Euny y Alberto

Euny y Alberto

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Hola somos pareja SW Soft y Blizz, ambos leemos y contestamos, vivimos en CdMx y solo estanos interesados en conocer otras parejas del ambiente.

No Singles por ahora. Si son pareja envia mensaje y te responderemos

Saludos de Euny y Alberto

15/12/2025

Domingo 14 de Diciembre 2025, terminando el año en uno de nuestros lugares preferidos para dominguear

06/05/2025

Hola somos pareja con un año en el ambiente como SW Soft y Blizz, este no es perfil personal ambos leemos y contestamos, vivimos en CdMx y solo estanos interesados en conocer otras parejas del ambiente.

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Saludos de Euny y Alberto

07/04/2025

Línea 12: Psicodelia en Club Sw

Éramos Euni y yo, dos almas que arrastraban el cansancio semanal como si hubiéramos estado ordeñando unicornios cósmicos toda la semana. La noche, esa cómplice de las fantasías desatadas, nos susurró al oído la dirección de un agujero de conejo llamado "Club Sw", estratégicamente ubicado en la siempre... peculiar Avenida Tláhuac, ¡a un salto de pulga de la Línea 12 del metro! Nuestro buen amigo gurú de los placeres ocultos, nos había pasado el soplo de este "peculiar" edén.

Al descorrer la cortina que olía ligeramente a detergente barato, no nos recibió precisamente un harén de odaliscas bañadas en aceite de rosas. Más bien, un puñado de almas (contadas con los dedos de dos manos, y sobrarían algunos) se movían en la penumbra con la gracia de un perezoso con resaca. Diez parejas, cada una en su burbuja de intimidad variable, y unos cuantos solteros con miradas que decían "a ver qué pesca uno". El ambiente era... íntimo, sí, como una reunión de tupperware a oscuras.

Ahora bien, debo decir que la persona que nos dio la bienvenida en la entrada lo hizo con una sonrisa genuina, un pequeño faro de amabilidad en la penumbra. Y nuestro mesero, aunque quizás no poseía la velocidad de la luz, se esforzó por atendernos con ánimo, trayendo nuestras bebidas con una cortesía un poco… pausada, pero sincera.

Y entonces, ¡apareció él! El animador. Imaginen a un cruce entre un vendedor de seguros con exceso de cafeína y un gurú de autoayuda con ínfulas de estrella de rock. Con un micrófono que parecía más grande que su ego, intentó insuflar vida a la sala con juegos que harían sonrojar a tu tía la solterona. Un objeto de dudosa ergonomía danzaba entre las mesas, y la consigna era clara: ¡no te quedes con la papa caliente, o pagarás con un "castigo" que oscilaba entre un baile ridículo y contar un chiste malo! La presión, amigos, era sutil como un elefante en una cristalería. Nos miramos Euni y yo con una expresión que gritaba "¡Sálvese quien pueda!".

Como dos astronautas intentando escapar de un agujero negro de la diversión forzada, nos deslizamos hacia una mesa más alejada del epicentro del "jolgorio". Pero nuestro animador estrella, con su radar de almas tímidas activado, no se dio por vencido. Se acercó con una sonrisa que prometía diversión… o algo parecido. Insistió, bromeó, nos miró con esos ojos que te hacen sentir culpable por no estar participando en la conga de la felicidad. Fue entonces cuando, con una dulzura digna de una geisha enojada, le recordé una de las leyes fundamentales del universo sw***er: "No es no, campeón. Y no se pregunta". Su entusiasmo se evaporó más rápido que un billete de cincuenta en un table dance. Un silencio incómodo flotó en el aire, tan denso que se podía cortar con un cuchillo untado en mayonesa rancia.

Al fondo, tras una cortina sospechosamente manchada, se vislumbraba el "cuarto de juegos". Una cama matrimonial, adornada con globos de corazón que parecían haber sobrevivido a varias fiestas infantiles fallidas, era el epicentro de las actividades más... "íntimas". Una cadena de plástico barata marcaba la frontera entre el voyeurismo casual y la participación activa.

Los sonidos que emanaban de ese Edén improvisado eran… elocuentes. Jadeos que sonaban más a asma que a pasión desenfrenada, palmadas que evocaban más una pelea de lucha libre amateur que caricias sensuales, y gemidos que… bueno, digamos que la banda sonora dejaba mucho a la imaginación (y quizás a un buen curso de doblaje).

Y entonces, ¡el aroma! No era precisamente el perfume embriagador del deseo lo que inundaba el ambiente. No, amigos. Era un efluvio inconfundible, persistente, omnipresente: alitas fritas y papas a la francesa. ¡En pleno trance erótico, nuestros sentidos eran asaltados por la promesa de una orden para llevar! Y para rematar la faena surrealista, las voces de los chefs (¿o deberíamos decir "cocineros de la pasión"?) llegaban nítidas desde el otro lado de la sábana, discutiendo acaloradamente sobre la calidad del aceite y la necesidad de "echarle más sal a esas chingaderas". ¡Romántico a rabiar!

