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Opinión critica, libros y poesía

El Universal | El periódico de México líder en noticias y clasificados 06/11/2025

Manipulación de la narrativa presidencial

Hay momentos en los que el poder, acorralado por su propia torpeza, busca refugio en el drama y no hay drama más efectivo que el de la víctima. En días recientes, un video circuló por redes sociales mostrando a la presidenta de México en un supuesto acto de acoso durante un evento público.

Las imágenes, cuidadosamente difundidas, encendieron el debate. Pero más allá del morbo y de la indignación superficial, hay algo que huele profundamente a manipulación. Porque, si algo nos ha enseñado este gobierno, es que sabe fabricar realidades cuando la suya se desmorona.

No se trata de minimizar el acoso, todo acto de violencia o invasión del cuerpo es condenable, sin matices, pero tampoco se puede ser ingenuo. En política, el tiempo lo es todo, y el contexto dicta las intenciones.

El supuesto acoso aparece justo cuando la presidencia enfrenta uno de los momentos más críticos de su gestión: aumentos de impuestos, protestas de campesinos, alcaldes asesinados, corrupción destapada en las entrañas de la 4T, y una ola de indignación social que ya no puede contenerse con discursos vacíos. ¿Coincidencia? No lo creo.

Las redes se llenaron de mensajes de apoyo a la presidenta, pintándola como víctima de un acto de violencia machista. Pero la estrategia es vieja: cuando la ineptitud ya no puede ocultarse, se crea un enemigo. Cuando el pueblo exige resultados, se cambia el tema. Se apela al sentimentalismo.

Se coloca a la figura del poder como mártir, como si de pronto el peso de sus errores desapareciera ante la lágrima del sufrimiento público. Pero el verdadero sufrimiento no está en el templete de un acto político, está en las calles, en los hogares, en los hospitales sin medicamentos, en las madres buscadoras ignoradas, en los campesinos abandonados.

¿Y por qué surge este video justo ahora? Porque el gobierno necesitaba cambiar la narrativa. Venía de semanas de golpizas políticas que ningún gabinete sobreviviría sin estrategia de distracción.

El alza al transporte en la Ciudad de México, las humillaciones diplomáticas por parte de Estados Unidos, la exención fiscal a la FIFA mientras suben los impuestos al pueblo, el as*****to del alcalde de Uruapan que suplicó protección antes de morir.

Cada hecho una puñalada a la credibilidad del gobierno. Cada titular, un recordatorio de que la silla presidencial pesa más de lo que su ocupante puede sostener.

Y justo cuando la indignación crecía, aparece un video “casualmente” viral, con la presidenta convertida en víctima de acoso. El foco mediático se mueve. La empatía se activa. El pueblo olvida.
Un movimiento quirúrgico, digno del manual de manipulación política del siglo XXI.

Pero el bisturí del análisis no miente: las imágenes parecen diseñadas para provocar indignación, no para denunciar una agresión real. Se nota la intención de colocarla como símbolo del “ataque al liderazgo femenino”, apelando a la bandera del feminismo de Estado que tanto han manipulado. Y mientras el gobierno vende la narrativa de la mujer fuerte que resiste el acoso, los hechos muestran que la verdadera violencia está en sus omisiones.

Porque mientras la presidenta actúa su papel de víctima, miles de mujeres reales, madres, hijas, buscadoras, siguen siendo ignoradas.

Mientras ella “pide respeto”, las madres que exigen justicia por sus desaparecidos son reprimidas por la Guardia Nacional.

Mientras ella habla de dignidad, campesinas e indígenas son desplazadas de sus tierras sin que el gobierno mueva un dedo y mientras los reflectores apuntan a su rostro dolido, nadie habla ya de la corrupción dentro de su gabinete, ni del desastre económico, ni de la inflación disfrazada de subsidios.

