Academia Liberal de Historia

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Fomento y difusión de la Historia Paraguaya con énfasis en la participación del Partido Liberal en el

Photos from Academia Liberal de Historia's post 05/06/2021

FALLECIMIENTO DEL PRESIDENTE DR. MANUEL FRANCO

Texto de Carlos Talavera

Un día como hoy de 1919 fallecía en funciones el Presidente Constitucional de la República del Paraguay, Dr. Manuel Franco.

“Todos respetaban a don Manuel Franco, la probidad de más peso y de una pieza que mi partido ha ofrendado a la historia patria y el emblema liberal más puro de que ahora hacen uso hasta aquellos que quisieron enlodarle en vida” espetó en su inolvidable “Discurso Político” Gualberto Cardús Huerta (compendio de alocuciones parlamentarias entre 1922 y 1923).

Nació Manuel Franco el 9 de junio de 1871 en la Villa Real de la Concepción. Hijo de Doña Josefa Antonia Franco. Fue padre de cuatro hijos: Evaristo, Fernando, María Ana y Manuel Tomás. Inició su magnífica carrera en el servicio público de la nación el 11 de diciembre de 1893 como Oficial 1 de la Contaduría General de la Nación, pasando el año siguiente a desempeñar el cargo de tenedor de libros.

Se traslada a la capital en el año 1891 en donde egresa como bachiller del Colegio Nacional de la Capital para luego realizar sus estudios de Derecho en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Asunción, en donde obtiene el doctorado con la tesis “El presupuesto según la doctrina y en la práctica de nuestro país” y donde ejerce posteriormente la docencia en la cátedra de Derecho Civil.

Bajo la presidencia de Juan Antonio Escurra, es nombrado el 25 de junio de 1903 como director del Colegio Nacional, en reemplazo de don Arsenio López Decoud; en donde dictó además clases de Derecho Usual y Moral Cívica. En 1904 presentó un plan de estudios para la enseñanza secundaria, el cual fue adoptado y rigió durante veinticinco años, pasando a la posteridad con el nombre de “Plan Franco”. Fue además uno de los más eminentes Rectores de la Universidad Nacional de Asunción.

En 1908 es nombrado Ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública. Fue asimismo Director del Banco Agrícola y más tarde, desde el 25 de noviembre de 1910 al 25 de enero de 1911, Miembro del Superior Tribunal de Justicia.

Entre 1912 y 1916, es Senador por el Partido Liberal y el 1 de enero de 1916 es proclamado candidato oficial por el Partido Liberal para las elecciones de ese año (intentó excusarse de la candidatura aduciendo problemas de salud pero fue convencido por los gondristas), siendo electa para el mandato 1916-1920 la fórmula Manuel Franco (amigo cercano de Manuel Gondra)– José P. Montero (amigo de Schaerer). Asumió su mandato el 15 de agosto de ese año en la primera transmisión de mando pacífica entre dos gobernantes electos desde la de Egusquiza y Aceval en 1898 y siendo la primera transición de este tipo entre civiles en la historia del Paraguay.

Hombre de moral intachable y de recio carácter, Franco gozó durante su gobierno de gran popularidad y la balanza de exportación de su gobierno se vio notablemente favorecida por la Primera Guerra Mundial. Cueros, lanas, artículos alimenticios, material para tejidos, tabaco, madera y otros productos salían del Paraguay en generosas cantidades. Durante su administración se dictó y se puso en práctica la ley electoral que aseguraba el voto secreto, universal y obligatorio y el sistema de “lista incompleta”, que garantizó al Partido Colorado una representación en el Congreso; aboliéndose así el régimen anterior de la unanimidad parlamentaria. Como gesto propio de su ánimo conciliador, envió en mayo de 1917 al Congreso e hizo aprobar una ley de aministía que permitió a los colorados, cívicos y jaristas regresar al Paraguay.

De costumbres sencillas y austeras, las crónicas refieren que concurría a pie a su despacho en el Palacio de Gobierno desde su residencia ubicada en las calles Blas Garay (4ta.) entre Yegros e Iturbe.

Integró su primer gabinete con Luis A. Riart (Interior), Manuel Gondra (Relaciones Exteriores), Eligio Ayala (Hacienda), Félix Paiva (Justicia, Culto e Instrucción Pública), y Ernesto Velázquez (Guerra y Marina).

Su acción gubernativa tuvo como prioridades el aseguramiento de la paz interna, el saneamiento de las finanzas públicas, el equilibrio del presupuesto nacional, la instalación de escuelas de artes y oficios así como de agricultura y ganadería; y el incremento de la producción y las exportaciones, como se refirió más arriba.

Se estableció el Registro Cívico Permanente y con la ley electoral, además del voto secreto, se incrementó el número de senadores a 20 y el número de diputados a 40.

Durante su gobierno tuvo lugar el 1 de diciembre de 1917 el fusilamiento de Gaston Gadín y Cipriano León; se reabrió la Facultad de Medicina (clausurada parcialmente en 1908 y totalmente en 1912). Por Ordenanzas 818 y 820 del año 18 se dispone la clausura del Cementerio Mangrullo y la habilitación del Cementerio del Sur. Durante su gobierno se registró un incidente perturbador -presagio de los problemas futuros- que fue el enfrentamiento entre dos facciones del Ejército ocurrido el 19 de setiembre de 1918. La disputa enfrentó a los oficiales afiliados al Círculo Militar y agrupados en torno a la figura del Gral. Patricio Alejandrino Garay contra los partidarios del Coronel Adolfo Chirife, lo cual terminó en la renuncia del Ministro de Guerra y Marina Emiliano González Navero, siendo reemplazado por el citado Adolfo Chirife.

