Este me lo contó un amigo que trabajaba en una posta médica en la Amazonía peruana, cerca de Iquitos. Pasó en 2015, en una comunidad shipibo-conibo. Es de los que te hacen dudar de las voces que oyes en la selva.
Soy el doctor Raúl. Llegué a la comunidad de San Francisco por dos años de SERUMS. La gente era amable, pero supersticiosa. Creían en yacurunas, en tunches, en espíritus del río. Yo, escéptico.
Todo empezó con el pequeño Tito, de 7 años. Su papá, don Armando, era el curandero del lugar. Armando desapareció una semana antes en una cacería. Lo buscaron, pero el río se lo llevó, dijeron. Tito quedó con la mamá y los abuelos.
Una noche, Tito despertó gritando: "¡Papá volvió! Está en el río, llamándome". La mamá lo calmó, pero al día siguiente Tito desapareció por horas. Lo encontraron en la orilla, hablando solo.
—Papá me dijo que venga. Que me va a enseñar a pescar como antes.
La mamá se asustó. Armando era zurdo, y Tito empezó a usar la mano izquierda para todo, aunque era diestro. Imitaba la risa de Armando, su forma de caminar cojeando un poco por una vieja herida.
Yo lo revisé. Fiebre baja, nada grave. Pero Tito dibujaba: un hombre alto en el agua, con ojos brillantes. "Es papá, doctor. Pero no es papá del todo".
Las noches siguientes, la comunidad oía silbidos en el río. No eran pájaros. Eran silbidos humanos, como Armando llamaba a los hijos. Tito respondía. La mamá lo ataba a la hamaca para que no saliera.
Una madrugada, me llamaron. Tito estaba en la orilla, desnudo, hablando con el agua. "Sí, papá. Ya voy". Lo traje de vuelta. Olía a pescado podrido.
Esa noche me quedé en la posta. A las 2 a.m., oí la voz de Armando fuera: "Doctor... abra. Necesito ver a mi hijo". Era idéntica: el acento, la tos seca. Miré por la ventana: nada. Solo oscuridad y el río negro.
Al día siguiente, Tito empeoró. Deliraba: "Papá dice que si no voy, se va a llevar a mamá también". La mamá lloraba. Llamamos al chamán más viejo. Hizo un ritual con ayahuasca y tabaco. Durante el trance, vio: no era Armando. Era un yacuruna, un espíritu del agua que toma forma de ahogados para robar almas de niños.
El chamán confrontó la cosa. Gritó en shipibo. Tito convulsionó. Algo salió de él: un grito que no era humano. El chamán cayó desmayado. Cuando despertó, dijo: "Se fue. Pero volverá por otro".
Tito se recuperó. Pero ahora, cuando llueve, se acerca al río y silba. Dice que oye a papá... esperando.
Yo me fui de la selva. Pero a veces, en Lima, cuando paso cerca de un río, oigo un silbido. Y pienso: ¿y si no se fue del todo?
¿Han oído voces que imitan a alguien que ya no está? Compartan, que la selva guarda muchos secretos.
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El Silbido en el Pasillo del Hospital
(Relato recopilado de testimonios de enfermeras y pacientes en hospitales públicos de Buenos Aires y Córdoba – años 2000-2020. Supuestamente basado en hechos reales reportados en varios centros de salud)
Cuentan que en ciertos hospitales viejos de Argentina, especialmente aquellos construidos antes de los '70, hay un pasillo en el ala de internación que nadie menciona en voz alta después de las 2 de la mañana. No es el más largo ni el más oscuro, pero tiene algo... equivocado. Las luces fluorescentes parpadean un poco más lento que en el resto del edificio, el aire huele a desinfectante mezclado con algo metálico, como sangre vieja, y siempre hay un leve eco, como si alguien respirara justo detrás de tu nuca.
En el Hospital Fernández de Capital, en el piso 5, ese pasillo conecta la terapia intensiva con las habitaciones de recuperación. Las enfermeras más antiguas tienen una regla no escrita: si tenés que pasar por ahí de noche, nunca vayas sola. Y si escuchás un silbido suave, como el de un niño jugando a imitar un pájaro, no respondas. Nunca respondas.
La historia empieza en 2008 con una enfermera llamada Marta. Tenía 32 años, llevaba 10 en el turno noche y juraba que no creía en "esas cosas". Una madrugada de invierno, alrededor de las 3:15, tuvo que llevar un carrito de medicamentos al fondo del pasillo. Todo estaba en silencio, salvo el zumbido de las máquinas y el pitido ocasional de un monitor. De repente, oyó el silbido: bajo, melódico, como si un pibe de 10 años estuviera silbando "La Cumparsita" pero despacito, arrastrando las notas.
Marta se detuvo. Pensó que era un paciente delirante o un familiar colado. Miró hacia atrás: el pasillo vacío, las puertas cerradas. Siguió caminando. El silbido se repitió, esta vez más cerca, como si viniera de la habitación 512, que estaba desocupada desde hacía semanas (había mu**to un chico joven ahí, accidente de moto, y la familia no quiso reclamar el cuerpo por un tiempo).
Llegó al carrito, empezó a repartir las ampollas... y el silbido cambió. Ya no era una canción conocida. Era irregular, como si quien silbara estuviera imitando el ritmo de su propia respiración. Marta sintió un frío que no venía del aire acondicionado. Se dio vuelta rápido: nada. Pero en el reflejo del vidrio de una puerta, vio algo: una silueta pequeña, de pie al final del pasillo, con la cabeza ladeada. No tenía cara definida, solo una mancha oscura donde debería estar la boca... silbando.