El látigo entra aquí: es obsceno utilizar la causa de las mujeres para salvar una imagen política. Es una traición a todas las que han sufrido en silencio, a las que no tienen cámara ni escoltas, a las que no pueden fingir un acoso para distraer a la prensa. Convertir el dolor femenino en cortina de humo es perverso, y lo que hizo el gobierno es exactamente eso.

La presidenta, incapaz de enfrentar las consecuencias de su incompetencia, se viste de víctima para recuperar simpatía, pero el país no necesita víctimas en el poder: necesita líderes y lo que tenemos al frente no es una líder, sino una improvisación con guion de propaganda.

En este momento, México enfrenta una crisis de legitimidad y confianza. No hay área que no esté en llamas. La economía, el campo, la justicia, la seguridad, la salud. Y, en medio de esa ruina, aparece el teatro mediático del “acoso presidencial”.

Como si una palmada en un evento tuviera más peso que el as*****to de un alcalde que rogó por ayuda y no la obtuvo. Como si la indignación se reservara solo para proteger la investidura y no al pueblo, eso no es feminismo, es manipulación política, eso no es dignidad, es propaganda con lágrimas.

El bisturí continúa: toda esta estrategia responde a un patrón comunicativo que la presidencia ha perfeccionado desde el inicio. Ante cada crisis, se lanza una distracción emocional. Ante cada cifra que muestra la ineptitud, se inventa una causa noble. Hoy es el acoso; mañana será otra bandera: la pobreza, el racismo, la patria. Cualquier cosa que funcione para desviar la atención de la realidad.

El gobierno no gobierna: administra percepciones.
Y el pueblo, cansado, confundido y saturado de información, cae una y otra vez en el mismo truco.

El látigo final es claro: fingir un acoso, si es que eso fue, es un insulto a las verdaderas víctimas, a las que viven el miedo todos los días, a las que no tienen voz ni cámaras. Y si el acto fue real, peor aún, porque la respuesta institucional fue utilizarlo como show mediático, no como ejemplo de denuncia. En ambos casos, el gobierno demuestra su miseria moral.

México está dirigido por un espectáculo, no por un proyecto, la presidencia no es una oficina de Estado: es un escenario y lo que vimos no fue valentía ni vulnerabilidad, fue actuación política con lágrimas prefabricadas.

Hoy, mientras millones pagan más impuestos, mientras los diputados se suben el sueldo, mientras la FIFA no paga un solo peso y el campo se muere, el gobierno se atreve a pedir empatía por una escena dudosa.

Pero el pueblo ya no traga el anzuelo, porque la gente no es tonta y unque intenten manipular la narrativa, la realidad grita más fuerte que cualquier guion ensayado.

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Animal Político. (2025, noviembre 3). Incremento del transporte en CDMX y protestas campesinas por falta de apoyo. Recuperado de https://www.animalpolitico.com

El Universal. (2025, noviembre 2). EU cancela rutas aéreas mexicanas en represalia por política aeroportuaria de México. Recuperado de https://www.eluniversal.com.mx

Forbes México. (2025, noviembre 1). Gobierno de México exenta a la FIFA del pago de impuestos para el Mundial 2026. Recuperado de https://www.forbes.com.mx

Reforma. (2025, noviembre 1). Asesinan al alcalde de Uruapan tras pedir protección federal. Recuperado de https://www.reforma.com

Proceso. (2025, noviembre 4). Video de supuesto acoso a presidenta genera polémica y sospechas de manipulación mediática. Recuperado de https://www.proceso.com.mx

El Universal | El periódico de México líder en noticias y clasificados Noticias de última hora de México y el mundo. Noticias minuto a minuto de política, ovidio, culiacan, AMLO, AIFA, Ucrania, Rusia, deportes, espectáculos,

05/11/2025

LO QUE CLAUDIA SHEINBAUM QUISIERA OLVIDAR
Crónica de un país gobernado por el error

México amanece con un sabor agrio en la boca. Las noticias se acumulan como ruinas, una sobre otra, formando un paisaje que ya no se puede disimular con discursos ni con sonrisas ensayadas. El gobierno federal, encabezado por Claudia Sheinbaum, ha convertido el país en un laboratorio de improvisaciones, maquillado con propaganda y sostenido por la paciencia, cada vez más frágil, de una ciudadanía que sobrevive más que vive.