Se promulgó asimismo la Ley 325 “Orgánica de los Tribunales” en el año 1918 que rigió la administración de justicia hasta su derogación en el año 1981 por la Ley 879 “Código de Organización Judicial”. En su mensaje al Congreso Nacional del 1 de abril de 1919, Franco refirió al respecto de esta ley que “se ha tratado de dar aplicación inmediata a la nueva ley reorganizando la administración judicial, poniéndola en vigencia el 25 de noviembre de 1918, tratando así de satisfacer siquiera en parte los anhelos del país por una mejora en tan importante capítulo de los servicios públicos”. Como anécdota, debe referirse que le tocó al gobierno de Franco enfrentar la gripe española de 1918, que dejaría entre 1918 y 1919 un saldo de más de 2000 mu***os. Sobre la labor del Departamento Nacional de Higiene y Asistencia Pública, refería en su mensaje del mismo año que “su ímproba labor ha sido colmada con resultados satisfactorios y dignos del mayor encomio, que colocan a la repartición en condiciones de afrontar decididamente aún las situaciones más anormales, como la creada por la última epidemia, que ha dado ocasión a que se exteriorizaran públicos y justicieros elogios para la dirección superior y el personal de su dependencia”. Se dictó también la ley del Homestead para proteger a los pequeños propietarios contra las tendencias absorbentes del latifundismo.

Víctima de una afección cardíaca, falleció el Dr. Manuel Franco a los 47 años en la noche del 5 de junio de 1919. “Todo el pueblo lloró sobre la tumba de Manuel Franco” expresó Carlos R. Centurión, “patriarca forjado en molde antiguo, su inesperada desaparición desvaneció posibilidades, tronchó esperanzas e interrumpió la realización de ideales de superación”.

La actual calle Presidente Franco lleva dicha denominación en su honor, conocida primeramente como “Calle del Sol, la que sube a la calle de la Libertad” conforme al Decreto del 19 de abril de 1849 de Carlos Antonio López; luego “Villarrica” desde el 17 de junio de 1871 hasta su denominación actual conforme a la Ordenanza Municipal del 10 de junio de 1919, fechada 5 días después de su muerte. También dio nombre al Municipio en el Departamento del Alto Paraná, fundado en 1929.

Su patriotismo y decencia pueden medirse en ejemplos como estas palabras dirigidas al Congreso el 1 de abril de 1917 en su primer mensaje: “Ningún gobernante puede ilusionarse de ser capaz de resolver solo tantos problemas, y menos debo creerlo yo por los duros tiempos que me han tocado en suerte. Pero confiado en las buenas cualidades de nuestros conciudadanos y en la cooperación de todos los hombres de buena voluntad, aspiro a desarrollar una política de cordura financiera y de legalidad institucional. Con este modesto programa cuento facilitarle la tarea a mi sucesor, cuya gestión podrá ya ser más creadora”. Justo Pastor Benítez resume con atronadora fuerza su legado “Ni la negación ni la injusticia podrán jamás disminuir ni rebajar la personalidad eminente y limpia de uno de los más grandes ciudadanos de la República”.

FUENTES: “Los presidentes del Paraguay, Tomo I” de Raúl Amaral/ “El Estado General de la Nación durante los Gobiernos liberales, Vol. I”/ “Historia del Paraguay Contemporáneo 1869-1983” de Osvaldo Kallsen/ “Efemérides de la Historia del Paraguay” y “Paraguay Independiente” de Efraím Cardozo/ “Historia de la Cultura Paraguaya” de Carlos R. Centurión/ “Partidos políticos y generaciones en Paraguay 1869-1940” de Paul Lewis/ Artículo y recopilación: Carlos Talavera Fernández, Academia Liberal de Historia.

IMÁGENES: 1) El Presidente Don Manuel Franco en el balcón del Palacio de López, en compañía del Vicealmirante Don Atilio Sixto Barilari, Embajador Extraordinario y Plenipotenciario en misión especial del Gobierno argentino de Hipólito Yrigoyen. 2) Ecos del fallecimiento del Presidente del Paraguay. Archivo Paraguay1900

Photos from Academia Liberal de Historia's post 30/10/2019

DISTINCIÓN A NUESTRO DIRECTOR

El director de la Academia Liberal de Historia y curador de la Sociedad 18 de Octubre, historiador Lic. Claudio Fuentes Armadans fue distinguido en la fecha por el Congreso de la Nación y el Centro Cultural de la República “El Cabildo” con la Medalla “140° aniversario de Eligio Ayala” en ocasión de la ponencia sobre su biografía escrita por Alfredo Viola, sobre la cual disertó el conferencista.

Muchas felicitaciones !

21/07/2019

81 AÑOS DE LA FIRMA DEL TRATADO DE PAZ

El 21 de Julio de 1938 se realizaba un acto trascendental que iba a marcar una nueva etapa en los fastos de nuestra historia - se firmaba en la ciudad de Buenos Aires – República Argentina el TRATADO DEFINITIVO DE PAZ, AMISTAD Y LÍMITES con Bolivia.

