Coordinación Académica EST 153 "Miguel Hidalgo y Costilla"

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05/12/2024
05/12/2024

Familia Técnica 153 que Dios en esta noche buena los llene de bendiciones y que el espíritu santo los llene de perdón y mucho amor para que en este 2025 siempre tengan gozo y armonía para ustedes y su familia les desea la coordinación Académica

22/11/2024

Canciones interpretadas por la alumna de 3er años

22/11/2024

Bailable por los alumnos de segundos y terceros años de nuestra escuela

21/11/2024

Celebrando un año más de nuestra escuela esperando que tengamos más celebraciones con estoy gratos alumnos y personal de la escuela.

02/11/2024

La Escuela Secundaria Técnica No 153 no olvida las tradiciones de nuestro estado, ofrenda de primeros años de 2024-2025

15/10/2024

El primer homenaje después de tanta destrucciòn en nuestro estado y nuestra institución y aún seguimos con el gusto de Esparta mejores momentos para todos. Bienvenidos alumnos y maestros

23/08/2024

Padres de familia tenemos un lugar especial para su hijo (a)

23/08/2024

Promocionando a la Tec. 153 “MIGUEL HIDALGO Y COSTILLA” ciclo escolar 2024-2025

20/11/2023

Llegas a Acapulco y el Sol te deslumbra. No hay árboles que aminoren la brillantez que irradia. No hay sombra. No hace tanto calor como suele hacer en Verano o Primavera, pero el Sol... Hay un silencio incómodo del que nadie habla, la ciudad parece muda, todo se oye “quedito”.

No se escuchan bocinas de camiones o coches pese a que hay tráfico pesado. No hay escándalo, la gente en su mayoría camina y anda la ciudad con un semblante ido, sin risas, sin pláticas, sin ese “no sé qué” propio de la gente costeña. El v***r y un olor raro se entremezclan.

En otras ciudades la gente no te entiende cuando le dices que vas de Acapulco. No entiende tu ánimo. No entiende que no tengas hambre, que no se te antoje nada, que la comida sepa insípida, que no tengas ganas de platicar, escuchar música o ‘echar relajo’. No entiende que añoramos los atardeceres multicolor, el mar en el horizonte, el cielo despejado y la brisa marina.

No comprenden que si se nos sale una risa o disfrutamos algo empezamos a sentirnos culpables, como si traicionáramos a Acapulco y a nuestra gente. Hay un duelo. De pronto no sabes ni por qué ni de qué, pero hay un duelo. No te moriste, es verdad… pero la vida como la conocías, tu rutina, tu dinámica, tu día a día ya no existe. No existe el café en el que parabas por las mañanas, la panadería, el puesto de periódico o el voceador en el semáforo; no está la parada del transporte público, el olor de la gente a recién bañada, la fila de coches en la entrada de la escuela, se ausentó el grito mañanero de “bolilllo de leña”, el silbido del carrito de los camotes o el perifoneo del “pan de La Venta”. No hay olor a pollo asado, a los madrugadores tacos de canasta o el relleno dominical.

No te moriste. Estás vivo, sí. Pero te duele algo aunque no sepas qué es, ¿es la incertidumbre de que tu familia viviera y que sentiste la mañana siguiente? ¿Son los kilómetros caminados para encontrar a tus seres queridos? ¿son acaso los años que tardaste en comprar tus muebles? ¿Los días de trabajo invertidos para comprar tu casa o tu coche? ¿Es la ausencia de los perritos sin hogar que paseaban por tu calle? ¿Es el arrepentimiento de no haberlos metido a tu casa? ¿Es la tristeza de los vecinos que lo perdieron todo o la tristeza propia? ¿Es tal vez la indiferencia de la gente? ¿La indolencia? Te duele que el mundo haya seguido. Duelen las casi tres horas encerrados en el baño y en las que pensaste que te morirías, que te llevaría el aire, en las que sentías que el viento arrancaba los edificios, el estruendo de objetos que se estrellaban en las paredes, barandales y ventanas, el crujir de los cristales y el aullido interminable de los perros y del viento… el viento que parecía una persona gigante gimiendo de dolor y furia en el exterior.

