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Ing Jorge Landivar Roca ANALISTA POLÍTICO

EL GOBIERNO: UN PALO ENSEBAO PARA RODRIGO PAZPor Jorge Landívar RocaEl palo ensebao es juego popular y expresión artísti...
14/10/2026

EL GOBIERNO: UN PALO ENSEBAO PARA RODRIGO PAZ
Por Jorge Landívar Roca

El palo ensebao es juego popular y expresión artística de nuestras fiestas patronales del oriente boliviano. Un tronco alto, embadurnado de grasa o jabón para que resbale, con un premio en la punta. Trepar es la gracia, y resbalar es la norma. Se dice que vino de España en la colonia, aunque los expertos lo rastrean también en la Italia del siglo XVI, en el mítico País de la Cucaña o Jauja, e incluso en la India. Es una tradición que goza del favor y conocimiento popular.

El actual gobierno de Bolivia guarda una analogía exacta con ese juego. Su presidente, Rodrigo Paz, fue estimulado y propulsado hacia la cima por el apoyo y las esperanzas de una ciudadanía ilusionada que le dio el triunfo electoral para sacarnos del marasmo de 20 años de crisis. Debe trepar. El problema es que el palo está más encebao que nunca.

Y no es por falta de voluntad de la gente de abajo que lo empuja. Es por la grasa que le ponen desde arriba y desde adentro.

La primera capa de sebo es la corrupción intacta. El gobierno heredó una burocracia del MAS que tomó las instituciones del Estado y las regionales. No es una burocracia neutra. Es una estructura diseñada para el control político y el cobro. Mientras esa gente siga en aduanas, en la ABC, en YPFB, en las direcciones de tierras, en las gobernaciones intervenidas, cualquier reforma patinará. No se puede ordenar el país con los mismos que lo desordenaron.

La segunda capa, más visible y más insultante, es el tema de las maletas. Maletas que aparecen y desaparecen con dólares, con dinero sin origen, con pagos. El país habla de ellas en voz baja, las ve en aeropuertos, en fronteras, en oficinas públicas. Y no hay una sola explicación oficial, seria y transparente. El silencio frente a las maletas enceba el palo más que cualquier otra cosa, porque confirma la sospecha de que hay pactos que no se tocan.

La tercera capa es el narcotráfico. Ya no es un problema del Chapare o de una zona roja. Es un sistema económico paralelo que contamina la política, la justicia, la tierra y la seguridad. Avionetas, pistas clandestinas, municipios donde manda otro poder. Y la respuesta del Estado central es burocrática y centralista. Si no se delegan funciones reales de seguridad, inteligencia y control territorial a las gobernaciones, con recursos y responsabilidad, seguiremos barriendo la escalera de abajo hacia arriba.

Pero donde el palo se vuelve imposible de trepar para el ciudadano común es en la cuarta capa: el Fiscal y la inseguridad jurídica.

¿De qué sirve pedirle al ciudadano que confíe, que invierta, que denuncie, si sabe que al final todo termina en un fiscal que no acusa, o que acusa a pedido, y en un juez que dicta sentencia según quien paga? Tenemos una justicia con abogados negociadores y jueces sobornables. La coima no es la excepción, es el trámite. El litigante pobre pierde, el que tiene padrino político gana, y el narcotraficante compra su libertad con maletas.

Esa es la mayor frustración. Sin justicia no hay premio en la punta del palo que valga.

Rodrigo Paz parece trepar con gran indecisión. Sube un poco, se resbala, mira hacia abajo, guarda silencio. Y cada resbalón, por acción de la gravedad, lo acerca al suelo. Si continúa así, con un silencio obvio y disimulado frente a lo que todos vemos, puede terminar evadiéndose del compromiso. Frustrando las expectativas que una ilusionada ciudadanía depositó en él.

Los ciudadanos, aún decepcionados, todavía esperan con estoicismo y le dan una prórroga. Esperan una respuesta efectiva que permita superar los obstáculos.

Esa respuesta no puede ser un discurso. Debe ser una muestra de voluntad política que empiece por lo elemental: cambiar la burocracia heredada, auditar al Ministerio Público y al Órgano Judicial y, caiga quien caiga, sacar a los operadores corruptos, y devolverle al país seguridad jurídica.