​El antecedente más remoto que se conoce sobre los límites entre Paraguay y Bolivia se remontan a la creación de la Gobernación de Santa Cruz, por parte del virrey del Perú, en el año de 1560, que habiendo aceptado ser arbitro en la disputa de la fundación de una ciudad en los límites de la Gobernación del Guairá – Nueva Asunción y la del Alto Perú – Santa Cruz, y que como solución salomónica crea una nueva Gobernación, puesto que ambos alegaban mejor derecho a sus pretensiones, pero sin dejar bien en claro los límites reales; y fue así que con el tiempo los Cruceños iniciaron un movimiento separatista para incorporarse a sus ascendentes hispanos – guaraníes, que no tuvo resultados positivos – para luego continuar recién en el Gobierno de Don Carlos Antonio López.

Entre los años de 1879 y 1883, Bolivia y Perú aliados iniciaron una guerra contra Chile, la que es conocida como la “Guerra del Pacífico”, donde Chile salió victorioso, con la consecuente pérdida de territorios sobre el Océano Pacífico por parte de Bolivia, quedando así Bolivia y Paraguay como los únicos países mediterráneos de América del Sur.

A raíz de esta situación Bolivia empezó a mirar al Chaco Paraguayo como su única salida al Océano a través del río Paraguay.

​Con ese panorama se llega al 15 de Octubre de 1879 con la firma del Tratado Decoud – Quijarro – el 16 de Febrero de 1887 Aceval – Tamayo – el 23 de Noviembre de 1894 Benitez – Ichazo, el 12 de Enero de 1907 Soler – Pinilla, y por último el Protocolo Ayala – Mujia firmado el 5 de Abril de 1913 los cuales ninguno fueron ratificados por los distintos gobiernos de esa época y que al decir del Gran Dr. Manuel Domínguez, que: “Bolivia no tiene títulos del Chaco Paraguayo y Paraguay si lo tiene”.

Aún así, Bolivia seguía pisando fuerte el Chaco Paraguayo al iniciar la ocupación sistemática, fundando Fortines en la medida que iba avanzando hacia el Río Paraguay. Entre algunos de esos Fortines podemos citar: Vanguardia – Magariños – Muñoz – Saavedara – Camacho – Arce – Saavedra – Zenteno - Samacklay – Yucra – Loa – Castillo – Lara – Bolivar - Guachalla – Yrendagüe – Picuiba – Loma Vistosa – Garrapatal – Siracua – La Faye – Cañada La Paz – Cañada Tarija – etc.

Paraguay también iba fundando Fortines avanzados del Río Paraguay para contener en algo la invasión Boliviana y entre algunos de ellos se encuentran: Galpón – Carlos Antonio López – Toledo – Corrales – Boquerón – Falcón – Nanawa – Agua Rica – Gral. Caballero – Salto Palmar – Rojas Silva – Mariscal López - etc.

​El 25 de Febrero de 1927 en el Fortín Sorpresa, en las cercanías del Río Pilcomayo, actualmente en territorio Argentino, es asesinado el Teniente Adolfo Rojas Silva por el Cabo Tejerina. El Gobierno del Dr. Eligio Ayala, inteligente mente trató de solucionar el problema por las vías diplomáticas, pues consideraba que el Paraguay todavía no estaba en condiciones de enfrascarse en una conflagración bélica.

El 5 de Diciembre de 1928 tropas paraguayas desalojan e incendian el Fortín Vanguardia sin conocimiento del Gobierno, que se encontraba frente al Fortín Galpón. En represalia el Gobierno de Bolivia toma los Fortines Boquerón, Rojas Silva y Mariscal López. La guerra parecía iniciarse, pero la intervención del Gobierno del General Ibañez del Campo de Chile impidió que esto suceda y tranquilizó de nuevo las aguas; pero un Tratado de “No agresión” firmado en Norteamérica el 3 de Enero de 1929 obligo a Paraguay a reconstruir y restituir el Fortín Vanguardia y a Bolivia a devolver Boquerón – Rojas Silva y Mariscal López.

Pero Bolivia seguía insistiendo que el Chaco era Boliviano y así - un 14 de Junio de 1932 un contingente de soldados bolivianos al mando del Coronel Oscar Moscoso toman el Fortín Carlos Antonio López (Laguna Pitiantuta en el idioma de los Chamacocos), muriendo en el mismo el Cabo Oliverio Talavera y desalojando a los restantes soldados paraguayos que custodiaban el lugar.

El Gobierno del Dr. José P. Guggiari ordena la retoma de dicho Fortín y el 21 de Junio de 1932 el Teniente Coronel José Félix Estigarribia expidió la primera histórica Orden Nº 1 Operativa en donde nombra al Teniente 1º Ernesto Scarone y 50 hombres la misión de marchar y recuperar el puesto Carlos Antonio López. No pudiendo recuperar el Fortín por la superioridad de los soldados bolivianos, esperaron refuerzos del Destacamento del Capitán Abdón Palacios, la que una vez llegado pudieron recuperar dicho enclave recién el 16 de Julio de 1932.

Retomado el Fortín Carlos Antonio López por Paraguay, Bolivia en represalia decide la toma de los Fortines Boquerón – Toledo y Corrales.

