Colegio México Canadá Lindavista

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Desarrollar las habilidades y competencias académicas y emocionales en niños de los niveles ,Maternal y Preescolar.

En el Colegio México Canadá empleamos el sistema AMCO, cuya metodología permite el desarrollo de la inteligencia emocional, de manera simultánea al desarrollo de las habilidades y competencias académicas de nuestros alumnos. Tenemos lugares disponnibles en los niveles de maternal y kinder. Nuestros grupos son reducidos para garantizar calidad y excelencia en nuestros servicios.

02/02/2013

Lo actual sobre las tareas escolares. para una reflexión de padres y maestros:(Por estas razones en nuestra escuela no promovemos el abuso de las tareas)

1.4 Hacer tareas escolares no tiene beneficios (Entrevista)

1.4.1 Introducción
Así de tajante es la premisa en la que se funda el libro "El mito de las tareas", de Alfie Kohn, un profesor que recorre universidades estadounidenses dictando charlas sobre educación. Enemigo de los deberes escolares, plantea que éstos producen más efectos negativos que positivos en los niños. Resalta especialmente una consecuencia: la posibilidad de que surja en los escolares una actitud negativa hacia el colegio y el aprendizaje en general.

1.4.2 ¿Cuáles son los efectos negativos de las tareas?
Hay una nueva investigación que aún no ha sido publicada. Fue presentada hace dos semanas en la conferencia de la American Education Research Association y muestra nuevamente que mientras más tareas tienen los adolescentes, más probabilidades hay que aumenten de peso, pierdan el sueño, se sientan infelices y muestren señales de poca salud mental. A eso se suma la frustración y el agotamiento de los niños(as), los conflictos de familia que surgen debido a las tareas, las quejas. Además, los deberes escolares reducen la cantidad de tiempo disponible para que los niños(as) hagan actividades que disfrutan. Sin embargo, creo que el efecto más perturbador es que la falta de interés de los niños por las tareas los lleve a adoptar una actitud negativa hacia el colegio y el aprendizaje en general. Diría que las tareas son el principal y mayor extinguidor de la curiosidad infantil. Queremos niños completos, que se desarrollen social, física y artísticamente, y que tengan también tiempo para relajarse y ser niños.

1.4.3 Entonces, ¿por qué los profesores siguen dando tantas?
Hay media docena de explicaciones posibles. Creo que las más significativas son las siguientes: En primer lugar, en muchos países la educación se ha convertido en un negocio que fomenta la competitividad y los estándares más duros de rendimiento. En Estados Unidos eso ha tenido un efecto devastador sobre la calidad de la enseñanza en las salas de clases, y ha convertido muchos colegios en centros de preparación de pruebas estandarizadas. Algunas personas creen que uno tiene que hacer que los niños trabajen más duro y más tiempo para mejorar los resultados de las pruebas y ganarles así a los niños de otros colegios. Las tareas entran en esa manía, aunque irónicamente no exista evidenca de que permiten mejorar los puntajes en las pruebas. En el contexto de este movimiento, muchas veces los administradores de los colegios presionan a los profesores para que asignen deberes escolares. La segunda explicación que doy es que mucha gente, a veces incluso los profesores, no entienden realmente cómo funciona el aprendizaje y no se dan cuenta de que obligar a los estudiantes a hacer ejercicios de matemáticas o de vocabulario no los lleva a pensar más en profundidad o a entender. Lo único que hace es generar comportamientos automáticos.

1.4.4 ¿Y cómo funciona el aprendizaje?
Tiene que ver con organizar lecciones alrededor de problemas, preguntas y proyectos, más que en torno a hechos que se pueden olvidar, habilidades aisladas y disciplinas académicas separadas. Implica tener estudiantes en una comunidad democrática de aprendizaje que tengan la responsabilidad de diseñar proyectos para responder preguntas con sentido sobre el mundo. En ese proceso llegan a adquirir la capacidad de entender distinciones y conexiones. Adquieren un conocimiento que tiene sentido y que no consiste simplemente en la repetición de habilidades o en grabar en su cerebro fechas y definiciones. En ese momento es cuando uno entiende como los niños aprenden y llegan a disfrutarlo. El problema dice Kohn es que además de los profesores, muchos padres tampoco se convencen de eso. Y surge entonces un círculo vicioso, porque los docentes se sienten obligados a mandar a los niños de vuelta a la casa con deberes para que los padres no reclamen. "Algunos papás exigen que les den tareas a sus hijos, porque se sienten más seguros cuando ven a sus niños concentrados sobre sus cuadernos en la mesa de la cocina, sin siquiera preocuparse de lo que hay en el cuaderno. Asumen que si los niños están sudando y haciendo algo que no les gusta, entonces tienen que estar ayudándoles de alguna manera", afirma.

