Presidenta de honor y fundadora del Club de Golf Puerta del Sol

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Ahora soy su presidenta de honor con orgullo.

01/06/2026

El éxito no empieza con el talento

Malcolm Gladwell cuestiona una de las ideas más repetidas de nuestro tiempo y plantea que las oportunidades importan tanto como las capacidades personales

Por Redacción Nota Antropológica

"Si te esfuerzas, lo lograrás". La frase se ha repetido durante décadas. Aparece en discursos, libros de superación personal y conversaciones cotidianas. Sin embargo, ¿qué pasa cuando dos personas trabajan igual de duro y solo una llega a la cima?

Esa es la pregunta que ha guiado buena parte del trabajo de Malcolm Gladwell. En Outliers. The Story of Success, el autor sostiene que el talento por sí solo no explica el éxito. Las personas que alcanzan resultados extraordinarios suelen combinar capacidad, práctica acumulada y oportunidades que les permitieron desarrollarse durante años.

Uno de los argumentos más conocidos del libro es la llamada regla de las 10,000 horas. Gladwell observó que músicos, deportistas, programadores y otros profesionales de alto rendimiento habían acumulado miles de horas de práctica antes de destacar. La maestría no apareció de forma repentina; fue construyéndose mediante entrenamiento constante y experiencia repetida.

La cuestión es que no cualquiera puede dedicar diez mil horas a una actividad.

Para practicar durante tanto tiempo se necesitan recursos, tiempo disponible, acceso a herramientas, espacios de aprendizaje y, en muchos casos, apoyo familiar o institucional. Ahí es donde la discusión cambia. El esfuerzo sigue siendo importante, pero depende de condiciones que no están al alcance de todas las personas.

El caso de Bill Gates ayuda a entenderlo. Gladwell ha señalado que el fundador de Microsoft tuvo acceso a computadoras cuando la mayoría de los jóvenes ni siquiera había visto una. Esa circunstancia le permitió acumular experiencia durante años antes de que la informática se volviera masiva. Su talento fue importante, pero también lo fue haber estado en el lugar indicado en un momento particular.

Algo similar ocurrió en el hockey canadiense. Al revisar las fechas de nacimiento de jugadores profesionales, Gladwell encontró que una gran parte había nacido en los primeros meses del año. No porque nacieran con mejores habilidades, sino porque eran ligeramente mayores que otros niños de su categoría. Esa ventaja inicial pudo haber facilitado mejores entrenamientos, más oportunidades de juego y mayor atención de los entrenadores, generando beneficios que fueron acumulándose con el tiempo.

La idea central es que las pequeñas ventajas iniciales pueden crecer hasta convertirse en diferencias importantes.

Gladwell también ha analizado casos de personas con coeficientes intelectuales extraordinarios. Lo que encontró fue que una inteligencia excepcional no garantiza una trayectoria exitosa. Después de cierto punto, otros factores comienzan a pesar más. Las habilidades sociales, las redes de contacto, la confianza para interactuar con figuras de autoridad o el entorno familiar pueden influir tanto como la capacidad intelectual.

Esto lleva a preguntar si cuando vemos a alguien triunfar, ¿estamos observando únicamente su talento o también las oportunidades que ha tenido para desarrollarlo?

La respuesta probablemente incluya ambas cosas.

El éxito rara vez surge de una sola causa. Intervienen capacidades personales, dedicación sostenida, momentos históricos favorables y contextos que permiten transformar el potencial en resultados concretos. Algunas personas han encontrado esas condiciones desde muy temprano y otras han tenido que construirlas mientras avanzan.

Por eso Gladwell propone mirar más allá de las historias individuales y en lugar de preguntarnos únicamente qué tienen de especial las personas exitosas, sugiere preguntarnos qué circunstancias hicieron posible que llegaran hasta allí.

Si llegaste hasta este punto de la nota cuéntame en los comentarios ¿Alguna vez has sentido que tu esfuerzo no siempre recibe la misma recompensa que ciertas personas que nacieron con pequeñas ventajas? Te leo en los comentarios.

Fuente
Gladwell, M. (2009) Fuera de serie (Outliers). Por qué unas personas tienen éxito y otras no. Traducción de Fernando Garí Puig. Madrid: Ta**us.

28/05/2026

“Todos nacemos felices. Por el camino se nos ensucia la vida, pero podemos limpiarla. La felicidad no es exuberante ni bulliciosa, como el placer o la alegría. Es silenciosa, tranquila, suave, es un estado interno de satisfacción que empieza por amarse a sí mismo".

— Isabel Allende

26/05/2026

El poder que no se ve sigue escribiendo crímenes en los cuerpos

Una antropóloga argentina advierte que la brutalidad contra las mujeres y los más vulnerables no es un accidente.

Por Redacción Nota Antropológica

Lo vio por primera vez en Ciudad Juárez. Una mujer aparecía asesinada en un terreno baldío. Luego otra. Y otra más. Todas jóvenes, morenas, pobres. Los medios locales repetían la misma frase: “un crimen más con móvil sexual”. Pero Rita Segato, antropóloga de la Universidad de Brasilia, no lo creyó. Algo no cerraba.

¿Por qué matarlas con tanta crueldad si el objetivo fuera solo sexual?
¿Por qué dejarlas donde todos pudieran verlas?
¿Por qué la impunidad se volvía parte del espectáculo?

Segato comenzó a construir una respuesta sobre cómo entendemos la opresión en América Latina. Su investigación sostiene que las estructuras de dominación del periodo colonial no desaparecieron con las independencias, simplemente mutaron y encontraron nuevos cuerpos donde inscribir su poder.

