Malvinas Historias de Coraje

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Malvinas Historias de Coraje Es un pagina dedicada a la guerra de Malvinas, Para que no se pierdan las historias de los hombres que dieron todo sin pedir nada a cambio

𝗘𝘀𝗼𝘀 𝘀𝗼𝗻 𝗱𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝗺í𝗼𝘀”𝘙𝘦𝘭𝘢𝘵𝘰: 𝘊𝘢𝘱𝘪𝘵á𝘯 𝘋𝘰𝘯𝘢𝘥𝘪𝘭𝘭𝘦 – 𝘗𝘪𝘭𝘰𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘔𝘪𝘳𝘢𝘨𝘦 𝘝 “𝘋𝘢𝘨𝘨𝘦𝘳”𝟮𝟭 𝗱𝗲 𝗠𝗮𝘆𝗼 𝗱𝗲 𝟭𝟵𝟴𝟮Ayer recibí una encomienda...
04/10/2026

𝗘𝘀𝗼𝘀 𝘀𝗼𝗻 𝗱𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝗺í𝗼𝘀”

𝘙𝘦𝘭𝘢𝘵𝘰: 𝘊𝘢𝘱𝘪𝘵á𝘯 𝘋𝘰𝘯𝘢𝘥𝘪𝘭𝘭𝘦 – 𝘗𝘪𝘭𝘰𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘔𝘪𝘳𝘢𝘨𝘦 𝘝 “𝘋𝘢𝘨𝘨𝘦𝘳”

𝟮𝟭 𝗱𝗲 𝗠𝗮𝘆𝗼 𝗱𝗲 𝟭𝟵𝟴𝟮

Ayer recibí una encomienda de casa, con cartas, una bufanda y chocolates; las cartas, especialmente las de mis hijos, me emocionan cada vez más (Es muy grande la ternura y el apoyo a su padre que de ellas se desprende. Mi hija mayor me recomienda que les “acomode” lo mejor posible las bombas a los ingleses).
No dejo que el resto de mis camaradas se dén cuenta del efecto que me hacía la correspondencia, generalmente las leo a solas y una sola vez.
Con respecto a los chocolates, el destino quiso que los pruebe muchos días después y en el lugar de donde salieron, mi hogar.
Hoy, 21 de Mayo, en nuestra Base de Operaciones amaneció con el cielo limpio y un sol brillante.
Yo debía mantenerme en alerta para una probable cobertura aérea (cubrir a otros aviones que ataquen) como Jefe de Sección (dos aviones).
Apenas ingresados a la Sala de Pilotos, recibimos la noticia de que los ingleses estaban desembarcando en la Isla Soledad, dentro de la Bahía San Carlos, que da al estrecho del mismo nombre.
Debimos cargar inmediatamente todos los aviones con bombas a fin de atacar a los navíos “piratas”.
Hubo una gran confusión inicial, corridas, herramientas que no se encuentran, órdenes, nervios, etc. una nube de mecánicos y armeros pululaba entre los aviones. Dos escuadrillas de tres aviones cada una iniciaron sus preparativos para el despegue, de acuerdo a una “orden fragmentaria” emanada de la F.A.S. (Fuerza Aérea Sur), responsable de la planificación de las misiones operativas. Yo debía salir en la segunda “oleada”, por lo que colaboré con los de la primera.
Despegaron, un n**o en el estómago y la espera de los que salieron y mi hora.
Tiempo después los tuvimos en la pantalla del radar, volvían todos. Aterrizaron, comentaban sus experiencias a los gritos, con los nervios todavía tensos como una cuerda de guitarra:
—”El fuego antiaéreo era infernal”, “San Carlos está saturado de buques”, etc, etc.
Indudablemente estábamos ante un desembarco con todas las reglas, pues habían visto más de diez navíos.
Mientras repasaban los aviones, (dos estaban bastante agujereados), me preparé junto con el Mayor Piuma y el 1er. Ten. Senn para salir (Este último fue alumno mío y yo le enseñé a volar).
Absorbíamos toda la información tratando de no olvidarnos nada, pues un piloto en misión de combate no debe llevar nada que en caso de eyección sirva como información al enemigo, frecuencias, tipos de formación, armamento, meteorología en ruta, zonas de eyección, todo confiada a nuestra memoria. Nos colocamos nuestros pesados equipos (ropa interior de lana, pullover, antiexposición para sobrevivir en el agua, botas de vuelo, anti-G para soportar las tremendas aceleraciones, chaleco salvavidas, equipo de supervivencia, arneses, campera de vuelo, casco, el toque personal en mi caso de una gruesa bufanda con los colores del Grupo Aéreo. Cierro mi cúpula, quedo aislado del mundo exterior y del viento helado, inmerso solamente en mi universo de indicadores, comandos, palanca, instrumentos e interruptores, que comienzan a cobrar vida a través de mis manos.
Por los auriculares de mi casco llega la voz nasal, deformada por la máscara de oxígeno del Nº 3 de mi escuadrilla:
– “Ratón 3″ listo para la puesta en marcha”.
No escucho al 2, el tiempo apremia, recuerdo respetar los horarios. . .¡Al diablo! si no está listo, se queda y doy la orden de poner en marcha de inmediato. Entre el silbido de las turbinas escucho al 2 remolón que me pide que los espere. (Evidentemente no quiere perderse la misión por nada del mundo).
Como la otra escuadrilla ya está lista le digo que salga primero para cumplir el horario de entrada al blanco.
Una vez que tomamos suficiente velocidad de sustentación, tras haber despegado angustiosamente en los últimos metros de pista, dejamos atrás la costa con sus gaviotas y nos adentramos en el mar.
La voz impersonal del radar me confirma que estoy en el rumbo correcto. El buen tiempo también queda atrás, al frente observo gruesos nubarrones. Descendemos, con nuestros aviones a diez metros de altura sobre el agua y a ochocientos kilómetros por hora, las olas perladas de espuma y de un color azul plomizo tienen un aspecto amenazante.
-“¡Atento a la izquierda, ahí están los cascotes!” -(primeros islotes)-, me avisa el 3.
Efectivamente, entre una capa de stratus (nubes bajas) y deformadas por una tenue llovizna aparecen las pequeñas islas que nos sirven de referencia, estamos adelantados veinte segundos y algo desviados.
Minutos después estamos sobre la Gran Malvina; el tiempo empeora, la llovizna ya es lluvia y la visibilidad en algunos tramos disminuye en forma alarmante, lo que me hace temer por la zona montañosa y nuestro vuelo bajo. Con un vistazo a ambos lados veo a los numerales balanceándose a mi misma altura.
— “A tres minutos del blanco”, -les aviso.
— “¡Acelerando, ya!” -y coloco mi acelerador hacia adelante sin conectar la post combustión (potencia adicional).
Nos deslizamos cada vez más rápido, sobre un terreno ondulado y amarillento, enmarcado de cerros y bajo una luminosidad gris oscura, proveniente de un cielo sombrío y encapotado.
A un minuto y medio;… mis músculos se contraen mientras instintivamente me inclino hacia adelante en mi pequeña cabina, concentrándome en la mira de tiro, que a través de sus signos luminosos me muestra el suelo peligrosamente cercano.
Si salgo bien no necesitaré hacer virajes y daremos una ventaja menos. ¡¡¡Atento, avión a la derecha!!!”, me sobresalta la voz alterada del 3.
A un costado, con el mismo rumbo, pero 300 metros más alto veo la silueta de un Sea Harrier. Presiento a otro detrás nuestro (En realidad estimo que fueron más de cuatro los que nos interceptaron). Casi al mismo tiempo el Inglés nos vio y viró picando hacia nosotros.
-¡Eyectar cargas y virar por derecha! ordené enfrentándolo.
Uno de mis hombres duda, repito la orden, ahora sí caen sus cargas externas (bombas y tanques), mientras su avión aliviado salta hacia adelante, cruzándose en mi línea de tiro, luego sale de ella.
El Británico mantiene un rumbo convergente al mío y una suave picada. Tanto peor. . ., comienzo a disparar desde unos setecientos metros de distancia, pienso que las llamaradas de mis cañones lo asustan pues bruscamente pica hacia el terreno; mis disparos le pasan por arriba, perdiéndose en el vacío. Inclino las alas y con una picada al timón, trato de bajar la nariz de mi avión para evitar que mi blanco se escurra por debajo. Comienzo a tirar de nuevo esperando que el Harrier se “coma” algunos de mis proyectiles.
-¡Atento al suelo que se acerca rápidamente!.
Veo pasar bajo mi vientre un largo fuselaje azul marino, enmarcado por dos gruesas tomas de aire de donde nacen dos cortas y anchas alas en flecha. Palanca al estómago ¡ojo con la patinada! mientras siento que la aceleración me aplasta contra el asiento, y el traje me oprime el vientre y las piernas. Veo por mi izquierda pasar a uno de mis numerales como una exhalación en un viraje muy cerrado y a nivel.
Invierto el avión, quedando cabeza abajo y lo veo alejarse con las toberas al rojo vivo por la post combustión.
Un ruido seco y no muy fuerte (Como quien rompe una bolsa de papel inflada) e instantáneamente mi avión se enloquece apuntando al cielo, luego se inicia un tremendo movimiento oscilatorio de nariz, hacia arriba y hacia abajo, que por momentos me aplasta contra el asiento o me deja flotando entre la basura que se levanta del piso.
De pronto, inicia un rapidísimo tonel en vuelo paralelo al piso (Increíblemente vienen a mi mente las épocas en que pertenecía a la Escuadrilla de Acrobacia de la Escuela de Aviación Militar).
La palanca de comandos está floja, sin vida.
Ante la cercanía del suelo, la situación y velocidad, pensé que había llegado el fin de mis días en la tierra y me invadió un gran cansancio, pero inmediatamente sobrevino una rebelión interior y accioné la palanca de eyección inferior.
Una vez más el buen Dios me protegió y salí en momentos en que mi avión no apuntaba hacia abajo.
Se abrió el paracaídas y en segundos estaba tocando en forma no muy elegante la Gran Malvina.
Agradecí al Señor, pues salvo la visión que por la velocidad con que había saltado estaba muy afectada, escondí el paracaídas y me alejé del lugar, mientras escuchaba a los cañones de mi avión, caído a unos trescientos metros, que se disparaban solos.
Esperando a un Harrier que me buscaba, caminé medio congelado durante una hora y cuarto siguiendo una línea de postes telegráficos, mientras rezaba a la Virgen María y a su Hijo, agradeciendo el estar aún con vida.
Encontré un viejo arado, rompí un portón, saqué dos tablas largas y armé un pequeño refugio para aislarme de la humedad pues ya anochecía. Llené una bolsa de arpillera que estaba junto al arado con pasto y me preparé a pasar la noche más larga de mi vida. Y verdaderamente lo fue. . ., sería mucho escribir el relatar todo lo que pasó por mi mente esa noche, pensé en mis hijos y mi señora, a quién faltaban diez días para entrar en la fecha de nacimiento de nuestro sexto hijo (Ana Paula nació el 17 de Junio), sobre el destino de mis compañeros de Escuadrilla y los que quedaron en la Base, la cual parecía tremendamente lejana ahora y en el frío. . . un frío tremendo que me parecía venía a oleadas, el cual me impidió dormir en esas interminables horas y a la vez brindar un sonoro concierto de entrechocar de dientes en ese solitario paraje.
Pero estaba lúcido y bastante entero, sabía en donde me encontraba, y el terreno que pisaba; tenía una gran confianza en Dios y en mí (¡algo tenía que poner yo también!). Además a pesar de que mi situación no era muy envidiable, me reconfortaba el reflejo de incendios que intermitentemente observaba en la panza de los “stratus bajos” (nubes), del otro lado de la montaña que marcan el inicio del estrecho San Carlos, pues sabía que ahí únicamente había barcos ingleses; Dios me perdone pero sin tener nada en contra de los ingleses como personas, estaba contento porque esos reflejos que cambiaban de intensidad me indicaban que gracias a mi Fuerza Aérea, la reina tenía menos súbditos y material de guerra.
Junto con la claridad se disiparon mis dudas sobre si me podría levantar o no por algún problema en la espalda o cintura pues no tuve mayores inconvenientes en pararme. En aras de la brevedad, ese día caminé unos veinticinco kilómetros a brújula y guiándome por mi memoria y conocimiento de la geografía de la isla, llegando por fin alrededor de las tres de la tarde a Puerto Howard, .en donde había un regimiento de nuestro Ejército.
Más mu**to que vivo por el cansancio y con principio de deshidratación, pero bastante entero en el resto, me animaba el hecho que podría enterar a mi familia y camaradas de que todavía no había pasado a ser solamente un recuerdo en esta tierra.
Sentí una gran emoción en la formación del 25 de mayo en Puerto Howard, y gran orgullo también pues en el momento que se celebraba ésta, pasaron dos Dagger “más bajo que las piedras” y a máxima velocidad; orgullo repito pues le señalé a mis camaradas presentes:
“Esos son de los míos”.
Luego de varias peripecias más, que conjuntamente con otros argentinos metidos en el tema tuvimos que sortear, algunas de ellas por demás interesantes, conseguí cruzar a Puerto Argentino cinco días después.
Casi a fin de mayo, pude volver al continente, lleno de orgullo por mi Fuerza, pues verdaderamente presencié lo que estaba haciendo y había hecho durante el conflicto, no sólo por parte de los aviadores, sino también por todo el resto del personal de Oficiales, Suboficiales y Soldados, que dieron más que algo por la Patria.

