15/05/2022
“Un endemoniado caballo en el barrio de la Barreta”
Testimonio de Roberto Juárez/ vecino de La Barreta
Agradecimiento a Jesús Samuel Hermenegildo, seguidor de esta página, por trasmitirme la historia
Hace algunos años Roberto Juárez, vecino de La Barreta, gustaba de ir de fiesta en fiesta entre los ranchos vecinos a su comunidad para realizar actividades propias de su edad. En una de esas salidas, ya muy entrada la noche, volvía de un baile junto con su primo, cuando se percataron que un caballo negro de incalculable belleza les seguía el paso. Pensaron en llevárselo y cuando estuvieron cerca del pueblo intentaron agarrarlo, no obstante, cayeron en cuenta de que en ningún momento habían escuchado los cascos de sus patas, siendo esto imposible por el terreno en donde iban. Al fijarse bien, observaron que el caballo no tocaba el piso y sus ojos eran completamente rojos como encendidos por una luz interna. Ambos corrieron como locos por el susto y hasta sintieron cómo el alcohol dejaba de hacer efecto en sus cuerpos. Llegaron espantados a sus casas sin saber a ciencia cierta qué era lo que se habían encontrado en aquel camino, aunque entre familiares y amigos concluyeron que se podía haber tratado de un nahual o incluso algo peor.
24/04/2022
Platicó con Juan Morón, el charro negro de La Barreta
Testimonio de Damián Balderas/ vecino de La Barreta
Doña Gloria Balderas Balderas, se dirigía hacia su casa en la comunidad de La Barreta, era de noche, volvía del trabajo y lo único que podía pensar era en el discurso que le daría su marido pues no hacía mucho habían tenido una discusión debido a que a éste no le gustaba que su esposa deambulara tan tarde. El trasporte la dejó en La Monja, desde donde tuvo que caminar sola y atravesar sus calles y terrenos baldíos a oscuras; Tampoco le importaba mucho, no era la primera vez que los transitaba y por su puesto tampoco sería la última.
Al cabo de unos minutos escuchó el andar de un caballo que en sigilo se acercaba hacia ella ¿quién podría ser a esa hora? -Pensó de inmediato sin mostrar preocupación pues imaginó que quizá se trataba de algún vecino que de seguro le haría compañía en su camino-.
Al voltear la mirada, doña Gloria observó a un hombre montado que andaba a su lado, la oscuridad no le permitía ver su rostro pero al no mostrar señales de agresión pensó que era algún conocido. El hombre la saludó educadamente y ella le contestó con propiedad. Ese breve gesto de amabilidad abrió el telón para que ambos comenzaran a entablar una conversación el resto del trascurso.
El hombre misterioso le preguntó la razón del porqué una mujer como ella caminaba sola a esa horas de la noche, le advirtió que esos barrios podían ser peligrosos y que debía procurar estar mejor acompañada. Ella le comentó que venía de trabajar y que esa misma opinión tenía su marido, pero que las necesidades eran muchas y había que buscarse la vida de alguna forma. El hombre continuó aconsejándola y le sugirió que escuchara más a su marido pues seguramente él lo único que buscaba era mantenerla a salvo de los posibles peligros a los que una mujer se puede enfrentar bajo la oscuridad. Doña Gloria solo se limitó a escuchar, pues parecía que el sermón que esperaba de su marido se lo había adelantado un vecino, o un extraño, pues a fin de cuentas no podía ver el rostro de su acompañante por la ausencia de luz a su alrededor.
Finalmente llegaron a La Barreta, luego de atravesar el largo camino desde La Monja, y una vez estando ahí el hombre a caballo se despidió y continuó su rumbo permitiendo que también doña Gloria se dirigiera hacia su casa. A los pocos minutos, la solitaria mujer escuchó un llamado: ¡tía! ¡tía! ¡espéreme! Se trataba de un sobrino que apresurado buscaba darle alcance. Al encontrase ambos, el sobrino le preguntó a doña Gloria el porqué andaba por ahí a solas, le comentó que hacía ya un rato que le hablaba pero que no se detenía por nada del mundo. Doña Gloria le contestó que no había nada de qué preocuparse, que se había acompañado de un hombre a caballo que la escoltó todo el camino. Al escuchar la respuesta de la tía, el sobrino se quedó anonadado y de inmediato le comentó que eso no podía ser posible puesto que él la había visto desde que se había bajado del camión y que la había seguido todo el tiempo sin poderla alcanzar ¿Cómo pudo estar con alguien sin que él lo hubiera notado?
