20/11/2024
EL MITO DE CAPERUCITA ROJA
En el año 1692, en Letonia comienza el famoso juicio a Thiess. En este juicio se juzgaba a un anciano de más de 80 años de ser un hombre lobo. Lo mejor de todo es que el anciano no lo negaba, pero dando un vuelco a todas las acusaciones sobre la conexión entre hombres lobos y el diablo, el anciano decía que el era un siervo de Dios, que los hombres lobos eran enviados por el Altísimo y que todas las acciones que había hecho en su forma lupina habían sido buenas, y nunca malas. Imaginaos a los jueces el careto. En fin, que el juicio se hizo famoso en toda Europa y era seguido a distancia en distintos países. Tal repercusión tuvo, que ocultistas n***s, ya en el siglo XX, se agarraron a esa historia para intentar enlazar, es largo de explicar y este anecdotario no es el sitio, la raza aria con el mito de la licantropía. Filósofos y psiquiatras modernos, han usado aquel famoso juicio para intentar explicar ciertas aptitudes del ser humano. Hoy en día casi nadie, a nivel popular, conoce aquel proceso, pero a finales del siglo XVII era la comidilla en todas las cortes europeas. Este juicio hizo que se reavivara por todo el viejo continente el mito del hombre lobo, y que resurgieran de nuevo viejas leyendas. Es en este contexto en el que el escritor Charles Perrault escribe, adaptando una leyenda oral, un cuento llamado Caperucita Roja. Por cierto, el viejo Thiess fue declarado inocente.
En 1697, Perrault escribe su cuento y automáticamente se hace famoso. Indudablemente habla, más que de un lobo en sí mismo, de un hombre que se transforma en lobo.
“Caperucita Roja se desviste y se mete a la cama y quedó muy asombrada al ver la forma de su
abuela en camisa de dormir. Ella le dijo:
—Abuela, ¡qué brazos tan grandes tienes!
—Es para abrazarte mejor, hija mía.
—Abuela, ¡qué piernas tan grandes tiene!
—Es para correr mejor, hija mía.
Abuela, ¡qué orejas tan grandes tiene!
—Es para oír mejor, hija mía.
—Abuela, ¡que ojos tan grandes tiene!
—Es para ver mejor, hija mía.
—Abuela, ¡qué dientes tan grandes tiene!
—¡Para comerte mejor!
Y diciendo estas palabras, este lobo malo se abalanzó sobre Caperucita Roja y se la comió.”
Sin duda, con estas palabras, lo que Perrault no está describiendo es la transformación de un hombre lobo. Por cierto, así termina el cuento original. No hay un cazador que abra al lobo en canal y le meta piedras y le tire al rio. No. El cuento original acaba con la niña devorada por el lobo. Y como todo cuento en aquella época, el autor nos da una moraleja y nos explica el significado del cuento:
“Aquí vemos que la adolescencia,
en especial las señoritas,
bien hechas, amables y bonitas
no deben a cualquiera oír con complacencia,
y no resulta causa de extrañeza
ver que muchas del lobo son la presa.
Y digo el lobo, pues bajo su envoltura
no todos son de igual calaña:
Los hay con no poca maña,
silenciosos, sin odio ni amargura,
que en secreto, pacientes, con dulzura
van a la siga de las damiselas
hasta las casas y en las callejuelas;
más, bien sabemos que los zalameros
entre todos los lobos ¡ay! son los más fieros”
O sea, en realidad el cuento de Caperucita Roja es un aviso para las jovencitas de que no cedan ante la tentación del s**o. Punto.
En la fuente original, la oral, se dice claramente que a quién se encuentra la niña en el bosque es a un hombre, y este la engaña para que tome el camino más largo hasta la casa de su abuelita y el poder llegar antes por un camino más corto. Mata a la abuela, pone su carne en el armario y llena una botella de vino con su sangre. Después se desnuda y se mete, con intenciones nada claras, en la cama. Cuando llega la niña, el hombre, haciéndose pasar por la abuela, le dice que coma algo de carne y que beba algo de vino. La niña come carne de su abuela y bebe su sangre. Una gata que hay en la casa le dice: “¡P**a! P**a es la que come carne de su abuela y bebe su sangre”. La niña ignora a la gata y entonces su falsa abuela le dice:
“-Desnudate, mi niña, y ven a acostarte conmigo.
-¿Donde pongo mi delantal?
-Tiralo al fuego, ya no lo necesitaras.”
Y así para cada una de las prendas, desde el corpiño hasta las enaguas, quedándose completamente desnuda la niña y metiéndose en la cama.
Como veréis, en la historia original asistimos a un verdadero st******se erótico.
La niña, ya en la cama, le pregunta a su abuela por sus grandes brazos, por su espalda peluda, por sus largas uñas y por sus grandes orificios de la nariz, a lo que el ya lobo (en este transcurso damos por hecho que el hombre se ha convertido en lobo) le responde: “Son para aspirar mejor el rapé”. Caperucita, en su última pregunta, y según la picardía de la persona que estuviera contando esta leyenda al calor del fuego, preguntaría “¿Abuela, por qué tienes una v***a tan grande?” “Para comerte mejor” respondería el lobo. Claro está, que el termino comer en este caso no se debe referir a ingerir alimento.
En la leyenda oral, por cierto, la niña, oliéndose ya la tostada, logra engañar al lobo con la excusa de que debe salir a mear y a c***r fuera, y logra escapar.
Como veréis, la leyenda original es otra manera de prevenir a las jovencitas de los hombres que se quieren aprovechar de ellas.
En el siglo XIX, los hermanos Grimm renuevan el cuento de Caperucita, y lo endulzan. Son ellos los que introducen al cazador y todo eso de meter piedras en el estomago del lobo y tirarlo al rio. Los dos hermanos eliminaron todo rastro de sexualidad o brutalidad que tenía la historia original.
Han sido muchas personas lo que han tratado de de explicar todo el simbolismo que tiene el cuento. Desde el antropólogo Edward B. Taylor, que quiso hacernos creer que el cuento es un simbolismo sobre como el sol (Caperucita) es tragado por la noche (el lobo) y que al amanecer se libera y vuelve a brillar (el cazador saca a Caperucita de la tripa del lobo), hasta el mismísimo Freud, que dijo que el cuento es una alegoría de como imaginan los niños que nacen ellos cuando nadie se lo explica: por el ano y saliendo de la tripa de la madre. Freud, como siempre, a vueltas con las madres y la escatología (je, je, je).
Carl Jung, otro famoso psiquiatra, interpretaba el cuento como el miedo de un padre (el lobo) a que su hija pierda la virginidad y que se la comía para tenerla dentro de él y que no viniera otro hombre a robar la inocencia de su niña. Este, al contrario que Freud, la tomo con el padre.
Y así muchas más autoridades desde el siglo XIX hasta ahora, en el que las nuevas corrientes de lo políticamente correcto interpretan el cuento a su manera. Está de más decir que lo de la capa roja lo interpretan como que la niña tiene el periodo y se hace mujer, y que claro, el lobo es el descubrimiento del s**o por parte de la ya mujercita. Haciendo, del mito de Caperucita roja, una consigna feminista de como la mujer se tiene que enfrentar al hombre que la cosifica (el lobo, para quién no se haya enterado, es el hombre). Y en fin, así cientos de interpretaciones más que, como veréis, no es cosa de ahora y sí desde que se empezó a contar esta historia a la luz del fuego de la chimenea en las viejas aldeas europeas.
Raúl Cordero