27/05/2026
Por ti volare
Por Ti Volaré - Abelardo De La Espriella y Maía
Queridos amigos:Hago entrega de mi quinto regalo para ustedes, para los amantes de mi música. Les presento "Por ti volaré‟, una bellísima canción que habla d...
27/05/2026
CONVOCATORIA SELECCIÓN COLOMBIA, MUNDIAL 2026 🇨🇴🏆⚽
Esta es la lista definitiva de los 26 jugadores que representarán a Colombia en el Mundial. Muchos éxitos muchachos. 🇨🇴🏆⚽
27/05/2026
Aca también nuestro dictadorzuelo tiene die,manos lis mandos militares y de Policía, y quieren traer la guerrilla como reemplazo. ?
Un General de Verdad
La reciente excarcelación del General de División de la Guardia Nacional, Ramón Antonio Lozada Saavedra, nos obliga a reflexionar sobre el destino de la institución militar venezolana. Su caso es el espejo de una tragedia nacional, pero también el testimonio vivo de que la dignidad no se puede encarcelar. Tras casi diez años de injusto cautiverio, incluyendo cuatro penosos años confinado en un hospital militar batallando contra la diabetes, la hipertensión y los rigores de un encierro implacable, el General Lozada Saavedra regresa a la libertad con la frente en alto.
Hubo un tiempo en que la Fuerza Armada Nacional de Venezuela era sinónimo de institucionalidad, profesionalismo y respeto a la Constitución. Los oficiales se formaban bajo la premisa de defender la soberanía y servir a todos los ciudadanos, sin distinciones políticas. Era una institución respetada, cuyo prestigio se cimentaba en el mérito, la disciplina y el amor a la patria.
Lamentablemente, esa historia de honor fue sistemáticamente desmantelada. Hugo Chávez y sus cómplices ejecutaron un plan deliberado de politización forzada, degradando el honor militar para convertir a los cuarteles en apéndices de un partido. Introdujeron consignas extranjeras, sustituyeron la meritocracia por la lealtad ciega al régimen y fracturaron la cadena de mando. Hoy, la institución armada sufre las consecuencias de esa perversa manipulación, que ha transformado la misión constitucional en una herramienta de control social y represión.
El General Lozada Saavedra representa justamente la antítesis de esa degradación; él encarna al oficial de la Venezuela institucional. Su hoja de servicios es brillante e impecable. Destacado por sus altos méritos académicos, demostró un desempeño sobresaliente en cada una de las posiciones de comando que asumió a lo largo de su dilatada carrera militar. No ascendió por complacencia ni por militancia partidista, sino por su capacidad, su liderazgo técnico y su entrega al uniforme de la Guardia Nacional.
Precisamente por ser un soldado de la República y no de una parcialidad política, terminó convertido en víctima de la intolerancia oficial. El régimen persigue con saña a los oficiales honestos porque su sola presencia evidencia la corrupción del sistema.
Sin embargo, el cautiverio del General Lozada Saavedra dejó una lección imborrable. Soportó crueldades, aislamiento y el deterioro progresivo de su salud con un coraje admirable. Demostró ante el país y ante sus propios custodios que el verdadero poder de un soldado no radica en su arma de reglamento, en los tanques o en las prebendas del poder. Su verdadero poder reside en sus valores morales, en sus principios éticos y en una fe inquebrantable que jamás llegó a pactar ni a doblegarse ante la tiranía.
La libertad del General Lozada Saavedra no borra los años de injusticia, pero enciende una luz de esperanza para el futuro de nuestras fuerzas armadas. Su ejemplo demuestra que la reserva moral de la institución militar sigue viva en el pecho de los hombres y mujeres que se niegan a vender su honor. Para reconstruir a Venezuela, necesitaremos rescatar esa doctrina de respeto a la ley y al ciudadano. Hoy, al ver el coraje de este oficial, podemos afirmar con orgullo y certeza que Ramón Antonio Lozada Saavedra es, y será siempre, un general de verdad.