Escribe Ya

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Queremos, por medio de esta página, ser motivadores de tu inspiración, recordarte y enseñarte cada día que, SÍ puedes escribir y publicar tu Libro.

En algún viejo baúl o en un olvidado rincón de la casa, o tal vez
sólo en tu el pensamiento, existen miles de ideas, deseos, anhelos,
papeles con apuntes, cuadernos con millares de notas, poemas, cuentos hermosos, reflexiones, críticas, o métodos novedosos para aprender algo, o de narrar una historia, etc. Y nunca nos atrevimos o nos decidimos a escribirlos, a darles forma y menos a publicar

03/04/2025

LEONES A CABALLO- Una novela histórica de Jorge Alois Heigl García
"El general español José Tomás Boves es el caudillo encargado de apagar la llama de la emancipación venezolana a cualquier precio. Boves gana adeptos sembrando el terror y consintiendo los más brutales atropellos; amenaza además con destruir , con sus abominables métodos y sus sangrientas estrategias , no solo la joven república libre, sino también los dominios del propio rey.
La república se pierde, el tirano se agiganta....y parece que no hay patriota ni rey que puedan detenerlo.
Hasta que aparece "El Taita" Zaraza.
Entonces la historia se tuerce, para bien de la república.

No podría vivir de lo que gano con la literatura (Borges) 06/08/2024

“YO NO PODRÌA VIVIR DE LO QUE GANO CON LA LITERATURA”: Jorge Luis Borges
Una verdad y una mentira en este video

La verdad que manifiesta Borges, es la que le da un mentís rotundo a muchos “vende humos” que pululan ahora por el Internet, tratando de convencer a ingenuos de que, “se puede escribir un libro y vivir como reyes, ganando miles de dólares desde el primer mes de su salida al mercado”.
Al menos que sea engañando, al menos que se prometa falsamente entregar una manera de hacerse rico, está claro que ni siquiera autores consagrados como Borges, pueden vivir de la literatura. Las excepciones que encontremos, son las que confirman la regla.
La gran mentira que manifiesta el sabio de Argentina, es la de que también, de manera curiosa e insólita, han caído muchos escritores consagrados, como igual fue el caso de Gabriel García Márquez: No tener la màs mínima idea de la forma como funciona el circuito económico de los libros.
Lanzar una frase tan fuerte en contra de los libreros como que “El 30% (de lo que paga un comprador por un libro) lo tienen los libreros que no arriesgan un centavo” es, al menos, de una injusticia monumental.
Tal vez, sea al contrario: el màs indefenso, el que corre los mayores riesgos (no excluyo al editor), el que carga con una losa complicadísima de sobrellevar, sea el librero. Pagar arriendo por un local, agua, luz, internet, teléfonos, empleados, bodegas, impuestos y, sentarse a esperar que buenamente lleguen los compradores, peleárselos con la piratería, los videojuegos, los centros comerciales y un larguísimo etcétera complicado de enumerar, quizás merezca una mirada màs noble, sobre todo de quienes de ellos necesitan para que se difunda su obra.

No podría vivir de lo que gano con la literatura (Borges) Jorge Luis Borges habla en esta entrevista sobre el oficio de la escritura, sobre los porcentajes del circuito del libro, y confiesa que no podría vivir de l...

10/02/2024

TEXAS ECHA PÀRA ATRAS UNA LEY DE LA INQUISICIÒN.
Por: Jorge Alfonso Sierra Q.

