20/09/2026
EN LOS INSTITUTOS Y UNIDADES POLICIALES SE LOS LLAMABA CON AFECTO “LOS CLARINES”
Estos risueños personajes provenían, en su mayoría, de familias humildes del campo, pero sentían un gran cariño por la vida al interior de un instituto, una unidad policial o militar. Muchos de ellos hicieron su paso, para dar algunos ejemplos, desde el glorioso Regimiento 2 de Carabineros “Calama”, en la zona norte de la ciudad de La Paz, hasta los patios de la Academia Nacional de Policías.
Casi siempre eran niños o adolescentes muy jóvenes. Tenían que levantarse más temprano que todos y descansar últimos, permaneciendo atentos a cualquier emergencia y al toque de clarín. Estaban presentes tanto en los buenos como en los malos momentos y formaban parte de la guardia del cuartel, tocando su corneta o clarín para que la guardia marchara y se colocara en posición durante la iza del pabellón o el relevo.
Permanecían atentos a la voz de mando del oficial. Solían vestir el uniforme verde olivo, aunque muchas veces este no les quedaba a la medida. En algunas ocasiones, algún oficial o clase decidía que uno de estos personajes debía estar uniformado a la par de los demás.
Como recompensa y, sobre todo, con el propósito de brindarles una oportunidad para surgir en la vida, el director o comandante del instituto podía enviarlos a centros nocturnos de educación para que continuaran sus estudios. Se desplazaban a pie o, en el mejor de los casos, en la bicicleta prestada de alguno de sus compañeros.
Muchos de ellos, después de cumplir con sus estudios y al observar cuidadosamente los requisitos establecidos por la normativa, se animaron a continuar con aquella vida que tanto les encantaba y pasaron a formar parte de la Institución. Para ellos, la vida interna ya no representaba ninguna dificultad: era la vida que habían aprendido a querer.
Así fueron nuestros recordados “Clarines”: Usnayo, Condori, Mamani, Acarapi y tantos otros.
Son tiempos de nostalgia, tiempos de revivir momentos de una época en la que estos personajes nos dejaron los recuerdos más sensibles: los toques de diana al despertar, el toque de prevención antes de las formaciones, las retiradas, el toque de silencio para el descanso y, finalmente, aquel momento en que adoptábamos la posición de firme, levantábamos la cabeza y contemplábamos la iza de nuestro sagrado pabellón tricolor.
CNL. JCMC.
FUENTE: La Policía en los siglos XIX, XX y XXI