De lo contrario, el palo encebao se quedará sin trepador. Y el premio, que era sacar a Bolivia del pozo, seguirá colgando allá arriba, para que lo mire el próximo.

14/10/2026

CONCEPCIÓN: ORQUÍDEAS, BARRO Y UNA LENGUA QUE SE APAGA
Por Jorge Landívar Roca

Llegué a Concepción por el XXVI Festival de la Orquídea y me quedé por todo lo demás. Fundada en 1709 por los jesuitas, esta misión chiquitana te hace algo raro: entre música barroca, hornos de barro y orquídeas colgando de los corredores, uno siente que viajó a una época remota que sigue viva.

No es casualidad. La Catedral de la Inmaculada Concepción es Patrimonio Cultural de la Humanidad. No es solo una iglesia, es una joya de madera tallada que resume la obra misional. Ahí se nota el trabajo de restauración del arquitecto Hans Roth y el esfuerzo silencioso del CEPAD y de las comunidades por no dejar que esa memoria se disperse.

El corazón del viaje, sin embargo, estuvo fuera del centro.

Con la Ruta Raíces Chiquitanas fuimos hasta Santa Rita. Allí quedan las últimas voces del paunaka. No es un dialecto del bésiro —son familias lingüísticas distintas— aunque convivieron por siglos en el mismo territorio. El paunaka es una lengua arahuaca, pariente del mojeño beniano, y hoy no la hablan más de un puñado de personas.

Una de ellas es doña Juanita. Entramos a su pahuichi, esa vivienda rural típica donde el visitante siempre es bien recibido. Con el chef Fernando Catalán a un lado y la hija de doña Juanita traduciendo, vimos preparar el curari. Mientras se removía la olla de barro, ella iba nombrando los ingredientes en paunaka. Entendí en ese momento qué significa que una lengua se apague: cuando doña Juanita se vaya, ¿quién va a traducir el curari?

La ruta es también una ruta del sabor. En Santa Rita recolectan almendra chiquitana, chonta y plantas medicinales que son parte de la dieta diaria. En lo de Asunta probé el pututo, ese plato criollo antiguo de gallina con maíz perla que se cuece a leña en olla de barro, removiendo sin parar.

Después vino el horno de barro: pan de arroz, cuñapé, sonso de yuca y empanadas de arroz. Más tarde, majadito, locro carretero, chicha camba de maíz bien fría y café de maní que nos sirvió una de las bordadoras más reconocidas de Concepción, mientras nos mostraba cómo se pintan a mano los lienzos con la Cattleya nobilior, la orquídea reina del festival.

Hay saberes que se transmiten de madre a hija, y otros que nacen de la necesidad. Me contaron que en las familias muy numerosas, antes del almuerzo se les daba a los niños unas bolas de maní tostado compactado con melaza y chancaca, dulces y bien densas, para que comieran menos y alcance para todos.

Entre plato y plato, el palo encebao, la carrera de embolsados y el pejichi. Todo a cargo del Jisunú, que organiza el festival justamente para eso: para que la gente llegue y la cultura no se vaya.

En el pueblo visité también el Museo Colonial, en la casa donde nació Hugo Banzer Suárez, y un taller del CEPAD donde se talla y se pinta en vivo. Son capas de historia que conviven: la misión jesuítica, la vida chiquitana y la Bolivia más reciente, todo en pocas cuadras.

Me fui de Concepción con la sensación de haber hecho algo más que turismo. Fue un baño de cultura viva. La orquídea es la excusa, pero lo que te llevas es la voz de doña Juanita, el olor a leña y la certeza de que hay pueblos que todavía resisten para no olvidar quiénes son.

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13/10/2026

CONCEPCIÓN: ORQUÍDEAS, BARRO Y UNA LENGUA QUE SE APAGA
Por Jorge Landívar Roca

Llegué a Concepción por el XXVI Festival de la Orquídea y me quedé por todo lo demás. Fundada en 1709 por los jesuitas, esta misión chiquitana te hace algo raro: entre música barroca, hornos de barro y orquídeas colgando de los corredores, uno siente que viajó a una época remota que sigue viva.

No es casualidad. La Catedral de la Inmaculada Concepción es Patrimonio Cultural de la Humanidad. No es solo una iglesia, es una joya de madera tallada que resume la obra misional. Ahí se nota el trabajo de restauración del arquitecto Hans Roth y el esfuerzo silencioso del CEPAD y de las comunidades por no dejar que esa memoria se disperse.