Corrió. Tropezó con el carrito, las ampollas rodaron por el piso. Llegó a la sala de enfermeras jadeando. Contó lo que pasó. Las compañeras se miraron entre ellas. Una, la más vieja, doña Rosa, solo dijo: "Es el pibe del 512. No le contestes nunca. Si le contestás, viene a buscarte".
Desde esa noche, Marta empezó a notar cosas raras. Al principio sutiles: cuando entraba a su casa después del turno, oía un silbido lejano en la calle, como si alguien la siguiera desde la vereda de enfrente. Luego, en el hospital, el silbido aparecía en otros pisos. Una vez, durante una ronda, una paciente mayor en coma abrió los ojos de golpe y silbó exactamente la misma melodía antes de volver a cerrarlos. Murió esa misma madrugada.
Pasaron los meses. Marta pidió traslado al turno mañana, pero el hospital estaba corto de personal y no se lo dieron. Una noche de tormenta, el ascensor se detuvo en el piso 5 por error. Las luces se apagaron un segundo. Cuando volvieron, Marta estaba sola en el ascensor... pero el silbido venía de adentro. De su propia garganta. Intentó gritar, pero solo salió un silbido agudo, como si sus cuerdas vocales ya no fueran suyas.
Logró llegar a la planta baja y corrió al estacionamiento. Nunca volvió a trabajar ahí. Dicen que se mudó al interior, que dejó de hablar mucho, que a veces, cuando está sola, se tapa la boca con la mano como si temiera que saliera un silbido sin querer.
Pero la leyenda no termina ahí. Otras enfermeras y camilleros han reportado lo mismo en hospitales de Córdoba (el de Urgencias), Rosario y hasta en algunos del conurbano. Siempre el mismo patrón: silbido infantil, pasillo "equivocado", silueta pequeña al final. Algunos dicen que es el espíritu de un niño que murió esperando atención en los '80, cuando los hospitales colapsaban. Otros juran que no es un niño... que es algo que imita a los niños para que bajes la guardia y le contestes.
La regla sigue vigente en esos lugares: si oís silbar de noche en el pasillo, seguí caminando sin mirar atrás. No silbes de vuelta. No cantes. No hables. Porque si le respondés, aunque sea con un "shhh" para callarlo... él te reconoce. Y la próxima vez que pases por ese pasillo, el silbido no vendrá de lejos. Vendrá de tu propia habitación, de tu propia cama, justo al lado de tu oído.
¿Alguna vez trabajaste o estuviste internado en un hospital viejo y oíste algo raro de noche?
¿Te animarías a responderle a un silbido en la oscuridad? 😱🏥👻
Comparte esta historia si te puso los pelos de punta... y cuentame en comentarios si conoces algún hospital con "ese" pasillo. ¡No lo digas muy alto! 🖤
Siempre he dicho, y recalco una y otra vez que no jueguen a la Ouija.
Era un martes 13, no recuerdo el año. Había probado muchos rituales y juegos para contactarme con gente de otro mundo porque quiero saber qué se siente. Ese día me encontraba junto a mi mejor amiga conversando acerca de que ese día era el más "temido", también hablábamos acerca de leyendas urbanas sobre este mítico día. Entre conversación y conversación llegó un amigo más, y nos dijo:
-No se imaginan lo que compré.
-Si te compraste de nuevo otro juguetito de cuarta, no me interesa.
Me miró con cara seria y comenzó a abrir su mochila mientras decía:
-Este jueguito no es de cuarta, es de verdad.
Sacó una Ouija (era un pedazo de madera, con el abecedario, un sí, un no, y un par de íconos a los lados). Yo sonreí:
-¿Realmente quieres meterte en cosas arriesgadas?
A lo cual asintió con una sonrisa un tanto siniestra. Fue extraño para mi amiga, ya que ella estaba comenzando a asustarse. Yo le pedí que no se fuera, que estaría siempre con ella y que si le pasaba algo sería el primero en dar la vida por ella. Asintió y se quedó a nuestro lado.
La conversación siguió hasta que se hizo de noche, entonces decidimos ir a la casa de mi amigo. Prendimos unas velas que tenía en casa, de esas aromáticas, 3 rojas y un par blancas. Nos sentamos en el suelo, mirando el trozo de madera que estaba al centro de nosotros y comenzamos a invocar a algún espíritu.
Mi primera pregunta fue la que todos hacen siempre:
-¿Hay alguien en esta habitación?
Un silencio sepulcral se apoderó del lugar solo se escuchaba nuestra respiración, y de pronto comenzó a moverse lentamente el vaso hacia el "sí". Respiré profundo y le pregunté su nombre.
"Felipe", fue su respuesta. Seguimos preguntando, sacando información de su vida. Comprendimos que había sido un joven de 23 años y que había mu**to cerca del lugar en un accidente automovilístico, catástrofe que le costó la vida a un par de personas (salió en las noticias de la época, ya que es una calle transitada del lugar en donde yo vivo). Seguimos conversando largos minutos que cada vez se hacían más eternos. Las velas se iban gastando muy rápidamente. Todo estaba "normal" hasta que una acotación de este espíritu me dejó helado, tan helado que no quise repetirla en voz alta:
-Tu amiga es muy linda, ¿puedo ir a saludarla?
-¡¡NO!!-grité como respuesta inmediata, ya que había prometido que no pondría en riesgo su integridad, aparte que la quería mucho. Hubo otro silencio prolongado.
-Iré igual.
Tomé a mi amiga de la mano, y la saqué corriendo de la casa. Mi amigo se quedó más atrás sin entender qué pasaba. Logramos salir de la casa. Mi amiga me miraba y me golpeaba el brazo, gritándome:
-¡Que mi**da te dijo! ¡¡Dime!!
