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Bérgamo, la masacre que la patronal no quiso evitar 11/04/2020

Bérgamo, la masacre que la patronal no quiso evitar El área de Italia más devastada por la Covid-19 es un gran polo industrial. No se declaró nunca zona roja debido a las presiones de los empresarios. El coste en vidas humanas ha sido catastrófico

28/10/2019

La mujer y el socialismo - August Bebel

El libro de August Bebel, La mujer y el socialismo, es una de las aportaciones clásicas de los teóricos y fundadores del movimiento socialista alemán del pasado siglo. La obra hace un análisis profundo y exhaustivo de la evolución histórica de la mujer y de la posición que ha ocupado a través de las formaciones económico-sociales. Lenin decía que Bebel lo había dicho casi todo respecto a la mujer y, aunque esta afirmación pueda parecer exagerada, es innegable que aquellos que se interesan por la situación de la mujer y su emancipación económica y social, tienen en este libro una rica fuente de inspiración y orientación. Una obra que a pesar del tiempo transcurrido desde su publicación, no ha perdido vigencia y llama al optimismo al apuntar que la mujer alcanzará su plena emancipación y libertad en una sociedad socialista, donde vivirá en un plano de igualdad del hombre.

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26/08/2019

MATERIALISMO Y EMPIRIO- CRITICISMO

Vladimir Ilich Uliánov (Lenin)

[Materialismo y empiriocriticismo

Obra de Lenin que inaugura una época nueva en el desarrollo del materialismo dialéctico. Escrito en 1908 y publicado en 1909, este libro aseguró la preparación teórica del partido marxista de tipo nuevo. La razón inmediata que determinó a Lenin a escribirlo fue la necesidad de denunciar a los “machistas” rusos (ver Empiriocriticismo; Mach) quienes, durante el período de reacción, se alzaron contra la filosofía marxista bajo pretexto de “defender el marxismo”. Un deber urgente se imponía a los marxistas revolucionarios: asestar una respuesta vigorosa a todos los renegados de la teoría marxista, y salvaguardar los fundamentos teóricos del partido marxista. Lenin se consagró a ello en su Materialismo y empiriocriticismo que, por lo demás, rebasa holgadamente esta tarea. No se limita a poner en evidencia la hipocresía, el carácter reaccionario de los “machistas”, sino que defiende y desarrolla los principios teóricos del partido marxista, generaliza lo más importante que las ciencias, y ante todo las ciencias de la naturaleza, habían adquirido durante todo un período histórico, después de la muerte de Engels.

En la introducción, Lenin muestra que todos los “descubrimientos” del empiriocriticismo y de las demás corrientes reaccionarias, no son sino una variante del idealismo subjetivo del obispo Berkeley (ver). Los tres primeros capítulos exponen, a propósito de la crítica del empiriocriticismo, las cuestiones fundamentales de la teoría del conocimiento del materialismo dialéctico. La cuestión de la materia como dato primario y de la conciencia como dato secundario, es el punto central del primer capítulo. Los “machistas” afirmaban que las sensaciones, o para decirlo con su terminología, los “elementos”, constituyen el dato primario. Lenin refuta sus absurdas aserciones. En oposición a toda especie de idealismo, y de plena conformidad con las ciencias de la naturaleza, el materialismo considera la materia como dato primario, y la sensación, el pensamiento, como dato secundario. Toda la historia de la ciencia de la naturaleza confirma la exactitud de ese principio fundamental del materialismo filosófico. En ese mismo capítulo, Lenin desarrolla más aún las ideas de Engels sobre la formación de la materia orgánica a partir de la materia inorgánica.

