17/08/2026
NO HABLO DESDE EL ÁMBITO DE LA POLÍTICA
Después de un terremoto que golpeó duramente a gran parte del país, dejando miedo, preocupación y muchas familias afectadas, el presidente llegó a Buenaventura y, entre otras acciones, entregó balones a varios niños. Desde entonces no han faltado las críticas, como si regalarles un momento de alegría fuera algo reprochable.
Obviamente, un balón no reconstruye una casa, no repara una carretera y tampoco reemplaza las ayudas que necesitan las comunidades después de una emergencia. Eso está claro y el Gobierno tiene la obligación de responder con soluciones reales. Pero una cosa no tiene por qué excluir la otra.
Miren la fotografía. En medio de todo lo que pudieron haber vivido esos niños después del terremoto, están sonriendo, jugando y disfrutando de algo tan sencillo como un balón. Para nosotros puede parecer insignificante; para un niño, en un momento difícil, puede representar muchísimo.
Lo triste es que hemos llegado a un punto en el que algunos analizan hasta la sonrisa de un niño dependiendo de quién le entregó el regalo. Si lo hace alguien que simpatiza con nosotros, es solidaridad; si lo hace alguien que no nos gusta políticamente, inmediatamente se convierte en motivo de burla o indignación.
Hay momentos para hacer oposición, exigir resultados y cuestionar al Gobierno, y hay momentos para conservar un poquito de humanidad.
Yo prefiero quedarme con esta imagen: después del miedo y de una situación tan difícil, por unos minutos estos niños pudieron olvidarse de todo, abrazar un balón y volver a sonreír.
Las ayudas grandes son indispensables, pero los pequeños gestos también cuentan. ⚽❤️🇨🇴