24/04/2026
''Necesitamos dos cosas: una nación y una justicia social. No tendremos nación mientras cada uno de nosotros se considere portador de un interes distinto: de un interes de grupo o banderia.
No tendremos justicia social mientras cada una de las clases, en régimen de lucha, quiera interponer a las otras su dominación.
Por eso, ni el liberalismo ni el socialismo son capaces de depararnos las dos cosas que nos hacen falta.
El liberalismo es, por una parte, el regimen sin fe: el regimen que entrega todo, hasta las cosas esenciales del destino patrio, a la libre decisión. Para el liberalismo nada es absolutamente verdad ni mentira. La verdad es, en todo caso, lo que dice el número mayor de votos. Asi, al liberalismo no le importa que un pueblo acuerde el suicidio con tal que el propósito de suicidarse se tramite con arreglo de ley electoral. Y para que funcione este, debe estimularse la existencia de bandos y azuzarse la lucha entre ellos, el sistema liberal es el sistema de la perpetúa desunión, de la perpetúa ausencia de una fe popular en la comunidad profunda de destino. (...) A los pobres, en régimen liberal, no se les hará trabajar a palos, pero se los sitia por hambre. El obrero aislado, titular de todos los derechos en el papel, tiene que optar por morirse de hambre o aceptar las condiciones que le ofrezca el capitalista, por duras que sean.
(...) El socialismo vio esa injusticia y se alzó, con razón, contra ella. Pero al deshumanizarse el socialismo en la mente de Marx, fue convertido en una feroz, helada, doctrina de lucha. Desde entonces no aspira a la justicia social; aspira a sustanciar una vieja deuda de rencor, imponiendo a la tiranía del ayer «la burguesía» una dictadura del proletariado.
Para llegar ahi, además, extirpa en los obreros casi todo lo espiritual, porque teme que, dejándolo vivo, tal vez los proletarios se ablanden al influjo de los vapores espirituales burgueses. Y asi se aniquila en los obreros la religión, el amor a la Patria...; en los ejemplos extremos, como el de Rusia, hasta la ternura familiar.
El liberalismo nos divide y agita por las ideas; el socialismo taja entre nosotros la sima, aún más feroz, de la lucha económica ¿Qué hace en uno y otro régimen de la unidad de destino sin la que ningún pueblo es propiamente un pueblo?
(...) Por eso ya arde (...) la llama de una nueva fe. De una fe, en lo terreno y en lo civil, como primera verdad, esta: Un pueblo es una entidad total, indivisible, viva, con un destino propio que cumplir en lo universal. El bienestar de cada uno de los que integran el pueblo no es individual, sino interés colectivo. Ningún interés particular justo es ajeno al interés de la comunidad. Y, por consecuencia, no es lícito a nadie tirotear los fundamentos de la comunidad por estímulos de interes privado, por capricho intelectual o soberbia''.
Al mejor hombre de España.
José Antonio Primo de Rivera ¡Presente!

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