26/10/2026
LA DISCOTECA EL HEXÁGONO DE LA CARRETERA DE ALICANTE QUE MARCÓ UNA ÉPOCA EN LA SAFOR (1967-2004).
Del Restaurant con barbacoa y piscina a las noches de Sakkara. Una historia de música, juventud y recuerdos que todavía perduran.
Todos la llamábamos la Hexágono de Gandía, aunque se encontraba en término de Oliva. A pie de la antigua carretera de Alicante, la N-332, entre la Alqueria de la Comtessa y Oliva, sus propios carteles anunciaban orgullosamente las distancias: "2 kilómetros de Oliva, 5 kilómetros de Gandía".
Era una referencia para quienes buscaban algo más que una pista de baile. Allí se celebraban bodas, se compartían comidas familiares, se disfrutaba de la piscina en verano y, cuando llegaba la tarde o caía la noche, la música se convertía en protagonista.
Hoy, al recordar aquel establecimiento, no evocamos únicamente un edificio de singular arquitectura hexagonal. Recordamos una época en la que salir de casa para bailar, escuchar música en directo o encontrarse con los amigos constituía todo un acontecimiento. Una época en la que las carreteras también conducían a la diversión y en la que una sala podía convertirse en punto de encuentro de toda una comarca.
LOS ORÍGENES: RESTAURANT, BARBACOA Y PISCINA.
Antes de ser una discoteca mítica, el Hexágono nació como un complejo de restauración y ocio. En 1967, la familia vinculada al Hotel Safari de la playa de Gandía puso en marcha aquel establecimiento junto a la carretera, con una propuesta que resultaba muy atractiva para aquellos años.
El Restaurant Hexágono contaba con un edificio de diseño inconfundible, un gran rótulo formado por hexágonos de colores, una barbacoa exterior y una piscina que, durante los meses estivales, aportaba un atractivo añadido a sus instalaciones.
La fotografía conservada en el archivo de Eudoro Oliva, tomada durante una boda en el año 1.976, nos permite asomarnos a aquel primer capítulo de su historia. En ella, un grupo posa ante el establecimiento, bajo el rótulo del restaurante y con la indicación de la barbacoa al fondo, foto nº 1.
Los automóviles de la época, estacionados junto al edificio, completan una escena que hoy tiene un valor especial. Aquellos coches no son solamente vehículos antiguos: son testigos silenciosos de un tiempo en el que las familias se arreglaban para acudir a una celebración, los amigos compartían mesa y las fotografías servían para conservar momentos que nadie imaginaba que, décadas después, despertarían tanta nostalgia, foto nº 2.
La discoteca se fue ampliando con varios elementos, como una rampa que conectaba la puerta principal con un pequeño aparcamiento en altura, ya en el interior, por la que determinados vehículos de «vips» -habitualmente de gama alta- accedían directamente, por una pura cuestión de de imagen.
Cada verano se dejaban caer turistas extranjeros, la mayoría franceses. Ya por aquél entonces Berenguer promovía eventos con los principales artistas del momento, junto con el que fue el primer encargado de la discoteca, Pedro Carrillo y el Sr. Martín en la barra entre otros.
1971: DE SAN REMO A HEXÁGONO:
Si hay un documento que demuestra la ambición musical que llegó a alcanzar la sala, es el cartel del 3 de septiembre de 1971 dedicado a Pino Donaggio.
Bajo el reclamo «De San Remo a Hexágono», se anunciaba la actuación del cantante italiano, con una única gala y sesiones de tarde y noche. El cartel proclamaba, además, que el artista se despedía de España en Hexágono, Foto nº 3.
El nombre de San Remo evocaba el prestigioso festival italiano de la canción, y aquella actuación situaba al establecimiento en una dimensión que iba mucho más allá de la de un restaurante con música.
Las entradas, cuyos precios se expresaban en pesetas, nos devuelven también a otra época. ¡Cuántas cosas han cambiado desde entonces! Sin embargo, basta contemplar aquel anuncio para imaginar la expectación que despertaría entre quienes decidieron acudir a la cita.
