Es mas + Poesía a domicilio

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08/01/2020

Desde esa mesa del bar veo como rápidamente, entre las siete y las ocho de la mañana, la avenida desierta va poblándose y los ruidos de los autos invaden ese extraño (silencio) que poseía a la noche. La luz del día indica que algo va a recomenzar.
Gente que habla.
Siempre me maravilló esa mirada que va desde Avellaneda Blues hasta Mañana en el abasto, justamente por eso: el punto de vista de alguien que observa ese despertar.
Ese alguien que no durmió, que mientras todos lo hacían, pergeñó algo, quizás una insumisión, una rebelión, un cambio; alguien que gozó o que lloró, y ahora, con la demolición de la vida en ciernes, mira el nuevo desenvolvimiento de la historia en la ciudad.
Estoy en un bar que está casi al lado de donde estaba Café Einstein, lugar en que amanecí en estados diversos. Los albores del regreso democrático.
Las cosas han cambiado mucho desde entonces, pero como seguro sucedía en aquel momento, alguien lee Clarín. A mi derecha, como cada día, hay una mesa donde un señor mayor (lee) el gran diario argentino. Desayuna su café y esa mi**da.
Anoche note con alguna extrañeza que Alfonsinito está apareciendo muy seguido en la tele…
Yo sigo con mi música, obviamente Sumo, y Luca dice ¡Shut up!
Les dejo este poema de Fijman.
El libro vale $560, y ya saben, me escriben y arreglamos la entrega.
Que tengan un buen día…

Impresión
No sé por qué, con este cielo
Azul, sereno,
Brotar de nuevo en mí siento un anhelo De vivir más aún y ser más bueno.
Tengo la vida suave y santa
De abrir recién los ojos a la vida.
El corazón olvida...
El paisaje es sereno, el viento canta.

-Jacobo Fijman-

07/01/2020

Anoche estuve mirando tele. En el canal History pasaron un documental sobre la segunda guerra mundial y allí estacioné por unas dos horas. Más allá de la objetividad de su contenido, la verosimilitud puesta en el relato cronológico del conflicto, me mantuvo en vilo. Nunca estuve especialmente interesado en ese tema en particular, pero desconocerlo y pretender comprender un poco el siglo XX me resulta impensable.
En los momentos en que aparecía alguna propaganda, cambiaba de canal hacia un noticiero, y entre las muchas porquerías que vi allí, me impactaron fuertemente las imágenes y los datos del incendio en Australia, espeluznante, terrible: La muerte.
También actualicé información acerca del conflicto EEUU/Irán, escuché especulaciones diversas y me resonaron mucho palabras como venganza y guerra nuclear.
Poco antes de las 00:00 hs me fui a dormir y tuve un sueño en el que al pasar frente a la casa de un amigo con el cual tuve hace poco una fea discusión, veía inmensos afiches n***s con la foto de mi amigo en uniforme militar, mirando a cámara en plan big broher y un dedo acusador que últimamente parece ser copyright de Alberto.
Evidentemente, esto es lo que me quedó luego de la discusión: mi amigo es de alguna forma, un n**i para mí.
Me desperté a las 6am y puse The Planets por Isao Tomita en Spotify. Abrí un Word y comencé este relato.
Ayer hice un par de entregas de libros que son las que me permiten sobrevivir hoy día. Hoy también tengo alguna.
Tranquilo, así transcurren mis vacaciones de Antígona: miro tele, leo, escucho música, como bien y escabio bastante. No sé si podría vivir así siempre, a veces tengo la fea sensación que la cotidianeidad del trabajo, la alienación de viajar parado, los ruidos de la ciudad y toda esa mi**da que vivimos a diario, son una parte muy importante de lo que uno es.
Mis ocupaciones diarias son entonces: procurar la moneda, pensar en la cena y el almuerzo, hacer la compra, y hacer lo que se me dé la gana. Nada más.
Les dejo un fragmento de este hermoso libro que acompaña mi mañana porteña.
Si les gusta e interesa, el libro vale $570. Me mandan un mensaje y arreglamos la entrega.
Que pasen un buen día…

He encontrado una tierra encontrando compañeros,
mala tierra, donde es un privilegio
no hacer nada, pensando en el futuro.
Porque el solo trabajo no nos basta a mí y a los míos;
sabemos rompernos, pero el sueño más grande
de mis padres fue siempre no hacer nada útil.
Hemos nacido para vagar por esas colinas,
sin mujeres, con las manos en la espalda.