𝐒𝐈𝐍  𝐎𝐃𝐈𝐎𝐒 𝐍𝐈 𝐑𝐄𝐍𝐂𝐎𝐑𝐄𝐒….𝐬𝐨𝐥𝐨 𝐮𝐧𝐚 𝐝𝐞𝐮𝐝𝐚 𝐝𝐞 𝐇𝐨𝐧𝐨𝐫𝘙𝘦𝘭𝘢𝘵𝘰 𝘥𝘦𝘭 𝘦𝘯𝘵𝘰𝘯𝘤𝘦𝘴 𝘵𝘦𝘯𝘪𝘦𝘯𝘵𝘦 1° 𝘑𝘰𝘳𝘨𝘦 𝘈𝘨𝘶𝘴𝘵í𝘯 𝘌𝘤𝘩𝘦𝘷𝘦𝘳𝘳í𝘢- 𝘙𝘦𝘨𝘪𝘮𝘪𝘦𝘯𝘵𝘰 4Com...
26/09/2026

𝐒𝐈𝐍 𝐎𝐃𝐈𝐎𝐒 𝐍𝐈 𝐑𝐄𝐍𝐂𝐎𝐑𝐄𝐒….𝐬𝐨𝐥𝐨 𝐮𝐧𝐚 𝐝𝐞𝐮𝐝𝐚 𝐝𝐞 𝐇𝐨𝐧𝐨𝐫

𝘙𝘦𝘭𝘢𝘵𝘰 𝘥𝘦𝘭 𝘦𝘯𝘵𝘰𝘯𝘤𝘦𝘴 𝘵𝘦𝘯𝘪𝘦𝘯𝘵𝘦 1° 𝘑𝘰𝘳𝘨𝘦 𝘈𝘨𝘶𝘴𝘵í𝘯 𝘌𝘤𝘩𝘦𝘷𝘦𝘳𝘳í𝘢- 𝘙𝘦𝘨𝘪𝘮𝘪𝘦𝘯𝘵𝘰 4

Como suele ocurrir cuando un jefe sale de recorrida para ver lugares de instalación de su tropa es acompañado por personal de su plana mayor. Este fue el caso del teniente coronel Soria jefe del RI-4. Este regimiento se encontraba en comodoro Rivadavia. En esta salida el teniente coronel fue hacia el liceo militar “General Roca” y mientras su jefe esperaba al director del liceo. El teniente 1° Jorge Agustín Echeverría recorría las instalaciones, Echeverría pertenecía a la rama de inteligencia militar. El ni siquiera sospechaba lo que estaba por ver.
Estaba admirando las instalaciones cuando detrás de él alguien dijo- Echeverría que hace acá en comodoro- Sorprendido se dio vuelta y reconoció al capitán Arnaldo Luis Bruno (el capitán también pertenecía a la inteligencia). Luego de saludarse Bruno le pregunto- y dígame Echeverría que sabe de los ingleses-
El teniente respondió- Bueno poco sabemos, hay muchos datos generales pero pocos detalles-
Bruno- Quiere saber un poco mas-
- Por supuesto ¿Qué tiene para mi? Acaso tiene el orden de batalla de los ingleses-
- Bueno no tengo tanto como eso pero, pero hay algo que tenemos que le puede interesar- respondió Bruno
Sígame
Salieron caminando y se dirigieron hacia una casita en la que un suboficial montaba guardia celosamente.
Cuando entraron Bruno dijo -prepárese le voy a mostrar unos prisioneros Ingleses de la dotación de las islas- eran los que finalizado el 2 de abril habían permanecido en el interior de las islas ocultos hasta que fueron capturados posteriormente.
Echeverría esperaba ver unos hombres abatidos con una moral deplorable, pero al entrar a la habitación en que estaban, uno de ellos grito algo y todos se cuadraron Firmes. Los oficiales argentinos los saludaron,. Los ingleses eran 3 suboficiales de los Marines. Los tres hombres se presentaron, comenzó el dialogo con los oficiales argentinos. La charla fue tan amena que Echeverría fue hasta la cantina volvió con ci*******os y chocolates para los prisioneros quienes le agradecieron el gesto, se sentian en deuda con este oficial argentino que habia tenido este gesto con ellos.
Esta casualidad y amabilidad de Echeverría no se perdería en la Historia, sino que provocaría un hecho curioso después

𝟏𝟏 𝐝𝐞 𝐣𝐮𝐧𝐢𝐨 𝟏𝟗𝟖𝟐

El teniente Echeverría estaba en monte Harriet ya que ahí el teniente coronel Soria había instalado su puesto de comando.
El ataque había comenzado, los ingleses se venían con todo lo que tenían. El monte Harriet se combatía denodadamente contra un enemigo superior en numero. El teniente Echeverría sin tropa a cargo por ser de inteligencia, por cuenta propia decidió organizar una defensa improvisada con el personal que estaba en las cercanías del puesto comando. Poco a poco se fueron sumando cabos suboficiales al igual que soldados, se entremezclaron gente del RI-4 y del RI- 12. En una oportunidad que realizaron un cambio de posición para verificar porque les disparaban desde un sector donde se presumía que aún no había enemigos, El teniente Echeverría se encuentran con el cabo Raúl Andrés Adalia herido mientras un inglés agazapado le dispara una ráfaga desde unos 20 m. Cuando se percata de esto intenta cubrirse pero es alcanzado en el antebrazo izquierdo. Siente como un fuerte golpe pero no suelta el FAL y puede ponerse a cubierto. Después alcanza a observar a otros 4 ingleses que aparecen en escena, cuando se apresta a tirarles con el FAL desde un sector mas abajo como yendo hacia el valle, distingue la sombra de otro soldado británico.

Todo sucedió muy rápido pero a Echeverría le pareció una eternidad. El inglés abrió fuego y las municiones trazantes se dirigieron hacia el, impactando en su cuerpo, Echeverría cae de rodillas y se apoya con los codos pero antes de ser rematado hace unos metros con intentando alejarse corriendo pero se desploma. El cabo Roberto Basilio Baruzzo estaba cerca de él lo arrastra de las ropas lo cubre detrás de unas rocas. Baruzzo le pregunta donde le dieron Echeverría dice que no sabía que no sentía nada, pero no podía moverse. Baruzzo lo revisa ve sangre en el pantalón, una herida en el brazo sangre en el hombro. Le abrió la chaquetilla le s**o unos cordones para ajustarla con los que le hizo un torniquete. De repente caen dos cohetes cerca de ellos y Baruzzo dice tenemos que irnos ahora porque si nos demoramos no vamos a poder salir de acá. Echeverria le dijo no yo me quedo acá, estoy en paz con mi salvador. Baruzzo se negó a dejarlo y lo cargo. Mientras cargaba a Echeverria Baruzzo miro por el visor nocturno del f***l vio al Subteniente Monsterin del RI- 12 que comenzaba el repliegue ante la superioridad enemiga. Siguieron retrocediendo pero se detuvieron a descanzar. Echeverria pedia agua insitentemente, Baruzzo s**o una botellita de Wisky y le dio de beber a sorbos. . Baruzzo vuelve a mover a Echeverria mientras disparaba su f***l y al ver la sangre que perdia comienza a desesperarse. El teniente Echeverría insistia que lo deje que y Baruzzo lo abraza y se pone a llorar por este hombre que el no conocia, ya que el cabo era de otro regimiento. Baruzzo no recuerda cuanto estuvo pero de repente se vio rodeado de Ingleses, Baruzzo toma su cuchillo y se dispone a vender cara su vida, un ingles se acerca y con el caño de la sterling le pega en el cuchillo , Baruzzo ya sin fuerza lo deja caer y el ingles le dice “ OK ARGENTINO OK” . Mientras lo registraban al cabo llegaron unos paramedicos y se ponian a atender al teniente luego se lo llevaron. Estos dos Hombres no se volvieron a ver hasta 24 años despues.
Esta historia es conocida por muchos, pero lo que pocos conoces es lo que sucedia con El teniente Echeverría después que se separa de Baruzzo.

Cuando el teniente Echeverria se separo de Baruzzo fue colocado en donde estaban los heridos. Mientras le volvian a atender sus heridas, Se acercaron 3 britanicos, de repente empiezan a conversar efusivamente ente ellos, como si discutieran. Uno de ellos se acerco , arrodillandose al lado de Echeverria y le dijo Comodoro… comodoro. You remember (usted recuerda) ….Echeverria hacia un esfuerzo por entender, pero la repeticion de la palabra Comodoro a la que el ingles le agrego la palabra City (ciudad)… Echeverria enseguida entendio quien era, era uno de los ingleses prisioneros en Comodoro a los que el les obsequio ci*******os y chocolate…
Ellos al regresar a Inglaterra fueron agregados al Batallon 42 de los Royal Marines… De pronto empezo a caer artilleria argentina que ya daba por perdida posicion, Estos marines se quedaron con Echeverria hasta que se aseguraron que fuera evacuado. Cuando lo evacuaron solo lo despidieron con un gesto con la mano….. la deuda de honor estaba pagada…

𝐒𝐮𝐛𝐭𝐞𝐧𝐢𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐎𝐬𝐜𝐚𝐫 𝐀𝐮𝐠𝐮𝐬𝐭𝐨 𝐒𝐢𝐥𝐯𝐚... 𝐮𝐧 𝐞𝐣𝐞𝐦𝐩𝐥𝐨 𝐝𝐞 𝐨𝐟𝐢𝐜𝐢𝐚𝐥𝘓𝘢 𝘏𝘪𝘴𝘵𝘰𝘳𝘪𝘢 𝘥𝘦𝘭 𝘴𝘶𝘣𝘵𝘦𝘯𝘪𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘖𝘴𝘤𝘢𝘳 𝘚𝘪𝘭𝘷𝘢 𝘦𝘴 𝘶𝘯𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘥𝘦𝘮𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘢 𝘦𝘭 ...
23/09/2026

𝐒𝐮𝐛𝐭𝐞𝐧𝐢𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐎𝐬𝐜𝐚𝐫 𝐀𝐮𝐠𝐮𝐬𝐭𝐨 𝐒𝐢𝐥𝐯𝐚... 𝐮𝐧 𝐞𝐣𝐞𝐦𝐩𝐥𝐨 𝐝𝐞 𝐨𝐟𝐢𝐜𝐢𝐚𝐥

𝘓𝘢 𝘏𝘪𝘴𝘵𝘰𝘳𝘪𝘢 𝘥𝘦𝘭 𝘴𝘶𝘣𝘵𝘦𝘯𝘪𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘖𝘴𝘤𝘢𝘳 𝘚𝘪𝘭𝘷𝘢 𝘦𝘴 𝘶𝘯𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘥𝘦𝘮𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘢 𝘦𝘭 𝘤𝘢𝘳á𝘤𝘵𝘦𝘳 𝘥𝘦𝘭 𝘴𝘰𝘭𝘥𝘢𝘥𝘰 𝘈𝘳𝘨𝘦𝘯𝘵𝘪𝘯𝘰, 𝘦𝘯 𝘭𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘶 𝘩𝘦𝘳𝘰í𝘴𝘮𝘰 𝘺 𝘦𝘯𝘵𝘳𝘦𝘨𝘢 𝘱𝘳𝘰𝘷𝘰𝘤ó 𝘭𝘢 𝘢𝘥𝘮𝘪𝘳𝘢𝘤𝘪ó𝘯 𝘥𝘦 𝘴𝘶𝘴 𝘤𝘰𝘮𝘱𝘢ñ𝘦𝘳𝘰𝘴 𝘺 𝘥𝘦𝘭 𝘱𝘳𝘰𝘱𝘪𝘰 𝘦𝘯𝘦𝘮𝘪𝘨𝘰 𝘢𝘭 𝘲𝘶𝘦 𝘤𝘰𝘮𝘣𝘢𝘵𝘪ó.