Porque aquellos carteles no anunciaban solamente un espectáculo. Anunciaban una noche diferente, una oportunidad para escuchar en directo a un artista conocido y un motivo para reunirse con los amigos y guardar después el recuerdo de aquella experiencia.
LOS VERANOS DE ORO: GRANDES NOMBRES DE LA MÚSICA:
Los programas estivales conservados de aquellos años son una auténtica ventana a la música de los setenta.
En verano, la piscina y las sesiones de tarde, junto con las fiestas y actividades propias de la época, completaban una oferta que atraía a visitantes de distintos municipios de la Safor y de las comarcas vecinas, Foto nº 4.
Por sus escenarios pasaron, según la programación recopilada, nombres como Sarah Gordon, Tony Ronald, Los Ángeles, Fórmula V, Mungo Jerry, The Equals, Adamo, Mike Kennedy, Los Bravos, Gary Glitter, Arthur Conley y Santa Bárbara, Los Canarios entre otros. Foto nº 5.
También durante el inicio hacia la cumbre del éxito internacional pasaron, por la terraza del Hexágono figuras como Julio Iglesias, Paloma San Basilio, Karina, Camilo Sexto, Demis Roussos, Bertín Osborne etc.
Una relación que habla por sí sola de la importancia que alcanzó Hexágono como espacio de espectáculos y diversión.
Para muchos jóvenes, aquellos conciertos debieron de ser mucho más que una actuación musical. Eran noches que se preparaban con ilusión, encuentros con amigos, canciones que después se tarareaban durante días y recuerdos que permanecían unidos para siempre a un lugar concreto.
También se organizaban fiestas temáticas y certámenes como las fases locales para elegir a Miss Valencia; eventos que promovían el amigo periodista Miguel Angel Picornell y el amigo artista Vicent Aunión ,entre otros.
La música tenía entonces una capacidad extraordinaria para reunir a las personas. Las canciones se convertían en la banda sonora de los primeros amores, de las pandillas de amigos y de una juventud que parecía disponer de todo el tiempo del mundo.
Y mientras en las radios sonaban las melodías de moda, en Hexágono se vivían esos momentos que, sin saberlo, terminarían formando parte de la historia sentimental de toda una generación.
SAKKARA: UNA NUEVA ETAPA, OTRA FORMA DE VIVIR LA NOCHE (1992-1998)- Foto nº 5.1.
Con el paso de los años, la sala fue cambiando al ritmo de las nuevas tendencias musicales. En 1992 adoptó el nombre de Sakkara, iniciando una etapa que muchos recuerdan especialmente por su vinculación con la cultura de las grandes discotecas y la explosión de la música electrónica valenciana.
Eran años de cambios, de nuevas sonoridades y de una forma distinta de entender la noche. La música de baile adquiría protagonismo, las sesiones se prolongaban y las discotecas se convertían en destinos a los que se acudía expresamente para vivir la experiencia.
Para quienes habían conocido el antiguo Restaurant Hexágono, el cambio suponía descubrir un establecimiento renovado. Para los más jóvenes, Sakkara era el nombre con el que identificaban sus propias noches de fiesta.
Y aquí aparece una curiosidad que merece la pena recordar: el mismo edificio puede despertar recuerdos diferentes según la generación. Unos hablan de Hexágono; otros, especialmente entre quienes acudían desde Oliva y sus alrededores, evocan Sakkara.
Pero, detrás de ambos nombres, permanecía el mismo lugar, testigo de distintas formas de disfrutar de la música y del ocio.
MANDALA, NIRVANA, LA DIVA, ÉXODOS… Y EL REGRESO AL ORIGEN.
La historia de Hexágono no terminó con el cierre de Sakkara en 1998. Durante los años siguientes, el establecimiento pasó por distintas denominaciones: Mandala, Nirvana, La Diva y Éxodos.
Fueron años en los que el local intentó adaptarse a nuevos tiempos, nuevos públicos y nuevas propuestas de ocio. Como sucedió con tantas salas de aquella época, mantener vivo un establecimiento de estas características exigía renovarse continuamente.
Finalmente, en 2004, recuperó su nombre original: Hexágono.