Tras esa breve charla, ambos concluyeron que quien había acompañado a doña Gloria no había sido otro que Juan Morón, el charro negro de La Barreta que vaga en pena por aquellos lares cuando cae la noche: doña Gloria acababa de tener una conversación con un mu**to.
11/04/2022
“Corrupción y favoritismo del gobierno queretano frente al despojo de tierras de los indios de La Florida. (Sierra Gorda / 1837)”
Archivo Histórico del Estado de Querétaro, Fondo Poder Ejecutivo, caja 7, año 1836. Y caja 2, año 1837.
En febrero de 1836 tuvo lugar un movimiento rebelde en las localidades de El Saucillo y Ahuacatlán, pertenecientes a la jurisdicción de Jalpan de Serra, debido que éstas comenzaban a sufrir el despojo de sus tierras por parte de la hacienda de Charcas localizada en el estado de San Luís Potosí. La acción fue encabezada por Basilio Mar y Guadalupe Pérez, quienes pronto fueron aprehendidos por las autoridades y con lo que se logró reestablecer la paz en aquellas demarcaciones momentáneamente.
Sin embargo, para agosto de 1837 la tensión entre los indios de Ahuacatlán y la hacienda de Charcas se había incrementado, debido a que los terrenos de los habitantes de la comunidad de la Florida estaban siendo afectados por la Hacienda, lo que derivó nuevamente en la insurrección popular. Al respecto, el subprefecto de la entidad mandó llamar al representante de la propiedad para establecer acuerdos entre las partes, no obstante, la medida fue mal vista por el citado ya que éste acusó a la subprefectura, ante las autoridades queretanas, de haber sido privado de su libertad. Por consiguiente, el gobernador mandó que se hiciera prisionero al subprefecto de Ahuacatlán, debido a que actuó de manera parcial al favorecer a los indios y por las arbitrariedades cometidas en contra del afectado. Por su parte la autoridad serrana se defendió argumentando que sólo había actuado de acuerdo a la Ley para evitar más desmanes en la localidad y que en ningún momento se había privado de la libertad a nadie, pues aunque se le había llamado al implicado por haber atropellado el orden en contra de los vecinos de la Florida, inmediatamente después de escuchar su declaración se le permitió la partida. Debido a ello las autoridades de la capital, ordenaron al prefecto de Jalpan que mantuviera bajo cauta vigilancia el conflicto y si nuevamente se llegaba a cometer alguna arbitrariedad por parte del subprefecto inmediatamente se actuara bajo la Ley.
La actitud del gobierno de Querétaro frente al conflicto en la sierra era evidentemente parcial y esto quedó más claro cuando al presentarse el dueño de la hacienda de Charcas, don José González de Cosío, ante el gobernador del departamento para emitir su queja, éste último ordenó la inmediata expulsión de los indios de la Florida de los terrenos en disputa, dejándolos completamente desamparados.
15/03/2022
"Dos brujas traviesas lo arrastraron por el río"
Testimonio de Rogelio González/ vecino de Santa María Magdalena
Ignacio se dirigía hacia su casa en Santa María Magdalena. Regresaba de madrugada, luego de pasar un buen día de cantinas en el centro de la Ciudad. Debido a la falta de transporte público tuvo que hacer su andanza a pie y como de costumbre siguió el camino del Río Querétaro que, pasando Avenida Constitución (hoy 5 de febrero), conectaba con el viejo camino hacia El Tlacote.
En un principio su regreso parecía ser solitario y aunque no había mucha luz no le preocupaba, ya que no era la primera vez que transitaba ese camino. Estando a la altura de San Juanico, comenzó a sentir algo extraño, se escuchaban pasos, como si alguien lo estuviera siguiendo; pero cuando miraba detenidamente a su alrededor, simplemente no veía a nadie. Continuó su paso sin dar demasiada importancia, sin embargo, momentos después, además de pasos comenzó a escuchar risas de mujeres que parecía se burlaban de algo o alguien.
Justo cuando aceleraba el paso sintió cómo era tomado fuertemente de los brazos y levantado por los aires. No podía creer lo que le estaba pasando, por más que intentaba mirar a sus lados para ver de quién se trataba, un par de manos femeninas le volteaban el rostro; tan solo podía escuchar risas y más risas de mujeres que se burlaban de su situación.
Una y otra vez era levantado sin poder defenderse. En ocasiones lo dejaban azotar en la terracería mientras otras lo sumergían al río como si pretendieran ahogarlo. Su desesperación era demasiada, pero la fuerza de sus captoras era aún mayor, de tal modo que no podía hacer nada al respecto más que esperar el siguiente golpe.