Oscar Augusto Silva, conocido por sus amigos como “El sapo”, inició su carrera militar en el Liceo Militar General Espejo de Mendoza, donde egresó como subteniente de reserva del arma de Infantería. Luego, entró a la Escuela Naval y en tercer año abandonó para cursar ingeniería en la Universidad de Buenos Aires. Al año comprendió que no era lo suyo y, luego de rendir las equivalencias, encaró los estudios como cadete del Colegio Militar de la Nación. El día de su egreso, en el viaje a Buenos Aires su madre pierde la vida en un accidente. Días después de este duro golpe recibiría el sable y el despacho en la oficina del director del Colegio Militar
Silva tenía a su cargo una sección de tiradores de la Compañía A del Regimiento de Infantería 4.
Al llegar a Malvinas fue desplegado a la península Freycinet… Posteriormente fueron trasladado al Monte Dos Hermanas para apoyar a la Compañía C del RI 4.
Durante el combate del Monte Dos hermanas Silva patrullaba Goat Ridge para evitar infiltraciones.. Luego al caer el Monte se repliega hacia Monte Tumbledown era la madrugada del 12 de junio.

𝑬𝒍 𝒓𝒆𝒄𝒖𝒆𝒓𝒅𝒐 𝒅𝒆𝒍 𝒆𝒏𝒕𝒐𝒏𝒄𝒆 𝒕𝒆𝒏𝒊𝒆𝒏𝒕𝒆 𝒅𝒆 𝒄𝒐𝒓𝒃𝒆𝒕𝒂 𝑽á𝒛𝒒𝒖𝒆𝒛 𝒋𝒆𝒇𝒆 𝒅𝒆 𝒍𝒂 4𝒕𝒂 𝒔𝒆𝒄𝒄𝒊ó𝒏 𝒅𝒆 𝒕𝒊𝒓𝒂𝒅𝒐𝒓𝒆𝒔 𝒅𝒆 𝒍𝒂 𝒄𝒐𝒎𝒑𝒂ñí𝒂 𝑵á𝒄𝒂𝒓 𝒅𝒆𝒍 𝑩𝑰𝑴 5

Temprano a la mañana habíamos recibido gente del ejercito que se replegaba, eran soldados de los regimientos 4 y 12 entre. Yo tenia ordenes de retener a los que estaban en condiciones de combatir.. se quedaron un subteniente del regimiento 12 y algunos hombres
A media mañana un centinela dio la alerta acerca de la aproximación de una columna de 15 hombres del Ejército, en medio de un intenso fuego artillería británica.
Vázquez salió de su pozo y buscó protección debajo roca. Desde allí observó cómo los soldados se acercaban tratando de evitar los impactos de los proyectiles de artillería. Cuando llegaron a las posiciones de la 4ta sección hizo que avanzaran de a dos y los fue distribuyendo en los pozos que estaban desocupados

El último de esos hombres era un subteniente quien al acercarse a Vázquez le dijo-: —𝘏𝘰𝘭𝘢, ¿𝘤ó𝘮𝘰 𝘦𝘴𝘵á𝘴? —𝘏𝘰𝘭𝘢, ¿𝘲𝘶é 𝘵𝘢𝘭? —le respondió Vázquez al tiempo que pensaba " este loco quién es?", ya que no tenía idea de dónde se podían conocer.—𝘔𝘪𝘳𝘢 𝘥ó𝘯𝘥𝘦 𝘯𝘰𝘴 𝘷𝘦𝘯𝘪𝘮𝘰𝘴 𝘢 𝘦𝘯𝘤𝘰𝘯𝘵𝘳𝘢𝘳-. Vázquez, que seguía sin saber quién era, le dijo, por compromiso:
—𝘠 𝘣𝘶𝘦𝘯𝘰, 𝘢𝘴í 𝘦𝘴 𝘭𝘢 𝘨𝘶𝘦𝘳𝘳𝘢. —¿𝘌𝘭 𝘩𝘦𝘳𝘮𝘢𝘯𝘰 𝘥𝘦 𝘵𝘶 𝘴𝘦ñ𝘰𝘳𝘢 𝘦𝘴𝘵á 𝘢𝘤á? —𝘘𝘶𝘦 𝘺𝘰 𝘴𝘦𝘱𝘢, 𝘦𝘴𝘵á 𝘦𝘯 𝘦𝘭 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘪𝘯𝘦𝘯𝘵𝘦 —le contestó Vázquez, dándose que efectivamente conocía a este subteniente. Era el subteniente Oscar Augusto Silva del Regimiento 4 de Infantería, compañero de promoción del hermano de la esposa de Vázquez. Además Silva antes de ingresar al Colegio Militar de la Nación, Ingreso a la Escuela Naval donde coincidió con Vázquez, Luego Silva pidió la baja para estudiar ingeniería pero la vocación militar era más grande así que dejo ingeniería e ingreso al Colegio Militar de la Nación, y en diciembre de 1981 había egresado como subteniente y fue destinado al RI-4 Vázquez le pregunto a Silva — ¿ 𝘷𝘰𝘴 𝘤ó𝘮𝘰 𝘦𝘴𝘵á𝘴? —𝘛𝘰𝘥𝘢𝘷í𝘢 𝘤𝘰𝘯 𝘨𝘢𝘯𝘢𝘴 𝘥𝘦 𝘭𝘶𝘤𝘩𝘢𝘳 𝘳𝘦𝘴𝘱𝘰𝘯𝘥𝘪ó 𝘚𝘪𝘭𝘷𝘢.

𝘛𝘦𝘯𝘨𝘰 𝘰𝘳𝘥𝘦𝘯 𝘥𝘦 𝘳𝘦𝘵𝘦𝘯𝘦𝘳 𝘢 𝘵𝘰𝘥𝘰 𝘦𝘭 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘴𝘵é 𝘦𝘯 𝘤𝘰𝘯𝘥𝘪𝘤𝘪𝘰𝘯𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘤𝘰𝘮𝘣𝘢𝘵𝘪𝘳- dijo Vázquez . ... Estos hombres venían de unas posiciones que habían caído en poder del enemigo, habían estado despiertos toda la noche. Pese a estar agotado, empapado, mu**to de frío Silva no dudó en responder: - 𝘓𝘰 ú𝘯𝘪𝘤𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘵𝘦 𝘱𝘪𝘥𝘰 𝘦𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘮𝘦 𝘣𝘳𝘪𝘯𝘥𝘦𝘴 𝘭𝘢 𝘰𝘱𝘰𝘳𝘵𝘶𝘯𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘥𝘦 𝘥𝘦𝘴𝘲𝘶𝘪𝘵𝘢𝘳𝘮𝘦 𝘥𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘐𝘯𝘨𝘭𝘦𝘴𝘦𝘴 𝘯𝘰𝘴 𝘩𝘪𝘤𝘪𝘦𝘳𝘰𝘯 𝘦𝘯 𝘮𝘰𝘯𝘵𝘦 𝘋𝘰𝘴 𝘏𝘦𝘳𝘮𝘢𝘯𝘢𝘴,-
Vázquez le dijo -- 𝘷𝘰𝘴 𝘺 𝘵𝘶𝘴 𝘩𝘰𝘮𝘣𝘳𝘦𝘴 𝘯𝘰𝘴 𝘤𝘢𝘦𝘯 𝘥𝘦𝘭 𝘤𝘪𝘦𝘭𝘰. 𝘛𝘦𝘯𝘨𝘰 𝘦𝘭 𝘧𝘭𝘢𝘯𝘤𝘰 𝘥𝘦𝘳𝘦𝘤𝘩𝘰 𝘮𝘶𝘺 𝘥𝘦𝘴𝘤𝘶𝘣𝘪𝘦𝘳𝘵𝘰 𝘺 𝘩𝘢𝘺 𝘶𝘯 𝘨𝘳𝘢𝘯 𝘩𝘶𝘦𝘤𝘰 𝘦𝘯𝘵𝘳𝘦 𝘭𝘢 𝘚𝘦𝘤𝘤𝘪ó𝘯 𝘥𝘦𝘭 𝘵𝘦𝘯𝘪𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘔𝘪ñ𝘰 (𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘣𝘢 𝘤𝘶𝘣𝘳𝘪𝘦𝘯𝘥𝘰 𝘭𝘢 𝘳𝘦𝘵𝘢𝘨𝘶𝘢𝘳𝘥𝘪𝘢 𝘥𝘦 𝘭𝘢 4𝘵𝘢 𝘴𝘦𝘤𝘤𝘪ó𝘯) 𝘺 𝘭𝘢 𝘮í𝘢. 𝘜𝘴𝘵𝘦𝘥𝘦𝘴 𝘴𝘦𝘳á𝘯 𝘥𝘦 𝘨𝘳𝘢𝘯 𝘢𝘺𝘶𝘥𝘢. -

