25/10/2026
En esta caza de paisajes, que supone viajar, existen unas piezas mayores que pasan ante nosotros. La aparición descomunal de un castillo, sobre la linea mansa del horizonte, nos hace incorporarnos, poner en alerta nuestras pupilas, y disparar la certera fotografía, cuando estos monstruos de piedra ingresan en nuestro campo visual. Allí navegan contra el viento, entre campos de trigo. Cada uno como un pastor, arrastra su rebaño (su paisaje adjunto). Gracias a ellos el paisaje se intensifica y se transforma en escenario, donde la piedra sin dejar de serlo se carga de cierta espiritualidad, que nos invita a la meditación.
Al final se trata de unas casas que ciertos hombres construyeron para alojar su vida en ellas, pero ¿Cómo tuvo que ser su vida, para construir aquellos castillos? El señor medieval no conoció el Estado. Poseía derechos desde su nacimiento “por ser el quien era” disfrutaba de un privilegio. Pero necesitaban cuidarlo con puño de hierro, ganarlo en toda hora. El derecho señorial llevaba en su raíz misma la guerra.