Esa fue la chispa que dio inició a la Guerra del Chaco, cerrándose la misma con la victoria paraguaya en la Batalla de Ingavi, lo que obligó al Gobierno de Bolivia a firmar el Protocolo de Paz un 12 de Junio de 1935 y paradojamente se terminó después de 3 años un 12 de Junio de 1935 con la firma de un Protocolo de Paz o Armisticio, mal llamada Tratado de Paz.

Ese acontecimiento, necesario es confesar, junto al celebrado en 1872 con el Brasil y el de 1876 con la Argentina, figura desde ya como el máximo sacrificio de un pueblo que es capaz de defender sus derechos más preciados, como ha demostrado en las dos grandes guerras a que fuimos provocados y conociendo lo que es la guerra y sus funestas proyecciones - aunque no la tema, también es capaz de darse exacta cuenta de la paz y de sus inmensos beneficios y de sacrificar en pos de ella parte de sus aspiraciones legítimas para evitar nuevos días de luto y miseria.

​Hubo muchos entretelones durante el desarrollo de las negociaciones que las entorpecieron y dificultaron, y que llegaron, inclusive, a amenazar con el traslado de la sede de la Conferencia al Brasil o Chile, o la clausura de la misma, situación que en absoluto hubiera convenido a los intereses paraguayos, tal como lo afirman las cartas y telegramas confidenciales intercambiadas entre el Presidente de la Delegación paraguaya Dr. Gerónimo Zubizarreta y el Presidente de la República del Paraguay el Dr. Félix Paiva.

Ya durante las tratativas para la firma del Protocolo de Paz del 12 de Junio de 1935, hubo momentos sumamente delicados, durante los cuales se llegó a dudar de la posibilidad de obtener una solución favorable con riesgo de la reanudación de las hostilidades.

​Luego durante la Conferencia de Paz, Bolivia se apartó del cumplimiento de lo pactado, prosiguiendo sus preparativos bélicos, según informaciones confidenciales que llegaban a Asunción provenientes de la misma Cancillería Argentina, lo que dejaba entrever que subsistía el peligro de una nueva guerra.

​Ante esta expectativa de una nueva guerra o de la paz armada, el Gobierno prefirió hacer concesiones de parte de sus derechos y conservar incólume el objetivo fundamental de esos mismos derechos, por cuya conquista nuestro pueblo en armas, durante tres años, ha regado con la sangre generosa de más de treinta mil soldados la vasta región inhóspita del Chaco, reeditando con igual heroísmo las hazañas inigualadas de nuestros mayores en los cruentos sacrificios recordados.

​En el libro EL DR. LUIS A. RIART Y LA DEFENSA DEL CHACO, escrita por el Dr. Gustavo A. Riart, en la página 149, Capítulo XIV - El Tratado Definitivo de Paz, se lee cuanto sigue: En las negociaciones del Tratado de Paz, Amistad y Límites entre las Repúblicas del Paraguay y Bolivia, no participó el Dr. Luís A. Riart, pero fue invitado por el Gobierno Nacional a suscribirlo como Delegado con el General José Félix Estigarribia y aceptó por las siguientes razones:

1. Contempla todos los puntos de las exigencias paraguayas hasta el momento de la paz del Chaco: se conserva todo el litoral del río Paraguay, la zona Hayes está excluida y la delimitación se circunscribe a la Zona O de su hinterland.

2. Contempla íntegramente la línea que el Dr. Manuel Domínguez consideraba exenta de toda discusión: Al N hasta el paralelo 20° S y al O hasta el meridiano 62° de Greenwich.

3. Porque considera que a esta altura de los acontecimientos es imposible sostener la línea de hitos, lo que llevaría al fracaso de las conversaciones directas que nos obligaría a llevar el entredicho a la Corte permanente de Justicia Internacional de la Haya, tal como reza el Art. 2° del Protocolo de Paz del 12 de Junio de 1935. En esta Corte priman los intereses económicos, por lo que siempre las resoluciones de la Liga fueron favorables a Bolivia.

4. Porque la situación política, económica y militar del país en el caso de una paz armada y peor aún en caso de una reanudación de la lucha sería desastrosa para el Paraguay y en tal situación podría ser que perdamos mucho de lo ganado.

5. Marginados del gobierno argentino el General Justo, el Ministro Saavedra Lamas, el General Rodríguez, el Almirante Domecq y todo el grupo de políticos argentinos amigos del Paraguay, ya no contaría con el apoyo argentino, encubierto, pero efectivo, que tuvo el Paraguay antes, durante e inmediatamente después de la Guerra del Chaco, lo que nos permitió sostenerla con éxito durante tres años.

6. Los gobernantes argentinos en estos momentos están más interesados en la amistad boliviana por poderosas razones económicas: el petróleo boliviano, el trazado del ferrocarril Yacuiba-Santa Cruz, importante línea de penetración económica argentina y la firma del tratado definitivo de límites con dicho país.

7. La paz definitiva con Bolivia permitirá al país encauzar los esfuerzos nacionales hacia un acelerado progreso y bienestar, siempre que los paraguayos comprendamos estos hechos y nos hagamos dignos de ella.