Para entenderlo hay que remontarse a algo que Segato llama “el mundo aldea”. Antes de la conquista colonial, muchas comunidades organizaban la vida desde una lógica dual. Los hombres ocupaban el espacio público. Las mujeres el doméstico. Había jerarquía, sí. Los hombres tenían más prestigio. Pero ambos espacios eran considerados completos, con voz propia y capacidad política. La autora lo nombra como “patriarcado de baja intensidad”. No era un mundo ideal, pero la violencia letal contra las mujeres no formaba parte del paisaje cotidiano.

Luego llegó la colonia y todo cambió.

El conquistador no solo venció militarmente, sino también secuestró la forma de organizar el poder. El espacio público masculino dejó de ser una parte de la vida para convertirse en la única voz válida. Lo que antes era doméstico pasó a ser íntimo, privado, menor. Segato explica que el mundo precolonial funcionaba desde la dualidad, es decir, dos caras completas. La modernidad colonial impuso el binarismo, una estructura donde lo que no encaja en el Uno universal se vuelve resto, sobra, anomalía.

Este proceso no se detuvo con las independencias. Segato dice que las repúblicas criollas no rompieron con el orden colonial, simplemente heredaron sus bienes y su forma de administrar desde afuera. El Estado latinoamericano nació con un ADN masculino y colonial. Su relación con la población sigue siendo la del gestor externo que nunca termina de pertenecer al territorio que gobierna.

¿Y cómo se sostiene esto en el día a día?

El varón indígena, afrodescendiente o campesino fue derrotado por el colonizador blanco, pero en lugar de desaparecer, encontró que podía restaurar su virilidad emulando al vencedor. Dejó de ser el padre de familia para convertirse en el colonizador dentro de su propia casa. Esta pieza bisagra explica por qué la violencia contra las mujeres en comunidades antes más colectivas no es una tradición ancestral. Es un producto moderno. La guerra paramilitar y el narco no nacieron del hogar. Fueron la guerra y el narco los que reingresaron a los hogares y enseñaron nuevas formas de crueldad.

Segato también observa cuantas más leyes de protección para las mujeres se aprueban, más crece la violencia letal contra ellas. En Brasil, una mujer era asesinada cada dos horas en 2012 y al año siguiente, una cada hora y media. Esto significa que la estructura que produce esa violencia no se termina con decretos.

¿Por qué es tan difícil detenerla?

Porque el cuerpo de las mujeres, de los niños y de los jóvenes pobres se ha convertido en un territorio de inscripción. Cuando el poder ya no puede expresarse a través de la ley, lo hace a través de la carne. Los feminicidios de Ciudad Juárez, los niños con las manos cortadas en barrios marginales de Argentina, los jóvenes baleados en las rodillas para quedar rengos para siempre. Todo eso forma parte de un lenguaje mudo que solo entienden quienes viven dentro de esa lógica. Los medios lo llaman “crimen sin sentido”. Segato advierte que tiene mucho sentido, pero para un oído entrenado en el poder paraestatal.

Ella acuña el término “dueñidad” o señorío porque es solo desigualdad económica, es la capacidad de un grupo pequeño de disponer de la vida y la muerte sin rendir cuentas. En 2015, el uno por ciento de la humanidad concentró más riqueza que el resto. Segato sostiene que, en ese contexto, la democracia representativa no puede defenderse de su propia sombra. La Segunda Realidad, la economía subterránea del crimen y la complicidad política, es tan solo el siguiente nivel de la torre.

Frente a este panorama, la antropóloga cree que el Estado, por su diseño colonial y patriarcal, termina siempre atrapando a quienes lo ocupan. La salida, advierte, está en reconstruir comunidad, devolver politicidad a los vínculos domésticos, retejer los lazos que el capitalismo rompe. Desde lo que ella llama “proyecto histórico de los vínculos”. Allí donde hay reciprocidad, arraigo y un cosmos simbólico compartido, el proyecto mafioso y extractivista encuentra una barrera.

Si el poder que mata mujeres, niños y jóvenes pobres no es un desvío sino la expresión más honesta del orden colonial moderno… ¿cómo seguimos creyendo que votar cada cuatro o seis años es suficiente para romper con ello?

Llegaste hasta acá. Eso ya es un gesto de no quedarse quieta. Compartí esta nota deja una reacción para saber que estuviste aquí y síguenos para enterarte de la siguiente Nota Antropológica.

Fuente:
Segato, R. L. (2016). La guerra contra las mujeres. Madrid: Traficantes de Sueños. Especialmente capítulos 3 (“Patriarcado: del borde al centro”) y 4 (“Colonialidad y patriarcado moderno”).

21/05/2026
El ayusismo, fase superior del catetismo 19/05/2026

“Quien encarna a la perfección esta especie de catetismo cultural es la actual presidenta de la Comunidad, Isabel Díaz Ayuso. El éxito de su figura puede resultar aún más misterioso que el del propio PP madrileño. Su popularidad es directamente proporcional a la extensión de ese catetismo orgulloso que domina en la región. Se trata de una oradora pésima, incapaz de improvisar un par de frases seguidas que tengan sentido. No tiene una buena preparación, es evidente que la mayor parte de las veces en las que habla sobre un tema cualquiera, no sabe apenas nada sobre el mismo. Hay abundantes ejemplos cómicos en las redes (mi favorito sigue siendo el laberinto en el que se metió al hablar sobre la inflación). Y, por si eso no fuera suficiente, combina una agresividad extrema hacia los rivales con un victimismo ridículo por las críticas que recibe”

El ayusismo, fase superior del catetismo Los seguidores de Díaz Ayuso no se avergüenzan de sus salidas de tono; al revés, las celebran

18/05/2026

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