Total-lux José Luis Valles Espinoza

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09/01/2026
09/01/2026

Salvador Dalí. Enigma of the Rose (Death). 1976.

09/01/2026
09/01/2026

La aparición de los pueblos del mar se sitúa en el complejo escenario del colapso de la Edad del Bronce tardía, aproximadamente hacia el año 1200 antes de Cristo, un periodo de agitación sistémica que afectó a las grandes civilizaciones del Mediterráneo oriental. Durante siglos, imperios como el hitita en Anatolia, el micénico en Grecia y el egipcio habían mantenido una red de comercio y diplomacia altamente sofisticada, pero una combinación de megasequías, terremotos y crisis económicas internas debilitó sus estructuras de poder. En este vacío de autoridad surgieron diversos grupos de guerreros y migrantes, conocidos colectivamente a través de las crónicas egipcias como pueblos del mar, cuya procedencia exacta sigue siendo objeto de debate académico, aunque se les vincula con regiones del Egeo, los Balcanes y el Mediterráneo occidental.

Las incursiones de estos pueblos se caracterizaron por ser una mezcla de ataques piratas y migraciones masivas que buscaban nuevas tierras para asentarse, forzando su entrada mediante el uso de innovaciones militares disruptivas. A diferencia de los ejércitos tradicionales basados en carros de combate, los pueblos del mar emplearon tácticas de infantería ligera y barcos de guerra con proas decoradas con cabezas de aves, lo que les permitía realizar desembarcos rápidos y efectivos. Su avance fue devastador para centros urbanos clave, provocando la caída definitiva del Imperio Hitita y la destrucción de ciudades-estado prósperas como Ugarit. En Egipto, los faraones Merenptah y Ramsés tercero lograron repeler sus ataques en batallas épicas, documentando sus victorias en relieves que hoy son la principal fuente de información sobre la apariencia física y el armamento de estos invasores.

A largo plazo, la aparición y dispersión de estos grupos transformó radicalmente el mapa étnico y político del mundo antiguo, dando paso a la Edad del Hierro. Algunos de estos pueblos, como los Peleset, se asentaron finalmente en la región de Canaán y llegaron a ser conocidos históricamente como los filisteos, mientras que otros grupos pudieron haber tenido influencia en la formación de las futuras culturas itálicas y griegas. El legado de los pueblos del mar no debe verse únicamente como una fuerza destructiva, sino como un síntoma de un cambio de era que rompió el monopolio de las viejas élites palaciegas y permitió el surgimiento de nuevas estructuras sociales y tecnológicas en la cuenca del Mediterráneo. Su historia nos enseña cómo las crisis ambientales y políticas pueden desencadenar movimientos humanos masivos que reconfiguran permanentemente las civilizaciones.

09/01/2026

En el año 1958, Francia se enfrentó a una nueva crisis, esta vez por su colonia de Argelia en el norte de África. Muchos argelinos exigían la independencia, y el asunto era tan decisivo en Francia que casi estalló una guerra civil. Charles de Gaulle fue llamado de su retiro y elegido por la legislatura como nuevo presidente.
Asumió el cargo el 1 de junio de 1958, con un mandato de seis meses para gobernar hasta que pudiera redactar una nueva Constitución para el país y convocar elecciones. El resultado fuenla formación de la Quinta República, y De Gaulle ganó las elecciones como su primer presidente con el 78 por ciento de los votos en las diciembre de 1958. Juró el cargo el 8 de enero de 1959. La nueva república otorgó al presidente poderes mucho más mayores que la república anterior, y De Gaulle estaba dispuesto a ejercerlos.
Como presidente, De Gaulle puso fin a la crisis argelina apoyando la independencia, que finalmente se materializó en 1962 a pesar de la férrea resistencia de numerosos grupos nacionalistas franceses. Durante su presidencia, se implementó una reforma económica y el establecimiento de una fuerza disuasoria francesa. También buscó fortalecer la posición internacional de Francia, adoptando a menudo posturas controvertidas contra Estados Unidos y otras naciones. Aunque fue reelegido en 1965 y mantuvo su apoyo durante los disturbios civiles de 1968, finalmente presentó su dimisión en 1969 tras el fracaso de su referémdun. Falleció el 19 de noviembre de 1970, pocos días antes de cumplir 80 años.

Photos from El Ruedo Ibérico - Historia y Cultura de España's post 09/01/2026
09/01/2026
09/01/2026

El 8 de enero de 1870 nació en Jerez de la Frontera (Cádiz) Miguel Primo de Rivera, militar que gobernó el país como dictador entre 1923 y 1930.

