30/08/2012
LLUEVE.
Las nubes descargan gotas incesantes.
Aquí llueve, llueve, llueve,
y me deja la cara y la piel fría
y la cabeza, llena de llovizna.
Moja el asfalto, la cara de un anciano,
las canicas de los niños, las alas de los pájaros,
la tierra negra y fina, todo lo moja,
hasta moja mis mejillas, mis manos y mis rodillas.
Ha llovido, llovió, llueve ahora,
empapada estoy, me ha sorprendido,
me ha bañando sin pedirlo y me ha dejado
la mirada clara y el corazón limpio.
Llueve, las nubes no se cansan, no cesan, no paran,
mojan todo a su paso, limpian todo en su camino.
Llueve y miro llover, y platico con la lluvia,
con las nubes, el aire y el granizo.
Y hacen preguntas, me preguntan por ti,
por tu sonrisa, tu risa, tu alma de niño.
Llovizna y llueve, el agua no se cansa de fluir,
de estar, de mostrarse y hacerse sentir,
llueve jugueteando con el viento,
con las flores y mi pelo.
Llueve, llueve, llueve y de pronto,
las nubes rugen, me arrancan la voz en un suspiro
y huyen de mi, llevando hasta ti mi grito.
Llueve, llueve, llueve ahí, o lloverá
si es que aún no ha llovido.
Y se estremecerá el cielo, se interrumpirá el silencio,
y hermosamente, a cada segundo, seguirá lloviendo.
YADIRA ARENAS