Bajando la marsellesa a estas playas sudamericanas.
Los Franceses en la Pesca y en el Puerto de Mar del Plata
Un himno antimonárquico y patriótico, es decir nacionalista, que parece a propósito en la voz de Mireille para levantar ejércitos, y que sin embargo en su belleza ardiente hoy queda bastante lejos de nosotros. Acá los ejércitos no se remontaban con canciones sino con levas forzadas de gauchos.
Es cierto que el propio himno redactado por los jacobinos de Buenos Aires y que aún se canta con fervor en las canchas de fútbol, reza : “…O juremos con gloria morir! ”. Pero nadie va a morir.
A esa Buenos Aires admiradora de la revolución francesa la representaron la generación de mayo, los románticos del 37, el partido unitario y los positivistas de la generación del 80. Por estos lares el sur del Salado, podemos agregar a los Libres de Sur, y muchos años después a la elite que veraneaba en Mar del Plata (los libros salvados del incendio del club Mar del Plata que restaura Matilde Rodríguez - por decir algo inmediato - están en francés).
Contra todo ello Adolfo Saldías y los nacionalistas católicos produjeron el movimiento intelectual llamado revisionismo histórico, que fue adoptado pero que tan mal le queda a la izquierda vernácula.
Pero mientras tanto la marsellesa no perdió el temple revolucionario que arde en la voz de Mireille. Representa a la Francia enemiga de la Iglesia, la que en lugar del catecismo puso la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, la que había sido prohibida tanto por el primero como por el segundo imperio y por supuesto por la restauración; la que si bien se aviene con la república francesa, nada le convenía tanto como la comuna de Paris de 1871.
La marsellesa es ajena a los logros del orden napoleónico como su monumental código civil, pero no a su expansionismo militar, al espíritu belicista que lo llevó a invadir Egipto, casi toda Europa y hasta Moscú. Se la autorizaba entonces cuando era necesario insuflar patriotismo.
Representó el revanchismo tras la derrota en la guerra franco prusiana, el cual fue uno de los factores que condujeron a la primera guerra mundial. Al fin y al cabo siempre se trataba del mismo enemigo, pues la cantaron por primera vez los marselleses que se dirigían al ejército del Rin, marchando contra Austria y Prusia.
Ese espíritu condujo a Francia a imponer el tratado de Versalles; el que a su vez desembocó, entre otros factores, en la segunda guerra mundial.
El lado oscuro de la belleza.
En cuanto a la pesca en Mar del Plata hay que decir que los primeros pescadores profesionales fueron franceses.
Los contrató Marcelino Mezquita - yerno de Pedro Luro - en 1887, un año antes de la inauguración del Bristol, para aprovisionar al hotel, pero un temporal sorprendió a las lanchas poco después de su arribo y las hundió frente a las playas céntricas.
El momento más importante de la presencia francesa en nuestras costas es sin dudas el del arribo de la empresa que construyó el puerto, la Societe Nationale de Travaux Public de Paris, el apellido de cuyos ingenieros (Allard, Dolfus, Sillars y Wirot) sirvió para conformar la denominación del club Aldosivi, fundado un año después de la iniciación de las obras del puerto.
Frances era también el ictiólogo de la Dirección de Nacional de Pesca, Fernando de Lahille, el primer defensor oficioso de los pescadores cuando se pretendía su traslado coactivo desde las playas a la banquina, como consta en el libro “Los Pescadores y la Municipalidad de Mar del Plata” reeditado recientemente por la Asociación de Fomento del Puerto.
Vehículo de la influencia cultural francesa, que tanto gravitaba sobre Buenos Aires, debieron haber sido las damas vicentinas. Así el retablo de la iglesia de la Sagrada Familia, donado por Elisa Alvear de Bosch, es copia del de la Iglesia de San Roque en París.
El más enigmático y discutible de estos aportes franceses es la Gruta de Lourdes, réplica de la original, con más su estatua de Bernadette Souvirous. Hay que decir que no era Lourdes sino Fátima (como actualmente lo es Medjugorge) la aparición de la Virgen que estaba en boga por entonces. Así que, no siendo una decisión de las hermanas de la madre Teresa Grillo Michel, no hay que descartar la influencia en esa elección de las damas vicentinas o de la empresa francesa.
Museo del Hombre del Puerto "Cleto Ciocchini" Asociación Civil
MUSEO DE COMUNIDAD Un espacio que busca despertar un conocimiento más profundo de la vida pesquera marplatense, a través de sus objetos, historias, arte.