En el segundo capítulo, Lenin critica el agnosticismo de Kant (ver), el fideísmo de los “machistas” y justifica la doctrina marxista del conocimiento del mundo y de sus leyes, de la verdad objetiva y de la práctica como criterio de la verdad. Distingue netamente el idealismo y el agnosticismo por una parte, y el materialismo por otra, y pone claramente de relieve su oposición radical. Como lo demostrara Lenin, el agnosticismo no va más allá de las sensaciones. Se detiene más acá de los fenómenos, negándose a ver lo que hay de cierto más allá de las sensaciones, y declara categóricamente que no podemos saber nada cierto sobre las cosas. Bajo pretexto de criticar a los agnósticos, los “machistas” negaban las “cosas en sí” en general. (Ver “Cosa en si” y “cosa para nosotros”). Al repudiar la existencia de las “cosas en sí”, es decir, el mundo objetivo, el mundo real, los “machistas” afirmaban que sólo las sensaciones constituyen el dato inmediato y que el mundo exterior es un complejo de sensaciones. Denunciando al socialista-revolucionario Chernov, quien desnaturalizaba a sabiendas las concepciones de Engels, Lenin hace una exposición circunstanciada de la teoría marxista del conocimiento, y formula tres conclusiones gnoseológicas fundamentales: 1) las cosas existen objetivamente, independientemente de nuestra conciencia; 2) no hay ninguna diferencia de principio entre el fenómeno y la “cosa en sí”. Sólo hay diferencia entre lo que es conocido y lo que no lo es aún; 3) el conocimiento de lo real va de la ignorancia al saber, del conocimiento incompleto, impreciso, al conocimiento más completo y más preciso. Lenin aportó una definición acabada de la materia: “La materia es una categoría filosófica que sirve para designar la realidad objetiva, que es dada al hombre en sus sensaciones, que es copiada, fotografiada, reflejada por nuestras sensaciones, y que existe independientemente de ellas” (Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, pp. 136 y 137, Ediciones Pueblos Unidos, Montevideo, 1948).

La cuestión de la materialidad y de sus leyes es expuesta por Lenin de manera detallada en el tercer capítulo. Lenin muestra que la algarabía terminológica de los “machistas” disimula al idealismo subjetivo. Mach escribía: “Lo que llamamos materia no es más que cierto vínculo regular entre los elementos («sensaciones»)”. De esta premisa idealista derivan las otras. La necesidad, la causalidad, el determinismo, proclamados como categorías subjetivas, son deducidos así no del mundo exterior, sino de la conciencia, de la razón, de la lógica. Las concepciones “machistas” del espacio y del tiempo son igualmente las del idealismo subjetivo. “El espacio y el tiempo”, afirma Mach, “son sistemas bien coordinados… de series de sensaciones”. Absurdo evidente, puesto que de este modo, no es el hombre con sus sensaciones el que existe en el espacio y el tiempo, sino por el contrario, el espacio y el tiempo los que existen en el hombre, en sus sensaciones. Los razonamientos de esta especie, escribía Lenin, consagran el obscurantismo clerical. “El idealismo filosófico no es más que una historia de fantasmas disimulada y disfrazada” (Ibid., p. 198). Del hecho de reconocer la existencia objetiva de la materia, de la naturaleza, derivan los demás principios materialistas: reconocimiento del carácter objetivo de la causalidad y del determinismo en la naturaleza, reconocimiento del espacio y del tiempo como formas objetivas del ser. En el cuarto capítulo, Lenin estudia el empiriocriticismo en su evolución histórica, sus relaciones con las demás tendencias filosóficas. Critica en detalle las variedades del “machismo”: el empiriosimbolismo (ver), el empiriomonismo (ver), la escuela inmanentista (ver Escuela inmanentista en filosofía). Lenin reserva un lugar particular a la crítica del empiriomonismo de Bogdanov (ver). Éste consideraba como dato primario el caos de los “elementos” (de las sensaciones), de donde nacería la experiencia psíquica de los hombres; venía luego la experiencia física y, por fin, el “conocimiento que ella engendra”. En oposición a los subterfugios idealistas de Bogdanov, Lenin expone un cuadro materialista del mundo: el mundo físico existe independientemente de la conciencia del hombre y ha existido antes que él; lo psíquico, la conciencia, es el producto superior de la materia, la función del cerebro humano.