El corazón del viaje, sin embargo, estuvo fuera del centro.

Con la Ruta Raíces Chiquitanas fuimos hasta Santa Rita. Allí quedan las últimas voces del paunaka. No es un dialecto del bésiro —son familias lingüísticas distintas— aunque convivieron por siglos en el mismo territorio. El paunaka es una lengua arahuaca, pariente del mojeño beniano, y hoy no la hablan más de un puñado de personas.

Una de ellas es doña Juanita. Entramos a su pahuichi, esa vivienda rural típica donde el visitante siempre es bien recibido. Con el chef Fernando Catalán a un lado y la hija de doña Juanita traduciendo, vimos preparar el curari. Mientras se removía la olla de barro, ella iba nombrando los ingredientes en paunaka. Entendí en ese momento qué significa que una lengua se apague: cuando doña Juanita se vaya, ¿quién va a traducir el curari?

La ruta es también una ruta del sabor. En Santa Rita recolectan almendra chiquitana, chonta y plantas medicinales que son parte de la dieta diaria. En lo de Asunta probé el pututo, ese plato criollo antiguo de gallina con maíz perla que se cuece a leña en olla de barro, removiendo sin parar.

Después vino el horno de barro: pan de arroz, cuñapé, sonso de yuca y empanadas de arroz. Más tarde, majadito, locro carretero, chicha camba de maíz bien fría y café de maní que nos sirvió una de las bordadoras más reconocidas de Concepción, mientras nos mostraba cómo se pintan a mano los lienzos con la Cattleya nobilior, la orquídea reina del festival.

Hay saberes que se transmiten de madre a hija, y otros que nacen de la necesidad. Me contaron que en las familias muy numerosas, antes del almuerzo se les daba a los niños unas bolas de maní tostado compactado con melaza y chancaca, dulces y bien densas, para que comieran menos y alcance para todos.

Entre plato y plato, el palo encebao, la carrera de embolsados y el pejichi. Todo a cargo del Jisunú, que organiza el festival justamente para eso: para que la gente llegue y la cultura no se vaya.

En el pueblo visité también el Museo Colonial, en la casa donde nació Hugo Banzer Suárez, y un taller del CEPAD donde se talla y se pinta en vivo. Son capas de historia que conviven: la misión jesuítica, la vida chiquitana y la Bolivia más reciente, todo en pocas cuadras.

Me fui de Concepción con la sensación de haber hecho algo más que turismo. Fue un baño de cultura viva. La orquídea es la excusa, pero lo que te llevas es la voz de doña Juanita, el olor a leña y la certeza de que hay pueblos que todavía resisten para no olvidar quiénes so