La realidad es esta: el país se desmorona y la presidenta parece no darse cuenta. Mientras presume estabilidad, la gente paga más por todo, la violencia se multiplica y los símbolos del poder sirven solo para encubrir la ineficiencia.

En la Ciudad de México, un decreto silencioso apareció en la Gaceta Oficial: el aumento del pasaje del transporte concesionado en un 25%. Los microbuses, los mismos que llevan décadas rugiendo entre el tráfico, ahora cobran entre $7.50 y $9 pesos por viaje. El aumento, muy por encima de la inflación acumulada, golpea directo a la clase trabajadora. La justificación fue absurda: “mejorar el servicio”. Pero los pasajeros saben la verdad: el transporte sigue igual de viejo, de peligroso y de caro. Mientras tanto, el gobierno capitalino presume renovación de unidades que nunca llegan. Las cifras no mienten; la gente tampoco.

Así, la política del espectáculo sigue. Del otro lado del espejo diplomático, Estados Unidos le dio un golpe de realidad al gobierno mexicano. El Departamento de Transporte canceló 13 rutas de aerolíneas mexicanas como represalia por los decretos que redujeron los slots en el AICM y forzaron el traslado de operaciones al AIFA, esa obra símbolo del capricho presidencial. Viva Aerobus perdió nueve rutas, Aeroméxico tres, y las consecuencias económicas son incalculables. El secretario Sean Duffy fue claro: “Hasta que México cumpla sus compromisos, seguiremos exigiendo cuentas”.

La respuesta de Sheinbaum? Un discurso vacío: “México no es piñata de nadie”. Pero acto seguido, prometió devolver los slots perdidos. La soberanía de palabra se derrumba ante la sumisión de los hechos.

Mientras tanto, en el Congreso, se firmaba otra vergüenza. La FIFA fue exenta del pago de impuestos para el Mundial 2026: ni IVA, ni ISR, ni un solo peso. Una organización multimillonaria, señalada de corrupción global, recibe trato preferencial mientras el pueblo enfrenta alzas en impuestos y recortes en salud y educación. La ironía es dolorosa: la gente paga más por vivir; la FIFA, por jugar, no paga nada y mientras los estadios se preparan para el espectáculo, los hospitales públicos siguen sin medicinas y las escuelas sin techos dignos.

En el ámbito judicial, la crisis no es menor. La nueva Corte, elegida por voto popular, amenaza con revisar fallos emitidos por ministros anteriores. Una medida peligrosa que podría deshacer sentencias sobre derechos humanos y amparos constitucionales. Lo que antes era Estado de derecho, hoy se tambalea bajo la voluntad de los nuevos jueces. La independencia judicial se diluye, y con ella, el último hilo que sostenía la confianza en las instituciones.

Pero la crisis no es solo institucional. En el campo, los campesinos alzaron la voz y bloquearon carreteras en todo el país. No por capricho, sino por hambre. El abandono al agro es total. Los precios de los granos no alcanzan, los subsidios se evaporan y los apoyos prometidos se vuelven papeles sin valor. Las carreteras del centro de México se convirtieron en símbolo de resistencia, mientras el gobierno respondió con indiferencia. No hay diálogo, no hay soluciones, solo promesas recicladas.

En paralelo, las sombras del dinero sucio alcanzaron al círculo íntimo del poder. La Fiscalía General de la República confirmó tener pruebas contra Casa de Bolsa Vector, ligada a Alfonso Romo, ex jefe de la Oficina de AMLO. El informe apunta a operaciones de lavado de dinero con vínculos al narcotráfico. El caso es escandaloso: el hombre que fue clave en la transición económica del obradorismo aparece ahora bajo sospecha de colaborar con estructuras criminales. Y la presidenta guarda silencio. Porque en este país, la justicia sigue siendo selectiva: se persigue al opositor, se protege al amigo.