Era como cerrar un círculo, volver a la denominación con la que todo había comenzado décadas atrás. Sin embargo, aquel regreso no consiguió prolongar su trayectoria. La sala cerró definitivamente en la Nochevieja de 2004.
Con aquel cierre se apagaban las luces de un establecimiento que había conocido distintas generaciones, diferentes estilos musicales y numerosas transformaciones. Terminaba su actividad, pero no los recuerdos de quienes habían pasado por allí.
UNA HISTORIA UNIDA AL OCIO DE GANDÍA.
La trayectoria del Hexágono estuvo vinculada a la familia propietaria del Hotel Safari de la playa de Gandía y a Luis Belenguer, relacionado con la gestión del negocio y con otros establecimientos de ocio de la zona, entre ellos las conocidas discotecas Bacarrá, Falkata y entre otros el Complejo Hotelero TU&ME-Resort. Y últimamente la lista se amplía con Playa Varadero Beach Club en la Avda. La Paz del Grao de Gandía.
Nadie ha invertido más en Turismo de Hotel, gastronomía y en el ocio nocturno de Gandía y playa como la familia Belenguer. Las discotecas Bacarrá y Falkata son sus emblemas pero lo que hoy es La Gran Manzana tiene su origen en un hotel, el Safari, abierto en 1966 por Elodia y Rosario Santiago. El hijo de Elodia, Luis Berenguer Santiago, diversificó el sector. La saga sigue con la nieta, Aida, y sus dos hijas.
El interés por el ocio nocturno viene de lejos, porque el hotel Safari, hasta mediados de los años noventa, ya contaba con una sala de baile, que fue cambiando de nombre (La Boite, Delos...) y que después se reconvirtió en un salón para eventos. Foto nº 6,el Safari en sus inicios.
Esa relación permite contemplar la historia desde una perspectiva más amplia: la evolución de la oferta de ocio de Gandía y su entorno, desde los grandes complejos de carretera hasta las discotecas y los locales que terminaron convirtiéndose en referencias de la playa.
El Hexágono perteneció a una época en la que la diversión no se concentraba exclusivamente en un único lugar. Las carreteras conectaban poblaciones, acercaban a los jóvenes y facilitaban que las salas de la Safor y de las comarcas vecinas compartieran protagonismo.
Por eso, aunque el establecimiento se encontraba en término de Oliva, su historia también pertenece a la memoria colectiva de Gandía.
UN EDIFICIO QUE TODAVÍA GUARDA RECUERDOS
Quienes pasan por la antigua carretera de Alicante y contemplan el edificio cerrado pueden ver todavía la singular estructura que le dio nombre, foto nº 7.
La imagen actual contrasta profundamente con las fotografías de los años setenta, cuando el restaurante recibía celebraciones, los programas anunciaban grandes actuaciones y los carteles invitaban a disfrutar de las noches de verano.
Cuesta imaginar, ante unas instalaciones abandonadas, el bullicio de otros tiempos. Cuesta pensar que allí se escucharon tantas canciones, se celebraron tantas fiestas y se encontraron personas que quizá no volvieron a verse, pero que conservaron para siempre el recuerdo de aquellas noches.
Los edificios envejecen. Las modas cambian. Los negocios abren y cierran. Pero hay lugares que permanecen en la memoria mucho después de haber perdido su actividad.
Y quizá lo más hermoso de recordarlo sea comprender que su verdadera historia no está únicamente en sus paredes, en sus carteles o en los nombres de los artistas que actuaron allí. Está también en las personas.
En quienes acudieron a una boda en los años setenta, en quienes bailaron al ritmo de las canciones de Fórmula V, en quienes descubrieron nuevas músicas durante la etapa de Sakkara y en quienes, al pasar hoy junto al edificio, todavía vuelven la cabeza para mirarlo.
Porque para muchos, aquel lugar no era simplemente una discoteca situada junto a la carretera. Era parte de su juventud.
Y la juventud, aunque se aleje en el calendario, tiene la costumbre de regresar cuando una fotografía, una canción o un nombre consigue abrir de nuevo la puerta de los recuerdos.
Hexágono cerró sus puertas en 2004, pero hay noches que nunca terminan del todo. Siguen vivas en la memoria de quienes las disfrutaron. Foto nº 8.