Finalmente, después de varios minutos fue arrojado al río, estaba completamente golpeado y empapado, había perdido sus zapatos y por más que intentó ver a sus agresoras no logró percibir nada; tan solo pudo escuchar unas risas siniestras que se alejaban con rapidez en otra dirección. Ignacio interpretó que se había tratado de brujas que querían divertirse a costa suya.
02/03/2022
“La taconuda, la llorona de Ajuchitlán"
Pablo Ortiz/ vecino de Ajuchitlán, Colón
Pascual Ortiz/ vecino de Ajuchitlán, Colón
Cuenta la gente de Ajuchitlán que hace muchos años la joven hija del patrón se enamoró de un trabajador de la hacienda. En aquellos tiempos las relaciones entre distintas clases sociales no eran muy bien vistas y por tanto ambos tuvieron que vivir sus aventuras a escondidas de los demás. Con el paso de los años la joven resultó embarazada y al enterarse su padre de la identidad del progenitor sintió que su honor había sido manchado y decidió tomar cartas en el asunto.
El furioso hacendado obligó a su hija a tirar a la criatura con la ayuda de una silla agujerada y más tarde enterró los restos en la capilla cercana. Luego de aquel atropello encerró a su hija para ocultar su vergüenza y para que ningún otro peón volviera a tentar a su heredera.
En cuanto al padre de aquel bebé no logrado fue apresado por los mismos trabajadores de la hacienda y asesinado por el patrón en persona, con ello se dio fin a un amor que a los ojos de la gente simplemente no debía ser.
Al enterarse la joven del terrible final que había sufrido su amado cayó en una terrible depresión, no durmió ni comió en semanas y por tanto meses más tarde murió. Fue entonces cuando nació la leyenda.
Luego de la muerte de aquella joven, los pobladores de Ajuchitlán comenzaron a notar sucesos extraños. Se escuchaban tacones que rondaban la hacienda a altas horas de la madrugada y lamentos de mujer que preguntaban por su hijo. Algunos atestiguaron haber visto a una fémina vestida de blanco que rondaba tanto la hacienda como las calles de la localidad, hay incluso quien la vio salir del manantial para inmediatamente emitir un grito desesperado que congelaba los huesos. Los jornaleros aseguraban que cuando volvían de su labor a altas horas de la noche eran acompañados por aquella mujer hasta llegar a sus destinos y por ello la consideraban como una escolta. Quizá aquellos hombres cubiertos de tierra le recordaban ese amor que perdió en manos de su padre y los protegía para que no sufrieran un destino similar.
En cuanto a la silla que se utilizó para el ab**to obligado, se dice que todavía se encuentra en la casa grande de la hacienda, aún manchada de sangre como evidencia de lo acontecido.
15/02/2022
"El ánima de Juan Morón, ´el charro negro´ de La Barreta"
Testimonio de Silverio Medina/ vecino de La Barreta
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Pasando Santa Rosa Jáuregui y la presa de Corea, no muy lejos del puente a San Miguel de Allende, se encuentra la comunidad de La Barreta, un lugar de viejas andanzas y de historias que todavía tienen significados para sus habitantes.
A decir de los vecinos de la comunidad, el pueblo de La Barreta es sede de un fenómeno fantasmal que ocurre durante la noche. Se trata de un hombre vestido de charro que ronda las calles montado en su caballo.
Quienes se han encontrado con él sostienen que es imposible mirar su rostro pues en su lugar hay una mancha oscura e indefinida que tan solo refleja tristeza. Tampoco es que el personaje se detenga para satisfacer las curiosidades de los espectadores. Según la leyenda, se trata de Juan Morón, un antiguo trabajador de la Hacienda de Buena Vista (históricamente fue uno de sus propietarios en el siglo XIX) cuya faena consistía en acarrear a los animales que pastaban libres en el monte. Se dice que en una ocasión, Juan Morón, salió como de costumbre a realizar sus responsabilidades, pero por una mala jugada de la suerte cayó en un hoyo mientras perseguía a un animal y perdió la vida. Su cuerpo no pudo ser rescatado y es por ello que continua vagando pues no tuvo oportunidad de recibir la última bendición.
El recorrido del fantasma de Juan Morón comienza a las 12 de la noche. Baja del cerro del “Pichacho” y se introduce en La Barreta, luego de atravesar algunas calles, continua su camino hacia La Monja para seguir hacia Buena Vista y una vez estando ahí da vuelta para regresar por donde vino. Quienes lo han visto dicen que no busca causar ningún daño, el personaje pasa de frente siguiendo su ruta, aquella que realizaba en vida para acarrear a los animales.
