08/10/2026
LA TUBERÍA DE FIERRO PARA EL CALLAO - 1846
LA INSTALACIÓN EXISTENTE EN 1846:
Para esta época se continuaba empleando, con muy ligeras mejoras, el sistema dejado por la administración española en 1825, que describimos en seguida, y que como se puede apreciar, ofrecía muy serias objeciones, en cuanto a la sanidad de las aguas y a su volumen, bastante precario. El agua, que provenía de los puquios o manantiales de La Legua, situados al NE del Callao, una vez captada se conducía al puerto, primero, por una simple acequia abierta en los terrenos que cruzaba, y después, a un pequeño estanque o reservorio de albañilería de ladrillo. De este punto salía un canal cubierto, también de ladrillo, que terminaba a poca distancia de la orilla del mar, donde abastecía unas canaletas de madera que alimentaban, a su vez, unos caños o surtidores metálicos de la que se proveían los barcos que hacían la “aguada”, llenando barriles. Para facilitar esta operación, las canaletas se habían tendido sobre una estacada de madera que penetraba en el mar y que medía cerca de 25.00 m. de longitud. Tanto el reservorio como el acueducto se construyeron en el gobierno de Abascal (1806-1816) y estas obras significaron una apreciable mejora en el sistema existente. En los planos antiguos la acequia de captación figura con el nombre de “Río del Callao”; pero creemos que después su curso sería regularizado. El reservorio descrito se encontraba a unos 400 m. medidos desde la orilla del mar, en el cruce de los jirones Miller y San Martín, si lo quisiéramos localizar en un plano contemporáneo. En este lugar, después de 1852, se levantó un edificio llamado por los chalacos “la casa de madera”. La estacada o caños de la aguada, se encontraba fronteriza a la actual plazuela de La Matriz. La barriada o población popular que se había formado en los alrededores de este último lugar se abastecía de un pilón, que tenía 6 caños de bronce y abastecido por el acueducto. En cuanto a la fortaleza, del Real Felipe, contaba con dos aljibes, o depósitos de agua, en casamatas, es decir semienterrados. El más moderno de ellos fue construido por el virrey Abascal; y era un recinto rectangular, con techo abovedado, construido íntegramente de albañilería de piedra, a prueba de bombas. El virrey expresó, en una de sus comunicaciones oficiales, que estos almacenes de agua la podría proporcionar por cuatro meses a una guarnición de 2,000 hombres. Cuando se estableció la tubería de fierro, materia de este titulado, el aljibe fue destinado a calabozo de presos políticos, debido a sus condiciones de solidez y aislamiento. Nos parece importante hacer notar que debido a lo insalubre de las aguas subterráneas superficiales, nunca ha sido posible aprovecharlas como potables con ayuda de pozos, pues en los casos más favorables procedía de filtraciones marítimas.
ANTECEDENTES DEL TENDIDO DE LA TUBERIA:
La historia administrativa de la obra que nos ocupa, se inició el 4 de abril de 1846, con la publicación de un aviso en “El Peruano”, invitando a los interesados a postular, por medio de propuestas escritas, en un plazo de 30 días, dirigidas al ministerio de Gobierno, la construcción de una tubería que podría ser de cal y ladrillo o de fierro, que reemplazaría al antiguo acueducto colonial, que abastecía de agua la ciudad del Callao, y que se encontraba en muy mal estado. Desempeñaba la cartera de Gobierno, instrucción y beneficencia, Miguel del Carpió que hacían pocos días que se había re-encargado de su puesto del que se había ausentado por razones de salud. Respondiendo a esa invitación, el empresario norteamericano Guillermo Wheelwright presentó una proposición, con fecha de junio 4, 1846, ofreciendo tender una tubería de fierro de 10” de diámetro, al costo de 10 pesos por vara de tubería; el agua se tomaría del puquio llamado del Chivato; agregaba que el trazado que seguiría el tubo no ofrecía dificultad especial; que la diferencia de nivel entre los extremos de la tubería de 35 m. en 4,980 m., era suficiente para darle en su curso el declive necesario; y que ejecutada la obra, la Compañía del Pacífico, de v***res mercantes, debería quedar eximida del pago por el servicio de aguada para sus barcos y depósitos. Para