24/11/2025
Festejamos los 35 años del museo con la evocación de los fundadores, integrantes de la Comisión Pro Museo Cleto Ciocchini que culminó su labor en 1990 en el ámbito de la Asociación de Fomento del Puerto de Mar del Plata, y con un reconocimiento agradecido a Héctor Beccerini, que fuera a partir de ese año nuestro director y referente histórico. Nos acompañaron autoridades, referentes del asociacionismo italiano y allegados y amigos. Con el museo en restauro y en proceso de normalización en lo institucional no fue posible una convocatoria más amplia. Pero el marco numeroso de invitados y allegados espontáneos fue más que suficiente para el reconocimiento que pretendíamos. Recordamos así a Aldo Marcone, Angel del Arcipreste, Italo Martorella, Federico Contessi, Natalio Marengo, Osvaldo Destandau, Elva Mascaretti y a todos los que han trabajado en estos años, sin remuneración y desinteresadamente, por este museo de comunidad. 🎉🎂👏💕
01/10/2025
26/06/2025
En vísperas de la fiesta externa de San Juan Bautista, saludamos a la colectividad y descendientes de Acci Trezza ...
El Arbol Genealógico.
Héctor Beccerini me pidió que escribiera algo sobre “el árbol genealógico”. Como no soy un experto en el tema estuve dándole largas, aunque entendía lo que quería. Se trata de una digresión que él hace cuando llega a un cuarto del museo donde se exhiben dos murales hechos por Roberto Pennisi con los integrantes de las familias Pennisi y Greco, las más numerosas de la inmigración acesi en el puerto de Mar del Plata, cuyos descendientes constituyen una colectividad que se identifica con la devoción de Santa María de la Scala.
Para quién le interese, fueron estudiados por Bettina Favero en su libro La Última Inmigración.
Estrictamente no son árboles genealógicos, sino listados de scalotos identificados por sus distintas ramas, sin mención de sus cónyuges y con la indicación en casi todos los casos de sus apodos. Los sobrenombres son el verdadero recurso identificatorio ante la continua recurrencia de los homónimos que se debe a la devota costumbre de poner a los hijos el nombre de los abuelos.
Todo esto revela una pasión gregaria por el origen, por la estirpe y por la verdadera historia. Sirve para saber de dónde venimos, de qué grupo formamos parte, quiénes son los otros, y con relación a ese conjunto, como dice Beccerini, quiénes somos nosotros.
Los árboles genealógicos argentinos nunca son tan monolíticos e imponen forzosamente una cultura de la hibridación, del encuentro y de la pluralidad.
No me gusta pontificar, pero como escribo a pedido, tengo que reiterar el mensaje del museo a todos los jóvenes y no tan jóvenes: Es necesario que vayan ya a ver a sus padres y a sus abuelos al geriátrico y recaben todos los datos de la historia familiar, como los pedía el programa “Mis Raíces” que el museo implementó con los colegios del puerto. Deben inquirir y anotar fechas, nombres, lugares e historias. Es el primer paso de toda investigación genealógica y sin esa información nada se puede averiguar después, cuando sientan que es necesario saber.
A veces, si no se ha hablado con los abuelos o los padres, es posible obtener información por los colaterales: hermanos, primos y tíos, cuyas historias son afines. La familia de un árbol genealógico se compone de vivos y de mu***os. Los mu***os ya no hablan con palabras sino con sus vidas; nos han transmitido sus recursos, su voluntad, su incontinencia, sus limitaciones, su manera de hablar y siguen cumpliendo su función identitaria e inspiradora.
Mirando el árbol, la genealogía nos dice lo que pudimos haber heredado. Pero no heredamos todo de nuestros antepasados, sino solo una parte y eso lo decide el azar (digamos, provisoriamente, el azar). Es probable que el día de mañana la genética, que nos dice lo que realmente heredamos, reemplace con ventaja a la genealogía, pero su mensaje se leerá sobre el trasfondo de complicados estudios demográficos y migratorios, y lo que se perderá entonces es el torrente transversal de la cultura, de la historia particular y el modo de vida que viene con la tradición y con la información oral de nuestros padres y abuelos y que nos ha edificado tanto como los genes.
Agradezco a mis padres y a mi abuela, mis principales fuentes orales, porque no se extrañaron de mis preguntas. Sabían la importancia de los antiguos y se esforzaron por decirme todo lo que sabían.