Los hombres en condiciones de combatir fueron repartidos en los pozos. Y el subteniente Silva del RI-4 fue puesto a cargo de un grupo de 5 hombres en un sector que era el único camino por el que se podía realizar un repliegue. La misión de Silva era la siguiente: cubrir el sector de repliegue en caso que los hombres del BIM 5, sean sobrepasados y tuviesen que retroceder. Desde ese sector también podían apoyar con sus armas a los infantes de marina del grupo Suboficial segundo Castillo que estaba a la derecha

𝟏𝟑 𝐝𝐞 𝐣𝐮𝐧𝐢𝐨

A eso de las 18:00 hr. Vázquez mantuvo una última reunión con sus cuadros: los subtenientes Silva y Monsterin; los suboficiales Fochesatto y Castillo y el cabo 2do. Tejada, se intercambió opiniones durante dos horas e impartió las últimas directivas para esa noche porque seguro entrarían en combate, (Ellos creían que iban darles con sus armas a los ingleses por el flanco ya que se creía que el enemigo atacaría monte Williams, en realidad el destino les tenía una sorpresa). Se hizo un repaso de las medidas de coordinación, señales convenidas (señales para iniciación de los fuegos finales de protección, apertura y alto el fuego y para un repliegue previsto hacia la cresta topográfica), en fin, las previsiones normales de una orden de operaciones de combate de una fracción pequeña.

A las 23:00 comenzó el combate cuando el cabo segundo tejada ubicado en la derecha de la sección con una ametralladora MAG detecto movimiento enfrente disparo hacia ahí. Esto desencadeno el in****no, Los Guardias Escoceses, utilizaban todo el volumen de fuego que disponían contra los soldados que, enterrados, les disparaban sin cesar. Silva alentaba a sus hombres y dirigía el fuego apoyando al Suboficial Castillo

A 1:20 de la madrugada y como el enemigo no cedía en su ataque, El teniente de corbeta Vázquez llamó por radio al puesto de comando de Compañía del teniente Villarraza (jefe de la compañía Nácar) solicitando fuego de mortero sobre las posiciones de la 4ª Sección. De inmediato cayeron sobre la 4ta. Sección unas 15 salvas, provocando a gran sorpresa entre los británicos, que comenzaron a desbandarse.

𝘌𝘴𝘦 𝘧𝘶𝘦 𝘶𝘯 𝘮𝘰𝘮𝘦𝘯𝘵𝘰 𝘮𝘶𝘺 𝘥𝘪𝘧í𝘤𝘪𝘭, 𝘥𝘶𝘳𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘦𝘭 𝘤𝘶𝘢𝘭 𝘲𝘶𝘪𝘦𝘯 𝘦𝘴𝘵á 𝘤𝘰𝘮𝘣𝘢𝘵𝘪𝘦𝘯𝘥𝘰 𝘥𝘦𝘴𝘥𝘦 𝘴𝘶 𝘱𝘰𝘻𝘰 𝘯𝘰 𝘱𝘶𝘦𝘥𝘦 𝘮𝘦𝘵𝘦𝘳𝘴𝘦 𝘢𝘥𝘦𝘯𝘵𝘳𝘰 𝘺 𝘵𝘪𝘦𝘯𝘦 𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘦𝘨𝘶𝘪𝘳 𝘵𝘪𝘳𝘢𝘯𝘥𝘰. 𝘚𝘪 𝘥𝘦𝘫𝘢 𝘥𝘦 𝘥𝘪𝘴𝘱𝘢𝘳𝘢𝘳, 𝘦𝘭 𝘦𝘯𝘦𝘮𝘪𝘨𝘰, 𝘲𝘶𝘦 𝘭𝘰 𝘵𝘪𝘦𝘯𝘦 𝘭𝘰𝘤𝘢𝘭𝘪𝘻𝘢𝘥𝘰 𝘱𝘦𝘳𝘧𝘦𝘤𝘵𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘺 𝘲𝘶𝘦 𝘺𝘢 𝘦𝘴𝘵á 𝘫𝘶𝘨𝘢𝘥𝘰 𝘱𝘰𝘳 𝘦𝘭 𝘧𝘶𝘦𝘨𝘰 𝘭𝘰 𝘵𝘰𝘮𝘢 𝘥𝘦𝘴𝘱𝘳𝘰𝘵𝘦𝘨𝘪𝘥𝘰, 𝘴𝘦 𝘭𝘦 𝘷𝘢 𝘦𝘯𝘤𝘪𝘮𝘢
Cuando vieron que los escoceses retrocedían, comenzaron los gritos de alegría de los infantes de marina. 𝘝𝘪𝘷𝘢 𝘭𝘢 𝘐𝘯𝘧𝘢𝘯𝘵𝘦𝘳í𝘢 𝘥𝘦 𝘔𝘢𝘳𝘪𝘯𝘢", "𝘝𝘦𝘯𝘨𝘢𝘯, 𝘪𝘯𝘨𝘭𝘦𝘴𝘦𝘴 𝘩𝘪𝘫𝘰𝘴 𝘥𝘦 𝘱𝘶𝘵𝘢", "𝘘𝘶𝘦 𝘷𝘦𝘯𝘨𝘢 𝘭𝘢 𝘙𝘦𝘪𝘯𝘢, 𝘤𝘢𝘳𝘢𝘫𝘰", "𝘝𝘦𝘯𝘨𝘢𝘯 𝘲𝘶𝘦 𝘢𝘤á 𝘦𝘴𝘵á 𝘭𝘢 4𝘵𝘢. 𝘚𝘦𝘤𝘤𝘪ó𝘯

