06/10/2026
-El puente entre la niña que fui y la adulta que soy.
Crecer es un proceso inevitable, pero mirar atrás nos permite entender que ambas versiones coexisten de nosotras.
🔘Cuando era niña el futuro parecía un lugar gigante y misterioso. Imaginaba que los adultos tenían todas las respuestas, que gozaban de una libertad absoluta y que el dolor de panza por cenar chocolate no existía.
Quería crecer rápido para ser dueña de mis pasos.
Hoy desde la vereda de la adultez, descubro la realidad.
—La libertad viene con peso: Ser dueña de mi vida también significa tomar desiciones difíciles y asumir responsabilidades.
—La incertidumbre es normal: Los adultos tampoco lo saben todo, caminamos resolviendo el día a día lo mejor que podemos.
—El valor de lo simple: Lo que antes me parecía aburrido o cotidiano, como el abrazo de una Madre o una tarde libre de preocupaciones, hoy es lo que más añoro.
🤝Abrazar a la niña del pasado.
Ser adulta me ha dado la perspectiva necesaria, para mirar a mi infancia.
Hoy entiendo que:
👧🏻1- Su vulnerabilidad era hermosa: No tenía que ser perfecta ni fuerte todo el tiempo.
👧🏻2- Sus ojos que me guían: Esa capacidad de asombrarse con lo pequeño, de reír con el alma y de creer que todo es posible es el motor que me salva en los días grises.
👧🏻3- Yo soy su refugio: Hoy me toca a mi ser la adulta que esa niña necesitaba. Me toca protegerla, validar sus miedos pasados.
Mirar el pasado es recuperar esos pedazos sueltos de felicidad y traerlos al presente.
Hoy soy el resultado de sus risas, de sus caídas y de su valentía. "Honro a la niña que fui viviendo la vida adulta con la mayor autenticidad y amor propio.”