El Congreso, en sintonía con su propia decadencia, aprobó una reforma que reduce las p***s para funcionarios acusados de corrupción y peculado. La narrativa fue grotesca: “humanizar las sanciones”. En realidad, fue un blindaje político. Se perdonaron a sí mismos antes de rendir cuentas. Y para coronar el descaro, los diputados aprobaron un aumento a sus sueldos, alegando que “la inflación también los afecta”. Mientras tanto, millones de mexicanos siguen viviendo con el salario mínimo.

Pero el hecho más devastador ocurrió lejos del Congreso, lejos de la capital, en Uruapan, Michoacán. Carlos Manzo, alcalde, fue asesinado a balazos frente a familias y niños durante el Festival de las Velas. Durante meses pidió ayuda, clamó por protección federal. En septiembre canceló el Grito de Independencia pidiendo auxilio. En octubre suplicó que no retiraran la Guardia Nacional. Nadie lo escuchó. Y cuando la violencia lo alcanzó, el gobierno respondió con frialdad burocrática. Sheinbaum calificó su estrategia de “incorrecta”. Hoy está mu**to. Siete alcaldes asesinados en ocho meses. La presidencia no es capaz de garantizar la vida de sus propios representantes, y aún así repite: “vamos bien”.

No, no vamos bien. Vamos hundiéndonos en la indiferencia oficial, en pla arrogancia política y en la pobreza institucional.

La presidenta parece vivir en una burbuja de aplaudidores, rodeada de asesores que le dicen que todo está bajo control. Pero la realidad, esa que no cabe en el discurso, le grita otra cosa. Cada decisión mal tomada tiene rostro y consecuencia: el trabajador que paga más, el campesino que bloquea carreteras, el empresario que pierde rutas, el niño que vio caer al alcalde frente a sus ojos.

La 4T prometió un país distinto, y hoy lo tenemos: distinto, sí, pero peor. Un país donde se premia la ineptitud, se castiga la crítica y se olvida la responsabilidad.

Donde los programas sociales se anuncian con fanfarria, pero se financian con impuestos que asfixian.

Donde la justicia es un teatro y la transparencia una anécdota.

Donde una presidenta juega a ser estadista mientras la nación se le desmorona entre las manos.

La silla presidencial no solo le quedó grande: le quedó lejana. Porque gobernar no es improvisar, ni hablar bonito, ni llenar plazas con acarreados.
Gobernar es tener visión, carácter y resultados. Y eso, simplemente, no está ocurriendo.

México está herido, y su herida tiene nombres: corrupción, negligencia, impunidad y tiene una voz que se repite desde el sur hasta el norte: “Ya basta”.

Basta de discursos vacíos.

Basta de gobiernos que se ríen del pueblo mientras el pueblo entierra a los suyos.

Basta de presidencias que gobiernan desde el espejo, no desde la calle.

Porque un país no se salva con propaganda; se salva con verdad, con justicia y con memoria y cuando la historia escriba esta etapa, no hablará de una mujer que hizo historia; hablará de una presidenta que confundió el poder con el ego, el liderazgo con la soberbia, y la patria con su proyecto personal.

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El País. (2025, 1 de noviembre). Ciudad de México cede y aumenta un peso y medio el costo del transporte de autobuses y vagonetas. https://elpais.com/mexico/2025-11-01/

U.S. Department of Transportation. (2025, 28 de octubre). Cancelación de 13 rutas mexicanas tras incumplimiento bilateral. https://www.transportation.gov/

ESPN. (2025, 29 de octubre). Gobierno de México aprueba exentar impuestos a FIFA por Mundial 2026. https://www.espn.com.ar/

Politico.mx. (2025, 1 de noviembre). Suprema Corte analiza si puede revocar fallos emitidos por sus antecesores. https://politico.mx/

