09/10/2026
EFEMÉRIDES RODRIGUENSES POR RADIO MUNICIPAL 89.5
Cada 8 de octubre se celebra el Día del Trabajador y trabajadora rural, personas dedicadas y vinculadas a tareas rurales, que tanta trascendencia y entidad han tenido en un distrito como lo ha sido, conservando su naturaleza, netamente rural desde sus orígenes General Rodríguez.
Acompañamos la presente con una imagen de trabajadores rurales de la finca de la familia Demarchi en General Rodríguez.
En la Argentina, se estableció esta fecha como Día del Trabajador Rural en conmemoración de la sanción del primer Estatuto del Peón de Campo, efectuada el 8 de octubre de 1944 mediante el decreto 28.169 impulsado por el secretario de Trabajo y Previsión, el entonces coronel Juan Perón.
El Estatuto del Peón de Campo, logro indiscutido de Juan Perón, fue elevado por la Secretaría de Trabajo y Previsión para consideración del presidente Edelmiro J. Farrell el 8 de octubre de 1944.
Cabe hacer notar que un 8 de octubre es también la fecha de nacimiento de Perón
Cuando dio a conocer su iniciativa, Perón afirmó: “Este Estatuto tiende a solucionar posiblemente uno de los problemas más fundamentales de la política social argentina (…) no es menor la esclavitud de un hombre que, en el año 44, trabajaba para ganar 12, 15 o 30 pesos por mes. Y esa es la situación del peón. Se encuentra en una situación peor que la del esclavo, porque a éste el amo tenía la obligación de guardarlo cuando viejo, hasta que se muriera. En cambio, al peón, cuando está viejo e inservible, le da un chirlo como al mancarrón para que se muera en el campo o en el camino. Es una cuestión que ningún hombre que tenga sentimientos puede aceptar”.
Así definía la situación antes de la creación de la Secretaría de Trabajo y Previsión y la ejecución de su política de inclusión social y de protección de los trabajadores: “El Estado se mantenía alejado de la población trabajadora. No regulaba las actividades sociales como era su deber. Solo tomaba contacto en forma aislada, cuando el temor de ver turbado el orden aparente de la calle, le obligaba a descender de la torre de marfil de su abstencionismo suicida. No advertían los gobernantes que la indiferencia adoptada antes las contiendas sociales facilitaba la propagación de la rebeldía, porque era precisamente el olvido de los deberes patronales que, libres de la tutela estatal, sometían a los trabajadores a la única ley de su conveniencia.”
Como contraparte al abandono de sus obligaciones por parte del Estado, afirmó Perón: “Con la creación de la Secretaría de Trabajo y Previsión se inicia la era de la política social argentina. Atrás quedará para siempre la época de la inestabilidad y del desorden en que estaban sumidas las relaciones entre patrones y trabajadores. De ahora en adelante, las empresas podrán trazar sus previsiones para el futuro desarrollo de sus actividades, tendrán la garantía de que, si las retribuciones y el trato que otorgan a su personal concuerdan con las sanas reglas de convivencia humana, no habrán de encontrar por parte del Estado sino el reconocimiento de su esfuerzo en pro del mejoramiento y de la economía general y por consiguiente del engrandecimiento del país. Los obreros, por su parte, tendrán la garantía de que las normas de trabajo que se establezcan, enumerando los derechos y deberes de cada cual, habrán de ser exigidas por las autoridades del trabajo con el mayor celo, y sancionando con inflexibilidad su incumplimiento. Unos y otros deberán persuadirse de que ni bajo la astucia ni la violencia podrán ejercitarse en la vida del trabajo, porque una voluntad inquebrantable exigirá por igual el disfrute de los derechos y el cumplimiento de las obligaciones".
El Estatuto que recordamos, establecía salarios mínimos y pautas de defensa del salario del peón y la estabilidad del trabajador, el pago en moneda nacional (era común el pago en “vales”), la ilegalidad de deducciones o retenciones, descansos obligatorios, alojamiento en mínimas condiciones de higiene, buena alimentación, provisión de ropa de trabajo, asistencia médico-farmacéutica y vacaciones pagas. Obviamente, todos “insultos” para la mentalidad de “patrones de estancia” que consideraban a sus trabajadores como entes y no como personas.
El Estatuto del Peón de Campo fue uno de tantos hitos obtenidos por la política de justicia social que impulsó Juan Perón. En diciembre de 1946, el Congreso de la Nación sancionó la Ley 12.921, que ratificaba el Estatuto del Peón y, algunos meses más tarde, se aprobó la Ley 13.020 que reglamentaba el trabajo de cosecha.