En ese instante se comenzaron a escuchar vasos rompiéndose dentro de la casa. Yo atiné a cerrar la boca mientras mis ojos comenzaban a nublarse con lágrimas, pensando en la embarrada que habíamos provocado. Abracé a mi amiga y le dije que la quería mucho... De pronto sentí que me empujaban con fuerza y me alejaban de ella. Yo hacía el mayor esfuerzo posible para no soltarla, pero eso la laceraba, hasta que, sin poder más, la solté. Mi amigo y yo entramos a la casa rápidamente.
Los vecinos comenzaron a salir de las casas preguntándose qué era lo que estaba sucediendo, pensaban que era una pelea de los padres de mi amigo. Salí para decir que todo estaba bien cuando era obvio que no lo estaba. Entré nuevamente en casa y presencié una escena que aún ahora me sigue dando terror: mi amigo tenía de las manos a mi amiga, haciendo fuerza con "algo" que no podía ver, fue espeluznante...
Solo reaccioné a gritarle a mi amigo que se acercara para cerrar el portal. Nos sentamos: fue ahí cuando el piso comenzó a temblar, las velas se apagaron. Yo ya no quería más, así que grité un par de palabrerías, y dije las palabras para cerrar el portal mientras comenzaba a llorar. Volvió el silencio, escuché el llanto de mi amiga. Corrí a buscarla, y la abracé.
Ese día no pudimos dormir bien. Mi amigo se quedó en mi casa, y al día siguiente llevamos agua bendita para limpiar la casa. Mi amiga, ya un poco más calmada, me preguntó que qué era lo que había dicho, así que le respondí. Pero ella me contradijo:
-Eso no fue lo que grabó mi celular.
La miré entre sorprendido y asustado. Puso una grabación que tenía del día anterior donde se escuchaba claramente que alguien susurraba:
-Muerte..
- Mi experiencia con la ouija
Conozco a muchos amigos y amigas que ya adultos, aún tienen ciertos malos recuerdos o temores con respecto a los muñecos y muñecas, miedos que se originan de muchas maneras en la más tierna infancia, por lo que al compartir con todos ustedes esta leyenda, espero no hacer resurgir viejos terrores infantiles, pues como todos sabemos bien, no hay nada más aterrador para el ser humano que ver surgir el pavor y el miedo en algo muy cercano y antes amistoso, pero que puede volverse en un ser espantoso. Esta es la historia de Robert...
La historia comienza en el hogar del Sr. y la Sra. Thomas Otto, el año 1896. Donde era muy conocido el hecho de que los Otto abusaban de sus sirvientes y no eran muy amables con la gente.
Se dice que la Sra. Otto despidió a 4 de sus empleados cuando los vio en el jardín en una ceremonia que ella creyó que era brujería por lo que inmediatamente los hecho.
Había uno los sirvientes, (que ayudaba en el cuidado de el hijo de los Otto, Robert Eugene, "Gene") del cual se decía que estaba iniciado en el arte de vudú y que de acuerdo a la historia, esta joven sirvienta le obsequió a Gene un muñeco. El muñeco media tres pies de altura, y estaba relleno con paja. La sirvienta dio al muñeco muchos rasgos físicos que recordaban a los del joven Gene, incluso se dice que Robert tiene cabello de Gene y aunque parezca, el cabello que ahora tiene Robert cambio de color, cosa que es totalmente.
Gene decidió nombrar al muñeco como Robert y a partir de ahí se convirtió en el compañero del niño. Pronto se convirtió en costumbre para los Otto el escuchar a su pequeño hijo hablando con su juguete todo el tiempo, pero lo que era extraño era que los Otto escuchaban a su hijo respondiendo a sus preguntas con una voz muy diferente y extraña.
A partir de entonces cosas extrañas comenzaron a ocurrir en la casa, los vecinos reportaban con frecuencia ver al muñeco moverse frente a las ventanas de la casa cuando los Otto no estaba en casa. Por otro lado Gene Robert comenzó a culpar al muñeco de pequeñas travesuras y sucedidos en la casa. Incluso los padres escucharon al muñeco reír y moverse por la casa.
Gene comenzó a tener pesadillas, y despertaba gritando por la noche. Cuando sus padres respondían a los gritos de su hijo, a menudo encontraban los muebles volcados y fuera de lugar y a su hijo mu**to de miedo. Por regla general solían encontrar a Robert a los pies de la cama de su hijo y con una mirada extraña en los ojos mientras que Gene gritaba:
"¡Robert lo hizo!"
Hartos sus padres y para poner fin a la situación, decidieron que Robert acabara arrumbado en el ático cubriéndose de polvo.
Al morir su padre, Gene recibió como herencia la casa donde vivió su infancia, así que decidió mudarse a su nuevo hogar en compañía de su esposa. Además de aprovechar el espacio de su antigua casa para poder trabajar sin problemas ahora que era un artista y sobre todo darle uso al mirador que se encontraba en el techo de la casa desde el cual podría inspirarse para obtener material para sus obras.
No paso mucho tiempo después de haberse mudado, cuando en el ático descubrió a su olvidado compañero de juegos y los s**o de ahí para colocarlo en el mirador del techo.
A partir de ese momento, el vínculo que hubo en la niñez entre ellos dos volvió a hacerse presente, lo que provoco una atmósfera rara y desagradable en la casa, la cual la esposa de Gene resintió mucho. Así que aprovechando una ausencia de su esposo, ella decidió que había tenido suficiente y lo regreso al ático.
Cuando Gene regreso y se entero de lo que había hecho su esposa, se disgusto mucho y rápidamente corrió a rescatar a su amigo del ático, diciéndole a su mujer que Robert necesitaba una habitación para el mismo mientras lo colocaba de nuevo en el mirador. Y en ese momento la esposa de Gene comenzó a dudar de la cordura de su esposo.