Parecia mentira que todavìa en pleno Siglo XXI, unos gobernantes obtusos y fanàticos, se atrevieran a plantear una ley que prohibìa el curso libre de libros en razon de sus contenidos y hasta de sus autores.
Fue en el estado norteamericano de Texas. La Ley expedida - pero ya afortunadamente derogada - decìa que aquellos libros que "contuvieran manifestaciones explicitas de s**o o que expusieran temas como la diversidad sexual", no podian ser ofrecidos ni adquiridos por bibliotecas de todos los estamentos" y que si una libreria, editorial o autor independiente lo hacia, quedaba ventado de venderle cualquier libro o similar, al estado".
Y ahi no se salvaba ni siquiera Garcia Marquez ni Isabel Allende.
Un juez echò para atràs ese exabrupto con una resoluciòn que se resume aqui:

Tribunal de Texas confirma decisión que considera inconstitucional la prohibición de libros

En una victoria significativa para la libertad de expresión y la comunidad literaria, la Corte de Apelaciones del Quinto Circuito de los Estados Unidos confirmó la orden judicial preliminar contra la controvertida "Ley de Lectores" de Texas (anteriormente HB 900). La ley, que enfrentó una fuerte oposición de la Coalición de Librerías, Libreros Nacionales, Autores y Editores de Texas, buscaba imponer requisitos inconstitucionales de calificación de libros a una amplia gama de proveedores.
El fallo, inicialmente otorgado por el juez Alan D. Albright del Tribunal de Distrito de EE. UU. para el Distrito Oeste de Texas en septiembre de 2023, impidió que las librerías independientes, las cadenas de librerías nacionales, los minoristas en línea y los editores se vieran obligados a revisar y calificar libros basándose en criterios sexuales. contenido. El vago sistema de etiquetado del estado, que carece de cualquier vía de revisión judicial, fue el centro del desafío legal.

El juez Don Willett, escribiendo para el Tribunal de Apelaciones del Quinto Circuito, enfatizó el derecho de los demandantes a vender libros sin ser obligados a transmitir el mensaje preferido del estado. Rechazó el argumento del Estado de que la Ley del Lector no implicaba los derechos de las partes involucradas bajo la Primera Enmienda.

El tribunal estuvo de acuerdo con la orden judicial preliminar, afirmando que los demandantes probablemente tendrían éxito en sus reclamos de la Primera Enmienda y enfrentarían daños económicos y constitucionales si la ley siguiera en vigor. En particular, el tribunal desestimó la doctrina del discurso del gobierno, afirmando que las calificaciones de los libros eran el discurso de los vendedores, no el del gobierno.

La decisión del tribunal se centró en el daño irreparable causado por la Ley de Lectores, enfatizando que la pérdida de las libertades de la Primera Enmienda, incluso por períodos mínimos, constituye un daño irreparable. Este fallo histórico marca un triunfo para las librerías, los lectores y los principios de la libre expresión.

Lea el comunicado de prensa completo de la Asociación de Editores Estadounidenses aquí

Photos from Escribe Ya's post 24/11/2023

LA FELICIDAD EN OTRO MUNDO
Por: Jorge Alfonso Sierra Q.

Muchas veces la suerte ¿o la vida?, son injustas con aquellos artistas que, consumidos por sus propios delirios y paraísos, transitan con dolor por la tierra tratando de hallar su personal edén, cualquiera que este sea. Ejemplos, con aflicción, tenemos demasiados. Pienso en el desdichado Vincent Van Gogh, en el perturbado Fedor Dostoievski, en el desventurado Edgar Allan Poe, entre otros. Todos pasando a la posteridad por su legado, pero magullados en su cuerpo y en su alma al no hallar en vida el reconocimiento a su obra.

Paul Gauguin fue otro de los infortunados como ellos. Cuando murió, sus restos, colocados en un ataúd de tablas toscas, fueron a parar, bajo tierra, en un cementerio laico de la isla Atuona, en las Polinesias Francesas.

Ni siquiera un epitafio se ubicó en aquellos momentos en su tumba. Una simple y lacónica carta del obispo de Hiva Oa dirigida a sus superiores eclesiásticos, dio cuenta de su deceso. Decía:

“Lo único digno de anotarse últimamente en esta isla, ha sido la muerte súbita de un individuo llamado Paul Gauguin, un artista reputado pero enemigo de Dios y de todo lo que es decente en esta tierra”.