Cesare Pavese

Photos from Es mas + Poesía a domicilio's post 04/01/2020

Recuerdo haber leído American Psycho, de Easton Ellis, a poco tiempo de aparecida en librerías así como también Generación X, de Douglas Coupland, con un fervor joven, apasionado.
Algo “nuevo” se gestaba, se percibía en el aire.
También por entonces, se leía mucho en Buenos Aires a Bukowski, Milan Kundera, Jean Baudrillard, Raymond Carver, españoles como Ray Loriga o Eduardo Mendoza; Fresán daba un salto la literatura con su Historia Argentina, Cobain destrozaba lo poco que quedaba de vida, y la merca destronaba al faso hippie en una curva híper acelerada.
Corrían los primeros años noventa, luego del derrumbe soviético, la demolición revolucionaria y el efecto Fukuyama.
De alguna forma, estos Best Sellers expresaban el desencanto impregnado en la atmósfera de la época, la implantación del crédito como estilo de vida (así nos fue), la certeza de la finitud, nada importa, vivamos ya.
El correlato de esto vino a protagonizarlo también la lectura de Todo lo sólido se desvanece en el aire, de Marshall Berman, genial homenaje al mundo moderno ante los Best Sellers contemporáneos.
Hoy, parado ante este veinte veinte y con una historia recorrida y vivida, trato de encontrar el signo, ¿el paradigma?, luego de la destrucción de La Macrix.
Se dice que en una biblioteca, los libros dialogan entre sí. Yo creo que el que dialoga con sí es el lector en su recorrida por ella.
Y encuentro otros dos libros para esta charla:
Afterpop. La literatura de la implosión mediática, de Eloy Fernández Porta; y Lalamatic y otros versos, de Sebastián Bianchi.
El primero es un ensayo donde Fernández Porta analiza el efecto de la posmodernidad en la literatura de forma brillante, un poco quizá a lo Zizek, con un desparpajo entre pop y punk.
Y el segundo, Lalamatic, una impecable visión poética y plástica de nuestro pasado-presente.
Espero les interese la propuesta.
American Psycho $500
El arco iris de la gravedad – 2 tomos – (Pynchon) $900
La subasta del lote 49 (Pynchon) $400
Afterpop (Fernández Porta) $600
Lalamatica (Bianchi) $500
Ya saben, me escriben y arreglamos, y…que tengan un buen día…

31/12/2019

Cuando era pibe recuerdo pensar la llegada del año dos mil como algo inalcanzable. Llegado ese momento calculaba, tendría treinta y ocho años, y ese futuro, que lógico, era para mí entonces muy lejano, se me aparecía como tecnológico, hipermoderno – no como el presente -, plástico, cromado, veloz, transparente, confortable, libre.
El hombre llegaba a la luna, el conocimiento había triunfado.
Pero había algo raro, una distorsión, y no la comprendía: la experimentaba, existía algo, la soledad, la angustia, la muerte. Todo ese vacío – el espacio – era una inmensidad atroz y sin sentido, que solo podía explicarse matemáticamente, según mi padre.
Y había una “realidad” que también contrastaba con aquella idea de futuro donde “el bien” – el conocimiento- triunfaba: existía un mundo atroz, plagado de miseria, violencia y muerte, donde “el mal” – el comunismo -, amenazaba, asesinaba el futuro.
Todo esto estaba alimentado constantemente por la vieja tv en blanco y negro, series como “Los invasores”, o “La dimensión desconocida”, sumado a mis muchas lecturas de comics como Superman, y una precoz entrada al sci-fi y lo fantástico de la mano de H. G. Wells.
Luego, en la adolescencia, llegaron Orwell, Sheckley, Lem, y Dick, entre otros para completar el panorama. El sonido de Tangerine Dream. Mi comprensión del mundo ya no era a través de la televisión, me acerqué al anarquismo, que para mi padre era una idea “elevada”.
Veía los titulares del diario y la cosa se ponía peor. Acá estaban los milicos y todo era peligroso. Gobernaban la paranoia y la muerte.
Aquella idea de futuro, el triunfo de las ideas positivistas, no se adonde había quedado. Comenzaban ya a instalarse las jaulas, el mundo era una cárcel.
Pasaron los años y la llegada del año dos mil me agarró siendo librero ya, y con una historia.
Y la cárcel era perfecta. No había escape.
Luego vino 2001, con todo lo que esa cifra nos representaba a los lectores de sci-fi, y eso que para algunxs fue como un despertar de la anarquía.
Y pasaron los años, y Néstor, y Cristina, y La Macrix. Y ahora Alberto: dos mil veinte…
¿Por qué comienzo con esta digresión si este es un posteo sobre libros, sobre mi trabajo con ellos?
Porque evidentemente no puedo escindir mi historia y la de otrxs, y este post es sobre libros, sobre una editorial joven, Caleta Olivia, donde publica gente también joven y otra no tanto.
¿Es el futuro? No lo sé.
Son muy lindas ediciones, y económicas. Han tenido un despegue tremendo en estos últimos dos años, algo incoherente en este contexto de catástrofe que imperó durante La Macrix.
Son evidentemente el presente, y también el futuro; despegar como ellos en medio de los innumerables cierres de librerías y editoriales, es algo digno de mención. Es claro para mí que hay una excelente gestión.
Publican autores jóvenes como les dije, y ahora, casi en el dos mil veinte, estoy leyendo a una autora joven, Juana Isola, que según cuenta la solapa del libro, nació en Buenos Aires en 1989.
Su libro se llama Nuestros adolescentes y está muy bien escrito. En lo personal, me sirve también para entender cómo piensan y sienten estos jóvenes tan distintos al joven que fui especulando acerca del año dos mil.
El futuro llegó, hace rato, y mutó en este presente que nadie sabe cuándo comenzó y parece no tener fin.
Que llegue ya ese dos mil veinte, y se instale una nueva creencia, un porvenir, no un devenir, y vayamos hacia donde haya menos dolor...