El País. (2025, 29 de octubre). Los agricultores bloquean las carreteras de México. https://elpais.com/mexico/2025-10-29/

El País. (2025, 3 de julio). Vector, la casa de bolsa mexicana acusada de lavar dinero para el Cártel de Sinaloa. https://elpais.com/mexico/2025-07-03/

Proceso. (2025, 29 de octubre). Morena aprueba reducir p***s a funcionarios acusados de corrupción. https://www.proceso.com.mx/

Reforma. (2025, 31 de octubre). Diputados se incrementan salario pese a alza de impuestos. https://www.reforma.com/

El Financiero / El Universal / Infobae. (2025, 1–2 de noviembre). As*****to del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo.

22/10/2025

La Presidencia Más Grande Que Ella.
Crónica de la Negación, el Show y la Ineptitud

Hace tiempo que ya no es suficiente criticarle. Es necesario denunciante su presidencia como lo que ha sido: un escenario donde el poder le quedó grande. Un mantel que se rompe con la mínima tensión. Una silla de mando para la que simplemente no estaba lista.

Claudia Sheinbaum entró con promesas de cambio, de transparencia, de gobernar con la razón y la ciencia. Pero lo que estamos viendo estos meses no es un experimento de modernidad: es un desastre ético, institucional y humano. Y todo lo que parecía ser “la nueva narrativa” se va convirtiendo en caricatura y no del buen tipo.

Cuando ocurrieron los desastres en Veracruz, cuando el agua se tragó casas, personas y esperanzas, lo típico: “No ocultaremos nada”. Pero un discurso no repara vidas. Un “vamos a estar al pendiente” no rescata cuerpos. Y cuando se le preguntó por el origen del problema, por las fallas en previsión, por la respuesta tardía, lo que vino fue silencio, rodeos y llamadas a culpables lejanos.

Mientras tanto, los informes científicos de alerta son atacados como conspiraciones o sentimientos colectivos. ¿Debe el ciudadano dudar de lo que siente, de lo que documenta, solo porque el discurso presidencial decide ignorarlo? Esa es la lógica de la negación. La vacuna anti-crítica. La incapacidad de aceptar que las cosas no salen siempre bien.

Negar evidencia no la elimina y cuando una presidente se encierra en su discurso de “no ocultaremos nada”, pero en los hechos oculta reuniones privadas, contratos, decisiones tomadas sin transparencia, está traicionando el mandato más básico: gobernar bajo escrutinio público.

Si algo ha quedado claro: las conferencias matutinas de esta administración ya no son ejercicio de rendición de cuentas, sino show político disfrazado de interacción democrática. Chistes malos, frases hechas, pleonasmos, discursos de repetición, sarcasmos dirigidos al público. Y mientras tanto, la asistencia institucional a problemas críticos parece opcional.

Eso no es gobernar. Eso es operar como influencer con micrófono, con cámara, con guion, con retórica bien ensayada y con un público cautivo. Mientras tanto, la tragedia real ocurre afuera. Y la gente ríe, asiente, comparte memes y luego llora cuando se moja la casa.

La presidencia que debería ser más seria, más rigurosa, más cercana al dolor humano, se vuelve una falla en su propia dramaturgia. Cada mañanera se convierte en un episodio de supervivencia retórica más que en un espacio de respuesta. Y cuando el público exige algo más que memes y discursos, recibe evasivas. Esa es la precariedad del poder cuando no está cimentado en competencia, sino en espectáculo.

No es inexperiencia: es presunción. No es falta de habilidades técnicas: es sobreestimación del rol. La presidencia de México no es concurso de popularidad, ni desfile de slogans. Es responsabilidad. Y en esa responsabilidad, Claudia está fallando en corresponder.

