26/09/2026
—"Mijita, no andes con ese chico Bustos. Dicen que su madre, doña Romelia María Bustos Briones, es pariente directa del mismísimo bandolero Nahúm Briones".
Así comienza la historia de la canción más famosa de Loja: **«Muñequita Morena»**.
Aquellas palabras se las repetía una y otra vez mi abuela materna, doña Amada Álvarez, a mi madre, Raquel Peñarreta. Era 1972. Para la Loja conservadora de hace más de cincuenta años, llevar en las venas la sangre rebelde del legendario forajido de Canguragüela —aquel que asaltaba a los hacendados para repartir a los desposeídos— no era motivo de leyenda: era una sentencia. El 90% de la familia de mi madre se oponía rotundamente a esa relación. No querían a ese muchacho cerca.
Pero el amor tiene sus propios caminos y su propio escenario.
En aquella época, los encuentros no ocurrían en la noche ni en discotecas, sino a plena luz del día: en las tradicionales **kermeses**. Eran las grandes fiestas sociales diurnas de Loja. Entre rifas, tómbolas, olor a comida típica y murmullos de la gente, dos jóvenes desafiaban las miradas de reproche.
En la foto de 1972 se los ve allí, en pleno tiempo de enamorados. Él era **Tulio Bustos**, un muchacho que no cargaba carabinas ni asaltaba senderos como su mítico pariente, sino que llevaba una guitarra bajo el brazo y una terquedad inquebrantable en el pecho. Ella era Raquel, la joven de porte sereno y piel canela que le quitaba el sueño.
Tulio no necesitó la bendición de la familia ni el permiso de las habladurías. En lugar de rendirse ante las advertencias familiares, transformó ese amor vigilado y prohibido en poesía y música. De esas tardes luminosas, del desafío a los prejuicios y de la devoción absoluta por su enamorada, brotó del alma de Tulio Bustos una de las obras más icónicas, legendarias y entrañables del pentagrama lojano y ecuatoriano: **«Muñequita Morena»**.
Dicen que Nahúm Briones robaba tesoros en los caminos polvorientos; Tulio Bustos terminó robándose el corazón de la mujer que le prohibían y, en el camino, le regaló a Loja y al Ecuador un himno eterno que, medio siglo después, sigue cantándose con el alma.