Entonces en Key West comenzaron a correr rumores sobre Robert y sus maldades. Mucha gente contaba historias en las que decían haber visto y escuchado a Robert hacer cosas desde el mirador ya que era común verlo desplazarse por la casa, decían que Robert les hacia muecas y se burlaba de ellos cuando pasaban cerca del lugar, los niños de las escuelas cercanas evitaban el pasar cerca de la casa de los Otto, por temor a descubrir que Robert los estuviera espiando desde el mirador. E incluso los Otto dejaron de recibir visitas por que ya nadie quería visitarlos.
Gene incluso dijo haber ido al mirador y encontrar a Robert meciéndose frente a la ventana quejándose de su encierro.
Cansado de Robert y sus travesuras, Gene lo devolvio al ático. La gente que los visitaba reportaba el escuchar pasos en los cuartos del piso de arriba e incluso algunas risas que se escuchaban en ciertas partes de la casa lo que de nuevo provoco que la gente se rehusara a atender las invitaciones que los Otto hacían.
Gene Otto murió en 1972, y su esposa vendió la casa rápidamente dejando a Robert olvidado en el ático y de nuevo las historias fueron olvidadas.
Hasta que una nueva familia llego a la casa y Robert fue descubierto por la hija de aquella familia. La pequeña que tenia 10 años, se emocionó mucho al descubrirlo, e inmediatamente lo bajo a su habitación junto con sus demás muñecos.
Pero al parecer, la niña no fue del agrado de Robert y comenzó a molestarla, al punto en el que la niña gritaba de terror por las noches, y cuando llegaban sus padres, la niña mu**ta de miedo señalaba al muñeco sobre su cama alegando que trataba de matarla.
Aun después de 30 años, esta mujer sigue jurando que el muñeco se movía y trataba de matarla porque el muñeco no la quería.
Robert, todavía viste con su traje blanco marinero abrazando su león de peluche, si lo quieren conocer pueden visitarlo en el museo Martello en Key West, pero como ultima advertencia les comento lo que dice la gente, cuando se encuentren en dicho museo y quieran tomarle una fotografía, primero hay que pedirle permiso para poder hacer esto.
Si el muñeco inclina la cabeza hacia un lado, eso quiere decir que el esta de acuerdo y no habrá ningún problema, pero si el no hace nada y Ud. insiste en dicha acción o se ha burlado de él, lo más probable es que su cámara deje de funcionar y según la historia popular de la maldición de Robert caerá sobre ti, no solo afectándolo a ti, si no a sus seres queridos, si no creen, solo es cuestión de darle un vistazo a las paredes de la sala, donde se pueden observar infinidad de fotografías y cartas en las que le solicitan a Robert, que levante la maldición que ha caído sobre ellos.
Incluso en el museo donde se encuentra hoy, se dice que por las noches se puede oír ruidos y ver sombras desde su exhibición.
Es más se dice que al fotografiarlo o grabarlo, en ocasiones mueve su cabeza. Problemas con la cámara como cuentan en el segundo vídeo, que le movieron el sombrero para fotografiarlo y la cámara no funcionó; al ponerle el sombrero en su lugar la cámara volvió a funcionar normalmente.
El muñeco parece una persona pero esta idea puede ser cierta. La historia es real
- Robert, el muñeco ma***to
Esto le sucedió a una niña y a su hermano. La niña era muy inocente, por lo cual tenia mucho miedo de los sucesos paranormales. Tanto así que, si el hermano se atrevía a contarle una historia sobre fantasmas, la niña no podía dormir por lo menos 1 noche.
El hermano, para divertirse y para quitarle los miedos, le contaba este tipo de historias muy seguido, casi siempre inventadas. Un día, la niña vio a su hermano haciendo algo en su habitación —la de la niña —. Ella no sabía qué estaba haciendo el allí, pero estaba decidida a averiguarlo, ya que, temía, le estuviera robando sus chocolates.
Entonces, esperó sentada en la cocina hasta que su hermano saliera de allí. La niña esperó dos minutos desde el momento en que este salió de la habitación y entró a investigar. Cuando fue a revisar si sus chocolates seguían en su lugar, observo que sí estaban. O, al menos la caja, ya que no revisó dentro.
La noche de ese mismo día, la niña, antes de irse a dormir, decidió compartir sus chocolates con su hermano. por lo cual, fue a buscar uno, pero, cuando abrió la caja, se asustó tanto que quedó paralizada por, al menos, 2 minutos. Su inmaduro hermano había dejado una tarántula dentro de esta y se había comido todos sus chocolates. Luego de recuperarse del susto, salió de su habitación gritando y llorando: «¿Por qué hiciste eso?», »¿Qué te hice yo?», «Hermano, ¿Por qué te comiste mis chocolates y dejaste a ese horrible bicho dentro de la caja?». Entró en la habitación del hermano y, notó, este estaba durmiendo. Entonces, le golpeó su cara, y este se despertó de un salto. Cuando la vio en ese estado, no recordó lo de la tarántula. Por lo cual, le preguntó qué había sucedido.
Tú sabes bien qué me sucedió —Le contestó —¿Por qué lo hiciste?
En ese momento, el hermano lo recordó y estalló de la risa. Al terminar de reír, le pidió perdón a su hermanita, pero esta no quería verlo. Tanto era su enojo que, cuando él se le acercó, levantó un cuchillo atenta, para, cuando el cuerpo de su hermano esté a su alcance, poder clavárselo justo en el pecho. El hermano de la niña se asustó tanto que decidió solo pedirle perdón y retirarse a dormir nuevamente.
