Es la página del Frente Sindical Nuevo Encuentro Porque no hay dudas de que estamos peor que antes del 10 de diciembre.
stamentos más altos de la pirámide social. El Gobierno de las corporaciones desplegó en sus primeros meses de gestión una batería de políticas públicas destinadas a arrasar los derechos recuperados e instaurados entre 2003 y 2015 y a reponer privilegios a los sectores económicamente más poderosos. Estamos frente a un Gobierno de derecha clásica: liberal en lo económico y profundamente autoritario en lo político. Amparándose en una falsa crisis heredada, Macri impuso, entre otras medidas, la reducción y quita de las retenciones a los exportadores agropecuarios y mineros; la eliminación de subsidios a la energía junto a un aumento brutal de tarifas de luz, gas, agua, combustible, telefonía y transporte; la devaluación del peso; el despido masivo de trabajadores y trabajadoras del Estado, a los que se descalifica como “ñoquis”; el freno -desde el propio Ministerio de Trabajo- a las negociaciones paritarias; el pago a los fondos buitres y un nuevo megaendeudamiento; la baja impositiva a los autos de alta gama, el champan o los palos de golf; la apertura indiscriminada de las importaciones; la tolerancia a las suspensiones y despidos en el sector privado; el aumento del padrón de contribuyentes de impuesto a las Ganancias; la paralización o eliminación de programas sociales destinados especialmente a sectores de bajos recursos económicos como Progresar, Conectar Igualdad, Qunita o FINES; la suspensión indefinida de obras públicas de infraestructura o vivienda social. Junto a estas y otras medidas de rápido y alto impacto en los sectores más humildes y en el empleo, desde todas las dependencias del Poder Ejecutivo se retomó el paradigma neoliberal de un Estado que se apartó de su rol como regulador de la economía, garante de derechos y promotor del desarrollo con justicia social. Así, entregados al libre juego del mercado, las pequeñas y medianas empresas, las cooperativas y todos los ciudadanos y ciudadanas, quedan rehenes de un intercambio económico salvaje, en el que los más grandes concentran cada más e imponen condicionamientos que amplían la desigualdad y la exclusión. La inyección de recursos en los niveles más altos de la pirámide social está en las antípodas del incentivo a los sectores populares que caracterizó a nuestro Gobierno y que fue clave en el crecimiento sostenido durante esos 12 años y medio. En cambio, las consecuencias de las políticas económicas y de la reinstalación del paradigma perverso del mercado sin regulación ya son imposibles de ocultar para el Gobierno de las corporaciones, y los índices así lo evidencian: crecimiento del desempleo, la pobreza y la indigencia; suspensiones y despidos en el sector privado y estatal; caída del consumo popular; e incremento de la inflación y cierre de industrias y comercios, entre otras consecuencias de una restauración conservadora que se produce en un contexto continental de avance de las derechas contra los sectores populares y sus líderes. En ese sentido, es menester
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subrayar y repudiar el golpe institucional en marcha en Brasil, donde los representantes del establishment económico desplegaron una brutal embestida política, mediática y judicial contra Dilma Roussef, Lula da Silva y el Gobierno popular del PT. El respaldo de los privilegiados
Para la ejecución de su programa económico, el Gobierno de Macri cuenta con el respaldo central de cinco sectores: una mayoría circunstancial en ambas cámaras del Congreso -constituida por legisladores macristas y radicales, el massismo, aliados provinciales y los llamados “opoficialistas”, entre los que se suman exintegrantes del Frente para la Victoria-; las corporaciones económicas que asumieron importantes y numerosos cargos en el Estado nacional, desde donde diseñan y ejecutan políticas públicas que afectan a millones; los miembros del “Partido Judicial”, entre los que se destacan algunos jueces, pero donde también participan activamente fiscales y funcionarios; el llamado “Partido Mediático”, encabezado por la corporación Grupo Clarín, pero cuya hegemonía derrama en gran parte del sistema de medios privados y públicos; y el apoyo exterior, en particular, del Gobierno de Estados Unidos y de los poderes económicos influyentes de ese país. Aunque todos esos factores manifiestan un claro respaldo al Gobierno de Macri, es de destacar el rol de los medios de comunicación que se ocupan de la tarea de legitimar las acciones gubernamentales, disimulando el grave impacto popular de las medidas y asignándole la responsabilidad de la crisis actual a una falsa herencia. Con el latiguillo del “sinceramiento de la economía” o del “necesario esfuerzo”, Macri y los ejecutores de su plan económico intentan convencer al