14/10/2026
EL GOBIERNO: UN PALO ENSEBAO PARA RODRIGO PAZ
Por Jorge Landívar Roca
El palo ensebao es juego popular y expresión artística de nuestras fiestas patronales del oriente boliviano. Un tronco alto, embadurnado de grasa o jabón para que resbale, con un premio en la punta. Trepar es la gracia, y resbalar es la norma. Se dice que vino de España en la colonia, aunque los expertos lo rastrean también en la Italia del siglo XVI, en el mítico País de la Cucaña o Jauja, e incluso en la India. Es una tradición que goza del favor y conocimiento popular.
El actual gobierno de Bolivia guarda una analogía exacta con ese juego. Su presidente, Rodrigo Paz, fue estimulado y propulsado hacia la cima por el apoyo y las esperanzas de una ciudadanía ilusionada que le dio el triunfo electoral para sacarnos del marasmo de 20 años de crisis. Debe trepar. El problema es que el palo está más encebao que nunca.
Y no es por falta de voluntad de la gente de abajo que lo empuja. Es por la grasa que le ponen desde arriba y desde adentro.
La primera capa de sebo es la corrupción intacta. El gobierno heredó una burocracia del MAS que tomó las instituciones del Estado y las regionales. No es una burocracia neutra. Es una estructura diseñada para el control político y el cobro. Mientras esa gente siga en aduanas, en la ABC, en YPFB, en las direcciones de tierras, en las gobernaciones intervenidas, cualquier reforma patinará. No se puede ordenar el país con los mismos que lo desordenaron.
La segunda capa, más visible y más insultante, es el tema de las maletas. Maletas que aparecen y desaparecen con dólares, con dinero sin origen, con pagos. El país habla de ellas en voz baja, las ve en aeropuertos, en fronteras, en oficinas públicas. Y no hay una sola explicación oficial, seria y transparente. El silencio frente a las maletas enceba el palo más que cualquier otra cosa, porque confirma la sospecha de que hay pactos que no se tocan.
La tercera capa es el narcotráfico. Ya no es un problema del Chapare o de una zona roja. Es un sistema económico paralelo que contamina la política, la justicia, la tierra y la seguridad. Avionetas, pistas clandestinas, municipios donde manda otro poder. Y la respuesta del Estado central es burocrática y centralista. Si no se delegan funciones reales de seguridad, inteligencia y control territorial a las gobernaciones, con recursos y responsabilidad, seguiremos barriendo la escalera de abajo hacia arriba.
Pero donde el palo se vuelve imposible de trepar para el ciudadano común es en la cuarta capa: el Fiscal y la inseguridad jurídica.
¿De qué sirve pedirle al ciudadano que confíe, que invierta, que denuncie, si sabe que al final todo termina en un fiscal que no acusa, o que acusa a pedido, y en un juez que dicta sentencia según quien paga? Tenemos una justicia con abogados negociadores y jueces sobornables. La coima no es la excepción, es el trámite. El litigante pobre pierde, el que tiene padrino político gana, y el narcotraficante compra su libertad con maletas.
Esa es la mayor frustración. Sin justicia no hay premio en la punta del palo que valga.
Rodrigo Paz parece trepar con gran indecisión. Sube un poco, se resbala, mira hacia abajo, guarda silencio. Y cada resbalón, por acción de la gravedad, lo acerca al suelo. Si continúa así, con un silencio obvio y disimulado frente a lo que todos vemos, puede terminar evadiéndose del compromiso. Frustrando las expectativas que una ilusionada ciudadanía depositó en él.
Los ciudadanos, aún decepcionados, todavía esperan con estoicismo y le dan una prórroga. Esperan una respuesta efectiva que permita superar los obstáculos.
Esa respuesta no puede ser un discurso. Debe ser una muestra de voluntad política que empiece por lo elemental: cambiar la burocracia heredada, auditar al Ministerio Público y al Órgano Judicial y, caiga quien caiga, sacar a los operadores corruptos, y devolverle al país seguridad jurídica.
De lo contrario, el palo encebao se quedará sin trepador. Y el premio, que era sacar a Bolivia del pozo, seguirá colgando allá arriba, para que lo mire el próximo.