1.4.5 ¿Cuál es la mejor manera de motivar a los niños a aprender?
Uno no puede motivar a nadie más que a sí mismo. Lo único que se puede hacer es crear una malla curricular, un clima en la sala de clases y un ambiente familiar que permita florecer el deseo natural de los niños de entender las cosas. Si trato de "motivar" a mi niño, probablemente voy a actuar de una manera controladora. Sin embargo, he visto muchas salas de clases donde los niños se ponen tristes cuando termina el día, porque están muy entusiasmados tratando de diseñar un barco que navegue rápidamente o de escribir un poema que llame la atención del lector desde el primer verso. Hay salas de clases que no son tradicionales, que funcionan como una comunidad escolar en la que los niños tienen mucho que decir sobre lo que están haciendo y eso es motivación intrínseca pura. Uno no puede hacer que esto ocurra desde afuera, pero los buenos profesores sí pueden nutrir y sostener el deseo de los niños de descubrir el mundo.

A pesar de todo, Kohn no considera que nunca haya que dar tareas, sino que sugiere que sólo se pidan deberes escolares que se alejen de los ejercicios que se asignan tradicionalmente y que los niños sienten como una imposición. "Incluso los deberes inteligentes son poco beneficiosos si el alumno siente que se lo impusieron. Los colegios que no asignan tareas tradicionales se dan cuenta que muchas veces los niños espontáneamente quieren extender el aprendizaje que está ocurriendo en la sala de clases. Ese es el tipo de aprendizaje emocionante que tiende a no ocurrir cuando los alumnos tienen pilas de cuadernos de ejercicios y de textos escolares que revisar", asegura.

Para lograr eso, dice Kohn, las tareas asignadas tienen que cumplir con dos condiciones: en primer lugar, tienen que ayudarles a los niños a reflexionar con más profundidad sobre asuntos que importan y luego deben lograr el efecto de ayudarles a los pequeños a emocionarse más sobre algún tema específico o sobre el aprendizaje en general. De la misma manera, Kohn opina que se les puede pedir a los niños que lean algo de su elección, en vez de obligarlos a leer una cantidad establecida de páginas de determinados libros. "Esas cosas quitan todo el placer de la lectura". Otro ejemplo de deberes escolares que Kohn considera valioso son los que no pueden hacerse en la sala de clase, como el realizar un experimento de ciencia en la cocina o entrevistar a los padres sobre la historia familiar. "Estos son ejemplos poco comunes en los que se justifica que los alumnos sigan teniendo actividades académicas después de un día de clase. Pero, a menos que podamos mostrar que la tarea ayuda y no daña el interés de los niños por el aprendizaje, creo que basta con lo que hacen en el colegio", dice.

1.4.6 ¿Cuál cree que podría ser el efecto del sistema educativo actual sobre las generaciones futuras?
No necesitamos especular. El estilo corporativo centrado en las pruebas estandarizadas en la educación no sólo ha convertido los colegios en un ambiente menos emocionante intelectualmente. Estamos viendo además niños que piensan que aprender no es algo muy atractivo. Estamos hablando del atontamiento de una generación en el nombre de estándares académicos más altos. Esa es la ironía más horrible. Sin hablar de la menor calidad de vida que experimentarán si el colegio se convierte en una especie de fábrica. Las tareas son sólo una parte del cuadro general, pero es un cuadro bien desolador.

1.4.7 Las tareas para los papás
En su libro, Alfie Kohn les entrega ideas a los padres para proteger a sus hijos de una sobrecarga de tareas. Estas son algunas de ellas.

1.4.7.1 Revise las normas
Compare cuántas tareas tiene su hijo con los límites establecidos por los colegios y las estimaciones hechas por los profesores. Si las directivas indican que los alumnos sólo tienen que pasar cierta cantidad de tiempo haciendo tareas cada tarde, entonces no tema quejarse si le están pidiendo estudiar más que eso a su hijo. De la misma manera, dígale al profesor cuando subestime la cantidad de tiempo que requería una tarea específica.