interpretar esta última cláusula de su propuesta nosotros aclaramos que en 1840 Wheelwright había obtenido del Gobierno peruano, patente de navegación a v***r en las costas americanas del Pacífico, y que tenía intereses en la Compañía mencionada. Terminaba la oferta, que estamos resumiendo, con la declaración de que la parte técnica del proyecto había sido realizada por el Ing. Edwin O. Cárter. Esta propuesta, así como algunas otras que se habían recibido, se tramitaron para informe de la gobernación civil y militar del Callao, ejercida por el Capitán de Navío Francisco Forcelledo, que era además Comandante general de la marina. Forcelledo dispuso que una comisión formada por los vecinos notables, del Callao: Felipe Rivas, Coronel Subprefecto de la provincia, Manuel Cipriano Dulanto y Francisco Rey Guerra, en compañía del Ing. Cárter, informaran sobre el empleo de las aguas del puquio del Chivato. Esa comisión cumplió su cometido e informó en 1846, expresando que había recorrido los puquios existentes entre la chacra La Legua, el Carrizal y los fundos de Villegas, Barbosa y otros contiguos corroborando la opinión del Ing. Cárter, que había recomendado el puquio del Chivato. A esta opinión agregó Forcelledo la suya propia, en junio 9, 1846, expresando que la de Wheelwright era la propuesta más favorable, entre las que se habían recibido, así como que el precio ofrecido por ese empresario era más ventajoso, comparado con el de las otras posturas. En cuanto a la liberación del pago de agua a la Compañía del Pacífico, recomendaba que se otorgara solo por el término de la concesión a esa empresa.
EL CONTRATO CON WHEELWRIGHT:
El 11 de noviembre de 1846, el Gobierno otorgó la obra a Wheelwright, en las condiciones y características que damos en seguida. El decreto supremo fue firmado por el ministro Manuel Pérez de Tudela, y rubricado por el Presidente de la República. En su parte considerativa establece las condiciones de insalubridad en que se encontraba el canal que se iba a sustituir, y la circunstancia de que los comerciantes del Callao pagaban los derechos de aguada, y los buques de guerra extranjeros, además del de aguada, el de lastre. En la parte ejecutiva el decreto obligaba al contratista a construir un muro de cal y ladrillo en el puquio del Chivato, y tender una tubería de 4,980 m., entre el puquio y el muelle marítimo. La cañería sería de 10” de diámetro interior y de un grosor de 1/2”; siendo la presión del agua, en su interior, suficiente para que se pudieran alcanzar los techos de las casas, con auxilio de mangueras contra incendio. En el muelle marítimo se instalarían 6 caños con sus respectivas llaves, de tal manera que pudieran hacer aguada, simultáneamente, el mismo número de botes. Se establecía que la tubería matriz estaría provista de llaves correspondientes a las bocacalles para poder establecer futuros ramales, y uno de éstos, de 6”, en la Plaza del Castillo (hoy Plaza de la Independencia). En cuanto a una pila de 3.60 m. de diámetro y pedestal de bronce, que el contratista había ofrecido para el muelle, se le colocaría en la plazuela de la Iglesia Matriz (Foto 02). Todo lo anterior en materia de especificaciones técnicas de la obra. En las administrativas, se otorgaba un plazo de 18 meses para la terminación; y se fijaba una multa de 400 pesos por cada mes de atraso, además de una fianza de 20,000 pesos como garantía para todos los trabajos. Se incluían también las cláusulas, ya usuales en contratos de obras públicas, sobre liberación de derechos de importación; irresponsabilidad del contratista en casos de fuerza mayor, como guerra, etc., y como importante, la protección de los ingenieros y artesanos que se trajeran de Europa; y la liberación del pago de aguada a los barcos de la Compañía del Pacífico. Por su parte el Gobierno se comprometía a suministrar el agua, los terrenos necesarios, y a pagar 10 pesos por vara de cañería matriz instalada, y 6 pesos por la de los ramales. Por último se establecía que la obra se ejecutaría con fondos municipales, complementados con los fiscales que se suministrarían con carácter de reintegro. Este documento, como es muy natural, fue tomado en su época como modelo, y se le cita en varios otros similares.