Hay varias páginas de genealogía donde hacer un árbol familiar, FamilySearch es gratuita y contiene miles de registros parroquiales microfilmados, más un software genealógico que permite recuperar actas de bautismo, matrimonio o defunción por los nombres y datos individuales o combinados de cualquiera de los intervinientes, incluidos padrinos y testigos, con más los censos poblacionales de 1855, 1869 y 1895 y otra variedad de registros y colecciones.
Para seguir con las principales fuentes de información, digamos que el registro civil no está digitalizado para los años importantes de cualquier investigación genealógica, es oneroso y para pedir una partida hay que tener mucho tiempo antes el nombre del causante y lo más difícil, la fecha exacta del nacimiento, del matrimonio o de la defunción, porque no hacen búsquedas. En cuanto a los registros migratorios, los tiene el CEMLA, están incompletos y solo disponibles a partir de 1882
Con estas fuentes hay que luchar; porque la identidad es una memoria, un descubrimiento y una construcción.
31/03/2025
Del equipo que lleva adelante el Proyecto de Extensión "Una Escuela con Memoria" de la Facultad de Humanidades de la UNMdP nos visitaron José Bustamante Vismara, Carolina Dariozzi, Elisabeth Bondar, Adriana Quiroz, Claudia Bazan y Rocío
Aguilera (en la foto con nuestra conservadora Matilde Rodriguez).
El proyecto presta asistencia técnica en la preservación y puesta en valor del material histórico escolar de distintos institutos educativos alrededor de los cuales consultaron nuestro archivo documental.
Nos complace ésta en particular y toda iniciativa en la que podamos colaborar para el conocimiento y la apropiación y resignificación de nuestro pasado.
01/03/2025
María Catina
Un paso más allá de la costumbre de personalizar a los animales está la personalización de las cosas, a la que le veo más sentido, en especial cuando se trata de elementos a los que le confiamos la vida.
La palabra es constitutiva como enseña el Génesis y el principal signo de esa relación con las cosas que podemos llamar “animismo” es el nombre, el nombre con que desde antiguo se bautizaba a las embarcaciones y a las espadas. En la historia que voy a contar la barca se llamaba “María Catina”.
Pero antes es necesario referir el contexto que muchos reconocerán porque forma parte del guion museográfico del Museo del Hombre del Puerto Cleto Ciocchini, habitualmente expuesto con solvencia por Héctor Becerini.
Los pescadores que convivían con el turismo de elite en las playas de la naciente Mar del Plata, resistían los intentos de desplazarlos por parte (no de los veraneantes acostumbrados a esa convivencia en las playas de Francia donde no hacía tanto que la esposa de Napoleón III había puesto de moda los baños de mar) sino por los gestores locales de esa actividad, como dice José Mateo y como se cuenta en el libro del año 1900 “Los Pescadores y la Municipalidad de Mar del Plata” reeditado por la Sociedad de Fomento del Puerto en homenaje al ictiólogo francés Fernando de Lahíle, improvisado defensor de esos pescadores.
Lo cierto es que el conflicto terminó cuando la tormenta del año 1924 destruyó todas la embarcaciones surtas en la playa y las emplazadas en el muelle Laborante, todas menos una.
“Esa lancha, que al igual que muchas de sus compañeras se encontraba amarrada a una zorra sobre el muelle Lavorante, fue golpeada por una gran ola que la arrojó al mar …” cuenta I. M. Ghys, que califica el hecho como “Il Mirácolo en Playa La Perla”. Pero el relato original está en el libro “Chicho Mazzacristo” donde se cuenta que ese día Alfio Spada, como otros italianos, veía impotente como el mar, que también se llevaba el muelle y la rambla de La Perla, iba destrozando una a una las barquitas contra las rocas:
“…Cuando divisó la suya, que aun no había sido destruida, le fijó la vista en la proa, se arrodilló y la comenzó a llamar de esta manera:
-¡María Catina!, ¡María Catina! ¡Vieni cua! ¡Vieni cua! … Así concentrado y obnubilado siguió llamándola continuamente…”
Es posible creer, porque no hay invocación divina, que solo la ferviente imploración despertó el daimon de la lancha, y como dice Fernando Greco “la condujo” hasta el único lugar libre de rocas y de hierros retorcidos.
El temporal de 1924 se encuentra bien documentado porque existe un corto fílmico y hay muchas imágenes del programa Fotos de Familia del diario La Capital. Del libro de Ghys procede esta fotografía que corresponde al rescate de la María Catina, ilesa.
03/02/2025
Imperdible ...
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