02/02/2023

Fragmento: «El libro de arena» de Jorge Luis Borges
La línea consta de un número infinito de puntos; el plano, de un número infinito de líneas; el volumen, de un número infinito de planos; el hipervolumen, de un número infinito de volúmenes… No, decididamente no es éste, more geometrico, el mejor modo de iniciar mi relato. Afirmar que es verídico es ahora una convención de todo relato fantástico; el mío, sin embargo, es verídico.
Yo vivo solo, en un cuarto piso de la calle Belgrano. Hará unos meses, al atardecer, oí un golpe en la puerta. Abrí y entró un desconocido. Era un hombre alto, de rasgos desdibujados. Acaso mi miopía los vio así. Todo su aspecto era de pobreza decente. Estaba de gris y traía una valija gris en la mano. En seguida sentí que era extranjero. Al principio lo creí viejo; luego advertí que me había engañado su escaso pelo rubio, casi blanco, a la manera escandinava. En el curso de nuestra conversación, que no duraría una hora, supe que procedía de las Orcadas.
Le señalé una silla. El hombre tardó un rato en hablar. Exhalaba melancolía, como yo ahora.
—Vendo biblias —me dijo.
No sin pedantería le contesté:
—En esta casa hay algunas biblias inglesas, incluso la primera, la de John Wiclif. Tengo asimismo la de Cipriano de Valera, la de Lutero, que literariamente es la peor, y un ejemplar latino de la Vulgata. Como usted ve, no son precisamente biblias lo que me falta.
Al cabo de un silencio me contestó.
—No sólo vendo biblias. Puedo mostrarle un libro sagrado que tal vez le interese. Lo adquirí en los confines de Bikanir.
Abrió la valija y lo dejó sobre la mesa. Era un volumen en octavo, encuadernado en tela. Sin duda había pasado por muchas manos. Lo examiné; su inusitado peso me sorprendió. En el lomo decía Holy Writ y abajo Bombay.
—Será del siglo diecinueve —observé.
—No sé. No lo he sabido nunca —fue la respuesta.
Lo abrí al azar. Los caracteres me eran extraños. Las páginas, que me parecieron gastadas y de pobre tipografía, estaban impresas a dos columnas a la manera de una biblia. El texto era apretado y estaba ordenado en versículos. En el ángulo superior de las páginas había cifras arábigas. Me llamó la atención que la página par llevara el número (digamos) 40.514 y la impar, la siguiente, 999. La volví; el dorso estaba numerado con ocho cifras. Llevaba una pequeña ilustración, como es de uso en los diccionarios: un ancla dibujada a la pluma, como por la torpe mano de un niño.
Fue entonces que el desconocido me dijo:
—Mírela bien. Ya no la verá nunca más.
Había una amenaza en la afirmación, pero no en la voz.
Me fijé en el lugar y cerré el volumen. Inmediatamente lo abrí. En vano busqué la figura del ancla, hoja tras hoja. Para ocultar mi desconcierto, le dije:
—Se trata de una versión de la Escritura en alguna lengua indostánica, ¿no es verdad?
—No —me replicó.
Luego bajó la voz como para confiarme un secreto:
—Lo adquirí en un pueblo de la llanura, a cambio de unas rupias y de la Biblia. Su poseedor no sabía leer. Sospecho que en el Libro de los Libros vio un amuleto. Era de la casta más baja; la gente no podía pisar su sombra, sin contaminación. Me dijo que su libro se llamaba el Libro de Arena, porque ni el libro ni la arena tienen ni principio ni fin.
Me pidió que buscara la primera hoja.
Apoyé la mano izquierda sobre la portada y abrí con el dedo pulgar casi pegado al índice. Todo fue inútil: siempre se interponían varias hojas entre la portada y la mano. Era como si brotaran del libro.
—Ahora busque el final.
También fracasé; apenas logré balbucear con una voz que no era la mía:
—Esto no puede ser.
Siempre en voz baja el vendedor de biblias me dijo:
—No puede ser, pero es. El número de páginas de este libro es exactamente infinito. Ninguna es la primera; ninguna, la última. No sé por qué están numeradas de ese modo arbitrario. Acaso para dar a entender que los términos de una serie infinita admiten cualquier número.
