19/05/2026
Repudiamos las amenazas del ultraderechista Donald Trump
Sheinbaum, Morena y la 4T sufren del síndrome Rocha Moya
Por el Comité Ejecutivo del MAS
La ofensiva imperialista continúa, y ante su fracaso en Irán, retoma otros de sus objetivos para tratar de recolocarse en su propio país, como cercar aún más a Cuba, imponiendo un bloqueo petrolero, que lamentablemente fue aceptado por el gobierno mexicano. Y a pesar de “su triunfo” secuestrando a Nicolás Maduro, en una evidente traición, ahora ha apuntado su mira hacia nuestro país nuevamente, aumentando sus amenazas, como el realizar ataques directos en nuestro territorio contra los carteles de la droga, ese es el pretexto. Pero ahora ha aumentado enormemente sus ataques al régimen de la 4T, haciendo acusaciones formales contra políticos de Morena para lograr su extradición.
Por supuesto que rechazamos categóricamente las amenazas del imperio, pues más allá de que sean ciertas las acusaciones y de la larga lista de políticos mexicanos involucrados, lo que evidentemente busca es dominar por completo nuestra nación, aumentar su control político y económico. Por ello debemos exigir que realmente exista una investigación a fondo de esas acusaciones, y como no hay ninguna confianza en sus comisiones o en la Fiscalía General de la República, se debe formar un grupo independiente de especialistas para auditar a todos los partidos, los gobernadores, integrantes del gabinete y del Congreso e investigar sus nexos con el crimen organizado, con severas p***s de cárcel para los numerosos corruptos. Es penoso que sea a partir de una denuncia del gobierno yanqui, que entonces sí se vean obligados a remover a Rocha Moya y su grupo, ¿y los demás? Se debe echar abajo el pacto de impunidad de los presidentes y expresidentes, porque Fox, Calderón y Peña Nieto al menos, deben estar en la cárcel.
Lamentablemente Trump los tiene del pescuezo, porque las y los dirigentes de Morena, incluida la presidenta, el Ejército y la Marina, es decir, el actual régimen mexicano, cargan con un ancla muy pesada: los Rocha Moya de la 4T. Es decir, el gobernador de Sinaloa con licencia y su grupo, son solamente la punta de la madeja en la complicidad con el crimen organizado, porque tendríamos que sumar una larga lista, donde los más conocidos son: el senador Enrique Inzunza, Adán Augusto López y su cómplice Bermúdez Requena, el clan Monreal, el general Cienfuegos, Salgado Macedonio, la gobernadora de Baja California: Marina del Pilar Ávila y su “ex” esposo Carlos Torres Torres—ambos provienen del PAN, acusado de tráfico de armas— y un largo etcétera.
Pero hay que sumar al Almirante Rafael Ojeda Durán y sus ahora famosos sobrinos, uno de los cuales está preso en Argentina: Fernando Farías Laguna, que están entre los muchos autores del fraude más cuantiosos de la historia del país, con el llamado huachicol fiscal, lo que nos recuerda otra afirmación categórica de AMLO: “La Marina es incorruptible”, un mito que ahora cae estrepitosamente.
Lo peor del caso es la necia defensa que realiza la presidenta, emulando a su mentor, con la que hizo AMLO para lograr que EU liberara al General Cienfuegos, quien fue detenido en EU en octubre de 2022, acusado de colaborar con el narco. AMLO hizo hasta lo imposible por librarlo de la cárcel, incluso prometió que sería juzgado en México, lo que por supuesto no ocurrió. Pero las condiciones cambian, el gobierno del ultraderechista Donald Trump viene presionando desde hace meses diciendo que “los carteles son quienes gobiernan” en México y que Sheinbaum no acepta su “ayuda”. Y la entrega voluntaria ante las autoridades yanquis de dos de los socios de Rocha Moya, el general Gerardo Mérida y Enrique Díaz, secretarios de Seguridad y Finanzas del gobierno de Sinaloa, respectivamente, la dejan muy mal ubicada.
El gobierno yanqui tiene bien investigados a los principales mandos del régimen y los partidos, habla de una lista y ya anunciaron que van por más, demostrando la gran vulnerabilidad de un gobierno que no es capaz de parar la corrupción de sus propios dirigentes políticos y militares. Trump ya viene avanzando en dividir a los partidos burgueses ante su creciente presión, dejando al descubierto la traición de la gobernadora panista de Chihuahua, con la muerte “accidental” de dos agentes de la CIA que participaron en un operativo contra el narco.
El escándalo se da curiosamente a días del inicio de las negociaciones formales del Tratado comercial, el TEMEC. Se va cerrando el círculo de medidas y amenazas contra nuestro país y todo por la descarada corrupción que se destapa de cada vez más dirigentes y funcionarios de Morena, aunque por supuesto no se salvan los priistas, emecistas, verdes, panistas y petistas, todas las fuerzas políticas están dominadas por la corrupción y sus conexiones con el crimen organizado para enriquecerse y financiar sus campañas. Y ahí está el caso de Adán Augusto, que sigue en total impunidad y mantienen calladito a Bermúdez Requena.
Y ahora se suman las acciones proimperialistas del corrupto dirigente priista, Alejandro Moreno, que ha solicitado formalmente la intervención del Departamento de Estado yanqui, para declarar como terrorista a Morena, el partido de la presidenta, así como exigir al INE dejarlo sin registro, dejando clara su postura de lacayo del imperio, cuando él es uno de los primeros que deben ser investigados. Y del PAN que exige la extradición de Rocha, sujetándose al gobierno de Trump, mostrando su carácter de derecha proimperialista.
Pero esto demuestra la putrefacción no sólo de los principales políticos mexicanos y sus partidos, del Ejército, la Marina y sus cómplices, es una profunda descomposición del capitalismo, su esencia corrupta y explotadora, por lo que la hay que superar esa etapa de la historia y construir una verdadera alternativa, algo nada sencillo. Esa salida la tiene que organizar el pueblo de México y particularmente la clase trabajadora, que debe postularse para gobernar, poniendo reglas perfectamente claras para combatir la corrupción, como aplicar salarios máximos a los funcionarios públicos, que no superen al de un trabajador o trabajadora especializada, con una estrecha vigilancia de las asambleas obreras y populares.
Debemos construir una alternativa propia
Un gobierno de la clase trabajadora, los pueblos y comunidades, los sectores populares, el movimiento de mujeres y la juventud, donde todos sus integrantes puedan ser destituidos ante cualquier hecho de corrupción y con castigos ejemplares. Esa es la verdadera democracia obrera y popular, que las clases dominantes jamás podrán organizar, por la esencia capitalista del enriquecimiento desmedido e individualista, con el que se debe romper de tajo. Sí es posible acabar con la corrupción, superando la sociedad capitalista y abriendo el camino a una sociedad socialista y democrática.

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