13/10/2026
Llamado urgente a organizaciones del exilio y activistas en Uruguay
Convocamos a todas las organizaciones de la comunidad en el exilio y Activistas cubanos residentes en Uruguay, así como a las organizaciones uruguayas aliadas de la causa de la libertad de Cuba a firmar este documento oficial, el cual será presentado formalmente ante la Cancillería de la República.
El objetivo de esta iniciativa es presentar manera conjunta nuestra exigencia de que Uruguay no vote a favor de la resolución que presentará el régimen cubano los días 27 y 28 en las Naciones Unidas, o que al menos se abstengan. Su firma es fundamental para dar mayor peso institucional y legitimidad a este esfuerzo de la oposición cubana.
🗓️ Plazo máximo para firmar el documento el 20 de octubre. Pasa tu nombre y apellido, lugar de residencia o provincia de Cuba y organización si corresponde por privado.
Llamado de la oposición prodemocrática cubana a los gobiernos del mundo libre y democrático.
Comité Uruguayo por la Democracia en Cuba
Cubanos Libres en Uruguay
Red Uruguaya por la Libertad
Movimiento por la Libertad Abajo Todo
La Libertad Avanza Cuba
Los abajo firmantes, integrantes y representantes de organizaciones y sectores de la oposición prodemocrática cubana, nos dirigimos respetuosamente a los gobiernos de las naciones libres y democráticas ante la resolución que el régimen de La Habana presentará los días 27 y 28 de octubre de 2026 en la Asamblea General de las Naciones Unidas contra las necesarias sanciones de Estados Unidos.
Nos dirigimos especialmente a la Unión Europea y sus Estados miembros, al Reino Unido, Noruega, Canadá, Japón, Corea del Sur, Australia, Nueva Zelanda, las democracias de América Latina y, en general, a todos aquellos gobiernos comprometidos con la libertad, la democracia, los derechos humanos y el Estado de derecho.
Nuestra petición es clara: solicitamos que voten en contra de la resolución presentada por el régimen cubano o que, como mínimo, se abstengan.
Durante décadas, el régimen comunista cubano han utilizado esta votación anual para presentarse internacionalmente como víctima de una agresión extranjera y desviar la atención de su propia responsabilidad en la profunda crisis política, económica, social y humanitaria que padece nuestro país.
En sus argumentos ante la comunidad internacional suelen omitirse cuestiones esenciales: en Cuba no existen elecciones libres y competitivas, separación efectiva de los poderes del Estado, prensa independiente, libertad sindical ni pluralismo político. Existen presos por razones políticas que sobreviven en condiciones infrahumanas, persecución contra ciudadanos que protestan pacíficamente, restricciones severas a las libertades fundamentales, destierros forzados y un sistema económico profundamente controlado por el Estado y por estructuras corruptas bajo el mando de la cúpula gobernante.
Consideramos que atribuir a las sanciones estadounidenses la tragedia que sufre el pueblo cubano significa ignorar más de seis décadas de políticas económicas fallidas, centralización extrema, restricciones a la propiedad y a la iniciativa privada, controles sobre la agricultura y ausencia de instituciones democráticas capaces de exigir responsabilidades a los gobernantes.
Durante décadas, Cuba recibió enormes recursos procedentes de la Unión Soviética, Venezuela y otros aliados internacionales. Sin embargo, esos recursos no condujeron a la creación de una economía moderna, diversificada y productiva capaz de garantizar niveles adecuados de bienestar para la población.
Hoy millones de cubanos sufren escasez de alimentos, medicamentos y servicios esenciales, graves dificultades energéticas, deterioro de los sistemas de salud y educación y una profunda pérdida de expectativas sobre el futuro del país.
Las sanciones estadounidenses pueden compararse con un tratamiento aplicado contra una enfermedad grave. Un tratamiento puede producir efectos secundarios dolorosos, pero no debe confundirse con la enfermedad que intenta combatir. Desde nuestra perspectiva, la raíz del problema cubano se encuentra en el totalitarismo, la ausencia de derechos políticos y económicos, la represión, la corrupción y la imposibilidad de que los ciudadanos puedan elegir libremente a sus gobernantes.
Si Cuba fuese una democracia plural, respetuosa de los derechos humanos y del Estado de derecho, cualquier política destinada a aislarla o castigarla económicamente tendría una naturaleza completamente diferente. Pero Cuba continúa siendo un país donde, después de más de seis décadas, los ciudadanos no pueden elegir ni sustituir mediante elecciones libres y competitivas a quienes ejercen el poder.
