Soy Colombiana y desde temprana edad descubrí que quería algo distinto para mí, no la dirección de todo el mundo, no lo tradicional y eso no iba bien con mi entorno, quería ser independiente y crear cosas por mí misma e intenté todo desde ser empleada de empresas grandes y pequeñas, tienda de ropa, tienda de víveres, negocio de venta ambulante, miscelánea y ventas de toda índole y todo se sumaba a la lista de fracasos combinado con algunos logros, pero nunca me rendí, jamás tire la toalla porque cuando mantienes tu deseo en mente el camino aparecerá y todo aquello que no funcionó se convierte en ladrillos de ese castillo en construcción que somos.
Alguna vez escuché a una amiga que entre más alto el edificio más profundo serían los cimientos, esa frase calaba en mí y me llenaba de motivación, sin embargo, ese proceso suele ser doloroso en la gran mayoría de los casos, el asunto era que para yo lograr ser lo que soñaba debía cavar muy profundo… en mi caso personal tenía el chip, pero venía recubierto con demasiados temores, complejos y baja autoestima pero entendía que mis excusas eran la mentira que me vendieron mis miedos y me esforzaba por vencerlos.
En fin, me encontraba perdida y estancada y no sabía por dónde empezar, pero una cosa sabia y era que estaba decidida a hacer que funcionara para mí la independencia y la libertad financiera y yo tenía bien claro que buscaba muchísimo más que dinero.
Cuando cursaba 7º semestre de Derecho en la Universidad Autónoma de Bogotá mi unión con el padre de mis hijos llegó a su fin al mismo tiempo que la gran empresa donde trabajaba es liquidada y entonces cogí mis dos hijos, cambié de ciudad con pocos pesos y a comenzar de ceros, nuevamente obtengo un buen empleo con el periódico El Espectador y también me toca la crisis del 97 y nos liquidan, yo tenía la opción de quedarme en la compañía pero había un cambio enorme en la forma de devengar por eso elijo regresar a Bogotá a terminar la carrera pero me piden empezar desde primer semestre y no acepto porque ya las responsabilidades económicas eran grandes.
Para ese entonces conocí la industria del mercadeo en red y me sedujo tanto por la promesa de la libertad financiera como por el contacto con la gente, conocer sus historias de vida me apasiona y esa es mi fortaleza escuchar a la gente y darles ánimo y razones para continuar, sin embargo, llegué a un punto en que necesitaba de eso que había entregado, pero me fue esquivo.
Finalmente me cansé de insistir porque no avanzaba como esperaba, ya les dije que me considero juiciosa y me quedaba en la parte de la venta hasta que declinaba y así en una y en otra compañía con intervalos de tiempo hasta que desistí de la idea porque me consideraba disciplinada y estudiosa pero no veía los resultados o al menos con la promesa de crecimiento y desarrollo personal en ese proceso busqué estudiar coaching ontológico con el propósito de apoyar el equipo que tenía, sin embargo el coaching me llevó a un proceso de introspección muy fuerte, a conectarme más conmigo misma lo que a su vez me dirigió a proceso espiritual a través de Un Curso de Milagros para soltar mis apegos a personas, a cosas y situaciones diversas, en fin un vaciado interior y un tiempo de mucha incertidumbre y soledad.
Tras años de no saber cuál era mi vocación pero conectada siempre con el desarrollo empresarial y el crecimiento personal y convencida de que bien o mal venía liderando mi vida pues había abandonado la costa hacía bastante tiempo que no dependía de un empleo; diez años para ser exactos, decido que necesitaba un mentor que me apoyara con su experiencia porque en el mercadeo en red estaba todo lo que yo quería y podía combinar el Desarrollo personal, Marketing y Espiritualidad y además porque me exigía abandonar la zona de confort y enfrentar esos miedos que tanto me impedían avanzar.
Me defino como una mujer libre, apasionada, poderosa y abundante que dejó diluir su esencia para luego darse cuenta que no podía huir de ella y comenzar a retomarla…
Soy una de esas personas raras que no sabe cuándo ni cómo rendirse y mi gran sueño es dejar esa enseñanza a mis hijos que si bien les tocó la mamá más imperfecta y llena de culpas por no poder estar con ellos en su infancia como hubiera querido que entiendan que los sueños no tienen edad y que se puede superar cualquier condición emocional, mental o económica si uno se lo propone, siempre con ese espíritu de independencia y de emprendimiento.