El Dr. Justo Pastor Benítez en su libro ESTIGARRIBIA, EL SOLDADO DEL CHACO, en el capítulo relativo a la Conferencia de Paz, pagina 152 dice: Estigarribia llegó a Buenos Aires, se enteró de la formula, de las circunstancias que rodearon su aceptación y de los peligros que amenazaban en el horizonte. El hombre de la guerra, ilustrado en el fragor de las batallas, miró las ventajas de la paz, vio la necesidad de un acuerdo estable y permanente entre ambos pueblos limítrofes, pensó quizá en la esterilidad si no en el riesgo de una nueva guerra y se decidió a suscribir el tratado. No era la primera vez que Estigarribia se arriesgaba, pero no jugaba en la ocasión su vida, sino su gloria, su pasado, su porvenir. Suscribió el Tratado porqué creyó honorable y digno para la República.

Termina diciendo el Dr. Benítez: Estigarribia actuó en las dos fases; hizo la guerra y firmó la paz; su personalidad está entregada al juicio de la historia.

En el libro del Dr. Arturo Bordón VERDADES DEL BARQUERO, pag. 197, dice: El Dr. Isidro Ramírez, en una serie de artículos relativos a la Paz del Chaco, publicados no hace mucho, afirmó también desde las columnas de PATRIA que el pueblo paraguayo fue burlado en su victoria; que en la diplomacia se perdió lo que se había ganado por las armas.

Continúa el Dr. Arturo Bordón diciendo:
Para evitar polémicas con este venerable anciano, encanecido en la vida diplomática y en las zozobras de nuestra turbulenta vida política, dejamos que otros levanten esos cargos. Damos la palabra al Dr. Luis María Argaña, hijo del extinto Canciller Argaña, que defendió con sus luces e inteligencia privilegiada esa Paz del Chaco: “El Dr. Ramírez está soñando con una victoria napoleónica: tomada la Capital del ejército enemigo, preso el Rey o el Emperador, el vencedor imponía al vencido, en el siglo pasado, duras condiciones, so pena de un aplastamiento total...La victoria paraguaya en la Guerra del Chaco fue magnífica, a no dudarlo, y revela en toda su plenitud el valor y abnegación del pueblo paraguayo; pero no fue una victoria que nos permitiera imponer a la Nación boliviana las duras condiciones del vencedor”.Agrega el Dr. Argaña: “Decir que el gobierno desnaturalizó nuestra victoria, es relatar mutilada la historia; es como pretender interpretar el Credo, truncado, que Poncio Pilatos, fue crucificado, mu**to y sepultado. Nada tan lejos de la verdad. Nuestra magnífica victoria no nos permitía imponer las duras condiciones del vencedor (El País 3 de Mayo de 1961).

En el mismo libro continúa diciendo el Dr. Arturo Bordón: Rebatiendo siempre la audaz tesis sostenida por el Dr. Ramírez - de que el Tratado de Paz malogró la victoria guerrera del soldado paraguayo - El Dr. Luis María Argaña expresa: Al comienzo de la guerra se declaró que no se reconocería ninguna conquista de territorio por las armas. Para más, se habían devuelto todos los prisioneros de guerra antes de firmarse el Tratado de Paz. Se había desmovilizado nuestro ejército, a lo que cabe agregar, que los anteriores tratados firmados por los plenipotenciarios paraguayos DISMINUÍAN nuestros legítimos derechos sobre el Chaco Boreal: acrecentando las desmedidas ambiciones bolivianas. Y lo que es más grave, se había formado conciencia internacional de que el Paraguay no se creía dueño exclusivo del Chaco Boreal.

Y termina diciendo el Dr. Arturo Bordón: “Doblemos la hoja sobre este pasado tan reciente, y no se mistifique más bajo la sombra de pasiones primitivas, que la Historia nos mira y nos contempla”.

En el libro de Graciela Estigarribia de Fernández: ESTIGARRIBIA el gran desconocido, en el Capítulo # # #, pag. 98 comenta lo siguiente: Entre los acontecimientos transcendentales de esta época de apogeo, se cuenta la firma del Tratado definitivo de Paz en Buenos Aires, poniendo en la balanza todo el peso de su espada victoriosa. “El Paraguay, país de hombres libres, se unió para la defensa de su heredad, bajo las órdenes de un comandante cuya mística era la victoria”.

Continúa diciendo Graciela Estigarribia: Las convulsiones de post-guerra, habían sido superadas por un gobierno constitucionalista, y el clima favorable a la paz definitiva, necesaria para el concierto americano, colaboró en redactar una fórmula, que no dejase lugar a reivindicaciones futuras, de un adversario vencido en el Chaco, más no en su propio territorio. La devolución, antes del Tratado definitivo de Paz, del ejército de prisioneros bolivianos en nuestro poder al finalizar la guerra, nos restaba un factor valioso para las negociaciones.

Sigue: En estas condiciones, armado solamente de su patriotismo diamantino, tomó Estigarribia la gestión del Tratado. Los diplomáticos relatan los pormenores y dificultades superadas en la reunión en Buenos Aires. Lo que deseamos escribir, por haber recorrido con el General, pueblo a pueblo de la República, es afirmar el alborozado pacifismo con que los paraguayos recibieron el anuncio.

Termina diciendo: A los gigantes sobrevivientes y a los hijos de esos semidioses, dejo abierto el capítulo, para contestar a los que muerden el bronce de los mu***os.

