25/09/2026
La Nueva España
Myriam Mancisidor
Avilés25 SEPT 2026 17:38
Eva María Menéndez García acaricia la mano de su madre y la mece al ritmo de la música. Antolina García Gutiérrez, de 78 años y con alzhéimer en fase avanzada, sigue tímidamente las melodías que marcan Adriana Cubillos, Andrea Bolado y Francis Ligero, de Musicoterapia Morais
Carmen García, de 91 años, casi 92, y con demencia mixta, sonríe. Está contenta. A su lado, sus hijas, Pilar y Mercedes Pérez, la acompañan mientras Susurra y Piltrafilla, dos payasos, hacen de las suyas. Y mucho más. Durante la terapia buscan la mirada de los mayores, provocan una expresión, una reacción, un gesto. A veces, simplemente consiguen una sonrisa.
Más allá, Rebeca Mier Sanjosé, de 82 años, hunde los dedos en el barro durante un taller de cerámica. A su lado está su hija, Silvia Pérez. Mier cuenta que fue ella misma quien decidió acudir al centro de día «Ría de Avilés», un equipamiento sociosanitario y de apoyo familiar que ofrece atención diurna integral, especializada y terapéutica a personas con demencia.
El centro, dirigido por Esther Riera, cumple 18 años. Una mayoría de edad que celebra apostando por terapias innovadoras que buscan nuevas formas de comunicarse con las personas con demencia. Entre ellas, una propuesta poco habitual: la visita quincenal de Susurra y Piltrafilla, dos payasos hospitalarios que utilizan el humor y la interacción como herramientas terapéuticas.
«Éramos algo reacios a ofrecer este servicio de payasos hospitalarios porque no lo hay en ningún sitio, aunque habíamos leído que en los países nórdicos ya trabajan desde hace tiempo con buenos resultados», explica Riera. La experiencia ha cambiado aquella primera impresión. En el centro están satisfechos con los resultados y, sobre todo, con lo que ocurre durante las sesiones. «Lo que consiguen es un logro», afirma la directora. Un logro que puede parecer pequeño desde fuera, pero que adquiere otro significado cuando se produce en personas que han ido perdiendo recuerdos y, en ocasiones, hasta la capacidad de sonreír.
Usuarios y familias
Carmen García llegó al “Ría de Avilés” -que abrió sus puertas en 2008 en la Casa del Mar, donde estuvo hasta 2015- hace ya unos años. Su familia valora la “tranquilidad” que ofrece un equipamiento especializado en demencia: “Son muy cariñosos y sabemos que está bien atendida”, señalan sus hijas.
Alcira Colorado es, por el contrario, de las últimas en llegar al centro ubicado en Hermanos Espolita, en El Carbayedo: su madre, de 83 años, participa en las actividades desde el 1 de septiembre; también su tía. “Ella viene contenta y nosotros estamos más tranquilos porque cuidar a una persona con alzhéimer más que difícil es complicado”, confiesa.
El “Ría de Avilés” suma 28 usuarios y ofrece distintas terapias. Este viernes hubo una demostración de todas ellas para usuarios y familias, algunas, incluso, de usuarios que lo fueron y ya no está. Las más novedosas son las ya citadas, con payasos hospitalarios y ceramistas, pero también las hay con perros. A esto añaden la sala multisensorial, que, como todo lo demás, está enfocado a que las personas con alzheimer ganen bienestar y calidad de vida.
Trabajan también de forma intensiva, y abiertos a la comunidad, con las familias, que en el centro de día “Ría de Avilés” hablan un mismo idioma: el de los recuerdos que no están, el de la madre que ya no reconoce hijo, el del querer aún con olvidos y cuidar a los que no saben su nombre, su edad, su lugar de nacimiento.
“El trato es maravilloso”, sentencia Eva María Menéndez. Su madre recuerda poco. Pero este viernes se meció con música. Carmen García sonrió a Piltrafilla, que le regaló un sombrero a juego con su blusa. Hubo pequeños gestos. Una mirada, una sonrisa, una mano que se deja bailar.