Después, como si pensara en voz alta:
—Si el espacio es infinito estamos en cualquier punto del espacio. Si el tiempo es infinito estamos en cualquier punto del tiempo.
Sus consideraciones me irritaron. Le pregunté:
—¿Usted es religioso, sin duda?
—Sí, soy presbiteriano. Mi conciencia está clara. Estoy seguro de no haber estafado al nativo cuando le di la Palabra del Señor a trueque de su libro diabólico.
Le aseguré que nada tenía que reprocharse, y le pregunté si estaba de paso por estas tierras. Me respondió que dentro de unos días pensaba regresar a su patria. Fue entonces cuando supe que era escocés, de las islas Orcadas. Le dije que a Escocia yo la quería personalmente por el amor de Stevenson y de Hume.
—Y de Robbie Burns —corrigió.
Mientras hablábamos yo seguía explorando el libro infinito. Con falsa indiferencia le pregunté:
—¿Usted se propone ofrecer este curioso espécimen al Museo Británico?
—No. Se lo ofrezco a usted —me replicó, y fijó una suma elevada.
Le respondí, con toda verdad, que esa suma era inaccesible para mí y me quedé pensando. Al cabo de unos pocos minutos había urdido mi plan.
—Le propongo un canje —le dije—. Usted obtuvo este volumen por unas rupias y por la Escritura Sagrada; yo le ofrezco el monto de mi jubilación, que acabo de cobrar, y la Biblia de Wiclif en letra gótica. La heredé de mis padres.
—A black letter Wiclif! —murmuró.
Fui a mi dormitorio y le traje el dinero y el libro. Volvió las hojas y estudió la carátula con fervor de bibliófilo.
—Trato hecho —me dijo.
Me asombró que no regateara. Sólo después comprendería que había entrado en mi casa con la decisión de vender el libro. No contó los billetes, y los guardó.
Hablamos de la India, de las Orcadas y de los jarls noruegos que las rigieron. Era de noche cuando el hombre se fue. No he vuelto a verlo ni sé su nombre.
Pensé guardar el Libro de Arena en el hueco que había dejado el Wiclif, pero opté al fin por esconderlo detrás de unos volúmenes descabalados de Las mil y una noches.
Me acosté y no dormí. A las tres o cuatro de la mañana prendí la luz. Busqué el libro imposible, y volví las hojas. En una de ellas vi grabada una máscara. El ángulo llevaba una cifra, ya no sé cuál, elevada a la novena potencia.
No mostré a nadie mi tesoro. A la dicha de poseerlo se agregó el temor de que lo robaran, y después el recelo de que no fuera verdaderamente infinito. Esas dos inquietudes agravaron mi ya vieja misantropía. Me quedaban unos amigos; dejé de verlos. Prisionero del Libro, casi no me asomaba a la calle. Examiné con una lupa el gastado lomo y las tapas, y rechacé la posibilidad de algún artificio. Comprobé que las pequeñas ilustraciones distaban dos mil páginas una de otra. Las fui anotando en una libreta alfabética, que no tardé en llenar. Nunca se repitieron. De noche, en los escasos intervalos que me concedía el insomnio, soñaba con el libro.
Declinaba el verano, y comprendí que el libro era monstruoso. De nada me sirvió considerar que no menos monstruoso era yo, que lo percibía con ojos y lo palpaba con diez dedos con uñas. Sentí que era un objeto de pesadilla, una cosa obscena que infamaba y corrompía la realidad.
Pensé en el fuego, pero temí que la combustión de un libro infinito fuera parejamente infinita y sofocara de humo al planeta.
Recordé haber leído que el mejor lugar para ocultar una hoja es un bosque. Antes de jubilarme trabajaba en la Biblioteca Nacional, que guarda novecientos mil libros; sé que a mano derecha del vestíbulo una escalera curva se hunde en el sótano, donde están los periódicos y los mapas. Aproveché un descuido de los empleados para perder el Libro de Arena en uno de los húmedos anaqueles. Traté de no fijarme a qué altura ni a qué distancia de la puerta.
Siento un poco de alivio, pero no quiero ni pasar por la calle México.
Jorge Luis Borges.
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Queridos amigos, les deseo una feliz tarde.