Alfredo Seiferheld, en su libro ESTIGARRIBIA, VEINTE AÑOS DE POLÍTICA PARAGUAYA, fue el que mejor describió, en forma puntillosa y objetiva, todos los avatares de esas tratativas; tanto en la Delegación paraguaya, como en la boliviana, que al igual que la guerra duró tres años, y por lo extenso de su relato no lo entresaco, porque sería desvirtuar el trabajo científico del mismo. Pero con el debido respeto que se merece mi entrañable amigo, transcribo la última parte de ese Capítulo (pag. 337-338) que dice: En aquel año de 1938, nadie estaba dispuesto en nuestro país a afrontar los riesgos de una probable reanudación de la guerra, como nadie podría haber vaticinado que ella no volvería a estallar. Y nadie, ni gobierno, ni ejército, tenían siquiera el derecho a arriesgar semejante posibilidad. El gobierno presidido por el Dr. Félix Paiva creyó, al firmar el tratado, haber escogido el camino menos riesgoso. Cuánto menos, no se puede dudar de sus propósitos.

Continúa diciendo Alfredo Seiferheld: Desgraciadamente, con mucha frecuencia, los políticos, tomando partido por una u otra postura, han considerado la actuación de nuestras delegaciones en la Conferencia de Paz desde una óptica exclusivamente política, sin atender a más razones que las del color del adversario, durante las deliberaciones mismas. El problema venía de lejos. Los viejos tratados también eran exhumados y censurados con criterio partidista, nunca buscándose objetividad ni ubicación en el momento en que fueron concertados.

Sigue diciendo: Aún hoy, en nuestro país, el tema del tratado definitivo de paz con Bolivia es motivo de discusión política, no histórica; de discusión apasionada, no objetiva. Los oponentes, ideología de por medio, cuál nuevos gladiadores, bajan a la arena a dirimir controversias de matices, al influjo de dictados circunstanciales.

Termina diciendo: Y esta manera de encarar las cosas debe hallar su fin. No es posible seguir observando a compatriotas, adversarios circunstanciales, deleitarse en hallar las más inverosímiles explicaciones para justificar la claudicación supuesta de sus oponentes, desde haber recibido libras esterlinas hasta haber traicionado simplemente por cuestión de sangre y ascendencia.

Dejando de lado, cartas y artículos aparecidos en los últimos años en periódicos capitalinos, como los del Dr. Fernando Levi Ruffinelli (Honremos honrando al Mariscal Estigarribia), C. Couchonnal Lagrave (Un tratado histórico), Dra. Beatriz Rodríguez Alcalá de González Oddone (La trayectoria del prócer no tiene grietas), Hugo Galli Riart (La Paz), en donde se resalta la límpida trayectoria de todos los hombres que participaron en la firma del Tratado de Paz, como en las cláusulas de la misma.

Sobre la actuación del Dr. Félix Paiva, no emitiré juicio, por encontrarme en las generales de la ley, pero recomiendo la lectura de los originales de la correspondencia y los cables intercambiados entre él, a la sazón Presidente de la República del Paraguay y los miembros de la Delegación paraguaya a la Conferencia de Paz del Chaco, donados al Ministerio de Relaciones Exteriores, en la persona de la Dra. Julia Velilla Laconich; como hurgar en la Biblioteca que perteneciera al Dr. Paiva donados a la Universidad Nacional por la familia Paiva-Heisecke.

Para terminar quiero decir que : Soy un convencido de que todos, absolutamente todos los hombres que participaron durante la guerra, en la firma del Protocolo, como en las distintas delegaciones que nos representaron en la Conferencia de Paz y de cuya honestidad y patriotismo no se puede dudar, han puesto en el ejercicio de sus funciones, un alto sentido de responsabilidad en busca de una solución final a los problemas que trajo aparejado la guerra y que nos diera mejores condiciones de una paz justa y honorable.-

Arquitecto Félix Paiva Alcorta
Miembro de la Academia Liberal de Historia

IMAGEN: Estampilla del Correo Paraguayo del año 1939 que conmemora el primer aniversario de la firma del Tratado de Paz de 1938.

22/04/2019

LA PROSCRIPCIÓN DEL PARTIDO LIBERAL

Primera parte – El Decreto N° 12.246/42: orígenes y fundamentos.

El Partido Liberal fue proscrito por Decreto del dictador Higinio Morínigo en abril de 1942 en tiempos que se la consideraba como la agrupación política de mayor gravitación de la República y con más afiliados a lo largo y ancho de todo el país; la intención del tirano fue la de dejar fuera de ley a quienes podían hacerle frente, siguiendo a las purgas que ya había realizado en el ejército y en la marina contra héroes de guerra considerados sus potenciales adversarios.

“Ha llegado la hora en que si los partidos políticos desean existir, deben organizarse, orientar a sus masas y presentarse en las luchas civiles fiados en su ideario político, en sus programas de acción patriótica, en sus hombres y dejar para siempre de golpear a la guardia de los cuarteles para su ascensión al Poder”

Exponiendo solapadamente una amenaza, así se dirigía a la población el entonces coronel Higinio Morínigo, en su calidad de ministro del Interior revelaba las intenciones que, posteriormente como presidente de la República, cumpliría al perpetrar uno de los actos más infames en la historia política del Paraguay: la proscripción del Partido Liberal.

