21/10/2026
MILEI: RECORTAR DERECHOS NO ES LIBERTAD, ES ABANDONAR A LA CIUDADANÍA
Es muy fácil llamar dictador a Pedro Sánchez mientras se gobierna a golpe de motosierra contra los servicios públicos, los trabajadores, los pensionistas y las familias más vulnerables.
Javier Milei presume de haber puesto orden en las cuentas de Argentina. Pero detrás de sus discursos triunfalistas hay una realidad que merece ser contada: la de miles de ciudadanos que están pagando las consecuencias de unas políticas que consideran el gasto social un problema y la protección de los más débiles un obstáculo.
La motosierra de Milei no distingue entre privilegios y derechos.
Ha recortado financiación pública, paralizado obras, reducido empleo estatal, eliminado organismos y retirado subvenciones esenciales para muchas familias. Ha impulsado reformas laborales que debilitan garantías de los trabajadores, mientras universidades, pensionistas y profesionales de los servicios públicos se movilizan para defender sus derechos.
Y todo ello bajo una supuesta bandera de la libertad.
¿Qué libertad tiene un pensionista que no puede llegar a fin de mes?
¿Qué libertad tiene un trabajador que pierde protección frente al despido?
¿Qué libertad tiene una familia cuando la electricidad, el gas o el transporte absorben una parte cada vez mayor de sus ingresos?
¿Qué libertad tiene un joven si la universidad pública carece de recursos suficientes para garantizar una educación de calidad?
Milei habla de libertad económica, pero parece olvidar que sin igualdad de oportunidades, sin servicios públicos y sin protección social, la libertad acaba convirtiéndose en un privilegio reservado a quienes pueden pagarla.
Es cierto que Argentina ha conseguido reducir considerablemente la inflación y mejorar sus cuentas públicas. Nadie debería negar esos resultados. Pero tampoco podemos ignorar que, según los datos oficiales del primer semestre de 2026, el 32,3 % de la población vive bajo el umbral de la pobreza y que esa situación afecta al 44,5 % de los menores de 14 años.
Un país no puede considerarse un éxito económico mientras millones de ciudadanos siguen viviendo en la pobreza.
Gobernar no consiste únicamente en cuadrar las cuentas. Consiste en mejorar la vida de las personas.
No hay mérito social en reducir el déficit si para conseguirlo se deterioran derechos, se debilitan servicios esenciales y se obliga a los sectores más vulnerables a soportar una parte desproporcionada del ajuste.
Lo verdaderamente preocupante es que este modelo encuentre admiradores entre quienes también pretenden aplicar en España políticas de privatización, recortes y debilitamiento de lo público.
Porque conviene recordar algo: la sanidad pública, la educación pública, las pensiones y los derechos laborales no son regalos de ningún gobernante. Son conquistas sociales que han costado décadas de esfuerzo y lucha democrática.
Y cuando esos derechos se recortan, quienes más pierden no son los poderosos. Son los trabajadores, los pensionistas, los jóvenes y las familias con menos recursos.
Señor Milei, antes de llamar dictador al presidente de un Gobierno democrático como el español, debería preocuparse por escuchar a quienes protestan en las calles de Argentina contra sus políticas.
La democracia no consiste solamente en ganar unas elecciones. También exige respetar las instituciones, aceptar la discrepancia y gobernar para toda la ciudadanía.
Reducir la inflación es importante. Reducir la pobreza, proteger los derechos y garantizar una vida digna también debería serlo.
Porque un país no es una empresa que deba presentar beneficios a costa de sus ciudadanos.
Un país es su gente.
Y una economía que mejora sus números mientras deja atrás a una parte de su población necesita algo más que una motosierra: necesita justicia social.
Defendemos una economía al servicio de las personas, y no personas sacrificadas al servicio de la economía.