Nos sentimos rotos. Duelen los oídos que sentías reventar y el silbido que todavía tienes con la sensación de tenerlos tapados. Duele el estigma de lo que hicieron otros pero que pagamos todos. Duele el mal trato en otras ciudades en las que no estás por gusto sino por necesidad, duelen las groserías, las malas caras, las filas eternas para conseguir comida en un supermercado que no conoces con caras largas y a disgusto con tu presencia porque llevas puesto lo que alcanzaste a rescatar. Lastiman las expresiones como “chancludos”, “andan en short”, “nada más hacen tráfico”, “que se regresen”, etcétera… el clima de Acapulco requería esas ropas.

Ese puerto en el que se refugiaban cada puente, cada vacación, navidad, fin de año, en el que disfrutaban cenas, fiestas, bodas y conciertos. Hoy es al revés, por eso no comprendemos el desdén hacia la gente que en momentos de disfrute los arropó. No se preocupen, no será para siempre porque de peores hemos salido y de más abajo nos hemos levantado.

No molesta Chilpancingo, no es el lugar; es la actitud agrandada de algunas (muchas) gentes.

Si hoy Chilpancingo y otros municipios son el refugio de miles de familias acapulqueñas es porque increíblemente no existe otro municipio más desarrollado que Acapulco en el estado. No existe otro municipio con la misma cantidad de tiendas, la capacidad de alojamiento, la conectividad, marítima, terrestre y aérea, la variedad y oferta de productos y servicios que el puerto tenía y ojalá recupere.

Décadas y décadas de administraciones de todos los partidos y algunas familias que obstaculizaron el progreso del resto del estado es lo que vivimos hoy en una ciudad que tiene unos pocos supermercados, una plaza comercial (la otra son locales juntos), un Walmart y un Sam’s. Ojo, no es la ciudad ni su gente, es la forma en que han administrado el municipio unos cuantos.

Me van a decir que Zihuatanejo, ajá, que tiene atención médica bastante limitada. Me van a decir que la zona Norte, donde no dejan llegar franquicias porque unas cuantas familias (las de siempre) dejarían de ganar. Me van a decir que la Zona Centro, donde las principales actividades económicas son… corrijo, es (en singular) pertenecer a la burocracia, ¿se han preguntado de qué viviría la capital si de pronto se decidiera trasladar unas 2-3 grandes dependencias estatales a otro municipio? Se les cae la economía.

Históricamente no hay, no existe la diversificación económica en Guerrero. Acapulco aporta o aportaba el equivalente al 40% del presupuesto estatal anual, la situación del puerto afecta a todo el estado.

Nos preguntan ¿qué queremos? Algunos osan asegurar que pretendemos que nos limpien hasta las casas; afirman que no queremos mover ni un dedo. No es así. La mayoría lo primero que hicimos cuando nos recuperamos del shock de ver la ciudad y nuestra vida desecha e inundada, fue precisamente sacar tierra, lodo y cosas rotas de nuestras casas para sentir que al menos al interior había un poquito de paz y un ligero orden. No estamos pidiendo nada regalado, quien se traslada tiene dinero para consumir (sin precios abusivos). Por lo pronto, las y los acapulqueños sólo queremos empatía, un abrazo y si se puede que no nos pongan caras cuando llegamos a un lugar.

PD: Este no es un escrito para que nos compadezcan, son palabras recogidas de la propia experiencia y de las vivencias de amistades y familiares, que intentan describir quizá sin mucho éxito, el sentir con el que las personas acapulqueñas transitan la vida en estos días. Esa madrugada de octubre del 2023 no es fácil de olvidar

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