Nuestro proyecto. Emprendemos la búsqueda, siguiendo un rastro, retomando la llama de la Mecha.
Por la sugerencia y el empeño de uno de los jóvenes de La Estación, empezamos a construir un espacio que contenga libros, e inquietudes que en principio estaban relacionadas al aprendizaje, la transmisión, el intercambio, la construcción de ritos que nos van permitiendo recorrer cotidianamente el espacio compartido, el cuidado de los libros, etc.; luego también la escritura, el dibujo, el teatro,
el cine, la actuación, la música, las manualidades, el bricolaje, las artesanías, el tejido, etc. Nuestro nombre es un homenaje a Mercedes Russo, entrañable persona que compartió con nosotros su búsqueda y su alegría; hacemos nuestro su ejercicio, sus creaciones; nos preguntamos por nuestro trabajo, nuestras ocupaciones, para poner en cuestión algunos lugares y dar espacio al movimiento y a la construcción de nuevos decires en torno al trabajo colectivo. Dentro del marco de Fundación La Estación, abordamos la investigación, que en este caso no tiene que ver necesariamente con el método lógico-positivista, sino con las pistas que vamos encontrando en el trabajo cotidiano. Un intento de trabajo dentro del marco de la fundación, y que sin embargo reafirme la independencia y autarquía propia, ante el resto de los proyectos en todos los ámbitos. Esto será un ensayo — o una zapada — de otros modos de relacionarse con la obra, y con los otros. Nos proponemos, a tal fin mudar la biblioteca al galpón que se encuentra atrás de la sede de calle Fernando Fader 3675, previa remodelación. El trabajo de remodelación se añade a las tareas e inquietudes descriptas en el primer párrafo. La construcción, y reconstrucción del ambiente se emprenderá a través de las lecciones que podamos tomar de la bioconstrucción, de la cual no solo valoramos la construcción a partir de los elementos disponibles en el propio entorno, como el barro, el agua etc., sino también la reconstrucción de la vida a partir del ambiente. En este sentido es una construcción ecológica (en el sentido que le da Guattari a la palabra ecología) que resignifica la relación con el medio — natural y social —, ya que no demanda a ingenieros que ignoran el campo, saberes ni materiales externos, sino que promueve el uso de elementos disponibles ya en terreno a través de los lazos tejidos entre las personas que se encuentran trabajando, aisladamente, pero interesadas en estos modos de trabajo. Así, embarrándose las manos para que en el proceso de construcción del espacio colectivo, cada quien se erija como bioconstructor a su vez de su propia vida. Entendemos por vida, no solo la existencia biológica con necesidades naturales sino la vida de deseos y acciones, la relación entre determinadas potencialidades y su puesta en obra. Es decir la producción y autoproducción de algunos trabajos que encarnen y den curso a cada singular potencialidad. Al respecto serán útiles los estudios sobre bricolaje (Lévi Strauss, Jean Oury, etc.), pero también la observación de nuestra labor cotidiana. Los libros además de ser una excusa de intercambio, nos dan letra. Momento, entonces, oportuno para construir nuestra praxis, para poner en juego nuestras lecturas y cuestionar la práctica, al mismo tiempo que desde nuestra práctica cuestionamos nuestras lecturas. Entendemos que necesitaremos ayuda para llevar a adelante este proyecto, para lo cual tramamos desarrollar asociaciones con personas y entidades con las cuales podamos colaborar mutuamente.