Esa noche, la niñita no pudo dormir. Durante el día, tenía que hacer demasiadas cosas. Por lo cual, tampoco durmió. En la noche, ella seguía aterrorizada y no pudo dormir. Estaba muy cansada, pero, cuando se iba a dormir, se imaginaba lo peor, empezaba a recordar todas las historias que le contó el hermano y no lograba conciliar el sueño, A la mañana siguiente, los padres llegaron a la fiesta a la que habían asistido y la encontraron quieta con los ojos abiertos y pálida tendida en su cama. La niña había mu**to traumatizada por su propia mente.
Luego de este acontecimiento,el niño contó que, todas las noches, sentía puntazos en el pecho como si le estuvieran clavando un cuchillo, pero tanto él, como sus padres lo relacionaban con alguna enfermedad o con simples puntadas. Estos últimos lo llevaron al hospital más cercano, para que revisaran su estado de salud y para saber qué era eso que él sentía. El medico explicó que el chico estaba en perfecto estado de salud y no atribuía esa sensación a algo físico, sino más bien a algo mental. Por lo cual, lo llevaron a un psicólogo, quien, al hablar con el chico, se dio cuenta que este se sentía responsable por la muerte de su hermanita y, probablemente, se imaginaba a su hermanita clavándole el cuchillo con el que lo amenazó. Le explicó varias formas de eliminar esa sensación. El chico las aprendió una por una y, en la noche, las intentó en vano, pero continuaba sintiendo el dolor.
Un día, arreglándose en el espejo, vio a su hermanita detrás de él a punto de clavarle el cuchillo que llevaba en su mano en la espalda. La niñita estaba llorando y balbuceaba algo. Rápidamente, se dio vuelta, pero no había nada. Cuando volvió a ver el espejo, la niñita ya le había clavado el cuchillo. En ese momento, sintió el dolor profundo del cuchillazo, y, cuando miro su espalda, notó, estaba sangrando con una herida de mas de 10 cm. Después de esto no volvió a mirarse al espejo nunca mas, pero le era inevitable ver a su hermana clavándole el cuchillo en diferentes lugares cada vez que pasaba frente a un espejo. Por lo cual, decidieron tirar todos los espejos.
La niña del espejo.jpgFinalmente, un día, tendido en su cama, el chico vio a su hermana en el reflejo de la ventana. Estaba sentada en su estomago. Le dio tanto miedo que quedó paralizado y vio como la hermana lo mataba de un cuchillazo en el corazón. Lo extraño es que esta vez no lo lastimo, ni murió, ya que él estaba sufriendo, y eso era lo que ella quería. Ella no deseaba matarlo para que continuara atormentándolo en el otro mundo. Desde ese día, el chico está internado diciendo que su hermanita quiere hacerlo sufrir.
Según parece, desde ese momento, aquella niñita ha aparecido en espejos de múltiples hermanos y hermanas mayores que hacían sufrir a sus hermanos pequeños y les ha dado una lección con su cuchillo. Actualmente, se han registrado 132 casos de chicos y chicas que están en diferentes psiquiátricos diciendo que una niñita los apuñala cuando se ven al espejo.
El espíritu de la niña sigue buscando venganza protegiendo a los más débiles. Por eso, te recomiendo, antes de hacer sufrir a un pequeño, recuerda esta historia, ya que, si no la recuerdas, tendrás que prepararte para un sufrimiento de por vida y olvídarte de tu reflejo.
- La niña del espejo
Era viernes y Alondra ya había hecho planes para salir con sus amigas. Ellas se habían presentado a la oficina ya listas para salir en la noche a un bar llamado "Ches", pero Alondra aún tenía que ir al departamento a vestirse, pues no toleraba vestirse de fiesta en el trabajo. Cuando terminó la jornada de trabajo, sus amigas se marcharon al bar y le hicieron prometer que no faltaría, a lo que Alondra aceptó.
Fue a su departamento, que estaba en el mismo complejo en el que la mayoría de sus amigas tenían el suyo. Se ducho, se maquilló, eligió una blusa satinada de color morado con escote y una falda de mezclilla para ponerse; comió un sándwich antes de ir a lavarse la boca y se acomodó el cabello una vez más antes de estar lista para irse. Tomo las llaves del carro y la casa y su bolsa para ir a encontrarse con sus amigas… pero jamás llegaría.
Apenas estaba caminando a la puerta cuando alguien toco tres veces. Ella se asomó por el visor y no vio nada, pero alguien volvió a tocar. Entonces notó la parte superior de la pequeña cabecita. Quitó el cerrojo y abrió la puerta para descubrir a una pequeña de 6 años si mucho de cabello negro y un poco enmarañado y apariencia enfermiza, que estaba parada en el umbral con los ojos al piso (casi cerrados), las manos a ambos lados y semblante triste.
“¿Qué se te ofrece, cielo?”, le preguntó Alondra a la pequeña, a lo que ella respondió:
“Tengo frío; quiero entrar”.
La respuesta desconcertó a Alondra. Se asomó a ver si no había nadie más en los pasillos, y luego volvió a ver a la pequeña.
“¿Vives por aquí? ¿Dónde están tus padres?”
Pero ella no contestó nada más. Esto, combinado con los pocos modales que la pequeña demostró al hablarle, le dio muy mala espina a Alondra. Pero la niña estaba pálida por el frío, y su apariencia sugería que, efectivamente, estaba desnutrida. Decidió dejarla pasar a su cuarto y ofrecerle una manta para que recuperara el calor mientras ella iba a hablar con el portero. La llevó hasta su cama y le ofreció su cobija.
“Espérame aquí mientras voy por alguien que te lleve con tus padres, ¿ok?”
Pero antes de que se diera la vuelta la niña dijo:
“Tengo hambre; dame de comer”.
Alondra se quedó en su lugar, algo ofendida por su manera de pedírselo. Pensó en sacarla de la casa e irse al bar, que era lo que debió haber hecho cuando ella tocó la puerta. No tenía ninguna obligación. Fue a la cocina y vio el refrigerador.
