La tiranía de las encuestas
Con las encuestas pasa algo muy raro: todos las esperamos con mucha expectativa, pero después nos dejan insatisfechos. Además, son tantas las que publican, y sus resultados son tan distintos, que hasta desconfiamos de ellas. Ni qué decir cuando al que lo miden es a uno, pues si el resultado es favorable es porque la encuesta es confiable; pero si es desfavorable, es porque está amañada.
Yo mismo, cuando fui candidato a la Alcaldía de Cali, no les ponía atención al principio. ¿Cómo iba a darles crédito si empecé marcando menos del 1 por ciento en la intención de voto? Pero a medida que pasaban las semanas y mi nombre escalaba posiciones, esas mismas encuestas me motivaban a emplearme a fondo para sobrepasar a Angelino Garzón, que en ese momento parecía imbatible, pues venía de ser el vicepresidente de Juan Manuel Santos. Pero faltando una semana para las elecciones, ya las encuestas anunciaban un empate técnico entre Roberto Ortiz y yo. Al final le saqué 112.759 votos de diferencia al primero y 88.876 al segundo.
Como alcalde tampoco les di importancia. Quizá porque al principio me ubicaban con una popularidad razonablemente buena. Pero hubo una caída en mi aceptación que preocupó tanto a las personas de mi círculo cercano, que se encargaron de transmitirme su angustia. Entre ellas Patricia, mi esposa, que todas las noches, cuando regresaba de trabajar, me recibía diciéndome que la gente estaba volviéndome trizas en las redes sociales.
De alguna manera eso sirvió para que dejara de ignorar las comunicaciones, porque siempre he creído que la verdad, al final, termina imponiéndose. Además, me parecía que una ciudad con tantas necesidades y tan poco presupuesto no podía darse el lujo de destinar recursos para comunicar lo que estábamos haciendo. Pero entendí a las malas que si uno no cuenta lo que hace, se puede interpretar como que no se está haciendo nada. Y ahí es cuando aparecen los opositores a llenar los vacíos con sus propias versiones.
Entonces decidí darles alguna importancia a las comunicaciones y logré visibilizar lo que yo creía que todo el mundo reconocería sin poner de mi parte. Eso me ayudó a terminar la alcaldía con una aceptación más o menos decorosa. Sin embargo, debo anotar que no se trata de comunicar por comunicar, como lo hacen en ciertas alcaldías y gobernaciones; se trata de ejecutar y acompañar los resultados con una comunicación seria, sin estridencias, porque es inaudito utilizarla para proyectar una carrera política presidencial. No hay derecho a que se gasten recursos públicos en publicidad para beneficio personal.
No hay duda de que las encuestas han protagonizado esta campaña presidencial. Han sondeado tantos nombres como jurados de votación habrá el próximo domingo. Con cada medición que sale, aparecen cuatro o cinco más donde los márgenes se agrandan o se estrechan. Depende de quién las publique. Para justificar los resultados, los encuestadores dicen que cada una revela la foto de un momento específico. No he dejado de preguntarme como es que si todos toman esa foto al mismo tiempo, sus resultados son tan diferentes.
El hecho concreto es que tras una larga y polarizante campaña electoral, ha llegado el momento de elegir. Y el único consejo que puedo ofrecer es que voten por quien quieran, pero salgan a votar. Sin ponerle atención a lo que hayan estipulado las encuestas. Porque, definitivamente, el voto que más valor tiene es el que se deposita por convicción.
Maurice Armitage
Empresario y exalcalde de Cali. Trabaje duro, sea buena persona, haga riqueza y distribúyala.
28/05/2026
No hay duda de que las encuestas han protagonizado esta campaña presidencial. Han sondeado tantos nombres como jurados de votación habrá el próximo domingo. Con cada medición que sale, aparecen cuatro o cinco más donde los márgenes se agrandan o se estrechan. Depende de quién las publique. El único consejo que puedo ofrecer es que voten por quien quieran, pero salgan a votar. Sin ponerle atención a lo que hayan estipulado las encuestas. Porque, definitivamente, el voto que más valor tiene es el que se deposita por convicción.