30/12/2022

Y TU ¿EXPRESAS TU LUZ EN UN LIBRO O TE QUEDAS CON TU OSCURIDAD?

16/12/2022

MINUTOS QUE POSPONER
Por: Jorge Alfonso Sierra Q.

El hombre se acercó sigiloso a la ventana que da a la calle, corrió su cortina y observó con curiosidad el vasto universo que estaba afuera. Me miró. Luego volvió a cerrar la cortina y retornó a sentarse.
Pasó su mano por la frente; sacó del bolsillo de su camisa un ci******lo y usó su encendedor para prenderlo.
-¿Tiene miedo?, le pregunté. Me miró mientras sonreía sin despegar los labios de su boca. Sacó de la gaveta de su escritorio una escuadra 9 milímetros. Escuché su sonido cuando la cargó, en un gesto de estirar y atraer su cañón.
-Los hombres en estas circunstancias ya no tenemos miedo.
Esperó unos segundos para continuar.
- Solo respeto.
-¿A quién?
-A la vida que se ha llevado. ¿Qué edad tienes?
-28…cumplo 29 el próximo junio.
-Entonces ya debes saber de qué está hecho el valor. ¿Por qué viniste?
-Quería entrevistarlo. Saber si era cierto lo de su vida. Que me contara la verdad.
-¡La verdad! Muchacho tonto. ¿De qué verdad hablas? ¿De la que te han enseñado o de la que puedo enseñarte yo?
Las cortinas de la casa tenían una especie de velo que impide ver desde afuera lo que hay adentro, pero no así de adentro hacia afuera.

Por eso vi con horror que un numeroso pelotón de carabineros, armados con fusiles de asalto, descendían de no menos de 6 camiones. Él notó el espanto en mi rostro y volvió a sonreír.
-Si quiere váyase. Ellos aún demorarán unos 10 minutos para dar conmigo.
Lo dijo tranquilo. Parecía estar consciente de su destino. Me extrañó que ya no me tuteara.
¿Y la respuesta a su pregunta? ¿Y la entrevista que fui a hacerle?
El mundo se me vino encima y tomé la decisión más obvia. Salí por la puerta de la cocina que daba a un patio. Salté una pared. Caí en el zaguán de una casa vecina y corrí hasta una especie de cuarto de cachivaches. Ahí me quedé. Pasados unos 7 minutos, escuché cientos de pisadas saltando muros, dando gritos, lanzando imprecaciones. Recordé su mirada tibia, la última que me lanzó ante de haberle hecho cualquier pregunta:

-No sé por qué tanta ansiedad y preocupación por la muerte cuando la vida se trata de posponer minutos de vida o si lo quieres, de dejar para después lo que hay que cumplir ahora.
Se escucharon muchas ráfagas de ametralladoras y pocos balazos de una escuadra. Después todo fue silencio. Supe entonces que otra vida ya no tenía más minutos que posponer.

Guadalajara, Jalisco, marzo del 2016

25/07/2022

EN ESPAÑA SE VENDEN 20 MIL LIBROS CADA HORA, LA MEJOR CIFRA EN 10 AÑOS
Por: Jorge Alfonso Sierra Q.
Los siguientes son datos asombrosos, que invitan al optimismo a todos los que estamos, de una u otra manera, en el mundo editorial.

Las ventas de libros en España alcanzaron los 2.576 millones de euros el año pasado. Se vendieron más de 170 millones de ejemplares. Más del 60% corresponde a editoriales muy grandes y grandes

Es decir, se venden cada hora 19.874 libros en papel, los cuales representan 294.064 euros, en promedio. Es decir, que cada día se venden 476.986 ejemplares con una facturación de siete mil millones de euros. Al año, esto significa una venta de 174 millones cien mil ejemplares con una facturación que asciende a 2.576 millones de euros.