“Solo tengo lonches”, le dijo a la niña, y ella siguió mirando al piso.
Alondra volvió a considerar echarla al pasillo e irse, pero se puso a prepararle un sándwich de mala gana. Le puso mayonesa, jamón, un cuadro de queso amarillo; se volvió a la puerta de su cuarto, donde estaba la niña mirándola preparar comida (más o menos pues sus ojos seguían viendo el suelo) y agregó unas hojas de lechuga, una rodaja de cebolla y una ruedita de tomate. Se lo puso en un plato y se lo dio. La niña lo tomó y comenzó a comer de una manera bastante pasiva para ser alguien que aparenta tanta hambre. Ella se sentó a un lado para verla comer, y admirar su inmutabilidad. La niña nunca apartó sus ojos de su comida hasta que terminó. Alondra le puso un vaso de jugo, que la pequeña bebió de un solo sorbo.
“¿Cómo te llamas, cariño?”, le preguntó.
“Estefanía”, dijo la niña.
“¿Y dónde vives?”
Ella no contestó. Entonces Alondra pensó que sería el mejor momento para levantarse, ir a donde el portero y…
“Quiero más”, dijo Estefanía sin levantar sus ojos del plato.
Alondra suspiró y le preparó otro sándwich igual al anterior. Se lo puso en el plato y esperó a que terminara de comer mientras trataba de contactar con su celular a sus amigas para decirles por qué se estaba demorando.
Cuando la niña hubo terminado, apartó el plato de sí, se levantó y se dirigió a la puerta. Alondra le dijo que esperara, pero la niña abrió la puerta y salió. Cuando Alondra llegó hasta el umbral y salió al pasillo a buscarla, la niña ya no estaba. Miró en ambas direcciones, pero no vio más que lo mismo en todo el pasillo.
Bien pudo haberse ido corriendo, se dijo Alondra, quien siempre ha sido una persona por sobre todas las cosas racional. ¡Ah, bueno! Le habían demorado.
Fue al bar, pero ya no encontró a sus amigas y no se sentía de humor como para andarse sin ellas. Volvió a su departamento y se desvistió, se puso su ropa de dormir y se fue a la cama; la pequeña indigente le había arruinado la noche. No podía arrepentirse de lo que hizo, pero tampoco estaba contenta.
Al día siguiente se levantó, fue a prepararse un café, luego se preparó para ir a casa de su madre como todos los sábados. Pero antes de salir, vio que alguien había deslizado un papel bajo su puerta. Lo levantó: era una nota escrita con una ortografía y un tipo de letra muy mala, típica de un infante.
“Gracias por tu manta y tus lonches. Ya no te molestaré más. Eres una buena persona. No como tus amigas que no me quisieron abrir la puerta, y me las tuve que llevar al in****no
- Cuando alguien toca la puerta
Conozco a muchos amigos y amigas que ya adultos, aún tienen ciertos malos recuerdos o temores con respecto a los muñecos y muñecas, miedos que se originan de muchas maneras en la más tierna infancia, por lo que al compartir con todos ustedes esta leyenda, espero no hacer resurgir viejos terrores infantiles, pues como todos sabemos bien, no hay nada más aterrador para el ser humano que ver surgir el pavor y el miedo en algo muy cercano y antes amistoso, pero que puede volverse en un ser espantoso. Esta es la historia de Robert...
La historia comienza en el hogar del Sr. y la Sra. Thomas Otto, el año 1896. Donde era muy conocido el hecho de que los Otto abusaban de sus sirvientes y no eran muy amables con la gente.
Se dice que la Sra. Otto despidió a 4 de sus empleados cuando los vio en el jardín en una ceremonia que ella creyó que era brujería por lo que inmediatamente los hecho.
Había uno los sirvientes, (que ayudaba en el cuidado de el hijo de los Otto, Robert Eugene, "Gene") del cual se decía que estaba iniciado en el arte de vudú y que de acuerdo a la historia, esta joven sirvienta le obsequió a Gene un muñeco. El muñeco media tres pies de altura, y estaba relleno con paja. La sirvienta dio al muñeco muchos rasgos físicos que recordaban a los del joven Gene, incluso se dice que Robert tiene cabello de Gene y aunque parezca, el cabello que ahora tiene Robert cambio de color, cosa que es totalmente.
Gene decidió nombrar al muñeco como Robert y a partir de ahí se convirtió en el compañero del niño. Pronto se convirtió en costumbre para los Otto el escuchar a su pequeño hijo hablando con su juguete todo el tiempo, pero lo que era extraño era que los Otto escuchaban a su hijo respondiendo a sus preguntas con una voz muy diferente y extraña.
A partir de entonces cosas extrañas comenzaron a ocurrir en la casa, los vecinos reportaban con frecuencia ver al muñeco moverse frente a las ventanas de la casa cuando los Otto no estaba en casa. Por otro lado Gene Robert comenzó a culpar al muñeco de pequeñas travesuras y sucedidos en la casa. Incluso los padres escucharon al muñeco reír y moverse por la casa.
Gene comenzó a tener pesadillas, y despertaba gritando por la noche. Cuando sus padres respondían a los gritos de su hijo, a menudo encontraban los muebles volcados y fuera de lugar y a su hijo mu**to de miedo. Por regla general solían encontrar a Robert a los pies de la cama de su hijo y con una mirada extraña en los ojos mientras que Gene gritaba:
"¡Robert lo hizo!"
Hartos sus padres y para poner fin a la situación, decidieron que Robert acabara arrumbado en el ático cubriéndose de polvo.
Al morir su padre, Gene recibió como herencia la casa donde vivió su infancia, así que decidió mudarse a su nuevo hogar en compañía de su esposa. Además de aprovechar el espacio de su antigua casa para poder trabajar sin problemas ahora que era un artista y sobre todo darle uso al mirador que se encontraba en el techo de la casa desde el cual podría inspirarse para obtener material para sus obras.