El quinto capítulo está dedicado al análisis de la revolución en las ciencias de la naturaleza y a la crítica del idealismo “físico” (ver). Lenin explica en primer término los orígenes de la crisis en las ciencias naturales. En el siglo XIX, la física clásica había alcanzado su apogeo. El materialismo triunfaba en ese dominio. Sin embargo, en los umbrales del siglo XX, algunos descubrimientos sensacionales trastornaron por completo el antiguo cuadro físico del mundo. Anteriormente, los sabios interpretaban las propiedades de la materia en un sentido metafísico; los físicos estimaban que la materia poseía propiedades inmutables, dadas de una vez por todas (impenetrabilidad, inercia, masa, &c.). Los nuevos descubrimientos revelaron nuevas propiedades de la materia: el electrón no tiene masa en el sentido ordinario, mecánico de la palabra, y su masa es de naturaleza electromagnética; el átomo, que parecía ser una partícula de materia indivisible, se reveló como un fenómeno infinitamente más complejo. El descubrimiento de la radioactividad mostró que los elementos considerados inmutables se transformaban los unos en los otros. Los éxitos prodigiosos de las ciencias de la naturaleza, los nuevos descubrimientos en física, no podían mantenerse dentro del marco de las viejas concepciones mecanicistas. Para salir de este punto mu**to, los científicos tenían necesidad de asimilar conscientemente la dialéctica materialista; pero, formados en el espíritu de una concepción idealista del mundo, muchos de ellos extrajeron conclusiones idealistas de estos nuevos descubrimientos y afirmaron que la “materia había desaparecido”, &c. Se vio surgir entre los físicos, escuelas idealistas (idealismo “físico” de Ostwald, &c.) que trataban de interpretar dentro de un espíritu idealista las nuevas adquisiciones de la física. “La esencia de la crisis de la física contemporánea consiste en el desquiciamiento de las viejas leyes y de los principios fundamentales, en prescindir de la realidad objetiva existente fuera de la conciencia, es decir, en la substitución del materialismo por el idealismo y el agnosticismo” (Ibid., p. 287). Lenin generalizó los nuevos descubrimientos en física, puso en claro la esencia de la crisis de las ciencias de la naturaleza, indicó el medio de salir de ella por el camino materialista, y mostró las perspectivas ilimitadas que se abrían ante ellas. Enriqueció así el materialismo filosófico marxista y le dio una forma nueva. Lenin aplicó brillantemente la dialéctica a la teoría del conocimiento y desarrolló profundamente la teoría marxista del conocimiento, dilucidando numerosas cuestiones esenciales (la teoría del reflejo, ver, la verdad objetiva, la verdad absoluta y la verdad relativa, relación entre la teoría y la práctica, &c.).

La generalización que hizo Lenin de los progresos científicos y su crítica del “machismo” tienen, en el momento actual, una importancia considerable para el desarrollo de las ciencias naturales. La evolución ulterior de la física y de las demás ciencias ha confirmado plenamente el análisis magistral de Lenin. La física contemporánea ha hecho nuevos descubrimientos que no sólo prueban el acierto del materialismo dialéctico, sino que no pueden ser comprendidos y explicados más que a la luz de las ideas expuestas en Materialismo y empiriocriticismo. Tales son, por ejemplo, los descubrimientos de la física nuclear y de la mecánica cuántica (ver), &c. Pero los idealistas “físicos” actuales explotan esos descubrimientos para luchar contra el materialismo. Según ellos, la liberación de la energía luego de la desintegración del átomo significa la “desaparición de la materia”, y la transmutación, en ciertas condiciones, del fotón en par material electrón-positrón y viceversa, equivale a la creación de la materia partiendo de la “nada”, a una “aniquilación” de la materia, a su conversión en energía “pura”. Se recurre a la teoría de la relatividad (ver), para interpretar el espacio y el tiempo desde el punto de vista del idealismo subjetivo, &c. El libro de Lenin Materialismo y empiriocriticismo pertrecha a los sabios soviéticos y a todos los científicos progresistas del mundo en su lucha contra el obscurantismo en la ciencia y en la filosofía, les indica el camino a seguir para alcanzar nuevas cumbres en el progreso de la ciencia.