1.4.7.2 Concéntrese en la calidad, no sólo en la cantidad
Los problemas con las tareas no sólo se limitan a un problema de tiempo. No asuma que todo este bien sólo porque a los niños se les asignan tareas que requieren una cantidad de tiempo de trabajo que le parece razonable, porque puede que los deberes en sé no sean razonables. Puede que no valga la pena quitarle ni cinco minutos a su hijo para hacerlos.

1.4.7.3 Haga las preguntas correctas
No se limite en sus cuestionamientos. Pregunte todo en detalle: ¿Pueden los niños consultar internet para esta tarea? ¿Para cuándo es? ¿Qué tipo de cuaderno deben usar?... Y sobre todo cuestione las cosas importantes: ¿Qué razones hay para pensar que vale la pena hacer esa tarea? ¿Qué evidencia existe que demuestre que las tareas tradicionales son necesarias para que los niños aprendan a reflexionar mejor? ¿Por qué los niños no pudieron participar en la decisión acerca de la necesidad de llevar tal o cual tarea a la casa?

1.4.7.4 Recuerde que su responsabilidad principal es su hijo
El bienestar de su niño y el de su familia es más importante que llenar un cuaderno de ejercicios o terminar un trabajo. Su tarea es la de apoyar el desarrollo emocional, intelectual, social y moral de su hijo, no el de implementar lo que decide el colegio.

1.4.7.5 Organícese
Hable del problema de las tareas con profesores, administradores y apoderados. Comparta publicaciones que desacreditan las ideas preconcebidas. Invite a otros apoderados a hablar también. Un padre preocupado puede ser ignorado aunque tenga razón. Diez padres diciendo que las tareas hacen más mal que bien son más difíciles de no tomar en cuenta.

http://1.4.7.1/

02/02/2013

Atención Pápás:

Cinco Razones para Dejar de Decir “¡Muy Bien!”

Por Alfie Kohn

NOTA: Una versión abreviada de este artículo fue publicada en la revista Parents en mayo de 2000 con el título “Hooked on Praise" (“Enganchados a los Elogios”).
Salga a un sitio de juegos, visite una escuela o aparézcase en la fiesta de cumpleaños de un niño, y hay una frase que de seguro va a escuchar: “¡Muy bien!”. Incluso los bebés pequeños son elogiados por juntar sus manos (“Bonito aplauso!). A algunos de nosotros se nos escapan estos juicios sobre nuestros niños al punto de que casi se convierte en un tic verbal.

Muchos libros y artículos advierten en contra de recurrir al castigo, desde pegar hasta el aislamiento forzado (“tiempo fuera”). Ocasionalmente alguien incluso nos pedirá que reconsideremos la práctica de sobornar a los niños con stickers o comida. Pero usted tendrá que buscar arduamente para encontrar una palabra que desaliente lo que es eufemísticamente llamado refuerzo positivo.

Para que no haya ningún malentendido, el punto aquí no es cuestionar la importancia de apoyar e incentivar a los niños, la necesidad de amarlos y abrazarlos y ayudarlos a sentirse bien con ellos mismos. Los elogios, sin embargo, son una historia completamente diferente. Aquí explico por qué.

1. Manipulando a los niños. Suponga que usted ofrece una recompensa verbal para reforzar el comportamiento de un niño de dos años que come sin regar, o de un niño de cinco años que limpia sus materiales de arte. ¿Quién se beneficia de esto? ¿Es posible que el decir a los niños que han hecho un buen trabajo tenga menos que ver con sus necesidades emocionales que con nuestra propia conveniencia?

Rheta DeVries, profesora de educación en la Universidad del Norte de Iowa, se refiere a esto como “control con cubierta de azúcar”. Muy parecido a las recompensas tangibles – o, para el propósito, castigos – es una forma de hacer algo a los niños para conseguir que ellos cumplan con nuestros deseos. Puede ser efectivo en producir estos resultados (al menos por un tiempo), pero es muy diferente a trabajar con los niños – por ejemplo, entablar una conversación con ellos a cerca de qué es lo que hace a una clase (o a una familia) funcionar sin problemas, o cómo otras personas son afectadas por lo que hemos hecho – o dejado de hacer. Este último enfoque no solo que es más respetuoso si no que no es efectivo para ayudar a los niños a convertirse en personas reflexivas.