09/10/2026

OBEDECER SIN CREER
La normalización de la incoherencia ética

Jorge Landívar Roca

El delito ha mostrado su rostro más tenebroso donde menos debería: dentro de la administración de justicia. La Fiscalía General del Estado, máximo órgano del Ministerio Público, atraviesa una crisis sin precedentes. Su titular enfrenta investigaciones por presuntos vínculos con redes de protección al narcotráfico, reportes sobre la revocatoria de su visa por Estados Unidos, destitución y detención preventiva. De forma interina ha asumido el Dr. Urioste hasta una nueva elección congresal, y ha solicitado a los nueve fiscales departamentales poner sus cargos a disposición.
Más allá de los nombres, que deberá esclarecer la justicia, el hecho revela algo más profundo y más grave que un caso.
Hay espacios donde la incoherencia no solo se tolera, se normaliza. La justicia boliviana es uno de ellos. Allí el soborno se volvió estrategia para conseguir un favor, acelerar un trámite o evitar una sanción. El pago oculto para torcer una decisión se llama "habilidad profesional". Y la transgresión intencionada de los principios del derecho se disfraza de pragmatismo.
Lo grave no es que ocurra. Lo grave es que deje de sorprender.
Cuando la falta de integridad no tiene consecuencias, el carácter pierde valor público. Se admira al astuto e ingenioso para conseguir un fin, aunque sea deshonesto; se justifica al corrupto si resulta eficaz. La ética se convierte entonces en un accesorio opcional.
El problema no es solo del que miente; es de quien aplaude. Cada vez que premiamos la falta de verdad porque nos conviene, erosionamos nuestra propia dignidad.
No se trata de ideologías. Se trata de coherencia básica.
La sociedad boliviana critica la corrupción en voz alta, pero muchas veces la tolera en silencio si le beneficia. Exige honestidad en lo pequeño y relativiza lo grande. Esa doble vara es la que sostiene sistemas enfermos.
La integridad no depende del cargo que se ostente. No hay profesión que justifique la mentira y la corrupción como norma. Cuando aceptamos que el fin justifica los medios, sacrificamos el carácter en nombre de la conveniencia.
El juicio social es selectivo. Señala a unos y protege a otros. Pero la conciencia individual no debería funcionar así. Si sabemos que algo está mal, no debemos convertirlo en correcto solo porque viene de alguien con poder o porque nos beneficia.
Al final, la dignidad y el verdadero respeto no se imponen ni se compran; se ganan con coherencia sostenida. Cuando una sociedad aprende a distinguir entre fama y honor, entre poder y rectitud, empieza a recuperar algo más valioso que cualquier victoria: la dignidad social. Ese valor intrínseco que posee todo ciudadano por el solo hecho de serlo.
La pregunta que queda es incómoda y necesaria: ¿están los abogados traicionando, abandonando u olvidando su núcleo de valores fundamentales? Ese es el desafío para quienes conducen y representan a los ciudadanos. La distancia entre lo que se predica y lo que se hace ha generado una percepción extendida de incoherencia. Muchos colaboradores sienten que los valores son “declaraciones elegantes” y no “pistas de acción”.