EJECUCIÓN DE LA OBRA Y SU INAUGURACIÓN:
Los trabajos se iniciaron en marzo de 1848, con la construcción de un estanque de albañilería de cal y ladrillo, en el puquio, y se prosiguieron con toda celeridad con el tendido de tuberías y construcción de pilas o fuentes públicas, que reseñamos más adelante. El agua comenzó a correr, por las fuentes públicas, el domingo 18 de noviembre de 1848, día en que se inauguraron las obras con una ceremonia previa en que fueron bendecidas por el párroco del Callao y apadrinadas por el gobernador político de la provincia, Gral. Alejandro Deustua, el cual había sido nombrado precisamente en el mes de marzo que, como hemos expresado, se comenzaron los trabajos. Ejercía el curato del Callao y de Bellavista el padre José E. Casaverde, Teniente vicario general del ejército.
DESCRIPCIÓN DE LA RED INSTALADA:
Del estanque de ladrillos de los puquios del Chivato arrancaba la cañería de fierro que llegaba al Camino Real, hoy Avenida Colonial, formando con ésta un ángulo muy obtuso corría a la vera de éste camino en línea recta, entrando al Callao por la calle Lima, hoy Sáenz Peña, hasta llegar frente al castillo de la Independencia o Real Felipe, y siguiendo por en medio de la calle del Resguardo, la recorría en toda su longitud para terminar en el muelle, llegando cerca de las “chazas” situadas a su derecha, en cuyas vecindades arrancaban las ramificaciones para los caños destinados a la aguada de los buques. Esta era la cañería matriz de 10”, de la que salían varios ramales de 6”, provistos en sus arranques de su respectiva llave. Uno de estos primeros ramales se iniciaba frente a la calle que entraba a la Plaza del Mercado, que se hallaba establecido en el área libre que forma hoy la Plaza Gálvez, y abastecía de agua a una pila colocada en el centro de ésta. Otro ramal arrancaba fronterizo a la puerta del Castillo penetraba en él y llegaba hasta la plaza central de este fuerte, donde se había instalado un pilón de fierro. Otra derivación salía de la calle del Resguardo y entraba a la del Comercio, hoy Constitución, por la vereda de la derecha, para suministrar agua a la fuente de la plazuela de la Iglesia Matriz (Foto 02). Por último un ramal que pasaba por delante del edificio del Resguardo, penetraba en el del Arsenal. En el mes de noviembre, Alejandro Deustua informaba al Gobierno sobre la colocación de la tubería y expresaba que el Callao contaba con “dos hermosas pilas de bronce y dos pilones”.
CONTRATO SOBRE EL USO DE LAS AGUAS DEL CHIVATO:
Después de una controversia de orden legal entre el Gobierno y el Dr. Juan Gallagher propietario del terreno en que se hallaban los manantiales, el 10 de noviembre de 1850 se celebró un contrato que tuvo el carácter de perpetuo, sin que alguna de las partes pudiera anularlo. Aprobado por R. S. de esa fecha había sido formulado, de parte del Gobierno, por el Sargento Mayor de Ingenieros Manuel José Velarde. Sus condiciones más importantes fueron las siguientes: El Dr. Gallagher se comprometía a dar, en todo tiempo, para la cañería de fierro, el agua necesaria para el consumo de la población del Callao y de los buques de la bahía, obligándose a proporcionar el de las haciendas de su propiedad, la Legua, Villegas y Valverde. En compensación el Gobierno le adjudicaba el agua de riego de la “Alameda del Callao” (hoy Paseo de Garibaldi), con excepción de los riegos correspondientes a los días jueves y domingo de cada semana. El Dr. Gallagher tendría a su cargo la conservación de las acequias que conducen el agua a la cañería; y el Gobierno las de la Alameda. También se establecía que si fuera necesario pasar algunas de las acequias que alimentaban la cañería por terrenos del fundo Baquíjano y se opusiera su propietario (que por entonces era la Sra. Ignacia Ramírez de Orellano), el Gobierno se obligaba a allanar esta dificultad.
Extraído del libro: “CASTILLA CONSTRUCTOR”. Autor: Alberto Regal.
Aporte: El Callao que se nos fue.
Administrador: Ricardo Gonzales Zapata.
Octubre 07 del 2026.