Aunque desde 1936 el estamento militar se hallaba omnipresente en la vida política, Higinio Morínigo había iniciado su participación política precisamente de la mano del último gobierno civil del Partido Liberal, al ser designado ministro del Interior el 25 de enero de 1939 durante el mandato del doctor Felix Paiva; en aquella época, de pleno auge de las ideologías totalitarias, el predominio cada vez mayor de los militares en el gobierno, junto con la influencia ascendente en los círculos políticos y del ejército de las doctrinas “nacionalistas” contrarias a los partidos políticos tradicionales y a la democracia, fue creándose el marco ideal para la implantación de una dictadura de carácter fascista.

Si bien Morínigo finalmente se alineó a las naciones aliadas e incluso declaró simbólicamente en 1945 la guerra a la Alemania N**i, la inspiración y acción del régimen de Morínigo fue claramente de corte fascista, valiéndose de la carta política de 1940 como sustento jurídico para legitimar la mayoría de sus medidas y de la “Revolución Paraguaya Nacionalista” como sostén discursivo e ideológico.

El discurso de Morínigo, antes de llegar a la presidencia de la República, se valía de una mezcla de sutilezas y eufemismos con manifestaciones amenazantes, por ejemplo decía en un mismo discurso “…no escatimaré esfuerzo ni sacrificio alguno para hacer efectivo, cueste lo que cueste y pese a quien le pese, mi decisión de garantizar la propiedad, la libertad de las personas y el libre ejercicio de los derechos del ciudadano…”, sin embargo luego agregaba que “desgraciadamente el viejo sistema de algunos partidos no ha desaparecido; las conspiraciones y las intrigas, por el contrario, han recrudecido de un tiempo a esta parte, y han creado un ambiente de zozobra ficticio…” motivo por el cual la “noble tarea reconstructiva” del Paraguay tropezaba con “…la acción contraria de algunos grupos políticos…” en alusión al Partido Liberal y también a sectores del Partido Colorado.

Luego de alzarse con la Presidencia de la República, Morínigo excluyó al poco tiempo a los liberales de su gabinete y de espacios clave en el Estado, intervino progresivamente todas las instituciones públicas buscando socavar su institucionalidad y se permitió hablar sin ambages, sin intentar siquiera disimular su vocación dictatorial, persiguiendo a sus opositores con todas las herramientas a su alcance e incluso pisoteando derechos de los ciudadanos. Así, para enero de 1942 los discursos donde se garantizaban los derechos políticos habían cambiado por otros muy distintos:

“Guerra a los trapos de color. Esa casta maldita dejó en nuestra tierra una semilla cuyos frutos han cuajado en nuestra miseria, nuestro atraso y nuestra ignorancia: la semilla del partidismo que dividió a los hijos de la madre común en dos bandos irreconciliables, conduciéndonos a la muerte bajo la sombra fatídica de los trapos rojos y azules. El apetito desenfrenado de los políticos no se detuvo a reflexionar sobre los males que causaba su prédica sectaria y anárquica. Y así vivimos mucho tiempo, mientras la patria languidecía en un letargo de muerte. La Revolución Paraguaya proclama un ideal más alto, más noble y progresista. Ella predica la unión nacional como supremo e ineludible imperio y cita a todos los paraguayos bajo la bandera augusta de la enseña nacional para construir el Paraguay grande, fuerte y progresista que todos anhelamos. Y ella también lanza a la República su grito de ¡guerra a los trapos de color, guerra al partidismo!”

Morínigo parecía creer honestamente que la suma de todos los males se encontraba en los partidos políticos, que éstos eran los responsables de todos los problemas de la nación y por supuesto estaba dispuesto a acabar con ellos, muy especialmente con el Partido Liberal, que era por entonces la primera fuerza política del país; para el dictador Morínigo era necesario creerse su discurso, a fin de acabar con la principal organización política del país y con cualquier atisbo de oposición. En el caso del Partido Liberal, sólo necesitaba una excusa para cumplir con sus amenazas.

El pretexto llegó el 21 de abril de 1942, cuando se conoce una nota del Ministerio de Relaciones Exteriores de Bolivia, en el cual se sostenía que durante el gobierno del coronel Rafael Franco, conspiradores (no identificados) se presentaron durante la conferencia de paz en Buenos Aires para traicionar al gobierno paraguayo de Rafael Franco, lo cual fue presentado al público como un “pedido de ayuda a Bolivia para derrocar al gobierno en 1937”.

Así, el 25 abril de 1942, el Gral. Higinio Morínigo dictaba el Decreto N° 12.246 “Por el cual se disuelve el Partido Liberal y se cancela su personería jurídica”.

El citado Decreto dispone:

“Artículo 1: Disuélvase el Partido Liberal cuya personería política queda cancelada.

Artículo 2: Prohíbese el desarrollo de actividades políticas tendientes a favorecer la subsistencia de dicho partido.”

