Arthemisia, empresa líder en la producción y organización de grandes exposiciones de arte, consolida este otoño su presencia permanente en Madrid, con el Palacio de Gaviria como sede definitiva para sus exposiciones.
Tras el éxito obtenido con las retrospectivas de Maurits Cornelis Escher, Alphonse Mucha y la colectiva Revolucionarios del siglo XX. Duchamp, Dalí, Magritte. Obras Maestras del Museo de Israel en Jerusalén y Tamara de Lempicka. Reina del Art Déco, Arthemisia trae a Madrid ahora una nueva retrospectiva sobre Liu Bolin The Invisible Man, convirtiendo así el madrileño Palacio de Gaviria en sede permanente de sus exposiciones. Dicho Palacio, además, ha visto reformado su patio andaluz, convirtiéndolo también en sede de exposiciones dedicadas a un público familiar como I LOVE LEGO y Plastihistoria de la Humanidad (abierta al público hasta el 10 octubre).
Arthemisia llegó a España en octubre de 2015 con Kandinsky, una retrospectiva, organizada en CentroCentroCibeles, con la que recibieron más de 200.000 visitantes. Desde entonces, la compañía ha ampliado su presencia no sólo en España, también en Portugal y en Estados Unidos, donde la retrospectiva de Escher podrá ser visitada en el corazón de Brooklyn (Nueva York) hasta febrero de 2019. Además de en Italia, Arthemisia cuenta hoy con exposiciones en ciudades como Hiroshima, Singapur o San Petersburgo.
El Palacio de Gaviria es una construcción que data de mediados del siglo XIX, obra del arquitecto Aníbal Álvarez, que diseñó el edificio bajo el encargo del marqués Manuel de Gaviria y Douza, banquero y bolsista perteneciente a la novedosa burguesía madrileña decimonónica. Bien relacionado con la corte, el marqués determinó la ubicación del edificio, entre la Puerta del Sol y el Palacio de Oriente, denotando cuál era la zona de moda entre su clase social.
Este Palacio, también conocido en la época como “de Buena Esperanza” –en alusión a otro título nobiliario del marqués de Gaviria– fue inaugurado en 1851 con un baile presidido por la reina Isabel II. El diario “La Nación” destacó aquel año que en Madrid no había “ninguno que le iguale en lujo y magnificencia, en suntuosidad y buen gusto” a la vez que subrayaba su “gusto bramantesco”.