No paso mucho tiempo después de haberse mudado, cuando en el ático descubrió a su olvidado compañero de juegos y los s**o de ahí para colocarlo en el mirador del techo.
A partir de ese momento, el vínculo que hubo en la niñez entre ellos dos volvió a hacerse presente, lo que provoco una atmósfera rara y desagradable en la casa, la cual la esposa de Gene resintió mucho. Así que aprovechando una ausencia de su esposo, ella decidió que había tenido suficiente y lo regreso al ático.
Cuando Gene regreso y se entero de lo que había hecho su esposa, se disgusto mucho y rápidamente corrió a rescatar a su amigo del ático, diciéndole a su mujer que Robert necesitaba una habitación para el mismo mientras lo colocaba de nuevo en el mirador. Y en ese momento la esposa de Gene comenzó a dudar de la cordura de su esposo.
Entonces en Key West comenzaron a correr rumores sobre Robert y sus maldades. Mucha gente contaba historias en las que decían haber visto y escuchado a Robert hacer cosas desde el mirador ya que era común verlo desplazarse por la casa, decían que Robert les hacia muecas y se burlaba de ellos cuando pasaban cerca del lugar, los niños de las escuelas cercanas evitaban el pasar cerca de la casa de los Otto, por temor a descubrir que Robert los estuviera espiando desde el mirador. E incluso los Otto dejaron de recibir visitas por que ya nadie quería visitarlos.
Gene incluso dijo haber ido al mirador y encontrar a Robert meciéndose frente a la ventana quejándose de su encierro.
Cansado de Robert y sus travesuras, Gene lo devolvio al ático. La gente que los visitaba reportaba el escuchar pasos en los cuartos del piso de arriba e incluso algunas risas que se escuchaban en ciertas partes de la casa lo que de nuevo provoco que la gente se rehusara a atender las invitaciones que los Otto hacían.
Gene Otto murió en 1972, y su esposa vendió la casa rápidamente dejando a Robert olvidado en el ático y de nuevo las historias fueron olvidadas.
Hasta que una nueva familia llego a la casa y Robert fue descubierto por la hija de aquella familia. La pequeña que tenia 10 años, se emocionó mucho al descubrirlo, e inmediatamente lo bajo a su habitación junto con sus demás muñecos.
Pero al parecer, la niña no fue del agrado de Robert y comenzó a molestarla, al punto en el que la niña gritaba de terror por las noches, y cuando llegaban sus padres, la niña mu**ta de miedo señalaba al muñeco sobre su cama alegando que trataba de matarla.
Aun después de 30 años, esta mujer sigue jurando que el muñeco se movía y trataba de matarla porque el muñeco no la quería.
Robert, todavía viste con su traje blanco marinero abrazando su león de peluche, si lo quieren conocer pueden visitarlo en el museo Martello en Key West, pero como ultima advertencia les comento lo que dice la gente, cuando se encuentren en dicho museo y quieran tomarle una fotografía, primero hay que pedirle permiso para poder hacer esto.
Si el muñeco inclina la cabeza hacia un lado, eso quiere decir que el esta de acuerdo y no habrá ningún problema, pero si el no hace nada y Ud. insiste en dicha acción o se ha burlado de él, lo más probable es que su cámara deje de funcionar y según la historia popular de la maldición de Robert caerá sobre ti, no solo afectándolo a ti, si no a sus seres queridos, si no creen, solo es cuestión de darle un vistazo a las paredes de la sala, donde se pueden observar infinidad de fotografías y cartas en las que le solicitan a Robert, que levante la maldición que ha caído sobre ellos.
Incluso en el museo donde se encuentra hoy, se dice que por las noches se puede oír ruidos y ver sombras desde su exhibición.
Es más se dice que al fotografiarlo o grabarlo, en ocasiones mueve su cabeza. Problemas con la cámara como cuentan en el segundo vídeo, que le movieron el sombrero para fotografiarlo y la cámara no funcionó; al ponerle el sombrero en su lugar la cámara volvió a funcionar normalmente.
El muñeco parece una persona pero esta idea puede ser cierta. La historia es real
- Robert, el muñeco ma***toConozco a muchos amigos y amigas que ya adultos, aún tienen ciertos malos recuerdos o temores con respecto a los muñecos y muñecas, miedos que se originan de muchas maneras en la más tierna infancia, por lo que al compartir con todos ustedes esta leyenda, espero no hacer resurgir viejos terrores infantiles, pues como todos sabemos bien, no hay nada más aterrador para el ser humano que ver surgir el pavor y el miedo en algo muy cercano y antes amistoso, pero que puede volverse en un ser espantoso. Esta es la historia de Robert...
La historia comienza en el hogar del Sr. y la Sra. Thomas Otto, el año 1896. Donde era muy conocido el hecho de que los Otto abusaban de sus sirvientes y no eran muy amables con la gente.
Se dice que la Sra. Otto despidió a 4 de sus empleados cuando los vio en el jardín en una ceremonia que ella creyó que era brujería por lo que inmediatamente los hecho.
Había uno los sirvientes, (que ayudaba en el cuidado de el hijo de los Otto, Robert Eugene, "Gene") del cual se decía que estaba iniciado en el arte de vudú y que de acuerdo a la historia, esta joven sirvienta le obsequió a Gene un muñeco. El muñeco media tres pies de altura, y estaba relleno con paja. La sirvienta dio al muñeco muchos rasgos físicos que recordaban a los del joven Gene, incluso se dice que Robert tiene cabello de Gene y aunque parezca, el cabello que ahora tiene Robert cambio de color, cosa que es totalmente.