06/10/2026

Un pacto narco-estatal?
Paralelismos entre México y Bolivia
La idea de un pacto entre el narcotráfico y el Estado en México no refiere a un acuerdo formal y único, sino a una relación histórica de más de cuarenta años basada en intereses económicos y políticos. Si bien no existe evidencia oficial que confirme un pacto firmado, documentos desclasificados, procesos judiciales en EE.UU. y una amplia literatura periodística documentan distintos niveles de tolerancia, colusión y negociación implícita.
Los orígenes de esta relación se remontan a finales de los años setenta, con la figura de Miguel Ángel Félix Gallardo, "El Jefe de Jefes". Ex funcionario de la Policía Judicial de Sinaloa y ex escolta del gobernador de esa entidad, Gallardo articuló una red que, según investigaciones periodísticas, contaba con la intermediación de autoridades locales para garantizar el tránsito de droga hacia Estados Unidos.
Durante los gobiernos del PRI (1940-2000), diversos investigadores señalan que la Dirección Federal de Seguridad (DFS) ejerció un control centralizado del fenómeno: permitía el paso de droga a cambio de pagos y de un compromiso de contención de la violencia. Este modelo colapsó a partir de 1985 con la desaparición de la DFS y la alternancia política. El control se fragmentó y pasó de un esquema administrativo a uno de sobornos directos a autoridades locales, estatales y federales.
Esta lógica es visible en las últimas dos décadas. La estrategia de confrontación directa del presidente Felipe Calderón (2006-2012) con la "guerra contra el narco" rompió con el modelo anterior de tolerancia administrada. Posteriormente, la política de "abrazos, no balazos" del presidente Andrés Manuel López Obrador fue interpretada por sectores de la oposición como un pacto de no confrontación, aunque el gobierno la justificó como una estrategia de atención a las causas sociales.
En Bolivia, cuya trayectoria es distinta, se observan patrones funcionales similares. Como uno de los tres productores históricos de hoja de coca junto a Perú y Colombia, el país se integró tempranamente a la cadena del narcotráfico.
Se pueden distinguir cuatro etapas: 1) Entre 1950 y 1970, Bolivia fue exclusivamente proveedor de materia prima para consumo tradicional, cultivada legalmente en Los Yungas y el Chapare. 2) En las décadas de 1960 y 1970, los cárteles de Medellín y Cali la convirtieron en proveedor de pasta base barata, que salía por la ruta del Caribe vía Colombia. 3) El año 1980 marcó el auge del denominado "narco-Estado" con la corporación de Roberto Suárez Gómez en el Beni y la dictadura de García Meza, calificada por EE.UU. como una "narco-dictadura". Tras el cierre de la ruta del Caribe por EE.UU., la ruta se desplazó hacia México.
La cuarta etapa, desde los años noventa hasta hoy, implica una transformación estructural. Tras la caída de los cárteles colombianos, los grupos mexicanos pasaron de transportistas a compradores directos en territorio boliviano. Se consolidaron nuevas rutas: la del Cono Sur hacia Paraguay y Brasil con destino a Europa y África; la ruta hacia Argentina y España; y la ruta andina hacia puertos de Chile con destino a Asia y Oceanía.
En este periodo, dos factores internos fueron determinantes. Primero, las políticas de erradicación forzada, como el Plan Dignidad (1998), desplazaron a productores a zonas más remotas e incentivaron la refinación local para obtener mayor rentabilidad. Segundo, tras la expulsión de la DEA en 2008 y la política de "coca sí, co***na no" con la legalización de 22.000 hectáreas, se incrementó, según UNODC, el riesgo de desvío hacia el narcotráfico. Bolivia pasó de exportar pasta base a refinar clorhidrato de co***na en laboratorios instalados principalmente en Beni, Santa Cruz y el Chapare. Resulta más rentable mover un kilo de co***na pura, que equivale a 2 o 3 kilos de pasta base en peso y volumen, con menor riesgo.
Esta industrialización se explica también por la instalación de grupos criminales brasileños como el Primer Comando Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV) en la frontera, que aportaron precursores químicos mediante contrabando hormiga desde Argentina, Brasil y Paraguay, cocineros colombianos y control logístico. Santa Cruz dejó de ser solo zona de tránsito para convertirse en centro de acopio y refinación, con laboratorios detectados a menos de 150 km de la ciudad. Infraestructuras como el aeropuerto de Viru Viru y el corredor bioceánico facilitan esa conexión.
Los efectos colaterales son evidentes: incremento del ajuste de cuentas y sicariato desde 2020, y crecimiento de sectores usados para lavado de dinero como el inmobiliario, importadoras y ganadería. Según reportes de la UIF, los Reportes de Operaciones Sospechosas desde Santa Cruz aumentaron 40% entre 2022 y 2025. La economía del delito lo explica: un kilo de co***na que en Santa Cruz cuesta entre $2.200 y $2.500 USD, alcanza $8.000 en São Paulo y supera los $35.000 en Europa.
"Ni en México ni en Bolivia puede probarse un pacto formal, pero ambos casos muestran un Estado que transitó de la administración del negocio a la pérdida de control. México pasó de un narco regulado por el poder central a un narco que regula territorios. Bolivia pasó de ser la chacra del sistema a ser su fábrica. El punto de encuentro actual es Santa Cruz, donde convergen cocineros colombianos, compradores mexicanos y logística brasileña."