La paradoja de las encuestas: ¿realmente reflejan la opinión pública? Con las encuestas pasa algo muy raro: todos las esperamos con mucha expectativa, pero después nos dejan insatisfechos. Además, son tantas las que publican, y sus resultados son tan distintos, que hasta desconfiamos de ellas. Ni qué decir cuando al que lo miden es a uno, pues si el resultado es fa...
28/05/2026
El 6 de mayo invité públicamente a cuatro candidatos presidenciales a que expusieran sus ideas en Sidoc. Gracias, Claudia López, por venir esta mañana a compartir tu visión de país.
Fajardo estuvo la semana pasada. Las puertas de la fábrica siguen abiertas para que Paloma Valencia e Iván Cepeda Castro también se presenten y continúen este ejercicio democrático en el que los trabajadores tendrán la oportunidad de formar su opinión libremente.
La pureza del voto
El derecho a elegir hace parte de la integridad del ser humano, y como tal es sagrado e inalienable. También creo que entre más informados estemos, mejor conservamos la pureza del voto. Así que la mejor manera que conozco para poder votar a conciencia es tener la apertura mental de entablar diálogos sinceros con los líderes más representativos de las distintas ideologías políticas que hay.
Por esa razón, hace dos semanas invité públicamente a cuatro candidatos presidenciales a que visitaran las instalaciones de Sidoc para que tuvieran la oportunidad de exponer sus ideas, y para que los trabajadores escucharan los planteamientos del grupo de aspirantes de donde saldrá, a mi juicio, la persona que gobernará a Colombia por los próximos cuatro años. Esos candidatos son Claudia López, Paloma Valencia, Sergio Fajardo e Iván Cepeda.
Establecer esa cercanía entre candidatos y electores resulta fundamental para no ser víctimas de la polarización que se ha posicionado en las últimas semanas. Para nadie es un secreto que hay políticos tan convencidos de que la Presidencia es un trofeo, que lo que debería ser una lucha de ideas lo convirtieron en una guerra por el poder. Las agresiones están ocupando los noticieros, los programas de opinión, las redes sociales y la calle. Se ha vuelto lo más normal del mundo armar escándalos y descalificar al otro para intentar ganar votos. Y en medio de tantas trifulcas, parece que a todos se nos ha olvidado que la política debe enfocarse en mejorar la calidad de vida, no en disminuirla.
Por eso a veces siento que este país va por dos caminos muy distintos: uno donde se toman las decisiones, y otro donde se padecen las consecuencias de esas decisiones. Lo cierto es que el próximo presidente necesita de todos los colombianos para levantar al país de la división en la que está cayendo. Y para que ese propósito sea posible, la Presidencia debe empezar a ser vista como un medio para unir al país en torno a un bien común.
En el último año he confirmado tres cosas: la primera, que el electorado está cansado de la violencia política; la segunda, que la gente quiere que se sigan produciendo cambios sociales importantes; y la tercera, que para mí es la de mayor trascendencia, es que cambie la relación entre los empleados y los empleadores hacia un estado de confianza total entre ambas partes, porque un país se construye más fácil cuando la valoración de la mano de obra permite trabajar, progresar y vivir con dignidad.
Hace algunos días, la destacada periodista Paola Herrera me preguntó en su programa cuál debería ser el rol de los empresarios colombianos en las elecciones. No soy nadie para sugerirles a los demás lo que deben hacer, pero se me ocurren dos posturas que pueden fortalecer esa relación entre los empleados y los empleadores: la primera es que los empresarios guardamos la neutralidad, y la segunda es que facilitemos que las personas que trabajan con nosotros conozcan todas las posturas políticas en vez de orientar alguna en particular. De esta forma aportaremos un granito de arena para que cada quién forme su opinión con libertad de criterio y ejerza la pureza de su elección cuando esté al frente del tarjetón.
Los intereses de Colombia están por encima de las mezquindades políticas. Nuestro país merece ser gobernado con respeto y altura, no con rabia ni sed de venganza.