La razón por la cual los elogios pueden funcionar a corto plazo es que los niños pequeños están hambrientos de aprobación. Pero nosotros tenemos la responsabilidad de no aprovecharnos de esta dependencia para nuestra propia conveniencia. Un “¡Muy bien!” para reforzar algo que hace nuestras vidas un poco más fáciles puede ser un ejemplo de tomar ventaja de la dependencia de los niños. Los niños también pueden empezar a sentirse manipulados por esto, incluso si ellos no pueden explicar a ciencia cierta por qué.

2. Creando adictos a los elogios. De seguro, no todo uso de elogios es una táctica calculada para controlar el comportamiento de los niños. Algunas veces felicitamos a los niños solamente porque estamos genuinamente complacidos por lo que han hecho. Sin embargo, incluso en esos casos, vale la pena poner más atención. En lugar de aumentar la auto estima de un niño, los elogiados pueden incrementar su dependencia hacia nosotros. Mientras más decimos “Me gusta la forma en que tú....” o “Muy bien hecho...”, incrementa la dependencia de los niños hacia nuestras evaluaciones, nuestras decisiones acerca de lo que está bien y mal, en lugar de aprender de sus propios juicios. Esto los lleva a medir su valor en términos de lo que a nosotros nos hará sonreír y darles un poco más de aprobación.

Mary Budd Rowe, una investigadora de la Universidad de Florida, descubrió que los estudiantes que eran elogiados profusamente por sus profesores eran más indecisos en sus respuestas, más proclives a responder en un tono de voz de pregunta (“mm, ¿siete?”). Tendían a retractarse de una idea propuesta por ellos tan pronto como un adulto mostraba su desacuerdo. Además, tenían menos tendencia a perseverar en tareas difíciles o compartir sus ideas con otros estudiantes.

En resumen, “Buen trabajo!” no les da seguridad a los niños; en última instancia, los hace sentirse menos seguros. Este tipo de frases puede incluso crear un círculo vicioso en el que mientras más recurrimos a los elogios, más parecen los niños necesitarla, por lo que los elogiamos aún un poco más. Penosamente, algunos de estos niños se convertirán en adultos que continúan necesitando a alguien que les dé una palmada en la espalda y les diga si lo que hicieron estuvo bien. De seguro, esto no es lo que queremos para nuestros hijos e hijas.

3. Robando el placer de un niño. Aparte del problema de dependencia, un niño merece disfrutar de sus logros, sentirse orgulloso de lo que ha aprendido a hacer. También merece decidir cuándo sentirse de tal o cual forma. Pero, cada vez que decimos, “¡Muy bien!”, le estamos diciendo al niño cómo sentirse.

De seguro, hay momentos en los que nuestras evaluaciones son apropiadas y nuestra guía es necesaria – especialmente con niños que ya caminan y de edad pre-escolar. Pero una corriente constante de juicios de valor no es ni necesaria ni útil para el desarrollo de los niños. Desafortunadamente, seguramente no nos hemos dado cuenta de que “¡Muy bien!” es una evaluación tanto como lo es “¡Mal hecho!” La característica más notable de un juicio positivo no es que este sea positivo, si no que es un juicio. Y a la gente, incluyendo a los niños, no les gusta ser juzgados.

Yo disfruto y guardo las ocasiones en las que mi hija logra hacer algo por primera vez, o hace algo mejor de lo que lo había hecho hasta ahora. Pero trato de resistir al reflejo de decir “¡Muy bien!” porque no quiero diluir su alegría. Quiero que ella comparta su placer con migo, no que me mire buscando un veredicto. Quiero que ella exclame, “¡Lo hice!” (lo que ocurre regularmente) en lugar de preguntarme con incertidumbre, “¿Estuvo bien?”

4. Perdiendo el interés. "¡Muy bonita pintura!” puede hacer que los niños sigan pintando por el tiempo que nos mantengamos mirando y elogiándolos. Pero, advierte Lilian Katz, una de las principales autoridades nacionales de educación en la temprana infancia, “una vez que se quita la atención, muchos niños no volverán a esa actividad nuevamente.” Efectivamente, una cantidad impresionante de investigaciones científicas han mostrado que mientras más recompensamos a la gente por hacer algo, más tiende a perder el interés por cualquier cosa que deban hacer para obtener recompensas. Ahora el punto no es dibujar, leer, pensar, crear – el punto es tener el regalo, sea este un helado, un sticker o un “¡Muy bien!”.