22/09/2026

¿DEBE ADECUARSE EL ESTADO A LA NUEVA REALIDAD?
Jorge Landívar Roca
Al llegar al gobierno, el MAS sostuvo que Bolivia se asentaba sobre una matriz colonial impuesta desde 1492, que destruyó el avance técnico de los pueblos indígenas e impuso una convivencia obligada entre dominadores y dominados.
Sobre esa tesis se modificó la Constitución de 2009 para reivindicar el indigenismo. La gestión se acomodó entonces a la receta del Socialismo del Siglo XXI de Heinz Dieterich, por influencia del Foro de São Paulo y de Hugo Chávez. Fue la fusión del marxismo clásico con la exaltación indigenista: una estructura institucional para atrincherarse y luchar contra la sepultura de lo comunitario bajo la modernidad, erigiendo la condición indígena como proyecto de poder.
Esa doctrina resultó atractiva. A los ideólogos del MAS, de base sindical cocalera e indianista, les sirvió para dar contenido, causa y sentido a su movimiento. La nueva Carta Magna fue puesta en vigencia con un propósito claro: usufructuar los recursos que entrega la Pachamama bajo la convicción de que deben servir al indígena por el solo hecho de serlo y únicamente a ellos.
Aquí conviene una distinción esencial. El ideólogo Fausto Reinaga y el MITKA tenían el objetivo de liberar al indio del Estado. El MAS, en cambio, utilizó al indio para capturar el Estado. El indigenismo en el poder recurrió a la simbología india para expandir el Estado.
El MAS-IPSP tiene raíces indianistas. El indianismo reivindica el Tawantinsuyu, el Qullasuyu, es decir, la identidad india como proyecto civilizatorio propio y rechaza la integración al Estado-Nación mestizo. Su lema lo resume: "Ni de izquierda ni de derecha, únicamente indios". En pocas palabras: el indigenismo habla por el indígena para integrarlo; el indianismo habla desde el indígena para liberarlo. De ahí el eslogan: "Como indios nos explotaron, como indios nos liberaremos".
He sostenido que Bolivia fue utilizada como escenario telúrico ancestral para un peligroso experimento social-indígena, financiado por varias ONGs extranjeras, estudiosos europeos y organizaciones evangélicas norteamericanas, curiosas por probar hasta qué extremo el indígena responde a estímulos de un pasado recreado y a un resentimiento exacerbado.
Veinte años son tiempo más que suficiente para blindar una gestión de la aplicación de la ley.
Hoy el nuevo gobierno deberá acudir a los mejores economistas para sacar al país de la cloaca en la que, según el propio presidente, hemos caído, al convertirnos en un país "tranca". A la crisis de Estado se suma el agotamiento de los hidrocarburos, un consenso ya técnico y no político.
Entre 2006 y 2022 se perforaron menos de 20 pozos exploratorios de alto impacto, muy por debajo de lo necesario para reponer reservas. Se optó por concentrar recursos en campos maduros. La herencia es estructural: menos dólares entran por gas, más dólares salen por diésel y gasolina importada. El subsidio, que antes se financiaba con renta gasífera, hoy se paga echando mano a las reservas del BCB y aumentando la deuda.
La situación muestra una sola salida: adecuar las instituciones del Estado a esta nueva realidad.
En lo económico, una Ley de Inversiones sin candados, que otorgue seguridad jurídica y garantice los contratos. En lo institucional, fortalecer la UIF, la FELCN y el Ministerio Público con responsabilidades directas y recuperar el control territorial efectivo del Estado.

SUMARIO: Veinte años después, el modelo indigenista de 2009 está agotado. Menos gas, más importación de diésel y un Estado blindado obligan a una nueva Ley de Inversiones y a recuperar el control territorial.

