02/09/2021
La situación es más o menos esta: algo te pasa en la cabeza que no comprendes, que te hace daño y asusta, te sientes un extraño en tu propio cuerpo, miras alrededor y no hay ningún interlocutor válido, solo una omertá cubriéndolo todo. Acabas en «el especialista», alguien que se supone que sabe sobre locura, aunque lo normal es que no se haya extraviado en ella jamás. Ha aprendido en libros y formaciones el cómo ayudar a la gente como tú. Eso cree; eso tiene que creer para no ser un impostor en toda regla. Él o ella tampoco hablarán de lo que te sucede, solo de lo que creen que te sucede. No tienes voz. Te la han arrancado nada más entrar por la puerta.
No hay nada. Recuerdo cerrar los ojos y ver descampados del extrarradio madrileño proyectados sobre los párpados. La locura como un aislamiento progresivo. Una soledad que va más allá de la soledad de la realidad que ya conocemos. Te observan y te drogan, pero no eres como ellos. Has pedido algo por el camino. Nadie te habla como te hablaban antes o como se hablan entre sí. Estás manchado. Así lo describieron los griegos hace la ostia de siglos y sigue siendo vigente en parte.
La mancha es una razón consistente para atrincherarse en la habitación o para abrazar la condición de maldito (algo sobre lo que se ha banalizado especialmente desde el campo cultural); o quizás para experimentar ambas cosas de manera simultánea. Pero lo cierto es que hay otros. Otras personas, otras cabezas. Gente que ha cruzado al otro lado y ha vuelto. Comparten los mapas que han ido trazando y hablan de la locura con palabras que les son propias: oír voces en la cabeza, ver cosas que no existen, haber intentado quitarse la vida, autolesionarse… No lo esconden, tratan de comprenderlo. Escriben sobre ello, se organizan, forman grupos y asambleas, buscan armas para sobrevivir. Eso son, eso somos: supervivientes. La psiquiatría tiene el privilegio de ser la única disciplina médica que tiene ex-pacientes por todo el mundo definiéndose a sí mismos como personas que han conseguido sobrevivir a sus tratamientos. Da que pensar.
El apoyo mutuo es el único antídoto tangible contra el canibalismo social, un proceso terapéutico en su sentido más estricto. Con el otro dialogas, con el otro puedes evaluar tu propia existencia y comenzar a tomar decisiones cuando las batas blancas ya habían profetizado tu desahucio vital. Solo he podido vivir con mi propia cabeza a partir de hablar con otras personas sobre lo que sucedió y sucede en sus cabezas. Así de simple y así de complicado en las actuales condiciones de subsistencia. La dirección contraria a la atomización social.
Gracias a la sugerencia que nos hizo Lola Escalona, hemos recordado este texto de Fernando Kovacs, que publicamos en la web hace tres años. Lo podéis leer al completo aquí: https://madinspain.org/la-guerra-interminable-sociedad-y-sufrimiento-psiquico-fernando-kovacs/
En unos días volvemos y os contamos novedades 😉
Imagen de Tim Mossholder

05/07/2021
05/07/2021
28/04/2021
28/04/2021
21/04/2021
09/03/2021
09/03/2021