Si leyó con cuidado debió darse cuenta que el dato apunta a “libros en papel” y no hace alusión a los libros digitales pues al final su participación tan magra 5,2% del total, la hace casi insignificante en el volumen total.

Lo anterior deja sin piso y le echa tierra a esos mitos que circulan por ahí con eso de que “la gente ahora todo lo lee en digital” hasta el punto que quieren desanimar a los editores, comercializadores o escritores de libros para que “no se arriesguen ni ofrezcan libros en papel, sólo en digital”. Datos duros hablan de que todo esto es falso.

Repetimos: son los datos del optimismo, estos del año 2021 que nos llegan de España.

Todos los segmentos principales del libro subieron en 2021: la facturación, la venta de ejemplares y el monto total que llegó a los 174.100 millones mencionados. El único subsegmento que no creció fue el del libro de texto.

Otros dos datos interesantes: el primero es que las mujeres se han consolidado como las mayores lectoras con un 69%, frente al 59% de los hombres, un porcentaje que va a aumentar en favor de ellas, considerablemente, en los próximos años. La clave de este cambio de tendencia se ha dado en los dos años que llevó de pandemia, 2020 y 2021, y el gran salto está a punto de producirse.

El segundo es que el mayor mercado receptor de las exportaciones de libros españoles es México, fundamentalmente novelas, libro juvenil e infantil y cómic. Lo anterior muestra que hay un mercado ávido de libros por estos lares que ha sido abandonado por los distribuidores de antaño, quienes seguramente se han convencido que la gente “ya no lee en base papel” que ahora todo es “digital”.

Las cifras que nos llegan nos advierten que “alguienes” no nos estamos dando cuenta que un mercado próspero y boyante aun está ahí frente a nuestros ojos.

(Para quienes vayan a argumentar que en España "Sí leen" y por estos rumbos no, les tengo otro dato desalentador para ellos: Un poco más del 48% de los españoles manifiestan que "jamás han leído un libro")

Por ahora, de otros países de Sur y Centroamérica no aparecen ni tenemos datos.

22/03/2022

SI JORGE LUIS BORGES SE AUTOPUBLICÓ, ¿PORQUÉ TÚ NO?

Por: Jorge Alfonso Sierra Q.
Escritor. Coach y Mentor de escritura.
Aunque muchos conocemos la faceta de escritor de Jorge Luis Borges, hay una que quiero compartir aquí pues me dejó perplejo el conocer cómo fueron sus comienzos y a lo que recurrió para ser conocido, lo cual nos puede servir como aliciente a los que tenemos el sueño de ser escritores o al menos publicar un libro.
En una entrevista decía Borges que un gran problema de los jóvenes escritores era que en el momento de escribir pensaban solamente si irían a tener éxito o a fracasar. En cambio, cuando él estaba en sus comienzos sólo pensaba en escribir para sí mismo. “Cuando publiqué mi primer libro en 1.923”, contaba, “los edité e imprimí yo mismo, pagando por supuesto toda la edición. Hice imprimir trescientos ejemplares y los distribuí entre mis amigos, salvo cien ejemplares, que llevé a la revista Nosotros”.
Uno de los directores de la publicación, Alfredo Bianchi, miró aterrado a Borges y le dijo: “¿Pero usted quiere que yo venda todos esos libros?”. “Claro que no”, le contestó Borges, “a pesar de haberlos escrito no estoy completamente loco”.
Como su intención era ser leído, Borges le pidió a Bianchi que los regalara. Entre los doscientos con los que él se quedó, se dice que los metía subrepticiamente en los bolsillos de los gabanes de los críticos de algunos periódicos a los que él visitaba en sus ratos libres.
Entonces, publicar nosotros mismos nuestros libros no es ninguna novedad. En nuestro “Curso Escribe y Publica Tu Propio Libro”, podrás conocer todos los detalles que te lleven a cumplir ese sueño de dejar tu huella en la humanidad.
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