18/09/2026

LÓGICA DE LA VISIÓN AYMARA: MARCHAR HACIA ATRÁS PARA AVANZAR
Por Jorge Landívar Roca
Para entender Bolivia hay que recordar que somos dos disciplinas antiguas frente al mismo desafío: dominar un territorio extremo.
En el oriente, la cultura hidráulica de Moxos levantó durante siglos gigantescos terraplenes, canales y camellones para defenderse de las inundaciones. Fue una sociedad agrícola avanzada que aprendió a vivir con el agua, no contra ella. Es, probablemente, la obra de infraestructura prehispánica más extensa del continente.
En el occidente, alrededor del lago Titicaca y el altiplano andino, floreció Tiwanaku entre el año 500 y el 1000 d.C. Cuando cayó, emergieron los Doce Señoríos Aymaras — Pacajes, Lupacas, Collas y otros — fueron reinos autónomos que dominaron las cumbres entre los siglos XIII y XV, hasta ser absorbidos por los incas primero y luego por los españoles. Sometidos dos veces, los aymaras aprendieron a hacer de este recuerdo su territorio.
De esa historia nace una lógica del tiempo que Europa no llegó a entender.
Los jesuitas recién la conocieron en el siglo XVI y la desecharon. Tuvieron que pasar cuatro siglos para que la ciencia la explicara.
El investigador Rafael Núñez, de la Universidad de California en San Diego, documentó que los aymaras son la única cultura conocida que ubica espacialmente “el futuro detrás del cuerpo”.
No es un error. Resulta ser un idioma.
En aymara, nayra significa ojo, vista, adelante. Y también significa pasado. Qhipa significa espalda, detrás. Y también significa futuro.
La explicación, desde un punto filosófico, indica: solo puedes hablar con certeza de lo que has visto, de su naturaleza. El pasado está delante tuyo, con tus ojos, porque lo viviste y lo puedes testimoniar. El futuro está a tu espalda, es ciego, porque no ha llegado y permanece oculto. No se trata de que no exista futuro, se trata de que es incierto por principio.
Por eso el dicho aymara que resume todo: “el futuro es ciego, solo el pasado tiene ojos”.
Esa concepción es circular en el tiempo, no lineal. El tiempo no es una flecha que avanza hacia una meta, es un retorno — kuti y muyu — donde el sol, Tata-Inti, y la madre tierra, Pachamama, no necesitan ser predichos. El sol todos los días puede salir o no, pero se sabe que está ahí, aunque esté oculto. Esa es su certeza. Su presente se forja en un pasado milenario que vuelve.
Los gobiernos del MAS entendieron esa fuerza simbólica y trataron de reivindicarla incorporándola a la Constitución como el vivir bien. Cada año que nace debía entregar prosperidad al pueblo aymara. Fue un intento legítimo de darle rango de filosofía de Estado a una forma de ver el mundo.
El problema es que gobernar exige también la otra lógica.
En el oriente, por necesidad y por entorno, se desarrolló la visión opuesta: avanzar mirando hacia adelante. Tener la habilidad de visualizar objetivos, identificar oportunidades y riesgos, y tomar decisiones estratégicas que acerquen a metas concretas. No es adivinación, es planificación.
Esa es la lógica empresarial moderna: no se trata de predecir el futuro, sino de analizar la información disponible, conectar puntos y pensar de manera innovadora. Anticiparse a los cambios del mercado, crear estrategias sostenibles, fomentar la creatividad. El pasado no se niega, se usa como dato, pero permanece detrás, como experiencia acumulada.
Son dos formas de inteligencia. Una nos enseña a no olvidar. La otra nos obliga a imaginar.
Bolivia ha vivido los últimos veinte años discutiendo cuál debe mandar. Y el resultado es que caminamos a medias: miramos al pasado para legitimarnos, pero sin convertirlo en aprendizaje, y miramos al futuro para prometer, pero sin convertirlo en plan.
Por eso el momento actual es crucial. El país le demanda al gobierno de Rodrigo Paz algo que va más allá de la gestión diaria: definir una dirección clara. Un rumbo que no reniegue de la lógica aymara — que es identidad, memoria y comunidad — pero que incorpore sin complejos la visión proyectiva que el oriente ha practicado para emprender, producir y crecer.
No podemos seguir marchando hacia atrás creyendo que así avanzamos. Ni avanzar hacia adelante haciendo como si no tuviéramos pasado.
Necesitamos aprender a caminar con los ojos del pasado bien abiertos, pero con los pies firmes hacia el futuro que queremos construir.

17/09/2026

Un saludo a todos mis amigos y seguidores.

Les comparto la entrevista que tuve en el programa Influyentes de El Deber Radio, donde conversamos ameno y de manera sincera sobre los grandes retos que enfrentamos en Santa Cruz y en todo el país.

Les resumo los puntos principales que abordamos:

🔹 y : Reflexionamos sobre la responsabilidad de gobernar sin una mayoría absoluta, la urgencia de tomar decisiones firmes y la necesidad de buscar consensos reales por el bien de Bolivia.
🔹 y su de : Conversamos sobre la vigencia del modelo cruceño —basado en el esfuerzo propio, la mística de nuestras cooperativas e instituciones— y la urgente solución que requiere la crisis de los hidrocarburos.
🔹 : Destacamos con optimismo la incorporación de jóvenes en la gestión pública local y la importancia de que las nuevas generaciones asuman un rol activo para proyectar las demandas de nuestra región al plano nacional.
🔹 y : Comentamos detalles de mi libro "Lo que pocos dicen sobre cómo treparse al poder", analizando la importancia del pragmatismo, la tolerancia y el respeto en la vida política.