Cuando el mandatario local es apedreado por la gente por su presunta negligencia, la presidenta aparece como un personaje secundario; cuando el espectáculo llama, es ahí a donde corre. Tiene más prisa por tomarse fotos con corredores, con celebridades, con programas mediáticos, que por bajarse al barro, remojarse los pies, contar censos reales, visitar zonas afectadas descalza de discursos.

Ese papel de vicepresidenta decorativa le queda chico: no cabe la magnitud del país, ni la gravedad de las crisis. Y lo demuestra cada día que aparece con fórmulas ensayadas, discursos lineales, frases sin sustancia, promesas de “trabajar en ello mañana"

¿Por qué el Estado de Chiapas pinta bardas que dicen “mujer alza tu voz” mientras reprime con mucipales a las Madres Buscadoras?
¿Por qué el mismo gobierno que organiza eventos grandiosos y cierres de calles para espectáculos, criminaliza a quienes se manifiestan para exigir justicia, desaparecidos, verdad?

Esa grieta no es accidental: es funcional. Es la contradicción que el poder necesita para simular rectitud. Si castigara el desastre institucional como castiga un emprendimiento privado, habría caos. Pero no: el caos es permitido, contenido, manipulable. Mientras tanto, el discurso de igualdad avanza en pinturas, no en acciones.

Del mismo modo, las campañas denunciando Electrolit no son batallas de salud: son batallas de narrativa, decrecientes derechos, de sometimiento del criterio público. Y con ello, la presidencia de Claudia se alinea: ataca lo que no controla, acalla lo que le amenaza, legitima quienes obedecen.

Ser presidenta tiene una dimensión moral que no puede eludir: representar la dignidad del país, encarnar integridad, asumir errores, rectificar públicamente. Pero la administración de Claudia parece haber abandonado eso: más vale una disculpa tecnológica que una compensación real. Más vale un mea culpa mediático que una acción estructural.

Cada vida desaparecida, cada vivienda inundada, cada madre desalojada es un testimonio contra su mandato. Y cada uno de esos testimonios la obliga a responder con hechos, no con enlaces de boletín, no con borradores de discurso ni llamadas institucionales. Tiene que responder con presupuesto, con políticas reales, con programas de atención.

Hasta ahora ha respondido con discursos, promesas, defensas retóricas. Pero cuando la gente pierde familia, casa, memoria, el discurso no la consuela. La crítica no es si le hablamos mal o bien: es que sus palabras no pueden tapar lo que sus omisiones revelan.

Si Claudia sigue en esta lógica de control narrativo y simulacro institucional, este gobierno se convertirá en un prólogo de decepciones. En la historia se recordará no por su proyecto, sino por su indeferencia. Por haber tenido la silla grande y usarla de vitrina.

La presidencia que el país necesita no es una presidenta que resista el golpe mediático; es una presidenta que lo prevenga. Que gobierne con compromiso humilde, con atención prioritaria a la afectación, no al aplauso. Que no tema admitir errores, ni rendir cuentas ante quienes sufren.

Porque México no necesita más discursos que consuelan al poder: necesita justicia que alivie a la gente. Necesita esa presidencia que se agache, que escuche, que comprenda los huesos rotos, las lluvias, los desaparecidos, las sedes inundadas, los alumnos sin rector, las madres despojadas. No en palabra, sino en acción.

Si hoy le queda grande la presidencia, que lo admita. Que se rinda a la altura del cargo y de la crisis. Pero que no siga fingiendo que el espectáculo es gobierno. Que no siga tratando al país como escenario donde se obedece el guion del poder. Que no siga burlándose del ciudadano con promesas eternas.

Hoy esta crítica no es política: es moral. No es puñal al partido: es fuego a las grietas del sistema.
Porque cuando un gobierno reprime la verdad, no gobierna.

Cuando una presidente se sienta a responder con performance y no con reparación, no lidera; se exhibe.

Que sepa que las grietas se anuncian con inundaciones, desapariciones, desalojo, crisis y que quien las provoca también caerá bajo su propia rotura.

