01/08/2019
MINISTERIOS, DEUDAS y GÓNDOLAS DEL MUNDO.
Esta semana nos enteramos que MM vuelve a elevar al rango de ministerio, la “Agroindustria”.
Luis Miguel Etchevehere, titular de la Sociedad Rural hasta 2017 y flamante ministro, es sindicado y denunciado por su propia hermana como un evasor y lavador de activos, pero esto no es objeto de análisis acá, al menos por ahora.
Sin lugar a dudas a pocos días de las elecciones es un gesto de MM hacia los históricos sectores concentrados de nuestra economía, pero veamos porqué decimos esto de la concentración:
Según la propia bolsa de comercio Rosario, el período Enero - Mayo 2018 y Enero - Mayo 2019 el envío de porotos de soja sin procesar creció un %185 y las exportaciones de harina y biodiesel cayeron un %11 y %27 respectivamente.
Se trata de la confirmación cada vez mas fuerte de un modelo económico que anhela “servir al mundo” como oferente de materia prima sin valor agregado y enrocar como góndola de supermercado, ¿qué quiere decir esto? Sencillamente importar mano de obra extranjera, favorecer la exportación concentrada y llenar los supermercados de productos extranjeros, en detrimento de la producción y el comercio nacional, eso básicamente es lo que promueve cambiemos desde que llegó al poder.
Pero existen en nuestra historia como país otros ejemplos de procesos políticos/económicos similares, basados en la toma de deuda para una supuesta infraestructura que nunca llega o el sostenimiento de balanza comerciales ficticias.
Tal es el caso de una época que los liberales y conservadores económicos se llenan de aplausos y anhelan siempre, y es el famoso granero del mundo, al que todos colocan alrededor de 1910 pero es un proceso que se inicia por lo menos unos 40 años antes, bajo las presidencias de Sarmiento (uno de los mayores tomadores de deuda sin ejecutar) Roca, Juarez Celman, Saenz Peña, Pellegrini y posteriormente Quintana y Figueroa Alcorta como sucesor de este, todos del Partido Autonomista Nacional, sector de la política que aglutinó el poder unitario hasta 1916 aproximadamente.
Para esta época también la crisis de deuda se hace carne en las retinas de los Argentinos y Argentinas, en 1890 nuestro país entra en cesación de pagos bajo la administración de Juarez Celman, y es Carlos Pellegrini quien lo sucede luego de renunciar y comienza con las negociaciones durante su mandato y los posteriores frente a Barón Rotschild y emisarios de la banca de Inglaterra y la Baring Brothers (recordando que el FMI, el BID y otros organismos no existían).
Comienza a circular la idea de unificar la deuda pública externa con un título único y una tasa de interés única (4%) y la garantía del %8 de las rentas aduaneras como reaseguro y un pago trimestral de las obligaciones, propuesta que es negociada por Carlos Pellegrini en Europa y luego traída a la Argentina para su posterior aprobación en el congreso.
Pellegrini por entonces Senador logra la aprobación en su cámara, pero no prospera en diputados. Ya a principios de siglo las manifestaciones en las calles, la oposición política fuerte por parte de la unión cívica hicieron que Roca diera marcha atrás con las negociaciones y abriera la grieta dentro del PAN, y personalmente con quien había sido funcionario suyo, Carlos Pellegrini; incluso llegando a promover el estado de sitio en la ciudad de Buenos Aires para acallar las manifestaciones y entrando en conflicto con la prensa mitrista y extremadamente liberal.
Si este ejemplo sirve de puente para poder poner en escena el imaginario que tiene nuestra oligarquía de país, pues también puede guiarnos 100 años después a pensar que quienes detentan ese poder concentrado, siguen pensando casi de la misma manera.
Continuar (y profundizar) con la idea de tomar deuda para el desarrollo, uno puede pensar a priori que es una fantástica idea, pero en un país donde la matriz productiva – ¡y sus fuerzas productivas!- siguen a merced de muy pocas manos con consignas atrasadas como “insertarnos al mundo” (claro, de qué manera y forma sería el quid de la cuestión), una patria justa, libre y soberana es muy difícil.
El Macrismo volvió 100 años después a impulsar – o reformular- al granero del mundo, en góndola del mundo, puesto en la boca del propio presidente como objetivo económico para nuestro pueblo. Si los indicadores que muestra la bolsa de comercio en la actualidad económica (y ni mencionar los indicadores de desempleo, pobreza, desnutrición, etc) y los que arrojaron 40 años de liberalismo puro entre fines del siglo XIX y XX, basado en toma de deuda y exportaciones primarias no son una alarma, otra vez nos condenarán al Pan radical, la leche radical y la carne radical que repartían los radicales en sus comités previo a la llegada de Yrigoyen al poder, para suplir una demanda de un pueblo que ampliamente quedaba afuera del buen vivir.
Párrafo aparte merecen las instancias del Peronismo en 1945 y 2003, en contextos muy distintos, a modificar las estructuras productivas y de relación de esa producción, donde los logros mas notorios fueron poder llegar al fifty – fifty en la década del 70 o la generación de 6 millones de puestos de trabajo a partir del 2003 luego de la oscuridad iniciada por la dictadura en 1976.
Hoy nos enfrentamos nuevamente a la dicotomía histórica de nuestra patria, modelos especulativos de ganancia sin producir y achique del consumo interno o la garantía de poder desarrollarse, industrializarse y poder exportar valor agregado con la población incluida en las huestes de la justicia social.
La brecha (grieta le llaman los liberales posmo) es desde siempre, pero no es entre rubios y morochos, campo y ciudad, liberales y proteccionistas; sino que es la vuelta a una idea de nación y patria que quede plasmada en los quehaceres cotidianos de nuestro pueblo y en el acceso del mismo a los bienes materiales, culturales y espirituales sin que el sacrificio que pide la oligarquía lo hagamos siempre los mismos.
Es tiempo de reconocer, como dice Alberto Fernández, que mas allá de las riquezas naturales que tiene el suelo de nuestra patria, la clave está en el poder que tiene el desarrollo de las capacidades humanas de trabajo genuino, de la ciencia, de la educación y la tecnología aplicada a un modelo de país que integre, que genere oportunidades y un futuro para todos y todas.
No queremos ser granero ni góndola, queremos ser Justos, Libres y Soberanos.