🎥 Los invito a ver la conversación completa 🫂

17/09/2026

MAQUIAVELO EN PALACIO QUEMADO
Jorge Landívar Roca
Desde épocas inmemoriales, el poder ha seducido a los hombres. Su análisis y su ejercicio han sido diversos a lo largo del tiempo. Durante un periodo muy largo de la historia, nadie se había aproximado a desnudar con tanta claridad la naturaleza del poder como lo hizo Maquiavelo. La existencia de innumerables notas, análisis y escritos confirma permanentemente este hecho.
Actualmente, la ciencia política se ha desarrollado más allá de las consideraciones señaladas por El Príncipe; sin embargo, éste no deja de constituir un texto básico para quien desee, de alguna manera, comprender y practicar la política.
El concepto moderno del poder nace de las ideas del pensador renacentista Nicolás Maquiavelo plasmadas en su obra El Príncipe. Una doctrina política clásica de la razón de Estado, de donde se puede colegir la necesidad de actuar en el contexto de la manipulación y el pragmatismo como actitudes indispensables en las tareas de gobierno, tal como recomienda Maquiavelo.
Aunque peyorativamente se ha venido utilizando el término "maquiavelismo" para esta práctica, se debe tal vez a que muchos críticos han sostenido que Nicolás Maquiavelo promovía la tiranía; una forma de gobierno en la que una persona detenta autocráticamente el poder absoluto sin ceñirse ni respetar leyes ni límites legales.
El Príncipe constituye una cautivante obra de la literatura política universal, donde priman el análisis y la experiencia del autor. Contiene, como se ha señalado, reglas de gobierno y filosofía práctica apetecibles para cualquier jefe de Estado en cualquier tiempo, siempre y cuando esté dispuesto a no reparar en medios para alcanzar sus fines. El autor sostiene, como paradigma, que el fin justifica los medios, lo que asocia la idea de que las normas, valores y costumbres de una sociedad que sirven de guía para distinguir entre lo que está bien y lo que está mal no deben regir las decisiones de un gobernante; ya que el conductor de un Estado debe priorizar la estabilidad y el orden político del país por encima de todo.
Esta consideración me llevó necesariamente a interpretar algunos hechos y actitudes del binomio Evo Morales y su tutor García Linera, que tuvieron la osadía de elaborar una estructura constitucional con algunos rasgos de la personalidad de Niccolò Machiavelli y de Heinz Dieterich, este último mentor y asesor del venezolano Hugo Chávez. Si se quiere distinguir: Dieterich aportó el qué, el Socialismo del Siglo XXI; Maquiavelo aportó el cómo, la técnica para la conservación del poder.
Imaginé a García Linera y al grupo Comuna convenciendo a Morales de que era posible construir una ideología. Tomar el indianismo katarista, amalgamarlo con la disciplina sindical de las seis federaciones del Trópico y, sobre esa simbiosis, enrolar a otros movimientos sociales en un solo proyecto electoral. Así ocurrió. Y una vez en el poder, Evo transitó el camino clásico que describe Maquiavelo: concentración de poder, egolatría y desprecio por los límites legales.
Luego practicó un populismo y una demagogia que llevaron al país a subordinarse a una serie de compromisos indigenistas que provocaron el desastre que hoy se vive. Una nación dividida regionalmente, dividida por rasgos, costumbres y cosmovisión heredados.
Se presuponía que el indigenismo en el gobierno, a través de Morales y García Linera, iba a constituir un modelo de honestidad y de burocracia racional. Sin embargo, resultó una gestión que concluye con estigmas de corrupción, con el narcotráfico vigente y un narco-Estado en pleno desarrollo.
Quien administre el país debe ser consciente de que tendrá que hacerlo con la necesaria valentía, con la apropiada decisión y firmeza en sus determinaciones, tomando medidas racionales y adecuadas para afrontar la cruda realidad, y ser analítico y reflexivo en sus pensamientos colectivos sobre la necesidad de un cambio.
Para entender la gestión masista se debe recordar lo señalado por Evo: "si cometo errores en el gobierno, llamo a los abogados para que me los corrijan". Tan grandes fueron los errores cometidos que se convirtieron en juicios desacertados, sectarios y dañinos para Bolivia. Ya se sabe que el gobierno pasado tuvo una gran dosis de intuición en su conductor y, aunque racionalmente no hubieran existido razones para que actuara así, llegó interesadamente al despilfarro de los recursos del Estado en beneficio de un indigenismo sectario.
Quien asuma el gobierno de este país debe hacerlo en el contexto de un conjunto de circunstancias que han marcado una sociedad caracterizada por la verticalidad andina, que privilegia las tradiciones aimaras y quechuas en la administración del Estado por sobre otras culturas.
Para la cultura aimara, su cosmovisión muestra que el "pasado está delante", debido a que, según ésta, el pasado ya se conoce y se puede ver. En otras palabras, "el futuro está atrás o detrás". Con esa mentalidad gobernaron Bolivia, igualando a la sociedad hacia la pobreza.

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