En un estudio de problemas conducido por Joan Grusec de la Universidad de Toronto, los niños pequeños que fueron elogiados frecuentemente por muestras de generosidad, tendían a ser un poco menos generosos en el día a día, de lo que eran los otros niños. Cada vez que ellos han oído “¡Muy bien por compartir!” o “Estoy muy orgulloso de ti por ayudar”, ellos perdían el interés por compartir o ayudar. Estas acciones vinieron a verse no como algo valioso en su propio sentido de lo justo, si no como algo que deben hacer para obtener nuevamente esa reacción del adulto. La generosidad se convierte en el medio para un fin.

Motivan los elogios a los niños? Por supuesto. Los motivan a obtener elogios. Desgraciadamente, esto sucede frecuentemente a expensas del compromiso hacia cualquier cosa que ellos estaban haciendo y que provocó un elogio.

5. Disminuyendo el Desempeño. Como si no fuera suficientemente malo que un “¡Muy bien!” pueda menoscabar la independencia, el placer y el interés, puede también interferir con cuán bien los niños hacen una tarea. Los investigadores continúan hallando que los niños que son elogiados por hacer bien un trabajo creativo tienden a tropezar en la siguiente tarea- y no les va tan bien como a los niños que no fueron elogiados al principio.

¿Por qué sucede esto? En parte porque los elogios crean una presión de “continuar el buen trabajo”, llegando a interponerse en el camino de lograrlo. En parte porque su interés en lo que hacen puede disminuir. En parte porque ellos se vuelven menos propensos a tomar riesgos – un prerrequisito para la creatividad- una vez que comienzan a pensar sobre cómo hacer que esos comentarios positivos continúen viniendo.

En forma general, “¡Muy bien!” es un vestigio de un enfoque que reduce toda la vida humana a comportamientos que pueden ser vistos y medidos. Desafortunadamente, esta ignora los pensamientos, sentimientos y valores que yacen detrás de los comportamientos. Por ejemplo, un niño puede compartir un refrigerio con un amigo como una forma de atraer un elogio, o como una forma de asegurarse de que otro niño tenga suficiente para comer. Los elogios por compartir ignoran estos diferentes motivos. Peor aún, estos de hecho promueven el motivo menos deseable, haciendo a los niños más proclives a tratar de pezcar elogios en el futuro.

Una vez que usted empieza a elogiarlo por lo que es – y lo que hace – estas pequeñas y constantes explosiones de evaluación de los adultos comienzan a producir los mismos efectos que unas uñas rasgadas lentamente sobre un pizarrón. Usted comienza a alentar a un niño a dar a sus maestros y padres un bocado de su propia melaza, volteándose a responderlos diciendo (en el mismo tono de voz dulzón), “¡Muy buen elogio!”

Sin embargo, no es un hábito fácil de romper. Dejar de elogiar, al menos al principio, puede parecer extraño,. Se puede sentir como si estuviese siendo frío o guardándose algo. Pero eso, (y pronto se vuelve evidente) sugiere que nosotros elogiamos más porque necesitamos decirlo que porque nuestros niños necesitan oírlo. Siendo esto así, es tiempo de reconsiderar lo que estamos haciendo.

Lo que los niños necesitan es apoyo incondicional, amor sin compromisos. Eso no solo que es diferente a un elogio – es lo opuesto al elogio. “¡Muy bien!” es condicional. Significa que estamos ofreciendo atención, reconocimiento y aprobación por saltar a través de nuestro aro, es decir, por hacer algo que nos place a nosotros.

Este punto, usted lo notará, es muy diferente a una crítica que mucha gente ofrece al hecho de dar a los niños mucha aprobación, o dársela muy fácil. Ellos recomiendan que nos hagamos más tacaños con nuestros elogios y demandemos que los niños “los ganen”. Pero el problema real no es que los niños de esta época esperen ser elogiados por todo lo que hacen. Lo que sucede es que nosotros estamos tentados a tomar atajos, a manipular a los niños con recompensas en lugar de explicar y ayudarlos a desarrollar las habilidades necesarias y los buenos valores.

Entonces, ¿cuál es la alternativa? Eso depende de la solución, pero cualquier cosa que decidamos decir tiene que ser en el contexto del afecto genuino y amor por lo que los niños son en vez de por lo que han hecho. Cuando está presente el apoyo incondicional, un “¡Muy bien!” no es necesario; cuando no está presente, un “¡Muy bien!” no ayudará.