Claudia, la presidencia te queda con grande: no porque no puedas gobernar, sino porque aún no te rindes al peso que implica. Y ese peso no lo sostiene el show, lo sostiene la responsabilidad.
Y si no la reconoces, serás juzgada por la historia, no por tus mañaneras.

21/10/2025

Las que alzan la voz, y las que el Estado silencia

Han pasado más de quince días desde aquel desalojo violento frente a la Fiscalía General en Tuxtla Gutiérrez.

Quince días desde que el Estado decidió que la mejor manera de responderle a las Madres Buscadoras era con escudos, toletes y granaderos.

Quince días de indiferencia institucional, de silencio oficial, de impunidad protegida por la costumbre.

Y ahí siguen. Afuera. Bajo el sol, bajo la lluvia, bajo la sombra de la injusticia. Ahí siguen, alzando la voz donde el gobierno pinta bardas que dicen “Mujer, alza tu voz”.

Qué ironía tan asquerosa. El Estado presume sus campañas violetas, sus murales con frases vacías, sus spots con música emotiva. Pero cuando una mujer levanta la voz de verdad, cuando exige a gritos el nombre de su hija desaparecida, cuando exige justicia con las manos llenas de tierra, la respuesta no es empatía ni humanidad: es represión, burocracia y desprecio.

Porque a la Fiscalía no le duelen las desaparecidas, le incomodan. Porque a la autoridad no le importa la justicia, le estorba. Porque el sistema no escucha el dolor, solo el ruido que afecta su imagen.

Mientras tanto, las madres siguen ahí, durmiendo en el suelo, viviendo de la solidaridad del pueblo, del café que les lleva la gente, de las cobijas que llegan de mano en mano, de los víveres que comparten los vecinos.

No del gobierno, no del fiscal, no de las instituciones que presumen “humanismo transformador”. De la gente, de la comunidad que sí entiende lo que significa acompañar.

En Chiapas, el dolor tiene rostro de madre y la justicia, rostro de ausencia.

Y aún así, el Estado sigue sordo, mudo y ciego. Los funcionarios pasan de largo, evitan mirar, inventan reuniones que no llegan a nada. Se llenan la boca con palabras como “protocolo”, “debido proceso”, “instancias competentes”, pero en los hechos lo único competente que tienen es la indiferencia.

La Fiscalía no investiga, administra el dolor.
No resuelve, simula y mientras tanto, las madres hacen el trabajo que el Estado no tiene el valor de hacer: buscar, escarbar, preguntar, arriesgarse.

Las que buscan no duermen.
Las que buscan caminan con el alma rota.
Las que buscan ya no esperan milagros, esperan respuestas.

Y aun así, este Estado miserable las castiga por no rendirse.
Les cierra las puertas.
Les manda policías.
Les dice que esperen “el tiempo institucional”, como si el dolor tuviera horario de oficina.

A veces parece que en México hay que morir dos veces: la primera, cuando desapareces, y la segunda, cuando el Estado te olvida.

Y aun así, entre tanta podredumbre, algo resiste: la gente. Vecinos, estudiantes, colectivos, periodistas, activistas, mujeres comunes que llegan con termos de café, con pan, con abrazos, con presencia.

Ellas y ellos están sosteniendo el movimiento. Son quienes acuerpan, quienes protegen, quienes mantienen viva la llama que el Estado intenta apagar. Porque si algo nos queda claro, es que el gobierno puede abandonar, pero el pueblo no.

Esa fuerza colectiva que acompaña a las Madres Buscadoras es el verdadero rostro del humanismo: no el de los slogans, ni el de los discursos huecos, ni el de las bardas recién pintadas, sino el del cuerpo presente, el del corazón que no se acostumbra a la injusticia.

La Fiscalía, en cambio, representa la descomposición institucional más obscena: funcionarios que no investigan, secretarias que no contestan, expedientes empolvados, fiscalitos que creen que el dolor se puede archivar.