En el sexto capítulo, Lenin critica el idealismo subjetivo de los “machistas” en el dominio social; desarrolla y enriquece el materialismo histórico de Marx y de Engels. El “machista” Bogdanov reducía la vida social a la actividad de la conciencia, a la actividad psíquica, lo que desembocaba en la identificación idealista de la existencia social y de la conciencia social. Lenin aplica brillantemente el materialismo filosófico al estudio de la vida social, y enuncia la fórmula marxista de la relación entre la existencia y la conciencia sociales. “El materialismo en general reconoce el ser objetivamente real (la materia) independiente de la conciencia, de la sensación, de la experiencia, &c., de la humanidad. El materialismo histórico reconoce el ser social independiente de la conciencia social de la humanidad” (Ibid., p. 366). Lenin pone en evidencia el espíritu de partido en filosofía, somete a una crítica sarcástica las tentativas de los filósofos burgueses de elevarse “por encima” de los principales partidos en lucha en el terreno filosófico. En la “Conclusión”, Lenin resume su exposición: la confrontación de los principios teóricos del empiriocriticismo y del materialismo dialéctico muestra el carácter eminentemente reaccionario del “machismo”; los representantes de esta escuela filosófica partieron de Kant para terminar en Hume (ver) y en Berkeley, es decir, en el idealismo subjetivo; el “machismo” está íntimamente ligado al idealismo “físico” en ha ciencias de la naturaleza. Detrás de toda suerte de subterfugios terminológicos, es preciso saber descubrir las dos corrientes filosóficas principales y poner de relieve la lucha de los partidos en filosofía.

Materialismo y empiriocriticismo está impregnado de un extremo a otro de una unidad de principios rigurosa, del espíritu del partido comunista, y combate con intransigencia toda veleidad de apartarse del marxismo revolucionario. Cada palabra de Lenin “es una espada tajante que da por tierra con el enemigo” (Zhdanov). Lenin proyecta luz sobre la cuestión del espíritu de partido en filosofía (ver), estigmatiza toda manifestación de tolerancia en la lucha contra el campo idealista, toda actitud objetivista, “sin partido”, en materia de filosofía. La obra de Lenin es un modelo de desarrollo creador de la filosofía marxista, un modelo de firmeza comunista en el dominio teórico.

https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1908/mye/index.htm


Photos 08/08/2019

Stalin: ¿Podemos ignorar el hecho que, para cambiar el mundo, se tiene que estar en posesión del poder político? ¿Qué puede hacer esa gente, aún con las mejores intenciones del mundo, si no está en condiciones de plantearse la pregunta del poder, y no está, ella misma, en posesión del poder? En el mejor de los casos, puede apoyar a la clase que tome el poder, pero no puede cambiar el mundo por su propia fuerza. Eso sólo lo puede hace una clase mayoritaria, que se pone en el lugar de la clase capitalista, y se convierte, en vez de ésta, en dirigente. Esta clase, es la clase obrera. La transformación del mundo es un proceso grande, complicado y penoso. Esta gran tarea exige una gran clase. Sólo grandes barcos emprenden largos viajes.
Wells: Sí, pero para emprender un viaje largo, se necesita un capitán y un timonel.
Stalin: Eso es correcto, pero lo primero que se necesita para un viaje largo, es un barco grande.
¿Qué es un timonel sin barco? Nada.
Wells: El barco grande es la humanidad, no una clase.
Stalin: Ud., Sr. Wells, por lo visto parte de la suposición, de que todos los hombres son buenos. Yo, mientras tanto, no olvido que también existen muchos hombres malos. No creo en la virtud de la burguesía.

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