Página Oficial del Comité Municipal del PRI en Campeche. México no tenía un camino hecho para cumplir con su destino democrático.
Historia del Partido Revolucionario Institucional
Bajo el régimen de Porfirio Díaz (1877-1911) México había logrado altas
tasas de crecimiento económico, pero ello a costa de un inequitativo reparto de la
riqueza y de una creciente dependencia hacia el exterior. La caída de Díaz fue originada por un enfrentamiento armado, la Revolución
Mexicana, que culminó con la promulgación de la Constituc
ión de 1917, la más
avanzada en su tiempo, pues fue la primera del mundo en incorporar
disposiciones de contenido social. Había que diseñar las instituciones que le dieran sustento; transitar, paso a paso,
sobre vías propias y adecuadas a nuestras condiciones, e imaginar los nuevos
derroteros después de cada conquista. El primero de diciembre de 1928 se firmó el Manifiesto del Comité
Organizador del Partido Nacional Revolucionario (PNR), mediante el cual el
General Plutarco Elías Calles invitaba a "todos los partidos, agrupaciones y
organizaciones políticas de la República, de credo y tendencia
revolucionaria, para unirse y formar el Partido Nacional Revolucionario". El 4 de marzo de 1929 se fundó el PNR en como un partido de partidos, de
convocatoria amplia, institución donde convergen fuerzas políticas afines pero
distintas. El PNR sería la institución más poderosa para la competencia política; fue
entonces el lugar para diseñar los primeros acuerdos y prácticas en la lucha por el
poder público; el medio que llevó a la realización de relevos de gobiernos por
medio de elecciones y en condiciones de estabilidad. El amplio acuerdo hizo que el PNR surgiera con un gran predominio, porque
en él convergieron los líderes y organizaciones más importantes del país, pero
nunca propuso el totalitarismo a través de un Estado que negara la participación
de otras fuerzas políticas. El 30 de marzo de 1938, el Presidente Lázaro Cárdenas lanzó la
declaración formal de la Asamblea Nacional Constitutiva del Partido de la
Revolución Mexicana (PRM) que sustituiría al PNR. De manera incipiente tuvo lugar un sistema de partidos, junto con el gran
dominio del Partido de la Revolución Mexicana -en que se transformó el PNR-, ya
que a partir de 1939 surgieron una serie de partidos con ideologías y principios
diametralmente opuestos al cambio y a la transformación de la sociedad,
caracterizados por su oposición ideológica a los postulados de la Revolución. El 18 de enero de 1946 tuvo lugar la Segunda Gran Convención del
Partido de la Revolución Mexicana, que dio lugar a su transformación como
Partido Revolucionario Institucional, designándose como primer presidente
del Comité Central Ejecutivo a Rafael Pascasio Gamboa. La estabilidad de entonces iba de la mano con el predominio del PRI (que
había sustituido al PRM); lo uno sin lo otro resulta difícil de imaginar, pero más que
ello -en sí mismo no poco- la contribución del Partido estuvo en mirar siempre
hacia una mejor democracia, aún cuando esa posición conduciría a elevar las
exigencias que él mismo enfrentaba para la preservación y conquista de los
espacios de poder público. Con el PRI en el gobierno y por su compromiso con el destino democrático
del país, fue posible superar las tentaciones hacia los autoritarismos de izquierda y
de derecha, que aparecieron en el entorno de la Segunda Guerra Mundial y de la
Guerra Fría. Con el PRI se realizaría una transformación de gran profundidad, al
dejar atrás la tradición de los gobiernos presididos por militares, para arribar a los
de carácter civil, en un proceso sin fracturas ni enfrentamientos. En lo sucesivo, los gobiernos emanados de la Revolución derivaron su
legitimidad en el consenso de las distintas fuerzas políticas y en la
continuidad de los programas de gobierno, sustentados en principios tales
como el desarrollo económico; la justicia social; la reforma agraria; la
protección de los derechos de los trabajadores; la educación gratuita para
todos; la disciplina de las fuerzas armadas al poder civil; el continuo
ensanchamiento de las libertades políticas y, entre otras, la afirmación de la
independencia de la nación frente al exterior.