Si estamos elogiando acciones positivas como una forma de desalentar un mal comportamiento, esto tiene poca probabilidad de ser efectivo por mucho tiempo. Incluso cuando esto funciona, no podemos afirmar que el niño ahora “se esté comportando”; sería más preciso decir que los elogios lo hacen comportarse. La alternativa es trabajar con el niño, para descubrir las razones por las que él está actuando de esa manera. Podríamos tener que reconsiderar nuestros propios requerimientos en vez de simplemente buscar una forma de que los niños obedezcan. (En lugar de usar “¡Muy bien!” para hacer que un niño de cuatro años se siente callado durante una larga clase o cena familiar, tal vez deberíamos preguntarnos si es razonable esperar que un niño haga esto).

También debemos encaminar a los niños hacia el proceso de tomar sus propias decisiones. Si un niño está haciendo algo que molesta a otros, entonces sentarse posteriormente con él y preguntarle, “¿Qué piensas que podemos hacer para solucionar este problema?” podría ser más efectivo que chantajes o amenazas. Esto también ayuda al niño a aprender cómo resolver problemas y le enseña que sus ideas y sentimientos son importantes. Por supuesto, este proceso toma tiempo y talento, cuidado y coraje. Lanzar un “¡Muy bien!” cuando el niño actúa en una forma que nosotros estimamos apropiada no toma ninguna de estas cosas, lo que explica por qué las estrategias de “hacer algo a” son más populares que las estrategias de “trabajar con”.

¿Y qué podemos decir cuando los niños hacen algo impresionante? Considere estas tres posibles respuestas:

* No diga nada. Algunas personas insisten en que un acto servicial debe ser “reforzado” porque, secreta o inconscientemente, ellos piensan que fue una casualidad. Si los niños son básicamente malos, entonces se les debe dar una razón artificial para ser buenos (a saber, recibir una recompensa verbal). Pero si este cinismo es infundado-y muchas investigaciones sugieren que lo es-entonces los elogios no serían necesarios.

* Diga lo que vio. Un enunciado simple, sin evaluación (“Te pusiste los zapatos por ti mismo” o incluso solamente “Lo hiciste”) dice a su hijo que usted se dio cuenta. También le permite a él sentirse orgulloso de lo que hizo. En otros casos, puede tener sentido hacer una descripción más elaborada. Si su hijo hace un dibujo, usted podría ofrecer unas observaciones –no un juicio-sobre lo que usted ve: “¡La montaña es inmensa!” “¡Hijo, de seguro usaste mucho color morado hoy día!”

Si un niño hace algo cariñoso o generoso, usted podría atraer su atención sutilmente hacia el efecto de esta acción en la otra persona: “¡Mira la cara de Abigail! Ella parece muy feliz ahora que le diste un poco de tu comida”. Esto es completamente diferente a un elogio, en el que el énfasis está en cómo usted se siente acerca de la acción hecha por su hijo.

* Hable menos, pregunte más. Incluso mejores que las descripciones son las preguntas. Por qué decirle a él qué parte de su dibujo le impresionó a usted cuando puede preguntarle qué es lo que a él le gusta más de su dibujo? El preguntar “Cual fue la parte más difícil de dibujar?” o “¿Cómo hiciste para hacer el pie del tamaño correcto?” es probable que alimente su interés por el dibujo. Decir “¡Muy bien!”, como lo hemos visto, puede tener exactamente el efecto contrario.

Esto no significa que todos los cumplidos, todos los agradecimientos, todas las expresiones de gusto sean dañinas. Debemos considerar los motivos por los que los decimos (una expresión genuina de entusiasmo es mejor que un deseo de manipular el futuro comportamiento del niño) así como los efectos verdaderos de decirlos. ¿Están nuestras reacciones ayudando al niño a percibir un sentido de control sobre su vida—o de buscar constantemente nuestra aprobación? Están estas expresiones ayudándolo a volverse más entusiasta en lo que está haciendo por derecho propio, o convirtiendo en algo que él solo quiere hacer para recibir una palmada en la espalda.

No es cuestión de memorizar un nuevo guión, si no de tener presentes nuestros objetivos a largo plazo para nuestros hijos y estar alerta sobre los efectos de lo que decimos. La mala noticia es que el uso de refuerzos positivos no es realmente algo positivo. La buena noticia es que usted no tiene que evaluar para poder motivar.

