02/06/2026
Hay momentos en que el imperio se quita la máscara y muestra su rostro más miserable. El pasado 20 de mayo, al otro lado del estrecho se orquestaba una farsa judicial que avergüenza a cualquier persona de bien.
El Departamento de Justicia de los Estados Unidos, fiel a su historia de agresiones contra Cuba, anunció un supuesto “cargo criminal” contra el General de Ejército Raúl Castro Ruz, líder de la Revolución cubana. Lo acusan, con una desfachatez insólita, de conspiración, destrucción de aeronaves y homicidio, en relación con un hecho ocurrido hace treinta años: el derribo, en febrero de 1996, de dos avionetas que violaron repetidamente nuestro espacio aéreo.
Pero aquí, en esta tierra de hombres y mujeres libres, una cosa debe quedar clara: ningún tribunal de Washington tiene jurisdicción ni legitimidad para juzgar a un cubano que defendió su Patria. Lo que el imperio llama “justicia” no es más que la enésima provocación política, un acto de vileza que desprecia el Derecho Internacional y atenta contra la soberanía de nuestra nación.
El gobierno de Estados Unidos, en su cinismo habitual, se cuida muy bien de contar toda la historia. Omite —porque le conviene hacerlo— que la organización “Hermanos al Rescate”, a la que pertenecían esas aeronaves, era una organización terrorista con sede en Miami que se dedicaba a violar sistemáticamente nuestro espacio aéreo.
¿Cuántas veces protestó Cuba formalmente? Veinticinco violaciones graves y deliberadas entre 1994 y 1996. Veinticinco veces nuestro gobierno acudió al Departamento de Estado, a la Administración Federal de Aviación (FAA) y a la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) para denunciar estas agresiones. Veinticinco veces Washington miró para otro lado.
La respuesta de Cuba no fue un acto de agresión: fue un acto de legítima defensa.
✍️📸 Alejandro Medina
https://sierramaestra.cu/index.php/titulares/item/15652-la-dignidad-no-se-mancha

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