Nótese que la proscripción operaba más allá de la mera prohibición como persona jurídica del Partido Liberal, sino que además se busca su muerte política al prohibir toda actividad que tienda a la subsistencia del mismo. El Decreto contiene 5 puntos en su “Considerando”, siendo el 2do punto el que guarda el grueso de las acusaciones contra el Partido Liberal:

“…el Partido Liberal ha heredado, en primer término, el espíritu y los métodos propios de cuantos malos paraguayos conspiraron contra la independencia y la soberanía de la Nación…”, seguidamente relata hechos ¡desde 1811 a 1870! Atribuyéndolos todos al “espíritu” del Partido Liberal, que se fundaría recién en 1887 mucho después de generarse la mayoría de los hechos incluidos como parte de la acusación. Posteriormente apunta el Decreto que todos estos hechos “…tienen un rasgo común que los vincula como si constituyeran una sola casta; el ansia de conquistar el poder político a cualquier precio, aún a costa de la soberanía nacional y del sometimiento del Paraguay a la hegemonía extranjera; es decir, anima a todos el espíritu perverso de traición contra la patria”.

“En el poder, el Partido Liberal se habría caracterizado por su vasallaje espiritual a lo extranjero y su desprecio por lo autóctono. Sus mandatarios habrían sido instrumentos serviles del capitalismo foráneo; habrían renegado de nuestras glorias más puras y prohibido el culto de nuestros héroes; habrían dilapidado el patrimonio territorial creando enormes latifundios; habrían permitido que la autoridad del Estado fuera, menoscabada por empresas mercantiles; habrían entregado las vías de comunicación al monopolio privado, estrangulando así la economía nacional; habrían hipotecado el porvenir del país con concesiones leoninas; habrían encubierto la invasión boliviana por largos decenios, haciendo posible la ocupación de las tres cuartas partes del Chaco y mantenido el país en un estado de completa indefensión, circunstancia que influyó positivamente en el estallido de la guerra y en su sangrienta prolongación por espacio de tres años.”

Fuera del poder, el Partido Liberal habría sido aún más vituperable en sus procedimientos, pues “movido por su sed de mando y de un odio irreductible contra los que le impidan satisfacerle, no ha retrocedido ante ningún expediente por pérfido que fuese para el logro de sus propósitos. Así ha recurrido a la protección extranjera para desencadenar revueltas fratricidas; ha creado dificultades internacionales; ha desarrollado y desarrolla actualmente una campaña sistemática de intrigas y calumnias contra el Gobierno y el Ejército Nacional, contra las instituciones de la República y sus dos vecinos, hoy felizmente superadas, a fin de suscitar recelos y trabar el desenvolvimiento del país”.

Afirma además que “el Partido Liberal es esencialmente antiparaguayista y Legionario” y que lo es por su “extranjerismo recalcitrante” de modo que “la historia toda del Partido Liberal no es sino traición perenne, pues traiciona los fueros de la Patria desde el Poder y los traiciona más criminalmente aún fuera de él”. Pero quizá lo más sorprendente de las acusaciones vertidas con total irresponsabilidad en este Decreto, es el ataque y la inculpación por simple asociación contra los afiliados del Partido Liberal luego de enlistar las felonías referidas: “Esto no puede imputarse únicamente a ciertos hombres con abstracción de la entidad a que pertenecen, ni es dable excusar a la misma por el hecho de que militan también en su seno personas honorables, que ningún influjo benéfico han podido ejercer en la vida partidaria. Ello comprueba que el mal no radica sólo en la perversidad de sus dirigentes ocasionales, sino en el sistema y espíritu que esos hombres personifican”.

Estos fueron en resumen los extraños presupuestos al amparo de los cuales el ya general Morínigo proscribe el Partido Liberal, inculpándolo de hechos sucedidos décadas antes de su fundación, de otros hechos en los cuales no tuvo ninguna responsabilidad, intentando trazar una suerte de herencia espiritual que ineludiblemente impulsa a sus miembros a traicionar el Paraguay.

Lógicamente Morínigo y los suyos eran, por el contrario, los únicos herederos de los valientes patriotas que defendieron el Paraguay. Esta clase de discursos aún se encuentran muy arraigados en algunos círculos. En términos políticos, a pesar de su derogación el 25 de septiembre de 1946, el Decreto 12.246 fue el punto álgido en un largo periodo de oscurantismo que debió afrontar el Partido Liberal, que en pocos años pasó de ser el orgulloso Partido de gobierno, partido mayoritario y vencedor al mando del ejecutivo en una contienda internacional, a una asociación política marginada de la vida pública.

En términos institucionales, representó el inicio de un largo periodo de éxodo para miles de paraguayos identificados con el Partido Liberal, el exilio de sus dirigentes, intelectuales, de los cuadros directivos y de miles de adherentes y simpatizantes que en todo el país sufrían las persecuciones y censuras. Todo lo cual fue en desmedro del progreso del Paraguay durante décadas.

77 años después de aquel infausto suceso, y ante la amenaza más o menos recurrente de nuevos intentos de destruir la libertad y de atacar al Partido Liberal, vale recordar como la democracia puede liquidarse desde un escritorio, con una sonrisa y al son de rimbombantes discursos.

Próxima entrega: Segunda Parte - La refutación del jurista Luis De Gásperi al infame Decreto N° 12.246

FUENTES: “La maldición del legionario” de Claudio Fuentes Armadans / “Morínigo, un hombre de América” de Rodolfo Bellani Nazrel / “Historia Política del Paraguay” de Miguel Ángel Pangrazio / Decreto N° 12.246 obrante en los archivos del Ministerio de Defensa Nacional / Artículo de Leandro Villalba Baruja para la Academia Liberal de Historia.

IMAGEN: El Dictador Higinio Morínigo en su mesa de trabajo, desde la cual firma la proscripción del Partido Liberal.

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