Pueblo de una supuesta inevitabilidad del ajuste, los despidos, los aumentos de precios y la merma en el poder adquisitivo de los sectores populares. Tuvieron que inventar una crisis heredada para justificar la crisis que generan día a día con sus políticas salvajes. Al mismo tiempo, se sirven de esa artillería mediática para avanzar con una intensa demonización de la militancia y de los jóvenes y, con la anuencia del staff prepotente del Partido Judicial, llevan adelante una brutal persecución contra Cristina y sus colaboradores, buscando quebrar el vínculo afectivo del Pueblo con ella y demoler la memoria social positiva sobre los 12 años y medio de gestión previos a Macri. A través de la descalificación del Proyecto Nacional, Popular y Democrático, pretenden sentar a la política en la mesa del establishment corporativo; esa misma mesa que Néstor pateó el 25 de mayo de 2003, cuando inició el proceso transformador más importante de los últimos 50 años. La vigencia de Cristina y el kirchnerismo
Durante estos primeros cuatro meses y de cara a esta grave situación del país, Nuevo Encuentro reafirmó tres definiciones fundamentales sobre las que desarrolló y desarrolla su accionar político y social: la consolidación del Frente para la Victoria como la herramienta política del Proyecto Nacional, Popular y Democrático; la clara constitución del FPV como espacio opositor al Gobierno de Cambiemos y a las políticas que lleva adelante Macri contra el Pueblo argentino; y la consolidación y el respaldo incondicional al liderazgo de la conductora del FPV, la compañera Cristina Fernández de Kirchner. En todo el territorio del país, nuestra fuerza articula con el conjunto de partidos, agrupaciones y movimientos sociales del Proyecto Nacional, Popular y Democrático, así como con un extenso universo de empoderados y empoderadas que no pertenecen formalmente a ninguna organización, pero que se sienten profundamente interpelados por Cristina, extrañan y defienden las políticas públicas implementadas durante nuestro Gobierno y enfrentan día a día, de diversas formas, los avances de la restauración conservadora que lideran Macri y las corporaciones.
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El regreso de Cristina al centro de la escena política nacional, la semana pasada, marcó una bisagra en el presente del país. El deseo de su destierro político y las estrategias del oficialismo por conseguirlo durante todos estos meses quedaron arrasados ante la contundencia del respaldo popular y ante la evidente vigencia de Cristina como actora central de la política de Argentina y el continente. Mientras la derecha se desvela por plagar portadas y noticieros con nuevos capítulos de la persecución en marcha y esconder los efectos del ajuste y los escándalos que involucran al clan presidencial en “La ruta del dinero M”, la dirigente más importante que tiene el país demuestra la ascendencia social y política que conserva y acrecienta día a día. Cristina es y será la líder del Proyecto Nacional, Popular y Democrático, mal que le pese al macrismo y a quienes especularon con ser parte de un sistema político acotado a un oficialismo retrógrado y una oposición complaciente, claramente del centro a la derecha del espectro ideológico. La ilusión corporativa de edificar un sistema político que excluyera a Cristina y al kirchnerismo llegó a su fin en estos días, en los que quedó manifiesta su categórica vigencia. Cristina y el kirchnerismo encarnan hoy el pensamiento nacional, popular y democrático y como tal expresan la defensa de los intereses de la Patria y el Pueblo; por eso la persecución constante por parte de quienes representan a las minorías corporativas. Desde ese lugar de liderazgo es que Cristina nos convocó a los argentinos y argentinas a construir un frente ciudadano en el que nos encontremos millones de compatriotas, más allá de a quien hayamos votado, unidos para no permitir que el Gobierno de las corporaciones nos siga arrebatando lo logrado en los últimos 12 años y medio. En ese gran frente ciudadano –que desde Nuevo Encuentro vemos latir en todos los rincones del país en los que militamos y en los que venimos realizando las llamadas Plazas del Pueblo- nos tenemos que encontrar todas y todos los que no queremos el país de los tarifazos, la devaluación, los despidos masivos, el cierre de las industrias y todas las políticas de ajuste que lleva adelante Macri y su Gobierno.
Éste es el desafío de la hora. A la par de seguir desarrollando territorial y organizativamente nuestra fuerza, el kirchnerismo y el Frente para la Victoria, debemos trabajar unidos y sin mezquidad en la construcción de ese frente ciudadano con una mirada y una acción amplia, inclusiva y persuasiva. Tal como nos propuso la Jefa de nuestro espacio político, debemos ir en búsqueda de cada argentino y cada argentina que sufre