El "cuarto de juegos" en sí era… funcional. La cama baja nos obligó a contorsiones dignas de un contorsionista circense con dolor de espalda. La sábana que separaba este nido de amor del resto del club se movía con cada corriente de aire, ofreciendo fugaces (y a veces involuntarias) vistas de nuestro "intercambio de fluidos" al público circundante. Y la sábana del colchón… digamos que había vivido mejores momentos y absorbido más historias (y fluidos) de las que un libro de memorias podría contener. ¡Una verdadera reliquia!

Cuando finalmente llegó nuestro turno de "explorar" este lecho de placer, la escena no era precisamente de ensueño. La pareja anterior aún estaba recogiendo sus pertenencias con la torpeza de quien acaba de salir de una lavadora. Nos lanzamos a la acción con el entusiasmo de un par de conejos en primavera, pero la cama, amigos, la cama… era como hacer el amor en un trampolín desinflado.

A los pocos minutos, una pareja madura irrumpió en escena con la energía de dos guepardos jubilados. El caballero se dedicó a darle un "masaje antiestrés" a la chica del club con una intensidad que hacía temer por la integridad de sus extremidades. Y entonces, otro valiente se unió al aquelarre, ofreciendo su "instrumento de placer" a la dama sin mediar palabra. Ella, pobre criatura, parecía más un objeto de utilería que una participante activa. Su clímax, acompañado de gemidos que sonaban a desgarro y un "sq**rt" que dejó la sábana más húmeda que la frente de un corredor de maratón, fue… instructivo.

Mientras tanto, nosotros intentábamos mantener la concentración en medio del aroma a fritanga y las conversaciones culinarias de fondo. ¡Un verdadero desafío para la libido! La cama baja nos obligaba a posturas que harían llorar a un gurú del Ka*****ra.

Finalmente, exhaustos pero con una historia digna de contar en las reuniones de swing (con muchas comillas), salimos de aquel cubículo ensabanado. La cuenta, sorprendentemente modesta, no reflejaba precisamente el lujo de la experiencia.

La experiencia en este "Bar Sw" de la Avenida Tláhuac no fue el pináculo del confort ni la quintaesencia del erotismo refinado, pero sin duda alguna, se erige como una de las más surrealistas y… memorables de nuestras exploraciones. Agradecemos a nuestro camarada Mario por abrirnos las puertas a este universo paralelo, y reconocemos el esfuerzo del personal de entrada y el mesero. ¡Que siga la aventura cósmica, aunque a veces nos lleve por caminos inesperadamente… sazonados con frituras y situaciones dignas de un guion de Buñuel! ¡Paz, amor y quizás un buen ambientador para la próxima visita!

Para los aventureros así pueden encontrar el lugar...
El club sw Tláhuac

18/03/2025

El Eco del Amor Libre
Nuestro viaje como sw***ers soft nace de un manantial de amor profundo y respeto mutuo.
No es una búsqueda de lo prohibido, sino una exploración de la conexión íntima que nos une. Es la curiosidad que nos impulsa a descubrir nuevas dimensiones de nuestra sexualidad, no como individuos separados, sino como compañeros de aventura.

En este espacio de libertad consensuada, nos permitimos experimentar la emoción de ver a nuestra pareja florecer en nuevas experiencias.
No hay celos ni inseguridades, solo la dicha de presenciar su placer, sabiendo que nuestro vínculo es inquebrantable.

Nos deleitamos en el juego de la seducción, en la chispa de la novedad, pero siempre con la certeza de que el hogar de nuestro amor permanece intacto.

El sw***er soft cual lienzo en blanco donde pintamos juntos nuestros deseos, donde la confianza es el pincel y el respeto, el marco.

Es la danza de la entrega y la reciprocidad, donde nos perdemos y nos encontramos, donde la pasión se multiplica y el amor se expande.

No hay culpa ni egoísmo en este camino, solo la alegría de compartir la intimidad con otras parejas que comprenden y honran nuestro compromiso.

Celebramos la belleza de la diversidad sexual, la riqueza de la conexión humana, la magia de la complicidad.

¿Porque somos sw***ers soft?, porque elegimos el amor en todas sus formas, porque nos atrevemos a explorar los límites de nuestra pasión, porque juntos somos más fuertes, más libres, más felices.

26/02/2025

Soy Mujer, no un objeto ni cosa en la que mi pareja elija por mi o sobre mi cuerpo.

Amo a mi pareja porque me respeta y Cuida.

Y si no vas a respetar mi relación, solo vas a querer hablar conmigo (mujer) y vas a pedir a mi pareja algo sobre mi, mejor no mandes nada.
El SW es una práctica sexual libre y de respeto.

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