27/12/2019

Definitivamente: por la puerta de este bar pasa mucha gente, y hay demasiado ruido automotor para mi gusto. No soy de escuchar radio a la mañana, ni de hablar tampoco. Creo que necesito ese silencio interno, comenzar una nueva rutina: bañarme, preparar el desayuno, y que las palabras vayan adquiriendo lentamente una lógica amorosa entre sí, comenzando de a poco, los pensamientos a encadenarse con mi ayer, antes de la turbulencia del sueño.
Así arranca mi día en general, una suerte de meditación, un reconocimiento de mí mismo.
Pero estoy en el bar y preparo mi posteo matutino con la música de Jethro Tull que me aisla del ruido.
Caigo en la cuenta de que hoy no voy a tener tiempo de hacer más entregas que las pautadas ayer, y mañana tampoco; así que si se interesan en alguno de los libros que publiqué días pasados, me escriben y arreglamos la entrega para la semana que viene, o para el año que viene.
Que tengan un buen día…

Photos from Es mas + Poesía a domicilio's post 24/12/2019

En la casa de mi infancia no había libros de poesía. Había Balzac, Arlt, Nietzsche, Rocker, Rolland, Goethe, Platón, Séneca, Dostoievsky, libros de divulgación científica, macartistas de los 50, revistas Reconstruir y varias biografías de músicos como Bizet, Bach, Mozart, Wagner o Beethoven. Pero no había libros de poesía.
Un día, investigándola, descubrí un ejemplar de “La náusea” en una vieja y pintoresca edición de Losada. Le pregunté a mi padre por el libro y me dijo que Sartre era un escritor marxista – mala palabra para él -, y un ser atormentado, a quién no valía la pena leer. Esto fue suficiente razón para zambullirme en su lectura: había encontrado un amigo allí, y me fascinó.
Pero no había libros de poesía.
A los catorce me convocaba la voz surrealista, influencia de Spinetta claro, pero no conseguía mucho; también lo beatnik, y de esto encontraba mucho menos aún. Recuerdo aquellos libros de Ediciones del mediodía, y los primeros de Visor Poesía. Corría el año 1976, había una masacre afuera, y otra en mi interior.
Pasaron los años y me convertí en librero – de algo hay que vivir-, y tuve otro nivel de acceso. Leí muchísima poesía, y eso creo, me ha signado: no concibo escritura sin poética. Esa es la razón del nombre de ésta página.
Ya no la leo casi, creo que fue parte de mi formación lectora, que me enseñó el lenguaje, como dejarme inundar por él. También me sucede, en especial con la poesía joven, el no encontrar vínculo allí; no encuentro la lectura de éstos chicos allí. Veo su lengua arrasada por símbolos modernos que a mí no me representan, letras de rock (El Indio, Spinetta y Charly en los mejores casos), pero no lo que yo entiendo como poesía. Perdón, serán los años seguramente, pero yo creo les falta lectura, y vida también.
Ayer, el amigo Pablo Gabo Moreno me mandó una caja llena con sus libros preciosos, los de Caleta Olivia que les comenté. Así, ansioso como en mis primeros años en el oficio, me zambullí en la caja para chusmear el material.
Ya descubrí tres joyitas que hoy les presento a modo de sugerencia incluyan en su arbolito de navidad.
No son precisamente jóvenes, lxs autores, pero para mí, que no leo poesía hace años, es un hallazgo. Espero, en los próximos días, encontrar voces nuevas en esa caja, que promete mucho.
Hoy no trabajo en Antígona, así que le doy a full a esto.
Como siempre, me mandan un mensaje privado y arreglamos la entrega sin cargo por delivery en CABA.
Que tengan un buen día y ¡Feliz Navidad!
Estos son los libros que les recomiendo:
Lalamatic y otros versos, de Sebastián Bianchi, $500
Tarda en apagarse, de Silvina Giaganti, $400
El pájaro rojo, de Mary Oliver, $580