El subteniente Silva (RI-4) gritaba viva la Patria, viva la Patria carajooo!!! Pasada la alegría inicial Silva les hizo recargar munición a full a sus hombres, y les decía tranquilos que van a venir refuerzos.
De pronto se lanza el segundo ataque Ingles y van sobre el Suboficial de la infantería de marina Castillo y su grupo, este grupo de infantes peleo en forma demencial, Los hombres de silva , entre ellos empezaron a cubrir a Castillo y a su grupo, el fuego era infernal parecía de día por las explosiones había gritos de los dos lados, era un in****no ese monte.......ya no era un frente de ataque sino tres, los escoceses llegaban por tres lados, el fuego de la Artillería comenzó a caer sobre los Ingleses. Así pasó todo el tiempo tirar y cargar o morir , Tiraban granadas, cohetes, se usaba todo lo que se podía, todo era el in****no de pronto una ráfaga cae sobre un soldado del RI 4 y lo hiere, gritaba de dolor, corrió para auxiliarlo, lo agarra y arrastra hacia un lugar tratando de ponerlo a salvo, al volver recoge un FAP y una ráfaga lo alcanza en la espalda, Uno de sus soldado se acerca y Silva. Este al verlo le dice Me dieron vos cubrite mientras sangre le brota del cuerpo… este soldado lo pone a cubierto y le deja un arma . Luego corre a avisarle a Vázquez que silva fue herido, cuando por fin puede volver en el medio de las explosiones se da cuenta que el Subteniente murió y que está en actitud de combate con su f***l en la mano.
Una vez terminado el combate, y con la guerra finalizada, una patrulla compuesta por el TFIM Marquardt, el GUIM García, el CSIM Sánchez, el CSIM Robles, el CSIM Valdez y el sargento Canesa (británico) marcharon ... al sector oeste de Tumbledown (posiciones del TC Vázquez) recorrieron las posiciones donde había combatido estos hombres.. Todo estaba nevado. Encontraron el cuerpo del subteniente Silva estaba junto a dos soldados de Ejército (todos RI 4). Silva Evidenciaba una actitud agresiva y es posible que su f***l fuera retirado de sus manos por los británicos. El TFIM Marquardt le cortó la chapa de identificación y posteriormente la entregó personalmente en la mano al Jefe de Unidad a la que pertenecía (Tcnl Soria, RI 4)"
Este ejemplo de oficial Combatió con valentía y fiereza. El ímpetu del subteniente es especialmente recordado por quienes fueron testigos de su bravura en un momento que estaban siendo sobrepasados. Cumplió con su juramento defender la bandera hasta perder la vida

𝗣𝗿𝗶𝗺𝗲𝗿 𝗧𝗲𝗻𝗶𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗟𝘂𝗶𝘀 𝗖𝗮𝘀𝘁𝗮𝗴𝗻𝗮𝗿𝗶 “𝗩𝗶𝗻𝗰𝗲𝗿𝗲 𝗔𝘂𝘁 𝗠𝗼𝗿𝗶”Luis Darío José Castagnari nació en la localidad de General Cabrera, P...
18/09/2026

𝗣𝗿𝗶𝗺𝗲𝗿 𝗧𝗲𝗻𝗶𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗟𝘂𝗶𝘀 𝗖𝗮𝘀𝘁𝗮𝗴𝗻𝗮𝗿𝗶 “𝗩𝗶𝗻𝗰𝗲𝗿𝗲 𝗔𝘂𝘁 𝗠𝗼𝗿𝗶”

Luis Darío José Castagnari nació en la localidad de General Cabrera, Provincia de Córdoba, el 19 de Marzo de 1949. Hijo de Armando Juan y de Alejandra Gino. Era de mediana estatura, de complexión fuerte, cabello rubio, ojos celestes y aspecto agradable. Algunos decían que tenía cara de niño y una sonrisa entradora. Sus primeros días transcurrieron en el campo de sus abuelos maternos, en la localidad de carnerillo, próximo a Gral. Cabrera; trasladándose luego a San Carlos de Bariloche, ya que su padre era suboficial de EA y periódicamente era destinado a diferentes unidades del Ejército en distintas provincias del País.

Posteriormente su familia se radica en la ciudad de Río Cuarto, al ser trasladado nuevamente su padre, esta vez al Batallón de Arsenales “José María Rojas” con asiento en la localidad de Holmberg. Aquí comienza su ciclo lectivo; asiste hasta tercer grado al colegio 21 de Julio, para luego terminar el primario y secundario en el colegio San Buena Ventura, de Padres Franciscanos.
Puso de manifiesto su vocación militar durante sus años de adolescente mientras cursaba el secundario, tal lo manifestado por uno de sus compañeros: Benigno Antonio Rins (Intendente de la ciudad de Río Cuarto), quien cuenta que Luis siempre estaba dispuesto a participar de cuento desfile se realizaba en la ciudad y en el colegio; lo hacía con gran prestancia, mostrando sus cualidades como futuro militar. Concluido el secundario y siguiendo su vocación se presenta en la EAM con asiento en Córdoba, para iniciar su carrera como Oficial de la FA, pero no logra su objetivo. Como consecuencia de ello decide ingresas a la ARA, al cuadro del Cuerpo Comando. Allí permanece durante dos años; pero el mar no era su verdadera vocación, si lo era el aire. De esta experiencia siempre llevó consigo algo que con frecuencia le mencionaba un Oficial de la ARA: “Tiempo al tiempo” por su apuro de cumplir su sueño de volar. Luego de pedir la baja en la ARA, se presenta por segunda vez en la EAM, logrando esta vez ingresar a la misma; egresando cuatro años más tarde, en Diciembre de 1972, con el grado de Alférez y Oficial de la FAA, en el Escalafón General.
Su promoción es la Nº 38. Siendo su mejor amigo y compañero Julio Brower de Koning, a quien designa como su albacea: “El 1er Teniente Castagnari fue muy Querido por la mayoría de sus camaradas. Contrajo matrimonio con María Cristina Concepción Scavarda, con quien tuvieron cinco hijos: Gustavo Daniel (falleció a la edad de tres años), Martín Adolfo, Guillermo Oscar, Walter Rodolfo y Roxana Patricia. Su primer destino fue la VII Brigada Aérea, con asiento en Morón, Bs. As. En el año 1973. Posteriormente realiza el curso de radarista, por lo cual cumple servicio en el GIVA (Grupo de Instrucción de Vigilancia Aérea). En el año 1977 y por razones de enfermedad de su primer hijo, solicita el cambio de destino al Área de Material Río Cuarto, con asiento en Las Higueras, ya que ésta se encuentra a 10 Km. De la ciudad de Río Cuarto, donde viven familiares suyos y de su esposa; así contarían especialmente con el invalorable apoyo moral.
Se les dificultaba brindarles atención a sus otros dos hijos muy pequeños, antes las reiteradas internaciones de Gustavito, quien fallecería el 7 de enero de 1978. Durante su permanencia en Río Cuarto, logra cumplir con uno de sus anhelos más importantes, ya que era imposible realizar el curso de Paracaidista Militar, obtiene la autorización del Comando de Material y logra concretar este sueño en el Aeroclub Río Cuarto, graduándose como paracaidista civil.

Su instructor fue el Sr. Sosa Pinto, quien falleció años más tarde de un accidente aéreo en la provincia de San Luis. El cumplimiento de este sueño significó para su familia y apoyó en todo momento y participaron junto a él en cada uno de sus saltos.
A principios de 1981 es trasladado a la BAM (Base Aérea Militar) Río Gallegos, donde a pesar de los fuertes vientos realizaba saltos, siendo uno de los pocos que efectuó paracaidismo en tierras tan australes, aún con caídas libres de gran altura.
Tras peticiones personales el 1er. Teniente Castagnari, Oficial perteneciente al GOE consigue la autorización para embarcarse a Malvinas el día 2 de abril de 1982 llegando en el primer Hércules C-130 que aterrizó en la pista de Puerto Argentino. Se estableció que debían permanecer un total de 25 hombres.
Castagnari era un tipo que se preocupaba por sus hombres y esta anécdota que se relata a continuación lo pinta de cuerpo entero:

𝘙𝘦𝘭𝘢𝘵𝘢 𝘔𝘢𝘺𝘰𝘳 𝘔𝘪𝘨𝘶𝘦𝘭 Á𝘯𝘨𝘦𝘭, 𝘚𝘐𝘓𝘝𝘈, 𝘍𝘶𝘦𝘳𝘻𝘢 𝘢𝘦𝘳𝘦𝘢 𝘗𝘦𝘳𝘵𝘦𝘯𝘦𝘤𝘪𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘢 𝘭𝘢 𝘥𝘰𝘵𝘢𝘤𝘪ó𝘯 𝘥𝘦𝘭 𝘙𝘢𝘥𝘢𝘳 𝘔𝘢𝘭𝘷𝘪𝘯𝘢𝘴-
𝘌𝘭 𝘥í𝘢 02, 𝘮𝘪𝘯𝘶𝘵𝘰𝘴 𝘢𝘯𝘵𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘭𝘢𝘴 08:00 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘮𝘢ñ𝘢𝘯𝘢, 𝘺𝘢 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘣𝘢 𝘵𝘰𝘥𝘰 𝘦𝘭 𝘳𝘢𝘥𝘢𝘳 𝘺 𝘦𝘲𝘶𝘪𝘱𝘰𝘴 𝘥𝘦𝘴𝘢𝘳𝘮𝘢𝘥𝘰𝘴, 𝘦𝘮𝘣𝘢𝘭𝘢𝘥𝘰𝘴 𝘺 𝘤𝘰𝘭𝘰𝘤𝘢𝘥𝘰𝘴 𝘦𝘯 𝘭𝘢 𝘱𝘭𝘢𝘵𝘢𝘧𝘰𝘳𝘮𝘢 𝘥𝘦 𝘢𝘷𝘪𝘰𝘯𝘦𝘴 𝘧𝘳𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘢 𝘭𝘰𝘴 𝘥𝘰𝘴 𝘊-130 𝘲𝘶𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘭𝘭𝘦𝘷𝘢𝘳í𝘢𝘯 𝘢 𝘗𝘶𝘦𝘳𝘵𝘰 𝘈𝘳𝘨𝘦𝘯𝘵𝘪𝘯𝘰 𝘫𝘶𝘯𝘵𝘰 𝘢 𝘯𝘰𝘴𝘰𝘵𝘳𝘰𝘴 𝘦𝘭 𝘱𝘦𝘳𝘴𝘰𝘯𝘢𝘭 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘥𝘰𝘵𝘢𝘤𝘪ó𝘯 𝘥𝘦𝘭 𝘳𝘢𝘥𝘢𝘳 ; 𝘌𝘴𝘵á𝘣𝘢𝘮𝘰𝘴 𝘦𝘴𝘱𝘦𝘳𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘫𝘶𝘯𝘵𝘰 𝘤𝘰𝘯 𝘵𝘰𝘥𝘢 𝘭𝘢 𝘉𝘢𝘴𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘯𝘰𝘵𝘪𝘤𝘪𝘢𝘴 𝘥𝘦𝘭 𝘢𝘵𝘦𝘳𝘳𝘪𝘻𝘢𝘫𝘦 𝘦𝘯 𝘔𝘢𝘭𝘷𝘪𝘯𝘢𝘴 𝘥𝘦𝘭 𝘱𝘳𝘪𝘮𝘦𝘳 𝘊-130 𝘺 𝘭𝘢 𝘳𝘦𝘯𝘥𝘪𝘤𝘪ó𝘯 𝘥𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘵𝘳𝘰𝘱𝘢𝘴 𝘣𝘳𝘪𝘵á𝘯𝘪𝘤𝘢𝘴. 𝘔𝘪𝘦𝘯𝘵𝘳𝘢𝘴 𝘦𝘴𝘱𝘦𝘳á𝘣𝘢𝘮𝘰𝘴, 𝘢𝘭𝘨𝘶𝘯𝘰𝘴 𝘴𝘶𝘣𝘰𝘧𝘪𝘤𝘪𝘢𝘭𝘦𝘴 𝘺 𝘴𝘰𝘭𝘥𝘢𝘥𝘰𝘴 𝘴𝘦 𝘥𝘦𝘥𝘪𝘤𝘢𝘳𝘰𝘯 𝘢 𝘩𝘢𝘤𝘦𝘳 𝘶𝘯 𝘤𝘩𝘦𝘲𝘶𝘦𝘰 𝘥𝘦 𝘵𝘰𝘥𝘰 𝘦𝘭 𝘮𝘢𝘵𝘦𝘳𝘪𝘢𝘭; 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘣𝘢𝘯 𝘦𝘯 𝘦𝘴𝘰 𝘤𝘶𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘥𝘦𝘴𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘤𝘢𝘫𝘢 𝘥𝘦𝘭 𝘜𝘯𝘪𝘮𝘰𝘨 𝘢𝘭𝘨𝘶𝘪𝘦𝘯 𝘥𝘪𝘫𝘰: 𝘍𝘶𝘦𝘳𝘰𝘯 𝘊𝘢𝘴𝘵𝘢𝘨𝘯𝘢𝘳𝘪 𝘺 𝘭𝘰𝘴 𝘥𝘦𝘭 𝘎𝘖𝘌, 𝘢𝘤𝘰𝘮𝘱𝘢ñ𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘭𝘢 𝘦𝘹𝘱𝘳𝘦𝘴𝘪ó𝘯 𝘤𝘰𝘯 𝘢𝘭𝘨𝘶𝘯𝘢𝘴 𝘮𝘢𝘭𝘢𝘴 𝘱𝘢𝘭𝘢𝘣𝘳𝘢𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰 𝘳𝘦𝘱𝘳𝘰𝘥𝘶𝘤𝘪𝘳é.
¿𝘘𝘶é 𝘩𝘢𝘣í𝘢 𝘴𝘶𝘤𝘦𝘥𝘪𝘥𝘰? 𝘈𝘤𝘢𝘣𝘢𝘣𝘢𝘯 𝘥𝘦 𝘥𝘦𝘴𝘤𝘶𝘣𝘳𝘪𝘳 𝘲𝘶𝘦 𝘩𝘢𝘣í𝘢𝘮𝘰𝘴 𝘴𝘪𝘥𝘰 𝘢𝘴𝘢𝘭𝘵𝘢𝘥𝘰𝘴; 𝘶𝘯𝘢 𝘤𝘢𝘫𝘢 𝘤𝘰𝘯 𝘷í𝘷𝘦𝘳𝘦𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘩𝘢𝘣í𝘢𝘮𝘰𝘴 𝘱𝘳𝘦𝘷𝘪𝘴𝘵𝘰 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘴𝘶𝘱𝘦𝘳𝘷𝘪𝘷𝘪𝘳 𝘭𝘰𝘴 𝘱𝘳𝘪𝘮𝘦𝘳𝘰𝘴 𝘥í𝘢𝘴 𝘩𝘢𝘴𝘵𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘦 𝘯𝘰𝘳𝘮𝘢𝘭𝘪𝘻𝘢𝘴𝘦 𝘭𝘢 𝘴𝘪𝘵𝘶𝘢𝘤𝘪ó𝘯, 𝘩𝘢𝘣í𝘢 𝘴𝘪𝘥𝘰 𝘷𝘪𝘰𝘭𝘢𝘥𝘢 𝘺 𝘧𝘢𝘭𝘵𝘢𝘣𝘢𝘯 𝘤𝘰𝘴𝘢𝘴. 