22/08/2022
LEYENDA DE JUANITA Y BONIFACIO
Por los años 30s. En nuestro poblado García NL, vivian Juanita y Bonifacio una joven pareja que tenían poco de casados, cuando ella se embarazo y esperaban al hijo que venia en camino, pasaron los meses y en el aquel hogar resonaron los gritos de una niña recién nacida, al cual le pusieron por nombre Carmen, los padres de la pequeña se volvían locos al ver las sonrisas, berrinches y travesuras.
Al paso del tiempo decidieron traer al mundo a otros hijo y con el paso del tiempo Juanita dio a luz a un robusto hijo, que le llamaron Toñito, pero fueron tantas las calenturas que sufrió Juanita, que hicieron que su salud empeorara, de la fiebres, siguieron las hemorragias, los vómitos, las convulsiones y los espasmos, nada valía, ni las medicinas ni los remedio caseros, Juanita falleció, ¿Quién cuidaría a sus 2 pequeños? ¿Qué sería de su vida?.
Una vez hecho los funerales Bonifacio de vuelta a su hogar, sus pequeños eran su único consuelo y razón de vivir.
De día Bonifacio tenía que atender la siembra y ya de noche caia todo rendido. Carmen, la niña de poco menos de 2 años, dormía en una camita que el mismo había hecho de tablas, Toñito el niño con unos cuantos días de nacido, tenía por compañera de sus sueños una humilde cunita.
“Y sucedió que en una madrugada, mientras dormía, lo despertó el llanto de su hijo, pronto se reincorporo, pensando que el niño tenía hambre, corrió a la chimenea donde aún quedaban leños encendidos, calentó el alimento y presto a dárselo, pero este ya se había quedado dormido y Bonifacio tranquilo volvió a recostarse, quedando al fin también dormido.
Lo raro era que a partir de aquella noche y a la misma hora se suscitaba el llanto de la criatura, Bonifacio alarmado revisaba la cuna por aquello de una animal, mas todo era en vano, ni el niño tenía hambre, ni algún bicho que le hubiera provocado daño.
Un día ya preocupado por todo aquello, decidió platicarle a su compadre Teodoro lo ocurrido, invitándolo a su vez que ambos velarían toda la noche para ver que ocurría. Así fue, la noche de ese día acudió Teodoro la casa del padre confundido. Los niños se habian quedado dormidos y ellos, después de platicar largas horas, empezaron a cabecear, cerrando los ojos por el sueño.
De repente Toñito rompió en llanto desmorecido, pronto despertaron y miraron que en la cabecera de la cuna se desprendía una sombra blanca, la sombra de una mujer que en aquel instante, flotando, se encaminaba a la cocina y traspasando la puerta que daba al patio se dirigía hacia una pila donde la luz tenue de la luna lograba reflejarse.
Luego siguió como volando hasta perderse en el fondo de la huerta. Mudos de espantos aquellos hombres, con los ojos casi desorbitados, corrieron hacia el cuarto donde estaban los niños, dormían y dormían profundamente; todo era calma, mientras los dos hombres aquella noche , aterrorizados no pegaron los ojos. Ya muy de madrugada acordaron ir con el sacerdote del pueblo para que rezara y bendijera la casa y, así fue, el sacerdote rezo y esparció agua bendita en toda la casa y al pie de la cuna. (OAM)
Cuenta la leyenda que ya no volvió a verse aquella sombra, que no era más que el alma de la madre del pequeño, que quizá con el dolor de verlo indefenso, se habia ido a la tumba y que volvía para tenerlo en sus brazos unos instantes. Cuando la madre partia de nuevo al más alla.