Mientras ellos sellan carpetas, las madres sellan heridas.
Mientras ellos firman oficios, ellas recorren montes y fosas.
Mientras ellos se esconden en oficinas climatizadas, ellas caminan entre el polvo, la basura y el silencio.

Y aún así, tienen la dignidad de seguir pidiendo justicia sin romperlo todo. De seguir hablando sin gritarles lo que merecen escuchar. De seguir creyendo que, en medio del in****no, todavía puede haber humanidad.

Pero eso no durará siempre. Porque llega un punto en que la paciencia se agota, en que la rabia se organiza, en que el pueblo deja de pedir y empieza a exigir. Y si el Estado sigue sin escuchar, será responsable no solo de las desapariciones, sino también del estallido social que su cobardía está gestando.

Decía una de las madres hace unos días: “No queremos pelear con nadie, solo queremos a nuestros hijos.” Y eso es lo más terrible. Que ni siquiera esa demanda mínima, la de saber dónde están, puede ser respondida por un gobierno que se dice “de derechos humanos”.

El humanismo no se pinta en bardas, se practica en la calle y hoy quienes lo practican no son los funcionarios, son las madres, los colectivos, los ciudadanos que no miran a otro lado.

Por eso, este texto no es solo una denuncia. Es también un reconocimiento:

A ellas, que siguen ahí.
A quienes las acompañan.
A las que alimentan, las abrazan, las protegen del olvido.

Porque si algo nos ha enseñado este país, es que cuando el Estado desaparece, el pueblo aparece.

Y aunque los políticos sigan posando frente a sus murales, aunque sigan hablando de “progreso” mientras las madres lloran frente a la Fiscalía, la verdad seguirá resonando en las calles: que el Estado mexicano no protege a las mujeres, las abandona.

Que el gobierno no escucha, presume y que mientras las instituciones se pudren, el pueblo sigue construyendo dignidad desde abajo, desde la tierra, desde la rabia y el amor.

Así que sí, que sigan pintando “Mujer, alza tu voz”.
Porque hay mujeres que ya lo están haciendo.
Solo falta que el Estado tenga los oídos y el alma para escucharlas.

13/10/2025

Día de las Escritoras.

Hoy, 13 de octubre, celebramos el Día de las Escritoras, una fecha que honra la voz, la creatividad y la fuerza de las mujeres que escriben. Es un día para reconocer que cada vez son más las mujeres que transformamos el silencio en palabra, que publican sus ideas, que habitan el papel, las pantallas, los foros y las redes con la misma determinación con la que exigen su lugar en la historia.

Sin embargo, también es una jornada para recordar que el camino hacia la igualdad en el mundo de la literatura y la cultura sigue siendo desigual. Las mujeres aún ocupan un espacio limitado en los planes de estudio, en los medios, en los premios, en las ferias del libro, en las entrevistas y en los congresos. Las estanterías de las librerías todavía muestran una mayoría de nombres masculinos, mientras muchas autoras talentosas permanecen invisibles.

A pesar de ello, las escritoras continúan creando, incluso desde la doble jornada: la laboral y la del cuidado. Mientras escriben muchas sostienen familias, hogares, trabajos, cuerpos cansados y sueños postergados. Y, aun así, encuentran tiempo para escribir, para resistir, para hacer de la palabra una herramienta de cambio.

Los hombres escritores, en promedio, siguen teniendo más ingresos, más tiempo y más reconocimiento; pero las mujeres han demostrado que la literatura no se mide por la cantidad de horas disponibles, sino por la intensidad con la que se vive, se observa y se siente el mundo.

Por eso, hoy no solo celebramos, sino que también se exige: más visibilidad, más oportunidades, más equidad. Que las instituciones culturales, editoriales, librerías y escuelas asuman el compromiso de reconocer a las escritoras como parte esencial del patrimonio cultural.

Y a quienes leen, recomiendan y compran libros escritos por mujeres: gracias. Ustedes también hacen posible que la historia cambie palabra por palabra.

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