El Cayaco, Acapulco,Guerrero

El Cayaco, Acapulco,Guerrero

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Página destinada a dar información relevante, programas, actividades, negocios,etc, dentro de la comunidad.

Photos from El Cayaco, Acapulco,Guerrero 's post 17/07/2026

Y si sí?!!
Nos comparten algunas fotos de uno de los edificios sobre la propuesta de intervención en el campo todavía faltan más por subir, no cabe duda del talento que tenemos en nuestro poblado agradecemos mucho Yolu Estudios quienes son encargados de realizar estos bonitos diseños.

13/07/2026

Que actividades recomiendan que se realicen cada fin de mes en el poblado?

Empiezo lotería 😁

Photos from Capilla De Nuestra Señora Del Perpetuo Socorro El Cayaco's post 13/07/2026

Hermosa actividad con la familia 😊

Photos from Capilla De Nuestra Señora Del Perpetuo Socorro El Cayaco's post 10/07/2026

🙏🏻

07/07/2026

El domingo 12 del mes restante daremos a conocer los últimos diseños de espacios que se trabajaron con la delegación que está por culminar, se busca un progreso para beneficio de todos, tenemos talento puro en nuestra comunidad solo hay que darles el apoyo que se merecen así como darles la oportunidad y la proyección que ellos necesitan, son el futuro y el cambio verdadero que el pueblo necesita, estén al pendiente.

05/07/2026

Compartimos la siguiente reflexión...

El duende que iba a la iglesia todas las mañanas 🙏

En un pequeño rancho escondido entre cerros y caminos de tierra vivía un viejito llamado Don Evaristo. Era un hombre sencillo que cada amanecer caminaba con su bastón hasta la vieja iglesia del pueblo. Nunca faltaba. Sin importar el frío, la lluvia o el cansancio, siempre llegaba antes de que saliera el sol.

Pero había algo que nadie podía explicar.

Todas las mañanas, cuando el sacristán abría la iglesia, encontraba una pequeña flor silvestre sobre el altar. Nadie veía quién la dejaba. No había huellas, ni puertas abiertas, ni señales de que alguien hubiera entrado durante la noche.

Los habitantes comenzaron a decir que era un milagro.

Otros aseguraban que era un ángel.

Y algunos, los más viejos del rancho, susurraban que podía tratarse de un duende.

Don Evaristo, curioso pero respetuoso, decidió averiguar la verdad.

Una madrugada llegó mucho antes de lo acostumbrado y se escondió detrás de una de las columnas de piedra.

Las campanas aún no sonaban cuando escuchó unos pasitos diminutos.

Desde una ventana rota entró una pequeña criatura de no más de medio metro de altura. Tenía un sombrero viejo, ropa remendada y una barba corta. En sus manos llevaba una flor recién cortada del monte.

Era un duende.

Con una calma sorprendente caminó hasta el altar, dejó la flor con mucho cuidado, inclinó la cabeza y permaneció en silencio durante unos minutos.

No pedía oro.

No buscaba hacer travesuras.

Solo oraba.

Después sonrió y desapareció por donde había entrado.

Don Evaristo quedó inmóvil. Aquella escena cambió para siempre todo lo que creía sobre esas criaturas.

Durante varias semanas volvió a observarlo.

Siempre hacía lo mismo.

Llegaba antes que todos.

Limpiaba discretamente una banca.

Enderezaba una vela caída.

Recogía alguna hoja seca que el viento había metido.

Dejaba una flor diferente cada día.

Y luego se iba sin esperar que nadie lo alabara.

Una mañana, Don Evaristo decidió hablarle.

Cuando el duende terminó su oración, el anciano salió de su escondite.

—No tengas miedo. Solo quiero hacerte una pregunta.

El pequeño dio un salto del susto, pero al ver el rostro amable del viejito sonrió.

—¿Por qué vienes todos los días si los hombres ni siquiera creen que existes?

El duende bajó la mirada y respondió con una voz muy tranquila.

—Porque quien hace el bien no necesita que lo vean.

Don Evaristo guardó silencio.

El duende continuó.

—Muchos vienen a pedir. Yo vengo a dar gracias. Muchos esperan un milagro. Yo agradezco seguir viendo salir el sol.

El anciano sintió un n**o en la garganta.

—¿Y por qué escondido?

El duende sonrió.

—Porque cuando las buenas acciones buscan aplausos, dejan de ser sinceras.

Aquellas palabras acompañaron a Don Evaristo durante muchos años.

Jamás reveló el secreto.

Solo comenzó a llegar más temprano para ayudar también a limpiar la iglesia.

Con el tiempo otras personas hicieron lo mismo, sin saber quién había iniciado aquella costumbre.

La iglesia volvió a llenarse de flores, de silencio y de personas que ayudaban sin esperar recompensa.

Pero hubo una última mañana.

El duende no apareció.

En su lugar había una sola flor blanca y una pequeña hoja escrita con letras diminutas.

Decía:

“Cuando los humanos aprendan a hacer el bien sin esperar nada a cambio, ya no necesitarán que un duende les recuerde el camino.”

Desde entonces nadie volvió a verlo.

Sin embargo, los más ancianos del rancho aseguran que, cuando el primer rayo del sol entra por las ventanas de la iglesia, todavía puede escucharse el eco de unos pequeños pasos caminando hacia el altar.

Reflexión:

A veces creemos que la grandeza está en hacer cosas extraordinarias, cuando en realidad nace en los pequeños actos de bondad que nadie ve. El verdadero valor de una buena acción no está en el reconocimiento que recibe, sino en la sinceridad con la que nace del corazón.

05/07/2026

🤩 ya tenía ganas de unas palomitas

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