Hace algunos años, un vecino del lugar narró que estando él en estado de ebriedad le pidió a un montado que por favor lo llevara de camino para evitar la fatiga, el charro se detuvo y sin decir palabra alguna permitió que el solicitante subiera. Al mirar aquel hombre que comenzaban a adentrarse en el cerro se percató de que quien lo llevaba no era otro que Juan Morón y por tanto saltó del susto y corrió lo más rápido posible sin que el jinete hiciera el intento de perseguirlo, lo cual comprueba que el ánima no busca dañar a nadie.
Juan Morón continúa sus paseos nocturnos, sin llamar la atención, sin causar daños, tan solo en su caballo cumpliendo con la pena, quién sabe cuál, que lo aflige.
01/01/2022
"La llorona de Carrillo"
Testimonio de Alejandra Galván/ Vecina de Carrillo
Cuenta doña Alejandra Galván, que cuando ella era apenas una niña, se dirigió junto a las mujeres de la hacienda de Carrillo hacia el molino que se encontraba a la salida de El Retablo, frente a donde hoy está ubicado el salón de Tremec. En aquella ocasión, la lluvia las hizo salir más temprano de lo acostumbrado de modo que no sabían a ciencia cierta qué hora era en realidad.
Al llegar a las acequias, se encontraron con lo regadores que estaban atentos a que el agua no se saliera de su cauce y ahogara las cosechas de temporada. Un curioso que las miraba extrañado, les preguntó su rumbo y al contestar ellas que iban hacia el molino, éste se burló pues sabía que era demasiado temprano para aquella actividad. ¡De pronto! se comenzaron a escuchar chiflidos y gritos de los regadores: ¡Aguas! ¡Aguas! ¡Ahí viene! ¡Ahí viene! Y cuando las mujeres voltearon para ver de qué se trataba, escucharon un fuerte lamento y lograron ver la silueta de una mujer que se dirigía hacia ellas por lo que hoy es la entrada de Av. Revolución con 5 de febrero.
Todas entraron en pánico. Temerosas, observaron cómo la mujer pasaba frente a sus ojos mientras el regador bromista le gritaba sin miedo: ¡adiós mamacita! La imprudencia de este personaje provocó que el ánima volteara y mostrara su rostro que no era otro que el de un perro. De inmediato los demás regadores comenzaron a gritarle para que la aparición continuara su camino.
Muertas de miedo las mujeres continuaron su rumbo no sin antes escuchar un nuevo lamento justo cuando salían de Carrillo.
25/12/2021
Las tropas de niños de don Cantú en Carrillo
Testimonio de Hemelinda Hernández/ vecina de Carrillo
Don Cantú fue uno de los personajes más famosos del Carrillo de hace 40 o 50 años. Su apodo se debía a que trabajaba en Muebles Cantú y destacó porque fue uno de los primeros en tener una televisión y una consola en el barrio que compartía con los vecinos. Pero no solo eso, los niños de aquella época lo recuerdan sobre todo por su simpático papel en las navidades.
Resulta que don Cantú acostumbraba cada año, en época de navidad, a vestirse como San Nicolás. Salía con su traje típico y una campanilla a invitar a todos los niños de las inmediaciones de Av. Revolución y las vías del ferrocarril para unirse a sus locuras. Iba casa por casa tocando, entregando dulces y formando todo un escuadrón de pequeñines para, una vez reunidos todos, ir juntos a la colonia adjunta de San Antonio (hoy Campo Militar) y, entre cantos, risas y villancicos, pedir aguinaldos a los soldados.
Los niños regresaban tarde y a pesar de que muchas veces sus padres los regañaban o golpeaban, ellos eran felices de haberse sumado a las tropas de don Cantú.
10/12/2021
"La extraña mujer que lava en el río de Av. Universidad"
Algunos vecinos del Centro y de "la otra banda" de Qro, aseguran que por las noches se puede ver a una mujer vestida de blanco lavando sobre el río de Av. Universidad. A veces canta y otras se lamenta y aunque siempre es un fenómeno extraño parece no causar daño.
Hay quienes han creído que es una mujer que padece de sus facultades e intentan ayudarla, otros en estado de ebriedad buscan acosarla pero al llegar a ella y verla de frente se encuentran con que tiene cara de caballo y huyen despavoridos.
Si la ven, mejor no se acerquen, es probable que se lleven una inesperada sorpresa.