Gene decidió nombrar al muñeco como Robert y a partir de ahí se convirtió en el compañero del niño. Pronto se convirtió en costumbre para los Otto el escuchar a su pequeño hijo hablando con su juguete todo el tiempo, pero lo que era extraño era que los Otto escuchaban a su hijo respondiendo a sus preguntas con una voz muy diferente y extraña.
A partir de entonces cosas extrañas comenzaron a ocurrir en la casa, los vecinos reportaban con frecuencia ver al muñeco moverse frente a las ventanas de la casa cuando los Otto no estaba en casa. Por otro lado Gene Robert comenzó a culpar al muñeco de pequeñas travesuras y sucedidos en la casa. Incluso los padres escucharon al muñeco reír y moverse por la casa.
Gene comenzó a tener pesadillas, y despertaba gritando por la noche. Cuando sus padres respondían a los gritos de su hijo, a menudo encontraban los muebles volcados y fuera de lugar y a su hijo mu**to de miedo. Por regla general solían encontrar a Robert a los pies de la cama de su hijo y con una mirada extraña en los ojos mientras que Gene gritaba:
"¡Robert lo hizo!"
Hartos sus padres y para poner fin a la situación, decidieron que Robert acabara arrumbado en el ático cubriéndose de polvo.
Al morir su padre, Gene recibió como herencia la casa donde vivió su infancia, así que decidió mudarse a su nuevo hogar en compañía de su esposa. Además de aprovechar el espacio de su antigua casa para poder trabajar sin problemas ahora que era un artista y sobre todo darle uso al mirador que se encontraba en el techo de la casa desde el cual podría inspirarse para obtener material para sus obras.
No paso mucho tiempo después de haberse mudado, cuando en el ático descubrió a su olvidado compañero de juegos y los s**o de ahí para colocarlo en el mirador del techo.
A partir de ese momento, el vínculo que hubo en la niñez entre ellos dos volvió a hacerse presente, lo que provoco una atmósfera rara y desagradable en la casa, la cual la esposa de Gene resintió mucho. Así que aprovechando una ausencia de su esposo, ella decidió que había tenido suficiente y lo regreso al ático.
Cuando Gene regreso y se entero de lo que había hecho su esposa, se disgusto mucho y rápidamente corrió a rescatar a su amigo del ático, diciéndole a su mujer que Robert necesitaba una habitación para el mismo mientras lo colocaba de nuevo en el mirador. Y en ese momento la esposa de Gene comenzó a dudar de la cordura de su esposo.
Entonces en Key West comenzaron a correr rumores sobre Robert y sus maldades. Mucha gente contaba historias en las que decían haber visto y escuchado a Robert hacer cosas desde el mirador ya que era común verlo desplazarse por la casa, decían que Robert les hacia muecas y se burlaba de ellos cuando pasaban cerca del lugar, los niños de las escuelas cercanas evitaban el pasar cerca de la casa de los Otto, por temor a descubrir que Robert los estuviera espiando desde el mirador. E incluso los Otto dejaron de recibir visitas por que ya nadie quería visitarlos.
Gene incluso dijo haber ido al mirador y encontrar a Robert meciéndose frente a la ventana quejándose de su encierro.
Cansado de Robert y sus travesuras, Gene lo devolvio al ático. La gente que los visitaba reportaba el escuchar pasos en los cuartos del piso de arriba e incluso algunas risas que se escuchaban en ciertas partes de la casa lo que de nuevo provoco que la gente se rehusara a atender las invitaciones que los Otto hacían.
Gene Otto murió en 1972, y su esposa vendió la casa rápidamente dejando a Robert olvidado en el ático y de nuevo las historias fueron olvidadas.
Hasta que una nueva familia llego a la casa y Robert fue descubierto por la hija de aquella familia. La pequeña que tenia 10 años, se emocionó mucho al descubrirlo, e inmediatamente lo bajo a su habitación junto con sus demás muñecos.
Pero al parecer, la niña no fue del agrado de Robert y comenzó a molestarla, al punto en el que la niña gritaba de terror por las noches, y cuando llegaban sus padres, la niña mu**ta de miedo señalaba al muñeco sobre su cama alegando que trataba de matarla.
Aun después de 30 años, esta mujer sigue jurando que el muñeco se movía y trataba de matarla porque el muñeco no la quería.
Robert, todavía viste con su traje blanco marinero abrazando su león de peluche, si lo quieren conocer pueden visitarlo en el museo Martello en Key West, pero como ultima advertencia les comento lo que dice la gente, cuando se encuentren en dicho museo y quieran tomarle una fotografía, primero hay que pedirle permiso para poder hacer esto.
Si el muñeco inclina la cabeza hacia un lado, eso quiere decir que el esta de acuerdo y no habrá ningún problema, pero si el no hace nada y Ud. insiste en dicha acción o se ha burlado de él, lo más probable es que su cámara deje de funcionar y según la historia popular de la maldición de Robert caerá sobre ti, no solo afectándolo a ti, si no a sus seres queridos, si no creen, solo es cuestión de darle un vistazo a las paredes de la sala, donde se pueden observar infinidad de fotografías y cartas en las que le solicitan a Robert, que levante la maldición que ha caído sobre ellos.
Incluso en el museo donde se encuentra hoy, se dice que por las noches se puede oír ruidos y ver sombras desde su exhibición.
Es más se dice que al fotografiarlo o grabarlo, en ocasiones mueve su cabeza. Problemas con la cámara como cuentan en el segundo vídeo, que le movieron el sombrero para fotografiarlo y la cámara no funcionó; al ponerle el sombrero en su lugar la cámara volvió a funcionar normalmente.
El muñeco parece una persona pero esta idea puede ser cierta. La historia es real
- Robert, el muñeco ma***to
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