La Educación Prohibida Película Completa HD 25/01/2013

https://www.youtube.com/watch?v=SsJC5WybRQM

Esta película "La educación prohibida" es un material que nos ayuda a entender nuestro sistema educativo. Les recomendamos que se tomen su tiempo, que reflexionen y compartan con nosotros sus inquietudes.

La Educación Prohibida Película Completa HD ----- MeRaskah Info --------- Si te gusta compártelo, dale a "me gusta" y ponlo en favoritos. Eso me ayudará a poder seguir haciendo vídeos. ¡Gracias! Subcri...

25/01/2013

Atención , Padres de familia y maestros, esta es una lectura obligada si tienen interés en temas relacionados con la educación preescolar: Muy recomendable.

La Educación errónea. Niños preescolares en peligro

Elkind, David
Fondo de Cultura Económica
Año de edición: 2004
ISBN: 9681655524


La experiencia de casi tres décadas con niños de la sección maternal permitió a David Elkind elaborar una investigación reveladora sobre los diversos problemas que acarrea una educación apresurada en los primeros años escolares. Uno de los propósitos fundamentales de este libro es advertir sobre la importancia de respetar el ritmo de evolución de los pequeños que asisten a la educación preescolar y al primer ciclo de la educación básica. Es un libro de consulta indispensable para los padres y madres que experimentan la pasión de hacer a sus hijos más hábiles y brillantes que otros y que pueden caer en la educación apresurada, competitiva y errónea. David Elkind pone al alcance de los educadores y de los padres de familia una guía hacia una educación saludable para los infantes, que de por resultado jóvenes y adultos confiados en su propio desarrollo y autoestima.

25/01/2013

Castigo y recompensa / Nuevos estudios evalúan sus efectos en la crianza
Cuando el "te quiero" significa "haz lo que te digo"
Demostrar amor hacia los hijos en forma condicional ha demostrado ser pernicioso