Por esta razón, pedimos a los gobiernos democráticos que consideren cuidadosamente el mensaje que transmite su voto.
Cuando una democracia respalda la resolución promovida por las autoridades cubanas, ese voto es utilizado posteriormente por el aparato propagandístico oficial como una victoria política del régimen. Para muchos presos políticos, familiares de detenidos, activistas perseguidos y ciudadanos que reclaman pacíficamente sus derechos, resulta doloroso observar cómo gobiernos democráticos respaldan una narrativa que omite la represión que sufren dentro de Cuba.
La solidaridad internacional debe dirigirse principalmente al pueblo cubano.
Por ello proponemos una política de dos vías: mantener medidas políticas y económicas selectivas contra funcionarios y estructuras responsables de graves violaciones de derechos humanos, corrupción o represión, y simultáneamente ampliar la asistencia humanitaria destinada directamente a la población.
Los alimentos, medicamentos, equipos médicos y recursos de emergencia deberían canalizarse mediante Cáritas de la Iglesia Católica, iglesias independientes, organizaciones humanitarias confiables y estructuras verificables de la sociedad civil.
La ayuda internacional debe contar con mecanismos transparentes de supervisión para garantizar que llegue realmente a quienes más la necesitan y no termine fortaleciendo estructuras económicas o políticas controladas por las élites gobernantes.
La experiencia demuestra que es posible mantener presión política sobre los responsables de abusos y, al mismo tiempo, permitir importantes canales de comercio y asistencia humanitaria.
Entre enero y julio de 2026, Estados Unidos exportó hacia Cuba aproximadamente 674 millones de dólares en mercancías, frente a unos 416,5 millones durante el mismo período de 2025, lo que representa un incremento aproximado del 61,8 %.
Resulta especialmente significativo que dentro de esas exportaciones estadounidenses se encuentran también importantes suministros energéticos. Entre enero y julio de 2026, empresas estadounidenses exportaron hacia Cuba aproximadamente 156,88 millones de dólares en combustibles, gasolina, queroseno, aceites y otros productos derivados del petróleo. Solo durante julio esas exportaciones energéticas alcanzaron alrededor de 61,14 millones de dólares.
Estas cifras resultan particularmente relevantes porque demuestran que, pese al régimen de sanciones existente, Estados Unidos continúa siendo una fuente importante de mercancías para Cuba y que los mecanismos vigentes permiten no solo la venta de alimentos y otros productos, sino también la exportación de decenas de millones de dólares en productos energéticos.
La existencia de estas operaciones comerciales contradice cualquier descripción simplista según la cual las sanciones constituyen un cierre absoluto del comercio estadounidense con Cuba. Los datos demuestran que existen importantes excepciones, autorizaciones y mecanismos mediante los cuales mercancías estadounidenses siguen llegando a la Isla.
Invitamos a la Unión Europea, Canadá, Reino Unido, Noruega, Japón, Corea del Sur, Australia, Nueva Zelanda y las democracias latinoamericanas a desarrollar mecanismos semejantes de asistencia directa, transparentes y sometidos a verificación independiente.
Cuba necesita solidaridad con sus ciudadanos y firmeza frente a quienes vulneran sus derechos.
Consideramos que reducir incondicionalmente la presión internacional sin avances verificables en materia de liberación de presos políticos, respeto a las libertades fundamentales, pluralismo político y apertura democrática no contribuiría a resolver la crisis cubana.
Por ello nos dirigimos directamente a los gobiernos y parlamentos de las democracias del mundo.
Les pedimos que escuchen a las víctimas de la represión, a los presos políticos y sus familiares, a los activistas de derechos humanos, periodistas independientes, opositores pacíficos y ciudadanos que dentro y fuera de Cuba trabajan por una transición democrática.
Les pedimos también que analicen cuidadosamente las consecuencias políticas y simbólicas de su voto en las Naciones Unidas.
Nuestro mensaje es sencillo y respetuoso:
No otorguen al régimen cubano un respaldo político que posteriormente pueda utilizar para su propaganda y ocultar la ausencia de libertades dentro de Cuba.
Escuchen y acompañen a quienes dentro de Cuba reclaman pacíficamente libertad, democracia y respeto a la dignidad humana.
Ayúdennos a crear las condiciones para que los cubanos podamos decidir libremente nuestro futuro y construir una nación democrática, reconciliada y próspera, inspirada en el ideal martiano de una Cuba “con todos y para el bien de todos”.
Firmantes: