02/08/2025
A lo largo de los años, he oído innumerables veces que debo sonreír más; por lo que entiendo, mi cara indica que estoy molesta todo el tiempo, no hay nada más lejos de la realidad, usualmente estoy pensando ya sea en cómo resolver algo de mi familia o mi trabajo, o tal vez en cómo van los Mets, las Chivas o el Real Madrid, incluso puedo estar cantando mentalmente una canción de Magneto, Maluma o Bad Bunny. Cosa rara, conozco mujeres a la que se les dice lo mismo pero no a un hombre, al parecer ir sonriendo por la vida es obligación femenina.
Entre las cosas que me repiten también está mi voz “que regaña”, a manera de propia defensa y debida aclaración a mis oyentes, he desarrollado una técnica que consiste en informar lo que estoy haciendo o no y cómo me siento: “no estoy molesta”, “no es regaño, así hablo”, “me apasiona este tema, te estoy explicando, no pretendo imponerme”, “cada quien es libre de pensar lo que quiera, ésta es mi opinión pero respeto la suya” y así; ya me acostumbré, ya lo digo por default, pero ¡qué cansado es!! y de nuevo, nunca he oído que a un hombre le cuestionen su tono de voz, al menos con tanta frecuencia.
Siempre me han dicho que tengo carácter fuerte, habría que ver que entiende cada quien por carácter fuerte, si con eso se refieren a que soy directa, franca y sin pelos en la lengua para decir lo que pienso, pues sí tengo carácter fuerte; pero si con eso se refieren a que soy grosera y pierdo la paciencia por todo, ahí sí no estoy de acuerdo, con el paso de los años he trabajado mucho en mi asertividad y siempre he sido una persona empática, creo que lo que me hace diferente es que siempre vas a oír lo que pienso y eso a veces sorprende y no es bien recibido.
Lo anterior no quita que alguna vez haya perdido la paciencia y me haya puesto de malas, que haya tenido que regañar para corregir diversos errores, pero nunca ha sido por ganas de fregar, por “mala” o por desquitarme de algo que me sucediera sólo a mí; pero sí, he cometido errores como cualquier ser humano, de los que me hago responsable y pido disculpas.
Mi llamado carácter fuerte me ayudó a mantener el orden en mis salones de clase durante 20 años y pude enseñar y aprender con mis estudiantes adolescentes, creo que el amor que hasta la fecha sigo recibiendo de ellos es la muestra de que no fue ni es obstáculo para realizar bien mi labor.
Mi llamado carácter fuerte me ha permitido realizar mi labor jurisdiccional con mano firme, para que las cosas fluyan adecuadamente y se beneficien todas las personas que esperan un resultado de nosotros, las y los servidores judiciales.
Mi llamado carácter fuerte va de la mano de mi entereza, de mi perseverancia, de mi empeño de que todo salga lo mejor posible, de mis ganas de ver el lado positivo y de tomar las cosas con calma para encontrar soluciones, esa es mi personalidad.
Los últimos 2 años 7 meses 16 días he sido plena laboralmente, tuve la oportunidad de vivir mi trabajo soñado, el que siento que era mi ideal y de realizarlo con gente maravillosa con la que siempre voy a estar agradecida.
Ha sido una etapa feliz pero también complicada, demandante, estresante, llena de diversas actividades y problemas por resolver…. me faltará tiempo para cumplir todo lo que quería.
Ha sido mi personalidad la que me impulsó a ocuparme de cuestiones que técnicamente no me correspondían, a ayudar lo más que pude en diversos proyectos laborales, a cumplir con mis propias responsabilidades y a ayudar a quienes me lo han pedido, mientras que pasaba por problemas familiares, de salud y hasta una campaña que nunca imaginé hacer.
Son mi personalidad y principalmente el amor de la gente que me rodea, los que poco a poco me han ido sacando de la profunda tristeza de haber perdido mi trabajo, ese que rápidamente se volvió uno de los amores de mi vida; tengo días normales, dias tristes y dias donde no tengo ganas de nada, supongo que así nos pasa a todos cuando vivimos un duelo, lo que sí es que no me arrepiento de lo que he vivido. Toca echarle muchas ganas al mes de agosto para dar el último jalón y trabajar en nombre de la institución que tanto quiero.
Si no me ves sonreír, no te preocupes, probablemente estoy pensando algo importante o algo irrelevante, pero estoy bien.
Si mi voz es demasiado fuerte cuando hable, ten por seguro que te voy a avisar si estoy molesta o te estoy regañando; y si se me pasa la mano, te aseguro que me daré cuenta en algún momento y te pediré disculpas.
Si ves que paso demasiadas horas en el Tribunal, no me digas nada, estaré disfrutando (aunque no lo parezca), hasta el último segundo que pueda ser magistrada decimotercera.
Gracias por entenderme, gracias por apoyarme, gracias por estar conmigo aunque sea a la distancia.