21/05/2026
Hay políticos tan convencidos de que la presidencia es un trofeo, que lo que debería ser una lucha de ideas lo convirtieron en una guerra por el poder. Y en medio de tantas trifulcas, parece que a todos se nos ha olvidado que la política debe enfocarse en mejorar la calidad de vida, no en disminuirla.
La importancia de la pureza del voto: el camino hacia una elección consciente El derecho a elegir hace parte de la integridad del ser humano, y como tal es sagrado e inalienable. También creo que entre más informados estemos, mejor conservamos la pureza del voto. Así que la mejor manera que conozco para poder votar a conciencia es tener la apertura mental de entablar diál...
19/05/2026
Hace dos semanas invité públicamente a cuatro candidatos presidenciales a que vinieran a Sidoc a exponer sus ideas y visión de país. El primero en hacerlo fue Fajardo esta mañana, a quien le agradezco su visita.
Las puertas de la fábrica están abiertas para que Claudia López, Paloma Valencia e Iván Cepeda Castro también nos visiten y continúen esta acción democrática donde cada trabajador tendrá la oportunidad de formar su opinión con libertad de criterio para las próximas elecciones.
Cantinflas ha sido mi héroe toda la vida y ahora lo considero un sabio.
El pobre no es pobre porque quiere
En Colombia ha hecho carrera una idea bastante absurda según la cual el pobre es pobre porque quiere. Pero resulta que la pobreza no es un problema individual: es un problema colectivo del cual todos somos responsables. Porque si una persona trabaja diez o doce horas diarias y lo que devenga no le alcanza para cubrir sus necesidades básicas, entonces no es que no quiera salir adelante; es que no hay suficientes empleos dignos y el Estado falló en ofrecerle la preparación adecuada para poder acceder a ellos.
Afortunadamente, ahora la pobreza y angustias del pueblo colombiano están en primer orden. Al punto de que sería un despropósito que persistiera la indiferencia histórica que ha existido alrededor de la desigualdad. Los grandes cambios se producen cuando hay grandes exigencias. Y la justicia social es, a mi modo de ver, la gran conquista de millones de ciudadanos que jamás habían sido tenidos en cuenta.
Quienes están dentro de la burbuja se habían acostumbrado a ver jodidos a los más sobados, a los que no han tenido oportunidades. Como si la cosa no fuera con ellos. Como si la pobreza no los conmoviera. Entonces se desentendieron por tantos años del verdadero problema de este país, que creyeron que era suficiente con pagar impuestos. Pero en eso estaban muy equivocados, porque todos tenemos derecho a progresar.
Así las cosas, ha llegado el momento de aceptar que la entrada del socialismo no significa el fin del capitalismo. Ambos sistemas pueden convivir perfectamente, sin traumatismos, como ocurre en varios países europeos. Es más: son complementarios. Necesitamos un capitalismo productivo que genere empleo y riqueza, y un socialismo distributivo que valore la mano de obra y permita mejores ingresos.
Para que esa comunión que propongo sea posible, todos debemos poner de nuestra parte. Si Iván Cepeda gana, debe arropar a los empresarios y confiar en la empresa privada para producir riqueza; y si Paloma Valencia se impone, su prioridad debe ser el pueblo y seguir profundizando con generosidad los cambios sociales que están en marcha.
No podemos desaprovechar esta oportunidad de evolucionar políticamente porque el país, tal y como lo conocíamos, no volverá a ser igual. La nación que solo beneficiaba a unos pocos está quedando atrás, para mostrarnos otra muy distinta donde se impulse la productividad y se distribuya con justicia. Depende de nosotros asumir esta transición con concordia o con más violencia, esa misma que ha hecho que llevemos más de cincuenta años matándonos sin salir del atolladero.
14/05/2026
En Colombia ha hecho carrera una idea bastante absurda según la cual el pobre es pobre porque quiere. Pero resulta que la pobreza no es un problema individual: es un problema colectivo del cual todos somos responsables.
La pobreza en Colombia: un problema colectivo que todos debemos enfrentar En Colombia ha hecho carrera una idea bastante absurda según la cual el pobre es pobre porque quiere. Pero resulta que la pobreza no es …
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