29/11/2021
"En pena se quedó el caporal de la Hacienda La Laborcilla"
Testimonio de Cruz Pichardo/Vecino del barrio de La Trinidad
Cuenta don Cruz Pichardo, que en la década de los 60 circulaba por los barrios de La Otra Banda de Querétaro un hombre muy particular. Nunca se supo su nombre pero, debido a su actitud grosera y altanera, todos lo reconocían. Aquel personaje decía ser caporal de la Hacienda La Laborcilla y cada día, hacia el ocaso, montaba su caballo y comenzaba su camino. Recorría Corregidora, El Cerrito e ingresaba al barrio de la Trinidad en donde cruzaba el puente para más tarde incorporarse a Avenida Río Ayutla con rumbo hacia Ezequiel Montes, pues era en esa calle en donde se encontraba su pulquería favorita. Cuando estaba pasado de copas comenzaba la bravuconería y a punta de pi***la gritaba: ” todos aquí me la pelan y nadie me puede hacer nada porque me protege el patrón”, seguido de un fuerte golpe en el pecho. Nadie sabía a qué se refería con ello, pero el solo gesto intimidaba a todos los presentes.
En una de sus borracheras el jinete decidió por fin mostrar el pecho (don Cruz fue testigo) en él tenía un enorme diablo tatuado cuya larga cola le llegaba a la espalda. Por supuesto, los espectadores se espantaron de inmediato pues aquel espectáculo no era algo normal, sin embargo, de esa forma lograron entender a qué se refería cuando golpeaba su pecho e invocaba al “patrón”.
Al terminar sus pulques, y a puros tambaleos, montaba su caballo y realizaba la misma ruta de regreso, pero esta vez con gritos y tiros al aire, incitando a algún valiente a que lo enfrentase. Cada noche era lo mismo por lo que a muchos vecinos los tenía fastidiados.
Sucedió que un día de pronto nadie más volvió a saber de él. Cruz continuó visitando la pulquería como de costumbre, pero de aquel caporal ninguna noticia. Se supuso que había enfermado e incluso que había mu**to pero todo era incierto, de una persona tan indeseable nadie averigua su paradero, por el contrario, los vecinos de La Otra Banda descansaron de sus bravuconerías.
Años más tarde Cruz regresaba de su acostumbrada visita a la pulquería de Ezequiel Montes y justo cuando cruzaba por el puente de la “Trini” escuchó el andar de un caballo que lo seguía de cerca. Al voltear la mirada se dio cuenta que se trataba de aquel viejo caporal que continuaba en andanza. De inmediato abrió paso y al verle de frente notó que sus ojos eran diferentes, en ellos se reflejaba una luz extraña que al mismo tiempo expresaban una enorme tristeza; ninguno se saludó y ambos continuaron su curso.
El encuentro con el caporal le causó curiosidad a Cruz, así que se dispuso a averiguar su paradero. Entre chisme y chisme supo que el hombre había mu**to años atrás por lo que era imposible que lo hubiera visto la noche anterior. Sin embargo, en el barrio, más de uno aseguró haber vivido la misma experiencia que Cruz, por lo que solo podía haber una explicación: el caporal bravucón se encontraba en pena y había regresado de la muerte para servir a su “patrón” el diablo, quien lo había protegido en vida de alguien más bravo que él.
18/11/2021
Dos nahuales en conflicto en el rancho de San Pedro Mártir
Testimonio de Baltazar Hernández/ vecino de San Pedro Mártir
Don Pinto y don Román eran dos vecinos del rancho de San Pedro Mártir. De ambos se decía que tenían facultades extraordinarias que les permitía transformarse en perros durante la noche para poder ingresar a las casas ajenas y abusar de las mujeres; eran nahuales, según comentaba la gente. Sin embargo, también eran enemigos y es que se rumoraba que la mujer que más deseaba don Román, y que no podía tener, era precisamente la esposa de don Pinto.
Sucedió que una tarde, mientras don Pinto se encontraba en su comedor limpiando su pi***la junto a su sobrino Baltazar, una enorme roca cayó del cielo y rompió el techo de teja estando apunto de golpear a los presentes. De inmediato don Pinto salió a ver qué era lo que estaba pasando y pudo observar cómo frente a su casa se encontraba don Román con una risa burlona y sin pensarlo descargó el arma sobre su enemigo.
Todos y cada uno de los tiros (cuentan) dieron en la boca de don Román por lo que de inmediato cayó tendido en el piso mientras don Pinto huía por sus actos. A pesar de lo severo de las heridas y de haber teñido por completo de sangre la sábana de la Cruz Roja, don Román sobrevivió. Eso comprobaba las sospechas de los vecinos de San Pedro, ¿cómo era posible que después de tantas heridas el hombre sobreviviera? no podía haber otra explicación, definitivamente don Román tenía un pacto con el diablo.