20/10/2026
En el sur de Italia, en la región de Apulia (Puglia), millones de olivos han mu**to o han resultado gravemente afectados por una bacteria llamada Xylella fastidiosa. Algunos eran árboles centenarios, auténticos monumentos vivos que habían sobrevivido a generaciones de agricultores, sequías y cambios históricos.
Pero no han podido resistir a un enemigo prácticamente invisible.
La bacteria, transmitida por determinados insectos, coloniza los conductos por los que el árbol transporta el agua. Poco a poco, las ramas comienzan a secarse, las hojas adquieren un aspecto quemado y el olivo puede acabar muriendo.
Lo más preocupante es que, después de más de una década de lucha contra la enfermedad, todavía no existe una cura eficaz que permita eliminar la infección de los árboles afectados.
Y el problema no está completamente contenido. Durante 2026 se han seguido detectando focos en la provincia de Bari, lo que mantiene la preocupación por su posible expansión.
Esto significa perder un patrimonio agrícola, paisajístico y cultural que ha tardado siglos en construirse. Perfer una fauna inconmensurable.
En España también se ha detectado esta bacteria, aunque con situaciones diferentes según los territorios. Por eso, la vigilancia, la investigación y la prevención son esenciales.
En Casas de Hitos, desde Extremadura, seguimos con preocupación lo que está ocurriendo en Italia.
Porque quienes trabajamos con olivos sabemos que un árbol es el resultado de años de cuidados, una inversión en el futuro y, en muchos casos, un legado que pasa de una generación a otra.
La tragedia de Apulia nos deja una reflexión que va mucho más allá del aceite:
Podemos plantar un nuevo olivo, pero no podemos recuperar de un día para otro los cien años de historia de uno que hemos perdido.
Cuidar el olivar es también proteger nuestro futuro.