Alfie Kohn

The New York Times
NUEVA YORK.- Hace más de 50 años, el psicólogo Carl Rogers sugirió que sólo amar a los hijos no era suficiente. Tenemos que amarlos incondicionalmente, dijo, por lo que son y no por lo que hacen.
Como padre, sé que esta es una dura exigencia, pero hoy se vuelve un desafío aún más grande por todos los consejos que se nos dan en sentido contrario. Se nos habla de paternidad condicional, la cual adquiere dos formas: dar afecto cuando el hijo se comporta bien y negarlo cuando no lo hace.
Así, el animador del show Dr. Phil, Phil McGraw, nos dice en su libro Primero la familia (Free Press, 2004) que lo que los niños necesitan o disfrutan debe ser brindado con condiciones, repartiendo recompensas o negándolas para que "se comporten como usted quiere". "Uno de los más poderosos factores para un niño -agrega- es la aceptación y la aprobación de sus padres."
Igualmente, Jo Frost de Supernanny (La superniñera) en su libro de mismo nombre (Hyperion, 2005) afirma: "Las mejores recompensas son la atención, el elogio y el amor", y estos deben ser limitados "cuando el niño se comporta mal, hasta que se disculpe", momento en el cual el amor vuelve.
La paternidad condicional no está limitada a los antiguos autoritarios. Algunos que ni soñarían con golpear a sus hijos eligen, en cambio, disciplinar a sus jóvenes hijos con un estricto aislamiento, táctica que preferimos llamar "tiempo mu**to". Contrariamente a esto, el "refuerzo positivo" nos enseña decir a los niños que son queridos y dignos de amor sólo cuando hacen lo que nosotros pensamos es un "buen trabajo".
Esto despierta la interesante posibilidad de que el problema con el elogio no sea que esté hecho de una manera equivocada o brindado con demasiada facilidad, como sostienen los conservadores sociales. Más bien podría tratarse de otro método de control análogo al castigo. El primer mensaje de todo tipo de paternidad condicional es que los niños deben ganarse el amor de los padres. Con tal actitud sostenida en el tiempo, advierte Rogers, los niños podrían terminar en un terapeuta que les brinde la aceptación incondicional que no tuvieron cuando era importante.
Pero ¿está Rogers en lo cierto? Antes de desechar la disciplina, sería bueno tener más evidencias. Y hoy las tenemos.
El precio de la motivación
En 2004, dos investigadores israelíes, Avi Assor y Guy Roth se unieron a Edward L. Deci, importante experto norteamericano en psicología de la motivación y preguntaron a más de 100 estudiantes universitarios si el amor que habían recibido de sus padres parecía haber dependido de su éxito en el estudio, de la práctica intensa de deportes, en haber sido considerados con los demás o en haber logrado reprimir las emociones de enojo y miedo.
Resultó que los hijos que habían recibido aprobación condicional estaban realmente algo más propensos a actuar según lo que los padres deseaban. Pero el logro tenía un alto precio. Primero, esos hijos tendían a ser resentidos con sus padres y no gustaban de ellos. En segundo lugar, podían afirmar que actuaron de esa manera, a menudo, debido más a "una fuerte presión interna" que debido a "un real sentido de elección". Es más: su felicidad, luego de triunfar en algo, generalmente duraba poco y frecuentemente se sentían culpables o avergonzados.
El doctor Assor, en un estudio compartido con colegas, entrevistó a madres de hijos adultos. Con esta generación, también la paternidad condicional demostró ser perjudicial. Esas madres que como niñas sintieron que eran queridas sólo cuando respondían a las expectativas de sus padres, ahora se sentían menos valoradas como adultas. Sin embargo, a pesar de los efectos negativos, era más probable que ellas aplicaran el afecto condicional con sus propios hijos.
Este último julio, los mismos investigadores, ahora junto con otros dos colegas del doctor Deci, en la Universidad de Rochester, publicaron nuevamente el estudio de 2004, pero con algunos agregados. Esta vez, los sujetos estudiados fueron alumnos del noveno grado y se destacó especialmente el hecho de que los padres dieron menos cuando los hijos no hicieron lo que ellos querían.
Los estudios revelaron que tanto la paternidad condicional positiva como la negativa eran dañinas, pero en forma algo diferente. La positiva a veces lograba que los hijos trabajaran más en sus estudios, pero con el costo de sentimientos poco sanos de "compulsión interna". La negativa, en cambio, no tenía éxito ni en el corto plazo, sino que sólo aumentaba los sentimientos negativos de los adolescentes hacia sus padres.
Lo que nos dicen este y otros estudios, si es que queremos escucharlos, es que elogiar a los hijos por hacer algo bien no es una alternativa significativa a retraerse o castigar cuando hacen algo mal. Ambos son ejemplos de paternidad condicional y ambos son contraproducentes.
El psicólogo infantil Bruno Bettelheim, que rápidamente reconoce que la versión negativa de la paternidad condicional conocida como "tiempo mu**to" puede causar "profundos sentimientos de ansiedad", la apoya, sin embargo, por esa misma razón.
"Cuando nuestras palabras no alcanzan -afirmó-, la amenaza de quitar nuestro amor y afecto es el único método que puede convencerlos que es mejor aceptar lo que les indicamos."
Pero los datos sugieren que el retiro del amor no es particularmente efectivo para obtener logros, mucho menos para promover el desarrollo moral. Aun cuando hiciéramos que los hijos nos obedecieran utilizando el apoyo positivo, ¿vale la pena obtener obediencia a costa de un posible daño psicológico en el largo plazo?
Otros asuntos más profundos sirven de base para otra suerte de crítica. Albert Bandura, padre de la rama de la psicología conocida como teoría del aprendizaje social, declaró que el amor incondicional "haría que los hijos se sintieran perdidos y poco dignos de amor", aseveración no comprobable empíricamente. La idea de que los hijos aceptados por lo que son carecerán de dirección o encanto nos informa más sobre la oscura idea de la naturaleza humana sostenida por aquellos que dan estas advertencias.
En la práctica, según una impresionante cantidad de datos del doctor Deci y otros, la aceptación incondicional de los padres, al igual que la de los maestros, debería estar acompañada de apoyo de la autonomía y de la explicación de las razones de los pedidos; deberían maximizarse las oportunidades para que el niño participe en sus decisiones y alentarse sin manipular, e imaginar en forma activa cómo se ven las cosas desde el punto de vista del niño.
Esta última característica es importante, también, respecto a la paternidad condicional. La mayoría de nosotros protestaríamos diciendo que amamos a nuestros hijos y que no queremos atarlos. Pero lo que cuenta es cómo se ven las cosas desde la perspectiva infantil, si se sienten igualmente amados cuando se comportan mal o no logran lo que se espera de ellos.
Rogers no lo dijo así, pero apuesto que hubiera estado contento de ver menos demanda de terapeutas si eso significara más gente que llegue a la adultez sintiendo que fueron aceptados incondicionalmente.

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