31/10/2026
“Era un sábado especial, hoy es mi cumpleaños y a pesar de los peligros de la revolución mexicana, todos estábamos terminando los preparativos para la fiesta.
En la tarde, mientras nos llenábamos de dulces, nos pusimos nuestros disfraces para el juego de pelota y la reunión que ocurriría más tarde. Cuando llegó la hora de salir vimos tanta gente que no sabíamos quién era quién, todos estaban con sus atuendos fantasmales y salimos con dirección a la playa, donde a lo lejos se podían ver cuatro grandes hogueras y dos hileras de linternas japonesas.
Durante el trayecto, se veía la tenue forma de algún fantasma o una calabaza paseando entre los arbustos. Fuimos hasta las vías del ferrocarril, para saludar a toda la gente y finalmente, cuando terminaron de llegar todos, nos sentamos en un círculo alrededor de la hoguera donde el Dr. Lambert, empleado de la fábrica, contó historias de terror.
De regreso en Mochis, comenzó la marcha de los fantasmas, todos desfilamos por el pueblo hacia la “Casa Embrujada” que era la casa del Sr. Robertson. En la casa, íbamos pasando de una habitación oscura a otra, mientras se escuchaban los chillidos más aterradores cuando una mano fría te agarraba.
Más tarde nos pusimos a jugar en el patio, después regresamos a la casa a comer helado y pastel pero la tía Mattie puso sal en vez de azúcar y lo arruinó todo, pero no lo necesitábamos, había sido una noche inolvidable, todos terminamos casi muertos”.
Relato de Ora Jordan Scally, hija de los colonos James Jordan y Annie Scally.