23/12/2019

¡Nueva incorporación editorial!
La niña bonita de la edición durante este año que se acaba: Caleta Olivia.
Espero sus pedidos…

Warzawa
Andi Nachon
$400

23/12/2019

¡Nueva incorporación editorial!
La niña bonita de la edición durante este año que se acaba: Caleta Olivia.
Espero sus pedidos…

Tarda en apagarse
Silvina Giaganti
$400

23/12/2019

¡Nueva incorporación editorial!
La niña bonita de la edición durante este año que se acaba: Caleta Olivia.
Espero sus pedidos…

El pájaro rojo
Mary Oliver
$580

23/12/2019

¡Nueva incorporación editorial!
La niña bonita de la edición durante este año que se acaba: Caleta Olivia.
Espero sus pedidos…

Ramitas
Carlos Battilana
978-987-4455-45-1

Rústica, 14 × 21 cm, 110 páginas
$790



Seco pero tierno Battilana va como un monje cuya diosa es la melancolía. Desde su primer libro, treinta y cinco años atrás, hasta los más recientes, estas ramitas se secan y hacen una hoguera llena de luz y de vacío donde algo tiembla, algo señorea el sentido tímido y altanero a la vez. Altanero no de un yo que se exalta y ufana, sino que desaparece detrás de “ese, mínimo indicio / de los objetos, de las formas, / de esa materia / que se resiste?” No me gusta interpretar el sentido de un poema, porque es una llama que se apaga ante el exceso de racionalización. Pero con Battilana se me hace difícil interpretar algo, entonces la magia vive porque su poema rechaza toda interpretación, y así se vuelve inquietante y atractivo, aún cuando no esté en sus planes. “Dios procede del verbo”, dice en “Letras”, “y también lo más real de mí”. “Por mí”, agrega, y así termina el poema. ¡Cómo me gusta perderme en los versos de Battilana! Pero más me gusta reencontrarme un poco después. Con El lado ciego el lirismo se intensifica en su poesía y lo que ya era conmovedor desde el principio, aquí me inunda como las napas de ese jardín que el autor menciona en varios poemas. Y esto ya no cede, Battilana ha encontrado su voz en todos los libros siguientes. La vida sonríe un poco y este Budita tímido y triste me convence del todo, me hace reír y llorar al mismo tiempo en ese poema tan hermoso que le da título al libro: Ramitas. Cuando el sentido empieza a iluminarse la poesía de Battilana crece en la hoguera de la plena humanidad. Bienvenido a casa.

23/12/2019

¡Nueva incorporación editorial!
La niña bonita de la edición durante este año que se acaba: Caleta Olivia.
Espero sus pedidos…

X mano propia
Melina Alexia Varnavoglou
$400

23/12/2019

¡Nueva incorporación editorial!
La niña bonita de la edición durante este año que se acaba: Caleta Olivia.
Espero sus pedidos…

Nuestros Adolescentes
Juana Isola
ISBN 978-987-4455-50-5

Rústica, 14 × 20 cm, 120 páginas
$500

Nuestros adolescentes son jóvenes adultos a punto de descubrir que la adultez es una construcción absurda, un castillo de naipes que se puede derrumbar en cualquier momento pero que a veces es necesario sostener. Malena se enamora del hijo del presidente, Simón descubre su talento para jugar poker por guita, a Rita le da psoriasis de pensar. Lo que le pasa a nuestros adolescentes es la tensión de una crisis suave: la idea de que los demás flotan donde nos ahogamos y desaparecemos, y la propuesta superadora de que todo estado de quiebre puede suceder con parsimonia. Entre computadoras conectadas con oriente, mensajes de texto, casas de abuelas ficticias, estos “adolescentes” se hacen cargo de lo que pueden con la crudeza de la pluma de Juana Isola que imprime la lógica de la plataforma: cualquier fenómeno parece equiparable a cualquier otro sin importar su espesor. Esta primera novela domina con magisterio la angustia de la contemporaneidad y nos hace pasar de la risa a las lágrimas sin pedir permiso, como entrar a una fiesta sin invitación y hacer de cuenta que somos amigos de todos.

Malén Denis

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