostenerme. Hoy sigo creyendo que Él tiene planes de vida y no de muerte, planes para darnos un futuro y una esperanza.
Estoy convencida de que, de una u otra forma, todo va a estar bien. Y también sé que esto pasará.
Eli sigue peleando con una fuerza que nos inspira cada día, y nosotros seguimos peleando junto a ella.
No dejen de tenernos en sus oraciones. Y no sean de los que dicen: "Voy a orar por ti", y después lo olvidan. Hoy necesitamos cada oración más que nunca.
Muchos nos han preguntado cómo pueden hacerle llegar una carta o un pequeño detalle a Eli. Quiero compartirles la dirección porque sueño con que algún día ella tenga una carpeta llena de cartas que le recuerden cuánto fue amada, acompañada y sostenida por tantas personas durante esta batalla.
Elizabeth Alina González Gómez (Eli)
361 N 3rd St.
Memphis, TN 38105
Estados Unidos
#631
Gracias por caminar este proceso con nosotros. Cada oración, cada mensaje, cada carta y cada gesto de amor nos recuerda que no estamos solos.