Procedía de una familia de militares ilustres, ingresando en el ejército a los catorce años y desarrolló la mayor parte de su carrera destinado en Marruecos, Cuba y Filipinas, escenarios que le permitieron ascender rápidamente por méritos de guerra, de manera que en 1912 ya era general. Vinculado por su formación al grupo de militares africanistas, defendió sin embargo el abandono de las colonias norteafricanas, por lo que hubo de sufrir represalias políticas. Desde 1919 pasó a destinos en la Península, que le pusieron en contacto con los agudos problemas sociales y políticos de la época: fue capitán general de Valencia, de Madrid y de Barcelona.

Desde este último puesto, que ocupó en 1922, se vio confrontado a los problemas de orden público de la ciudad en la época del terrorismo anarquista, del pistolerismo patronal, del auge del catalanismo, de la inestabilidad ministerial y de la descomposición del sistema de partidos. Como reacción, Primo de Rivera enarboló sus ideales militaristas, nacionalistas y autoritarios para dar un golpe de Estado en 1923, que puso en suspenso la Constitución, disolvió el Parlamento e implantó una dictadura (1923-1930).

Con la connivencia del rey Alfonso XIII y la aquiescencia de buena parte de la patronal, del clero, del ejército y de las fuerzas conservadoras, Primo de Rivera encabezó un Directorio Militar que concentró todos los poderes del Estado excluyendo a los políticos profesionales. Inicialmente encontró poca resistencia, en la medida en que venía a sustituir a un régimen desprestigiado y en que prometía una dictadura meramente transitoria inspirada en los ideales expresados por los regeneracionistas de comienzos de siglo (como Joaquín Costa), para restaurar el orden y desarraigar la influencia caciquil de la vida política (incluso los socialistas le prestaron una benévola neutralidad). Aunque formalmente se inspirara a veces en el modelo fascista de la Italia de Mussolini, su dictadura fue más moderada y conservadora.

Durante los años del Directorio Militar (1923-25) se limitó a perseguir a los anarquistas (cuyo sindicato CNT fue declarado ilegal), a liquidar la Mancomunidad de Cataluña (primer experimento de autogobierno regional), a desterrar de la vida política a los partidos y las instituciones representativas (sustituidos por tecnócratas conservadores, agrupados a partir de 1924 en la Unión Patriótica), a reforzar el proteccionismo estatal en favor de la industria nacional y a fomentar la construcción de grandes obras públicas.

Uno de sus mayores éxitos consistió en consolidar la presencia española en Marruecos mediante una victoria militar que puso fin a años de permanentes guerras y dificultades (como el «Desastre de Annual» de 1921, por el que se habían querido pedir responsabilidades a los militares y al propio rey, propiciando el golpe de Estado de 1923): el desembarco de Alhucemas (1925) formó parte de una operación combinada con el ejército francés para acabar con la rebelión de las cabilas del Rif. Si bien contradecía todas las ideas anteriores del dictador, fue un éxito tan significativo que animó a Primo de Rivera a institucionalizar su dictadura de forma duradera.

El Directorio Militar dio paso a un Directorio Civil (1925-30) y se reunió una Asamblea Nacional (1927) que elaboró un anteproyecto de Constitución (1929). Aquel simulacro de Parlamento no democrático, sin embargo, mostró la diversidad de posiciones políticas que había entre los seguidores de la dictadura, entre católicos conservadores de viejo cuño y corporativistas autoritarios atraídos por el fascismo. Divididas las huestes primorriveristas y enrarecidas las relaciones del dictador con el rey, no fueron capaces de afrontar el auge de la oposición, crecientemente unida y movilizada ante la amenaza de ver perpetuarse el régimen. Socialistas y republicanos se unieron en la campaña contra la dictadura, que amenazaba con arrastrar también a la Monarquía que la había apoyado; estudiantes, obreros e intelectuales se manifestaban en contra del régimen; y los propios militares conspiraban contra Primo de Rivera.

Finalmente, desautorizado por los altos mandos militares y por el rey, Primo de Rivera presentó su dimisión en 1930 y se exilió en París, no sin antes recomendar a Alfonso XIII algunos nombres de militares que podrían sucederle (entre ellos el general Dámaso Berenguer, que asumió la presidencia). En París moría dos meses más tarde, en medio de una gran amargura y decepción por las ingratitudes recibidas. Su hijo mayor, José Antonio Primo de Rivera, entraría en la política poco después para reivindicar la memoria de su padre, según dijo.

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