𝘗𝘰𝘳 𝘴𝘶𝘱𝘶𝘦𝘴𝘵𝘰 𝘭𝘰𝘴 𝘤𝘶𝘭𝘱𝘢𝘣𝘭𝘦𝘴, 𝘢𝘶𝘯𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰 𝘵𝘦𝘯í𝘢𝘮𝘰𝘴 𝘯𝘪𝘯𝘨𝘶𝘯𝘢 𝘱𝘳𝘶𝘦𝘣𝘢, 𝘦𝘳𝘢𝘯 𝘴𝘪𝘯 𝘥𝘶𝘥𝘢𝘴 𝘦𝘭 𝘗𝘳𝘪𝘮𝘦𝘳 𝘛𝘦𝘯𝘪𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘊𝘢𝘴𝘵𝘢𝘨𝘯𝘢𝘳𝘪 𝘺 𝘴𝘶𝘴 𝘤𝘰𝘮𝘱𝘢ñ𝘦𝘳𝘰𝘴 𝘥𝘦𝘭 𝘎𝘖𝘌 𝘲𝘶𝘦 𝘩𝘢𝘣í𝘢𝘯 𝘴𝘢𝘭𝘪𝘥𝘰 𝘦𝘯 𝘦𝘭 𝘱𝘳𝘪𝘮𝘦𝘳 𝘊-130. 𝘊𝘢𝘴𝘵𝘢𝘨𝘯𝘢𝘳𝘪 𝘢𝘯𝘵𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘴𝘦𝘳 𝘥𝘦𝘭 𝘎𝘖𝘌 𝘩𝘢𝘣í𝘢 𝘱𝘢𝘴𝘢𝘥𝘰 𝘢𝘭𝘨𝘶𝘯𝘰𝘴 𝘢ñ𝘰𝘴 𝘥𝘦𝘴𝘵𝘪𝘯𝘢𝘥𝘰 𝘦𝘯 𝘦𝘭 𝘎𝘳𝘶𝘱𝘰 1 𝘥𝘦 𝘝𝘪𝘨𝘪𝘭𝘢𝘯𝘤𝘪𝘢 𝘈é𝘳𝘦𝘢 (𝘎𝘭𝘝𝘈), 𝘭𝘢 𝘜𝘯𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘨𝘦𝘮𝘦𝘭𝘢 𝘥𝘦𝘭 𝘎2𝘝𝘺𝘊𝘈,. 𝘊𝘰𝘯𝘰𝘤í𝘢 𝘯𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘢 𝘤𝘰𝘴𝘵𝘶𝘮𝘣𝘳𝘦 𝘥𝘦 𝘤𝘰𝘭𝘰𝘤𝘢𝘳 𝘱𝘳𝘰𝘷𝘪𝘴𝘪𝘰𝘯𝘦𝘴 𝘦𝘯 𝘤𝘶𝘢𝘭𝘲𝘶𝘪𝘦𝘳 𝘭𝘢𝘥𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘦 𝘱𝘶𝘥𝘪𝘦𝘳𝘢; 𝘱𝘰𝘳 𝘭𝘰 𝘵𝘢𝘯𝘵𝘰 𝘴𝘢𝘣í𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘪 𝘶𝘯𝘰 𝘯𝘦𝘤𝘦𝘴𝘪𝘵𝘢𝘣𝘢 𝘤𝘰𝘯𝘴𝘦𝘨𝘶𝘪𝘳 𝘤𝘰𝘮𝘪𝘥𝘢 𝘦𝘯 𝘱𝘭𝘦𝘯𝘢 𝘮𝘢𝘥𝘳𝘶𝘨𝘢𝘥𝘢, 𝘦𝘭 𝘭𝘶𝘨𝘢𝘳 𝘮á𝘴 𝘴𝘦𝘨𝘶𝘳𝘰 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘣𝘶𝘴𝘤𝘢𝘳𝘭𝘢 𝘦𝘳𝘢 𝘦𝘭 𝘜𝘯𝘪𝘮𝘰𝘨 𝘥𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘳𝘢𝘥𝘢𝘳𝘪𝘴𝘵𝘢𝘴. 𝘌𝘴𝘵𝘰 𝘧𝘶𝘦 𝘤𝘰𝘳𝘳𝘰𝘣𝘰𝘳𝘢𝘥𝘰 𝘱𝘰𝘳 𝘶𝘯𝘰 𝘥𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘩𝘰𝘮𝘣𝘳𝘦𝘴 𝘥𝘦𝘭 𝘎𝘖𝘌 𝘮𝘶𝘤𝘩𝘰 𝘵𝘪𝘦𝘮𝘱𝘰 𝘥𝘦𝘴𝘱𝘶é𝘴, 𝘊𝘢𝘴𝘵𝘪𝘯𝘢𝘨𝘳𝘪 𝘱𝘦𝘯𝘴𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘦𝘯 𝘭𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘭𝘦𝘴 𝘥𝘦𝘱𝘢𝘳𝘢𝘳í𝘢 𝘦𝘭 𝘧𝘶𝘵𝘶𝘳𝘰 𝘦𝘯 𝘔𝘢𝘭𝘷𝘪𝘯𝘢𝘴 𝘺 𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘭𝘢 𝘪𝘯𝘤𝘦𝘳𝘵𝘪𝘥𝘶𝘮𝘣𝘳𝘦 𝘥𝘦 𝘴𝘪 𝘳𝘦𝘤𝘪𝘣𝘪𝘳í𝘢𝘯 𝘤𝘰𝘮𝘪𝘥𝘢, 𝘰 𝘯𝘰, 𝘺 𝘢𝘯𝘵𝘪𝘤𝘪𝘱á𝘯𝘥𝘰𝘴𝘦 𝘢𝘭 𝘥𝘦𝘴𝘰𝘳𝘥𝘦𝘯 𝘲𝘶𝘦 𝘰𝘤𝘶𝘳𝘳𝘦 𝘢𝘭 𝘱𝘳𝘪𝘯𝘤𝘪𝘱𝘪𝘰 𝘥𝘦 𝘵𝘰𝘥𝘢 𝘰𝘱𝘦𝘳𝘢𝘤𝘪ó𝘯, 𝘥𝘦𝘤𝘪𝘥𝘪ó 𝘣𝘶𝘴𝘤𝘢𝘳 𝘢𝘭𝘨𝘶𝘯𝘰𝘴 𝘷í𝘷𝘦𝘳𝘦𝘴 𝘱𝘰𝘳 𝘭𝘢𝘴 𝘥𝘶𝘥𝘢𝘴 ( 𝘊𝘢𝘴𝘵𝘪𝘨𝘯𝘢𝘳𝘪 𝘦𝘳𝘢 𝘶𝘯 𝘰𝘧𝘪𝘤𝘪𝘢𝘭 𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘪𝘦𝘮𝘱𝘳𝘦 𝘴𝘦 𝘰𝘤𝘶𝘱𝘢𝘣𝘢 𝘥𝘦 𝘴𝘶 𝘨𝘦𝘯𝘵𝘦)
𝘈𝘴í, 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘳𝘢 𝘯𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘢 𝘷𝘰𝘭𝘶𝘯𝘵𝘢𝘥, 𝘭𝘰𝘴 𝘳𝘢𝘥𝘢𝘳𝘪𝘴𝘵𝘢𝘴 𝘤𝘶𝘮𝘱𝘭𝘪𝘮𝘰𝘴 𝘤𝘰𝘯 𝘦𝘭 𝘱𝘳𝘦𝘤𝘦𝘱𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘤𝘰𝘮𝘱𝘢𝘳𝘵𝘪𝘳 𝘦𝘭 𝘱𝘢𝘯 𝘤𝘰𝘯 𝘯𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘰𝘴 𝘩𝘦𝘳𝘮𝘢𝘯𝘰𝘴 𝘥𝘦𝘭 𝘎𝘖𝘌.

