04/03/2026
JUEGO PROBLEMATICO - PARTE 5. Me quedé en la cuarta entrega de mí publicación y, cómo caí en la adicción a los juegos online y luego a las tragamonedas físicas. Asimismo describo cómo un terror completamente distinto al del juego se apoderó de mí. No era el miedo a perder una partida, sino que lo que estaba en juego era mi propia vida.
En un instante, mi corazón comenzó a latir con una velocidad vertiginosa y, un tanto desordenado que me dejó helado; sentía que realmente iba a morir. Escuché la voz de mi esposa Yesenia, que me sostenía con todas sus fuerzas, mientras mí suegra América y sus hermanos –mi tía Rosa, (que ya no está con nosotros), mi tío Pepe y mí mi tía Maruja– me ayudaban con desesperación. En aquel momento, se convirtieron en mis ángeles terrenales, aquellos que salvaron mí existencia.
Con toda prisa, detuvieron un mototaxi que me llevó directamente al hospital "JAMO" José Alfredo Olavarría Mendoza de Tumbes. Mi vida balanceaba sobre el filo de una navaja; aún conservaba la conciencia, pero mi cuerpo empezó a sacudirse con una agitación que no podía controlar. Mi corazón golpeaba mi pecho como un ma****lo furioso, qué sé movía en todas direcciones, y la sensación de morir era tan real que me inundaba por completo. Sentía cómo el aire no llegaba a mis pulmones, y la impotencia de no poder hacer nada al respecto me consumía.
En ésos instantes de agonía, las lágrimas brotaron de mis ojos y por primera vez en mucho tiempo, pensé en mi esposa y en mis hijos Ale, Jenni y Fabri. Pero sobre todo, mi mente no dejaba de volar hacia ella, hacia Yesenia Mí esposa. No sé cuándo llegué a la camilla de la sala de emergencia; solo escuchaba las voces de los médicos y el murmullo de otros enfermeros, diciendo que tenía una arritmia y que solo quedaba esperar el desenlace fatal.
Escuché esas palabras y lloré con toda la bronca y la rabia que llevaba dentro. Sentí que ya no era dueño de mi propia vida, así que le pedí a Dios que me perdonara por todo lo que había hecho y que hiciera su voluntad. Y entonces, finalmente, me colapsé y todo se volvió oscuro alrededor mío. Wilmer Edinson Aguilar Molina.