El 1er. Teniente Luis Darío José Castagnari, que era el segundo en antigüedad entre los Oficiales del GOE y se había incorporado hacía muy pocos meses, le solicitó a su jefe, el Mayor Correa, permanecer en las Islas, pese a la orden inicial que decía que debía replegar con los prisioneros ingleses. Ante su insistencia el Mayor accedió, cumpliendo Castagnari tareas de seguridad y defensa, colaboró con el repliegue de heridos y con la marcación de la pista (iluminación precaria) para los aterrizajes nocturnos de los aviones de transporte argentinos que rompían el bloqueo dispuesto por Inglaterra. Permaneció allí, pese a los bombardeos aéreos y navales del enemigo, comenzando a convertirse en una leyenda por su valor pero más aún por su preocupación por sus subalternos, demostrando cualidades como conductor y ser humano, siempre animaba a su tropa, durante los cañoneos siempre se lo veía indicando al personal donde refugiarse, exponiéndose a ser alcanzado por metralla mientras realizaba esta tarea.
El 1er. Teniente Luis Darío José Castagnari Falleció el 29 de Mayo de 1982, aproximadamente a las 23:30 hs., cerca de Puerto Argentino, cuando se desplazaba, durante la noche, al frente de un pelotón del GOE el cual se encontraba dentro de un refugio y se veía amenazado por el constante cañoneo naval. La estrategia utilizada para trasladarse consistió en hacer pequeños desplazamientos en los intervalos de veinte segundos entre los impactos de los proyectiles. Lo que ocurrió mientras realizaba dicha tarea, fue que un disparo del destructor HMS Glamorgan cae cerca de el provocándole la muerte y heridas al resto del personal que lo acompañaba (Suboficiales mecánicos recién llegados a las Islas y miembros del GOE).
El Primer Teniente Luis Darío José Castagnari fue ascendido a Capitán (PM) y recibió la Medalla “La Nación Argentina al Valor en Combate” y la Cruz de “La Nación Argentina al Heroico Valor en Combate” otorgada por el Senado y la Cámara de diputados de la Nación Argentina por Ley 24.229 del 28 de Julio de 1933, en reconocimiento a la actuación de los ciudadanos en la Guerra del Atlántico Sur por sus relevantes méritos, valor y heroísmo en defensa de la Patria

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